San Gregorio Palamas, arzobispo de Tesalónica: su pensamiento teológico

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Icono ortodoxo griego del Santo.

Icono ortodoxo griego del Santo.

Hablemos hoy de las enseñanzas teológicas de San Gregorio Palamas. Todas las tentativas de renovación de la terminología teológica que, después de San Máximo el Confesor, fueron realizadas durante la etapa bizantina fallaron, ya sea porque el elemento pneumatológico fue sobrevalorado en detrimento del resto de la teología, como por ejemplo pasó en el caso de San Simeón el Nuevo Teólogo o sea, porque las interpretaciones se basaban exclusivamente a través de razonamientos filosóficos. Uniendo la espiritualidad con la teología, San Gregorio Palamas logró renovar la terminología teológica y dar nuevas dimensiones al pensamiento teológico.

Filosofía, teología y visión de Dios
El carácter peculiar de su teología está definido desde un principio. El no comienza su discurso basándose en nociones filosóficas preconstituidas, sino en base a sus experiencias personales que trata de fundamentar teológicamente y es por este motivo por el que, contrariamente a lo que hizo Barlaam Calabro, él empieza a escribir cuando ya tenía una cierta edad. La manera de pensar de Barlaam, se enfrentaba a una manifestación unilateral del conocimiento y de la moral, ya que él extrajo tanto su conocimiento como su moral de las enseñanzas de la filosofía. Por el contrario, San Gregorio, rechaza esta posición sosteniendo que, si bien es verdad que en el ámbito de la filosofía existen diversas formas de ver las cosas, también es verdad que entre la filosofía y la teología hay una diversidad mucho más profunda. En realidad, se trata de dos sabidurías distintas. Una trata de satisfacer las exigencias de la vida social y la curiosidad noética (todo lo que tiene que ver con el pensamiento), mientras que la teología conduce a la salvación del alma.

Esta distinción él la basa en la existencia de dos tipos de dones de Dios: unos son dones naturales que son concedidos a todos los hombres, mientras que los otros son dones sobrenaturales y espirituales que se conceden a aquellos que son puros de corazón. Esta afirmación de San Gregorio en su obra “En defensa de los santos exicastas” se basa en la antigua convicción cristiana de los Santos Padres de la Capadocia. La filosofía nos introduce en el conocimiento de los entes del mundo sensible y pone las reglas de la convivencia civil, pero cuando sobrepasa tales límites, resulta un disparate. Llega a decir: “La utilidad de la vida en este mundo, es el fin último de la función práctica de la filosofía pagana, a través de la cual se cultiva la virtud, se forman las artes y se regulan las cuestiones relacionadas con la vida ciudadana. Toda acción que no tienda a este objetivo, puede considerarse justamente como si fuese vana. En cuanto a la filosofía racional, a través de la cual nosotros indagamos las razones de la naturaleza y del movimiento, así como las analogías, las formas y la cantidad de todo lo que se aparta de la materia, su fin último es la búsqueda de la verdad en el interior de estas mismas cosas. En tal caso, los que hablan de cualquier cosa que va más allá de la verdad tangible, si lo hacen intencionadamente, resulta maligno y pernicioso y si lo hacen sin intencionalidad, están desprovistos de una adecuada preparación filosófica y son unos insensatos, especialmente, cuando ignorando su ignorancia, presumen de tener una óptima preparación filosófica” (Trabajos contra Acindino, 6, 1).

Catedral de San Gregorio Palamas en Tesalónica, Grecia.

Catedral de San Gregorio Palamas en Tesalónica, Grecia.

“Hay que señalar también que la filosofía introduce sólo parcialmente a este conocimiento de los entes (cosas) y esto porque la “parte pasiva del alma”, rebelándose a Dios, destruye las imágenes que existen dentro de si misma, delimitando sus cualidades visuales. Por lo tanto, la filosofía permite solo la formulación de discrepancias y de discordias. Entretenerse con la filosofía es útil si prepara y agudiza “los ojos del alma”, porque es un don natural, pero no debe ocupar la mente del hombre hasta que no llegue a su vejez” (En defensa de los santos exicastas, 1, 1, 8). Pero aunque él distingue entre un conocimiento y otro, por otra parte, no admite una doble verdad ya que atribuye un objeto formal diverso a cada una de ellas: la filosofía estudia las cosas, mientras que la teología es el estudio de Dios. Si estas dos ciencias nos llevan a dos conclusiones distintas, esto no supone que haya una doble verdad, desde el momento en que los objetos formales de ambas, siguen siendo diferentes.

Para Palamas, la tarea de la teología es incomparablemente superior a la de la filosofía y el resto de las ciencias. ¿Es posible tener un conocimiento de Dios? Los adversarios de San Gregorio, basándose en las palabras del evangelio: “A Dios nadie lo ha visto jamás” (Juan, 1, 18), decían que esto no era posible. Pero la conclusión que ellos extraían de este texto, fue puesta en entredicho por Palamas desde el momento en que Cristo también dijo que “los limpios de corazón, verán a Dios” (Mateo, 5, 8). De hecho, Dios es invisible en tanto en cuanto no tiene cuerpo, pero incluso Barlaam no pudo negar del todo una especie de visión divina desde el momento en el que, según el mismo decía, el “nous” (facultad de reconocimiento inmediato) se encuentra en éxtasis con respecto a las cosas materiales o sea, Dios se ve a través de la actividad pura de la mente. Barlaam admitía la inefabilidad de Dios por el simple motivo de la debilidad del hombre cuando está atado a las cadenas materiales y admitía como único modo de su ignorancia, la separación del cuerpo y del alma; pero asimismo sostenía que el conocimiento era solamente simbólico. Por su parte, San Gregorio Palamas nunca sostuvo que Dios es asequible del todo, sino más bien atribuía esa inaccesibilidad a la cualidad del mismo Dios, que sin embargo se puede superar en cuanto el mismo Dios lo quiera o el hombre adquiera determinados presupuestos previos establecidos por Dios.

Urna de San Gregorio Palamas en Tesalónica, Grecia.

Urna de San Gregorio Palamas en Tesalónica, Grecia.

En cuanto al argumento concerniente al acercamiento del hombre a Dios, reconoce una cierta contradicción, desde el momento en que Dios es al mismo tiempo comprensible e incomprensible. Por una parte, algunos aspectos de Dios son desconocidos, mientras que otros, se conocen; unos pueden expresarse, mientras que otros, no. Este conocimiento (gnosis) se alcanza mediante la teología, la cual también es doble: catafática (estudia lo que Dios es) y apofática (estudia lo que Dios no es). Dios es así o Dios no es así.

Dos son los medios de la teología catafática: el primero es la razón, la cual, a través de la visión de los entes, llega a tener un cierto conocimiento desde el momento en que “nosotros poseamos (en nuestra mente) las imágenes de los logos demiúrgicos (el Verbo)” aunque estas imágenes resulten ofuscadas a causa de las transgresiones del hombre. El segundo medio de la teología catafática es la Sagrada Escritura y las enseñanzas de los Santos Padres, que estimulan el conocimiento de Dios.

San Dionisio el Areopagita había mostrado una cierta preferencia por la teología apofática, aconsejando al hombre renunciar a los sentidos y a las elucubraciones mentales para conocer a Dios, de tal manera que mediante el éxtasis pudiese llegar a la “zona de sombra”, gustando así la gloria de la contemplación. En el fondo, este camino hacia Dios conduce a un “hundimiento de la oscuridad”. Los presupuestos antropológicos de San Gregorio Palamas no le permitían un posible ajuste a este problema, así que él se inclina más por la teología catafática y la fe, la cual constituye también la demostración de las cosas divinas, constituyendo una hiperdemostración, ya que “la fe es superior a toda demostración y es una especie de admisión de un principio indemostrable” (Contra Acindino, 6, 1, 1). La fe es una potencia sobrenatural y espiritual que supera toda la capacidad noética del alma.

Icono ortodoxo griego del Santo.

Icono ortodoxo griego del Santo.

Él no niega la teología apofática, sino que más bien le da otro aspecto, la corrige: “La luz y la oscuridad divina son cosas distintas, incomparablemente superior a la teología apofática” (En defensa de los santos exicastas, 2, 3, 52). La teología catafática es un discurso sobre Dios, mientras que la teología apofática es el diálogo silencioso con Dios. Él recomienda superar ambos tipos de teologías a través de la visión de Dios, lo que significa, experimentar a Dios. Él dice que “uno puede pensar cómo puede ser una ciudad, pero que si no la visita no puede hacerse una idea precisa de ella. Se puede pensar continuamente en el oro, pero si no se tiene entre las manos no se puede considerar propietario del mismo. Se puede pensar en los tesoros celestiales, pero no se puede decir que se posean, a menos que se comparta las cosas divinas” (En defensa de los santos exicastas, 1, 3, 34). El hombre podrá hacer teología correctamente, en silencio y aunque sea ignorante, siempre que viva en la presencia de Dios. Y eso, él lo experimenta en si mismo, porque se une a Dios a través de su esplendor y de su gloria. Para él, la palabra de Dios es vida de Dios.

Dios
San Gregorio no considera la “οuσία” como elemento principal de Dios, en cuanto admite que anterior a la “οuσία” de Dios está su propia existencia. Dios no dice “Yo soy la οuσία”, sino “Yo soy el que soy” (Éxodo, 3, 14). Consecuentemente, no es Él el que se deriva de la “οuσία”, sino que la “οuσία” deriva de Él. La existencia de Dios presupone dos cosas: la “οuσία”, (que subsiste en sí mismo y por sí mismo es Padre) y sus energías. Esta marcada distinción entre ambas constituye la contribución básica de San Gregorio Palamas al pensamiento teológico ortodoxo.

Estas propiedades de Dios representan algo importante dentro de Dios. Ciertamente que no son la propia hipóstasis, pero subsisten solo en la personalidad de Dios. A través de estas distinciones es posible tener un conocimiento de Dios, porque mientras su “οuσία” permanece siempre incognoscible, las energías de Dios si son percibidas intelectualmente por el hombre si logran llegar a un cierto grado de perfección: las energías de Dios están a disposición del hombre y nos invitan a su participación.

El hombre
Conforme a las enseñanzas de los Padres orientales, San Gregorio Palamas hace hincapié en que el hombre es punto de encuentro y de unión de dos mundos diferentes. De ello se deduce que sus presupuestos antropológicos difieren de las premisas de Platón y de Barlaám, que tendían a separar los dos mundos. Según esta última hipótesis y en base a la concepción cristiana, el cuerpo del hombre no es malo, aunque constituye un acogedor habitáculo del “nous”, desde el momento en que, al mismo tiempo, el cuerpo es habitáculo de Dios, templo de Dios. De esta forma, el alma y el cuerpo constituyen una unidad perfecta e inseparable.

Detalle de un hueso del Santo en la urna de San Gregorio Palamas en Tesalónica, Grecia.

Detalle de un hueso del Santo en la urna de San Gregorio Palamas en Tesalónica, Grecia.

San Gregorio subraya el parentesco del hombre con Dios en mayor medida en que lo era considerado anteriormente por los Padres de la Iglesia. Este parentesco encuentra su raíz en el “logos” (la razón) que se encuentra inherente en toda criatura. El mundo, en general, ha sido creado de conformidad con un diseño eterno, diseño que comprende las razones, de por sí sustanciales, de los entes. En esto está la clave del misterio del hombre, como lo ponía de manifiesto San Máximo el Confesor. Desde el momento en que la voluntad de Dios es, en su totalidad, no creada, eterna, también el “logos” de los entes es increado. Adoptando en líneas generales estas ideas, San Gregorio Palamas identifica los “logos” de los entes con las eternas e increadas energías de Dios, las cuales no pueden identificarse con su “οuσία”, ni se puede considerar como hipóstasis propia, sino que deben su existencia a la personalidad de Dios, siendo ellos mismos enipóstates.

San Gregorio conecta la imagen del hombre con la Trinidad y dice que el hombre es imagen de Dios no de una manera abstracta, sino del Dios Trino y de cada una de sus Tres Divinas Personas. Esto resulta clarísimo en sus enseñanzas como gran exicasta, desde el momento en que para él, el hombre ha sido creado por medio de la energía (operaciones) de la Trinidad en su conjunto y bajo ciertos presupuestos, el hombre recibe la iluminación divina que procede de las Tres Divinas Personas. El “nous” (facultad de reconocimiento), el “logos” (razón) y el espíritu del hombre, constituyen una unidad indisoluble, equivalente a la unidad que existe en la Trinidad, o sea, del “Nous” (Padre), del “Logos” (Hijo) y del Espíritu. Así como en la divinidad, el “Nous” engendra al “Logos” y el Espíritu procede como amor del “Nous” a través del “Logos”, asímismo pasa en el hombre. En la medida en que el Espíritu Santo vivifica el mundo, así el espíritu humano vivifica el cuerpo. Con este significado, tan rico, tan simbólico y tan representativo, San Gregorio pretende enfatizar sobre el alto grado de parentesco existente entre el hombre y la Trinidad. Según esta doctrina, “los hombres tienen suficientes dones naturales para poder comprender todas las cosas, tienen los dones de la gracia natural que, obviamente, fueron alterados a causa de su caída (pecado). Pero los dones espirituales de la gracia deificante sólo les es concedido a los hombres que tienden a la perfección” (Contra Acindino, 5, 21).

Fresco ortodoxo griego del Santo.

Fresco ortodoxo griego del Santo.

Encarnación y renovación
El hombre caído ha sido elevado por el Verbo de Dios hecho hombre. El momento supremo de la humanidad fue la Encarnación del Hijo de Dios y los acontecimientos derivados de él, o sea, su Muerte Salvadora y su Resurrección. El Hijo de Dios fue parido por una mujer, para aceptar la naturaleza que se había corrompido por culpa de Eva y nació de una virgen para renovar al hombre. De esta manera fue plantada una nueva raíz, la raíz de Cristo, con la cual el hombre se conecta. Actualmente, la naturaleza humana de Cristo (Cristo hombre) está sentado en el trono de Dios Padre y desde allí, atrae a los hombres hacía sí. La conexión con esta nueva raíz se confirma con la voluntaria participación del hombre para renovarse, cosa que inició el día de su bautismo en el baño de la renovación y después, con la comunión del Cuerpo y de la Sangre de Cristo (Homilía 41).

La perfección espiritual
Todos los fieles pueden gozar de la vida espiritual en cualesquiera de las condiciones en que se encuentren, pero de manera especial, si buscan la perfección retirándose de este mundo para llevar una vida de extrema quietud, tanto exterior como interior. Esta quietud se obtiene con el recogimiento del “nous” en el interior del hombre y mediante su fuerza de voluntad. Un segundo factor importante que conduce a la perfección es la incesante oración, en la que debe participar la totalidad del hombre, en cuerpo y alma. En este caso, el hombre siente dentro de sí un especial calor interior, que se asemeja al fuego y al soplo del aire. Todos los que tienen esta experiencia son guiados por la increada y deificante gracia de Dios.

La participación en las energías de Dios, cuando es perfecta, conduce a la deificación. Con el fin de evitar malos entendidos acerca del significado de la deificación, San Gregorio Palamas enfatizaba diciendo que nosotros, los hombres “llegaríamos a ser completamente dioses, pero sin identificarnos según la “οuσία” con Dios”. En otras palabras, seríamos como dioses por obra de la gracia y no por nuestro propio ser. Así, por la vía de la participación en las increadas energías de Dios, también los hombres, en un cierto sentido, resultamos increados y llegamos a ser infinitos: A cualquiera que conozca a Dios por sus energías y lo honre, Dios le hace piadoso, mientras que a quién participe de sus energías y sean consecuentes con ellas, Dios lo transformará en dios por la gracia” (Apología 37).

Urna de San Gregorio Palamas en Tesalónica, Grecia.

Urna de San Gregorio Palamas en Tesalónica, Grecia.

La experiencia de la divinidad es realizable en esta vida a través de una inefable conexión del factor histórico con el metahistórico. Un punto fundamental de la participación en la experiencia de lo divino es la contemplación de la luz divina, que es una de las energías increadas de Dios y que es eterna. La luz que contemplaron los discípulos en el Monte Tabor, la luz que contemplan los exicastas puros de este mundo es la hipóstasis de los bienes del mundo futuro, que constituyen tres etapas de un evento único e idéntico, que reposa en una realidad ultratemporal, respecto a la cual, la experiencia presente tiene el carácter de un compromiso.

El Patriarca Calixto I y otros patriarcas ecuménicos montaron una vigorosa campaña para que las doctrinas de San Gregorio fueran aceptadas por el resto de los patriarcados ortodoxos así como por todas las sedes metropolitanas, aunque hay que decir que en un principio, en algunos de ellos hubo una cierta resistencia inicial, como por ejemplo hizo el metropolita de Kiev. También se opuso el patriarcado de Antioquía, pues veía esta doctrina como una innovación, aunque sin embargo, terminó aceptándola a finales de aquel mismo siglo XIV. A pesar de esta cierta oposición inicial, con el tiempo, la doctrina de San Gregorio ha sido aceptada por el conjunto de la Iglesia Ortodoxa. Muchos de sus escritos están recogidos en el Filokalia.

Espero haber dado a conocer mediante estos tres artículos, a este gran santo de la Ortodoxia, que también es venerado por algunas iglesias uniatas.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– MARTZELOS, G., “San Gregorio Palamas y la nueva teología occidental” (Actas de la conferencia teológica en honor del santo), Tesalónica, 1986.
– PANAGHIOTIS, Christou, “Bibliotheca sanctorum orientalium”, Tomo II, Città N. Editrice, Roma, 1999
– VV.AA. “Edición de las Obras completas: Gregorio Palamas, Syngrammata”, vol. I-VI, Tesalónica, 1962.

Enlaces consultados (14/09/2013):
http://www.imth.gr/ (Web de la Mitropolia de Thessaloniki)
http://en.wikipedia.org/wiki/Gregory_Palamas

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

San Gregorio Palamas, arzobispo de Tesalónica: su obra

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Icono ortodoxo griego del Santo.

Icono ortodoxo griego del Santo.

En el primer artículo que le hemos dedicado a San Gregorio Palamas, hablamos sobre su vida y hoy vamos a hacerlo sobre su obra. San Gregorio fue un gran escritor, escribió muchas obras y casi todas se conservan. Él no se consideraba un buen escritor, llegando incluso a decir que había abandonado el buen estilo literario: “Porque no podía encontrar un estilo adecuado, preferí llegar a la altura de las nociones, lo que constituye la principal belleza de cualquier discurso” (En defensa de los santos exicastas, 3, 1, 2). Dice que escribe por necesidad, cuando lo requerían las circunstancias. Su obra contiene muchas características de la predicación bizantina, es impetuosa, sin un esquema predeterminado y lleno de repeticiones, pero al mismo tiempo, está desprovisto de adornos y su pluma discurre de manera natural. Hace continuas citaciones de las Sagradas Escrituras y de los cantos litúrgicos, pero también contiene multitud de expresiones populares y numerosos refranes o proverbios. A menudo es controvertido y al mismo tiempo, sugestivo; y esto es así, porque la mayor parte de sus escritos van dirigidos a sus adversarios. Enumerémoslos.

Tratados sobre el Espíritu Santo
Barlaam Calabro, que representaba al Patriarcado de Constantinopla en sus discusiones unionistas con los legados del Papa, defendía la posición griega utilizando una extraña argumentación. Sostenía que las posiciones doctrinales de los occidentales en lo concerniente a la procedencia del Espíritu Santo no tenían validez, en cuanto no se basaban en la razón humana, ya que el conocimiento preciso de Dios es de por sí imposible. Sin embargo, esta postura también ponía en tela de juicio el dogma ortodoxo.

Por este motivo, San Gregorio Palamas escribió “Discursos apodícticos sobre el Espíritu Santo”, en los que sostiene que en lo relacionado con Dios es posible tener una demostración, pero que ésta no se corresponde con las demostraciones formuladas por los hombres, ya que se basa en la tradición, en la fe y en la iluminación. Él, entonces, demuestra en base a la teología tradicional, el dogma de la procedencia del Espíritu del Padre y su emanación a través del (o incluso del) Hijo. Estos dos discursos son del año 1335, aunque los revisó veinte años más tarde cuando llegó a Constantinopla el obispo Pablo, legado papal.

En este tiempo, escribió también un breve tratado titulado “Refutaciones a las tesis de Juan Vekkos”. Juan Vekkos era un patriarca de Constantinopla cercano a las tesis de Roma, que había presentado una antología de textos de los Santos Padres para demostrar que el dogma latino del “Filioque” no iba en contra de las enseñanzas patrísticas.

Catedral de San Gregorio Palamas en Tesalónica, Grecia.

Catedral de San Gregorio Palamas en Tesalónica, Grecia.

Letras a los cabecillas de los anti-exicastas
Estas cartas pertenecen a los primeros momentos de la lucha contra los exicastas y son:
“Epístola I a Acindino”, escrita en el año 1335. En esta carta, San Gregorio Palamas reprende los argumentos sobre la procedencia del Espíritu Santo, contestando a Barlaam y tienen el mismo sentido de los discursos apodícticos de los que antes hemos hablado.
“Epístola II a Acindino”, en la que responde a una carta de éste, el cual le pedía una mayor moderación en sus reacciones, y el le contestaba que por encima de las simpatías personales estaba la verdad.
“Epístola I a Barlaam”, fechada en el 1337. Es una especie de tratado en respuesta a una carta de Barlaam, concerniente al argumento gnoseológico (teoría del conocimiento). En esta carta, intenta refutar el método dialéctico de Barlaam y demostrar la validez del método demostrativo en el ámbito de la teología y lo hace recurriendo a la autoridad de la Biblia y de los Santos Padres. En esta carta no se entrevé ninguna intención polémica contra Barlaam, del cual reconoce su sabiduría y su preparación filosófica.
“Epístola II a Barlaam”, también de 1337 y que complementa la carta anterior. Afrontando las tesis de Barlaam, según la cual Dios es anterior a las nociones universales y a los axiomas, por lo cual no puede estar sometido a las demostraciones apodícticas, San Gregorio le responde diciendo que son las cosas perecederas las que no pueden presentarse con demostraciones apodícticas, mientras que Dios, que es eterno, puede ser también apodícticamente demostrado, aunque no como resultado de la mente humana.
“Epístola III a Acindino”, escrita en 1341 es una polémica respecto a la cuestión exicasta y en ella trata de distinguir entre la “οuσία” de Dios (la esencia divina) y sus energías. La primera es increada y no comprensible, mientras que las segundas, siendo increadas, son comprensibles, asequibles, inteligibles.

Urna de San Gregorio Palamas en Tesalónica, Grecia.

Urna de San Gregorio Palamas en Tesalónica, Grecia.

Tratados en defensa de los santos exicastas
Es una obra muy amplia, formada por tres tríadas de libros. Barlaam había redactado tres libros, en los que exponía sus teorías acerca del conocimiento y de la iluminación, con una clara impronta anti-exicasta. Palamas respondió en el año 1338, refutando estas tesis en tres libros. En el primero de ellos le daba un valor relativo a la filosofía pagana y habla de dos tipos de conocimientos: el divino y el humano. En el segundo explica la manera con la que el “nous” (facultad de reconocimiento inmediato) puede quedarse en el cuerpo que, en base a presupuestos antropológicos, Palamas considera digno de santificación. En el tercer libro trata de la iluminación divina y de la deificación.

Al año siguiente tuvo conocimiento de un libro escrito por Barlaam y Palamas respondió escribiendo otros tres libros, pero elaborándolos con mayor cuidado. Finalmente, Barlaam compuso su obra “Contra los masalianos”, en la que acusaba a los exicastas en general y a Palamas en particular de participar de las opiniones de los masalianos. Esta acusación fue refutada por San Gregorio Palamas mediante la redacción de otros tres libros, que fueron escritos a inicios de 1341. En ellos, sostenía la posibilidad, por parte del hombre, de participar de Dios a través de la “οuσία”, que no era comprensible y de sus energías, que sí lo eran y de las que el hombre podía participar.

Textos confesionales
El primero de ellos es el “Tomos agiorítico”, redactado en 1340, que fue firmado por todas las personalidades más eminentes del Monte Athos. En este libro trata de la iluminación y de las energías del Espíritu Santo, las cuales amplifican la mente humana. Le sigue la “Confesión de fe”, escrita en 1344 cuando estaba en la cárcel y que fue apoyada por el Sínodo de 1351. La “Refutación del Tomos de Juan Caleca”, rechazando la carta en la que el patriarca comunicaba la condena a Palamas. Ese mismo año escribió “Contestación a una carta de Ignacio de Antioquía”, en la que rebate una carta de condena de las teorías palamitas por parte de Ignacio de Antioquía y, finalmente “Contestación a la carta del patriarca Caleca”, en la que rebate una colección de himnos patrísticos que el patriarca había hecho circular en el año 1346.

Icono ortodoxo griego del Santo rodeado de santos monjes y monjas.

Icono ortodoxo griego del Santo rodeado de santos monjes y monjas.

Cartas concernientes a la polémica exicasta
Cubre casi exclusivamente el período de tiempo comprendido entre la persecución y la prisión de Palamas. Las relacionaré aunque sin entrar en el contenido de cada una, porque si no, el artículo sería interminable: a Arsenio Estudita, a Juan Gabras, a Pablo Assan, a Atanasio obispo de Cizico, al filósofo Damiano, al monje Dionisio, a Daniel metropolita de Enos, al monofilace Simeón, al monje Besarión, a Filoteo egumeno del monasterio de Las Lauras, a los monjes ancianos del Monte Athos, al hermano Macario (dos) y a la reina madre Ana Paleologina. En todas ellas, con unos u otros argumentos defiende a los exicastas y rebate los argumentos de quienes se manifestaban contra ellos.

Tratados concernientes a la polémica exicasta
Estos tratados fueron escritos durante el curso de la segunda fase de la lucha exicasta:
“Unión y distinción”. En esta obra, basándose en San Dionisio Areopagita, explica que en Dios existen distinciones que se relacionan con la diversidad de las hipostasis, pero que al mismo tiempo conciernen a sus habituales energías. Esta obra, difícilmente inteligible para los no letrados, fue escrita en el año 1342.
“Las energías divinas y la participación en ellas”. Desarrolla la teoría según la cual no solo la “οuσία” divina puede ser llamada divinidad, sino también sus energías, sin que ello signifique diteísmo (admisión de dos dioses). Fue escrita en el año 1342.
“Sobre la divina y deificante participación”, en la que desarrolla el tema tratado anteriormente. También la escribió en 1342, una vez acabada la obra anterior.
“Diálogo entre un ortodoxo y un barlaamita”, que se debe entender como seguidor de las teorías de Gregorio Acindino, que San Gregorio presenta como concordantes con las tesis de Barlaam. Las tesis de Acindino tuvieron en Constantinopla mayor seguimiento que las tesis barlaamitas. En esta obra, el término “divinidad” esta atribuido no solo a la divina “οuσία” de Dios, sino también a sus divinas energías.
“Discurso de Teófanes a Teótimo”. Este libro se presenta como escrito por Teófanes, que es un personaje imaginario, el cual, mediante textos patrísticos defiende la verdad de las posiciones de San Gregorio Palamas en lo concerniente a la participación de Dios.
“Barlaam y Acindino son los que dividen a Dios”: Si la participación en Dios no es posible, entonces de lo que se ha participado es necesariamente de un segundo Dios. Consecuentemente, nos encontramos frente a una división de Dios.
“Explicación de las teorías de Barlaam y de Acindino”: Rebate las objeciones de Acindino, fundadas sobre alteraciones de algunos textos del propio Gregorio. Esta obra la escribió en el año 1348, bajo el patriarcado de Isidoro.
“Respuesta relativa a un dicho de San Cirilo”. En esta obra interpreta un texto de San Cirilo de Alejandría concerniente a la identidad de vida del Padre y del Hijo.

Relicario del Santo venerado en el monasterio de la Panagia de Dobra, Veria (Grecia).

Relicario del Santo venerado en el monasterio de la Panagia de Dobra, Veria (Grecia).

Trabajos contra Acindino
Sos seis tratados cuya redacción se inició en el año 1343, cuando le informaron que Acindino había hecho circular algunas obras, en las cuales atacaba sus enseñanzas y a los exicastas. Los tres primeros se refieren a la problemática concerniente a la divina “οuσία” y a las energías de Dios. El expone esta cuestión desde el punto de vista teológico, ya que Acindino, en sus escritos, partía de esta para pasar posteriormente a todo lo concerniente a la iluminación divina y a la deificación. San Gregorio sostiene que Acindino se comporta de esta forma para diferenciarse de Barlaam, el cual creaba polémica partiendo de un procedimiento inverso. La verdad es que Acindino comienza esta polémica teológica por el simple hecho de que en este punto no coincidía, difería de Palamas.

Los otros tres tratados se preocupan de la iluminación divina. El último, trata particularmente de la deificación. Hay que especificar que la reelaboración de sus tesis está desarrollada sin una conexión estricta y que con frecuencia trata cuestiones personales. Esta tríada de libros las terminó en el año 1344.

Tratados contra Nicéforos Gregoras
Después de la desaparición de Juan Caleca y de Gregorio Acindino – que posiblemente murieron durante la epidemia de peste de 1348 – fue el famoso filósofo y naturalista Nicéforos Gregoras quien lideró la lucha anti exicasta. Aunque había sido condenado por el sínodo de 1351 y recluido en su casa, fue liberado por Juan Paleólogo tres años más tarde. La discusión entre ambos tuvo lugar en el verano del año 1355 y fue seguida por una intensa actividad literaria por ambas partes. Nicéforos escribe en forma de unos “diálogos” entre dos personas imaginarias y San Gregorio le responde con una obra titulada “Sobre la pseudografía e impiedad de Gregoras”, refiriéndose sobre todo a las discusiones sobre la naturaleza de las energías divinas. Mientras ellos escribían, Juan Cantacuceno que había dejado el trono e ingresado en un monasterio tomando el nombre de Josafat; llamó a Gregoras que se presentó acompañado por un discípulo llamado Protágoras. El discípulo le expuso las discusiones entre su maestro y San Gregorio. Palamas respondió con las “Refutaciones de las blasfemias de Gregoras en lo concerniente a la luz divina de la Transfiguración de Nuestro Señor. En esta obra demuestra que la luz de la Transfiguración de Nuestro Señor no es creada, sino que es eterna, aunque no es la “οuσία” propia de Dios. Entre estos tratados contra Gregoras se incluye también un ensayo corto sobre un pasaje de San Basilio, que había sido utilizado en el sínodo del 1351.

Fresco ortodoxo griego del Santo.

Fresco ortodoxo griego del Santo.

Obras escritas en la prisión
Mientras estuvo prisionero de los turcos, San Gregorio aprovechó la oportunidad para discutir con teólogos musulmanes, exponiendo estas experiencias en una serie de cartas, que se titulan “Cartas a su Iglesia”. Son tres cartas enviadas a personas amigas y que él mismo Gregorio las recopiló posteriormente en una sola. Existe también otra “Carta a un desconocido”, que es una reelaboración de este epistolario anterior. A esta misma serie pertenece la “Exposición de la discusión de Palamas con los Chiones”. El soberano turco Orchan había organizado una conversación entre Palamas y un grupo de doctores musulmanes llamados Chiones; de esta carta se deduce que la conversación se mantuvo en griego, luego los chiones parece que eran griegos cristianos, los cuales trataban de establecer un cierto sincretismo religioso en el que poder sobrevivir bajo el régimen otomano. La conversación tuvo lugar en el palacio de Orchan, que estaba situado entre Prussa y Nicea.

Obras sistemáticas
La única obra incluida en esta categoría es “Ciento cincuenta capítulos”. Se trata de una obra sintética, producto de una gran madurez teológica. El título completo es “Ciento cincuenta capítulos físicos y teológicos, éticos, prácticos y purificativos de la impiedad barlaamita” y se refiere a la amplitud de estas problemáticas pero expuestas de manera muy breve. Los capítulos en cuestión contienen la expresión positiva de esos puntos de la enseñanza palamita, que constituyeron los motivos de polémica con sus adversarios. Esta obra resume fielmente lo expuesto en otras muchas de sus obras. Aparte de sus posiciones teológicas, éticas y espirituales, no podemos olvidarnos del carácter ascético. La terminó de escribir en el año 1349.

Obras ascéticas y espirituales
Son muchos los escritos de San Gregorio Palamas que tienen un contenido ascético, como era de esperar de un escritor tan fecundo y que, además, fue capaz de dar un nuevo impulso a la vida ascética. Es evidente que sobre todo le interesaba la estructura teológica del ascetismo. Estas obras son seis ensayos de una extensión desigual y en cualquier caso, bastante breves, que presentan una exposición madura acerca de los ideales ascéticos:
“Tres capítulos sobre la oración y la pureza del corazón”, que es un breve tratado escrito en el año 1334.
“La vida del beato Pedro el atonita” redactada en el año 1334 en base a una “Vita” más antigua. A las notas biográficas de esta antigua “Vita” él añade nuevos elementos presentando al beato como modelo de virtud eremítica y ascética.
“A la monja Xenia, ensayo sobre las pasiones y la virtud”. Escrito en el año 1342, tiene forma de carta enviado a esta monja, que había asumido el encargo de educar a las hijas de los emperadores Andrónico III y Ana, exponiéndole de manera muy original los elementos de la actividad ascética tradicional, justificándolo haciendo referencia a los frutos obtenidos de la visión y de la contemplación de la luz.

Fresco ortodoxo griego del Santo.

Fresco ortodoxo griego del Santo.

“Tratado dirigido a los filósofos Juan y Teodoro”, escrito en el mismo año. Mientras que Xenia había adquirido un cierto grado de virtuosidad, Teodoro era sin embargo, un hombre orgulloso de su propia sabiduría y no muy interesado en la actividad ascética. Parece que Teodoro había sido discípulo de Palamas y que había tenido la intención de hacerse asceta, pero cambió de parecer y optó por enseñar filosofía. Del escrito se deduce que Teodoro estaba casado o que, al menos, tenía esa intención. San Gregorio le dice que la gracia divina le invita a una vida más virtuosa y que él debe razonar de manera más recta, replanteándose qué va a hacer.
“A Pablo Assan”, escrita en el año 1348. Este Pablo es el destinatario de una carta en la que le habla de la vida monástica, a quién Palamas parece que no conoce y al que escribe en nombre de un monje.
“Decálogo de la legislación de Cristo”, escrito en torno al 1355. Se trata de un resumen de las enseñanzas éticas del cristianismo, presentado a modo de diálogo, basado en el Decálogo de Moisés y en el que no presenta ningún intento de adaptar los mandamientos cristianos a la ley mosaica. Al contrario, presenta una nueva ley en sustitución de la antigua, conservando solo aquello que él considera que está en armonía con las concepciones del cristianismo. Un elemento esencial de este ensayo es el discurso de Cristo en la montaña (Sermón de las Bienaventuranzas), del cual él saca material más que suficiente para afianzar los principios morales de la doctrina cristiana.

Homilías
San Gregorio comenzó a predicar en el año 1334 cuando se encontraba en el monasterio atonita Megisti Laura (monasterio de la Gran Laura, en el Monte Athos). Se conservan sesenta y tres homilías que representa una de las colecciones más importantes de la Iglesia Ortodoxa. Como norma general utiliza el evangelio del día y no se limita a analizarlo e interpretarlo, sino que a través de símbolos desarrolla con argumentos los aspectos morales de la vida religiosa, tratando sobre todo, de elevar el nivel de aquellos oyentes que son más humildes y sencillos.

Para que su discurso sea más incisivo, no insiste en los aspectos dogmáticos, evitando exponer su doctrina de la “οuσία” y de las energías de Dios, aunque si habla de la visión de Dios y de la luz divina. Se puede decir que a través de sus homilías, San Gregorio realiza una operación análoga a la que realizaba cuando defendía a los santos exicastas. Mientras que cuando trataba de los santos, se estaba dirigiendo a los monjes y a los teólogos, en sus homilías, se dirige a todo el pueblo de Dios.

Por último, decir que se conservan cuatro “oraciones” que escribió en momentos muy particulares de su vida: cuando fue convocado ante los emperadores para anunciarle su elección como arzobispo, al tomar posesión de su sede, durante las incursiones otomanas y durante un período de sequía sufrida en el año 1355.

Urna de San Gregorio Palamas en Tesalónica, Grecia.

Urna de San Gregorio Palamas en Tesalónica, Grecia.

En el artículo de mañana, trataremos de sus enseñanzas teológicas.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– MARTZELOS, G., “San Gregorio Palamas y la nueva teología occidental” (Actas de la conferencia teológica en honor del santo), Tesalónica, 1986.
– PANAGHIOTIS, Christou, “Bibliotheca sanctorum orientalium”, Tomo II, Città N. Editrice, Roma, 1999
– VV.AA. “Edición de las Obras completas: Gregorio Palamas, Syngrammata”, vol. I-VI, Tesalónica, 1962.

Enlaces consultados (14/09/2013):
http://www.imth.gr/ (Web de la Mitropolia de Thessaloniki)
http://en.wikipedia.org/wiki/Gregory_Palamas

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

San Gregorio Palamas, arzobispo de Tesalónica: vida y culto

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Icono ortodoxo griego del Santo.

Icono ortodoxo griego del Santo.

Preámbulo
En este blog hemos publicado numerosos artículos sobre la obra y el pensamiento de importantes santos, tanto del Primer Milenio, cuando la Iglesia de Cristo estaba unida, como de santos católicos del Segundo Milenio. Hoy quiero escribir – y lo haremos en tres artículos correlativos – sobre un importante santo y pensador de la Iglesia Ortodoxa, a sabiendas de que los artículos serán algo más extensos de lo que es habitual en mí y que para algunos, serán algo engorrosos de leer. Aun así, creo que era importante hacerlo y, aunque he consultado diversas fuentes, sobre todo está hecho en base a lo publicado en la “Bibliotheca sanctorum orientalium”.

Vida
La familia de Gregorio Palamas procedía de la parte oriental del imperio bizantino y se había establecido en Constantinopla, siendo su padre senador y miembro de la corte imperial de Andrónico II Paleólogo. El emperador lo estimaba tanto que lo nombró instructor de su sobrino, el futuro emperador Andrónico III. Allí en Constantinopla nació Gregorio en el año 1296. Como su padre murió cuando Gregorio apenas tenía siete años de edad, el propio emperador se preocupó de su educación, procurando que adquiriese una buena formación liberal y filosófica por parte de Teodoro Metoquites, que era un escritor, filósofo y mecenas de las artes y de las ciencias.

Cuando dos decenios más tarde, Gregorio se opuso a los seguidores del humanismo bizantino, algunos pusieron en duda la formación filosófica de Gregorio, tachándolo de inculto. En aquella ocasión, como en otras muchas posteriores, Gregorio tuvo que defenderse de estas acusaciones y a tal efecto, en una de sus obras él hace referencia a un hecho que le ocurrió durante los años de su formación: cuando tenía diecisiete años de edad, se le encargó a Gregorio hablar sobre la lógica aristotélica delante del emperador y de otros dignatarios y doctores de la corte. Él expuso sus argumentos de tal manera que el propio Teodoro Metoquites, volviéndose hacia el emperador, le dijo: “Si estuviese aquí presente el mismísimo Aristóteles, sin duda, lo habría elogiado por exponer tan claramente su doctrina”; luego de inculto no tenía nada.

A pesar de los proyectos que el emperador tenía para él, con gran pesar del propio Andrónico, Gregorio – que entonces tenía sólo unos veinte años de edad – , prefirió dejar sus estudios y retirarse al Monte Athos a fin de estudiar teología y llevar vida de asceta. Su maestro fue Teolecto, obispo de Filadelfia, el cual le enseñó la práctica de la oración individual y así, en el año 1316 abrazó la vida monástica. Por entonces, la vida monástica estaba regulada según las dos primitivas formas del monacato: eremita y cenobita (leed los artículos de Dairon sobre estos temas).

Monasterio Megisti Laura (Gran Laura).  Monte Athos, Grecia.

Monasterio Megisti Laura (Gran Laura). Monte Athos, Grecia.

Gregorio mostró su predilección por el ascetismo eremítico, aunque dependiendo de un monasterio. Junto con dos de sus hermanos, inicialmente estuvo viviendo durante un breve periodo de tiempo en el monte Papikion, para con posterioridad asentarse en diferentes lugares del Monte Athos: primero como eremita junto al monasterio de Vatopedi bajo la dirección espiritual de San Nicodemo de Vatopedi. Allí en Vatopedi fue tonsurado como monje y cuando murió San Nicodemo, se puso bajo la dirección de Elder Nicéforo. Al morir también este, pasó al monasterio Megisti Laura (Gran Laura), donde estuvo como ayudante de cocinero y cantor en el coro, pero como él quería dedicarse plenamente a la oración, marchó como eremita a la sketa Glossia, donde se dedicó por completo a la oración mental, transformándose en un exicasta.

Debido a la amenaza de que los turcos invadieran violentamente el Monte Athos, Gregorio, acompañado de algunos otros ermitaños intentaron llegar a Jerusalén, pero no lograron ir más allá de Tesalónica. Aunque éste fue el verdadero motivo por el que Gregorio abandonó el Monte Athos, sus opositores explican su alejamiento aduciendo otro motivo, cual es que, temía ser considerado un “masaliano”, debido a los rigores de su vida. En aquella época, los griegos llamaban “masalianos” a unos monjes considerados herejes, que a partir del siglo XI se habían extendido por muchos monasterios de Constantinopla, Tracia y Tesalónica. Estos monjes, como despreciaban los sacramentos, fueron condenados en un concilio que San Flaviano celebró en Antioquía. Ser influenciado por ellos era muy fácil, ya que los eremitas tendían a descuidar el culto, dándole más importancia a la oración personal. San Gregorio fue acusado de tener contacto con ellos en Tesalónica, pero San Filoteo I Kokkinos – biógrafo de San Gregorio Palamas – refuta esta acusación diciendo que ya en sus primeros pasos en la vida monástica, cuando estuvo en el monte Papikion, San Gregorio tuvo un encontronazo con ellos, los cuales le amenazaron de muerte.

Monasterio Esfigmenou – Monte Athos, Grecia.

Monasterio Esfigmenou – Monte Athos, Grecia.

En el año 1326, Gregorio fue ordenado sacerdote en Tesalónica y junto con una comunidad formada por dieciséis eremitas, marchó a Veria, donde estuvo unos cinco años. Allí llevaron una vida ascética muy severa: cinco días a la semana permanecían encerrados en sus celdas sumidos en la oración y en la meditación; el sábado y el domingo abandonaban la soledad para participar en la Liturgia. Allí le llegó la noticia de la muerte de su madre, por lo que abandonó momentáneamente Veria para ir a Constantinopla y hacerse cargo de sus dos hermanas, a las que se llevó consigo a Veria.

Transcurridos estos cinco años, la situación se volvió muy arriesgada debido a las incursiones de los serbios comandados por Esteban Dusan, que diezmó a la población y la redujo a la esclavitud, por lo que Gregorio y sus discípulos tuvieron que abandonar sus sketes de Veria y marchar de nuevo al Monte Athos. Se estableció en el “kellion” de San Sabas, muy cercano al monasterio Megisti Laura y allí estuvo hasta que la comunidad del Monte Athos le confió el egumenato del monasterio Esfigmenou, que en aquel momento tenía unos doscientos monjes, con ciertos problemas de disciplina, por lo que era necesaria la presencia de un egumeno con una fuerte personalidad. Allí estuvo cerca de dos años y posteriormente volvió a su refugio anterior.

Mientras se encontraba allí, se vio envuelto en una intensa polémica. Había llegado a Grecia el monje Barlaam Calabro, que pertenecía a la comunidad ortodoxa griega del sur de Italia, quién después de haber estado dando clases durante mucho tiempo en Constantinopla, consiguió fama de sabio, pero que era proclive a humillar a sus compañeros, por lo que se granjeó numerosos enemigos. Barlaam se había trasladado a Tesalónica, donde muy pronto consiguió un enorme éxito como maestro en filosofía. Barlaam y San Gregorio chocaron y se originó la llamada polémica exicasta, que dominó la vida espiritual de Bizancio y que influyó en los acontecimientos políticos del imperio durante veinticinco años.

Icono ortodoxo anglosajón del Santo.

Icono ortodoxo anglosajón del Santo.

Ya entonces, Gregorio había empezado a escribir sobre ascesis y en las controversias con Barlaam dejó en evidencia cuál era su pensamiento. Ambos se encontraron por primera vez con ocasión de la tentativa unionística de Constantinopla en el 1334. Barlaam tomó parte en las discusiones en calidad de representante de las iglesias orientales, sosteniendo que la discusión sobre el dogma de la procedencia del Espíritu Santo (el Filioque), no tenía sentido desde el momento en que es imposible comprender y demostrar “los movimientos interiores del Dios inefable”. San Gregorio, ya con anterioridad, había escrito una obra titulada “Tratados apodícticos sobre la procedencia del Espíritu Santo”. El mismo título de la obra lo dice bien claro, ya que “apodíctico” es sinónimo de “demostrativo”, luego, aunque en lo doctrinal mantenían lo mismo – el Espíritu Santo sólo procede del Padre – discrepaban en los argumentos. Barlaam decía que la discusión sobre la naturaleza de Dios tenía que abandonarse, ya que Dios es, en última instancia, incognoscible e indemostrable a los seres humanos; había que creer que el Espíritu Santo sólo procede del Padre, pero esto no se podía demostrar. Ante esto, San Gregorio, que mantenía que sí se podía demostrar la procedencia del Espíritu Santo, lo tachó de “peligrosamente agnóstico”. Esta primera controversia teológica entre ambos, inmediatamente pasó al tema ascético.

Barlaam se informó sobre las técnicas sicosomáticas practicadas por los exicastas en sus oraciones y comenzó a atacarlos violentamente, diciéndoles que “tenían el alma en el ombligo”. Gregorio fue llamado por algunos amigos tesalonicenses para que los defendiera. Gregorio Acindino, que era amigo de ambos, intentó mediar, pero Barlaam no cesaba en sus ataques, por lo cual, Gregorio permaneció en Tesalónica durante tres años a fin de poder ayudar a quienes le habían llamado. Expuso sus tesis sobre la perfección espiritual en nueve libros que se han titulado “En defensa de los santos exicastas”. Las tentativas de las autoridades para poner paz en el interior de la Iglesia no surtieron efecto, porque aunque Barlaam prometió en más de una ocasión moderar sus palabras, nunca lo hizo. Así que los dos marcharon a Constantinopla para someterse al juicio de la autoridad eclesiástica. San Gregorio llevó consigo un libro redactado por personalidades importantes del Monte Athos y, a partir de junio del 1341, se convocaron hasta siete sínodos en Constantinopla que, en el año 1351, terminó condenando las posiciones doctrinales de Barlaam, quien, viéndose acorralado, recurrió al primer ministro Juan Cantacuzeno, quien le aconsejó se reconciliara con Gregorio y le pidiera perdón. Como no lo hizo, le obligaron a abandonar Bizancio y marchar de nuevo al sur de Italia. Allí se convirtió al catolicismo y fue nombrado obispo de Gerace. Hay que decir que Barlaam, además de su mal carácter, tenía una formación occidental escolástica y le daba un enfoque más intelectual al tema, mientras que Gregorio había sido educado en la filosofía griega y su visión era otra.

Catedral de San Gregorio Palamas en Tesalónica, Grecia.

Catedral de San Gregorio Palamas en Tesalónica, Grecia.

Como consecuencia de toda esta polémica con Barlaam, San Gregorio se había propuesto escribir sobre tres temas: la metodología de la oración exicasta, el conocimiento de Dios y la visión de la luz divina; y lo hizo en nueve tratados que son denominados “Tríada para la defensa de aquellos que practican la sagrada quietud”. Los escribió en tres etapas: La metodología de la oración exicasta (1337-1341); El conocimiento de Dios (1341-1347) y La visión de la luz divina (1347-1358). Aunque San Gregorio nunca menciona a Barlaam, está claro que pensaba en su doctrina cuando realizó esta larga obra, que fue aprobada por los principales monjes del Monte Athos, que fueron quienes redactaron el libro sobre los “santos agioritas”, que Gregorio se llevó a Constantinopla. Barlaam, al contrario, sí que lo atacó expresamente en sus escritos. A fin de no alargar este primer artículo sobre San Gregorio Palamas, no entraré en las vicisitudes en las que se vio inmerso durante todo este tiempo, ni en los amigos y enemigos que encontró.

Muchos obispos, temiendo que con estas polémicas aumentara el prestigio de los monjes, se dispusieron a atacar a Gregorio y la primera ocasión se presentó al día siguiente de la muerte del emperador Andrónico III, ocurrida en julio de 1341. Le sucedió su legítimo heredero Juan V Paleólogo, muy joven, por lo que propusieron que le ayudaran el primer ministro Juan Cantacuzeno y el capitán de la flota imperial, Alejo Apocauco. Como el heredero no tenía la mayoría de edad, a fin de influir, también se metió por medio el patriarca Juan Caleca, argumentando que era la única autoridad que podía garantizar la legitimidad de la sucesión al trono. Como al patriarca le parecía que el primer ministro podía ser peligroso para sus intereses, se alió con el segundo. Hubo encontronazo entre ambas partes y Juan VI Cantacuzeno se autoproclamó emperador en el año 1346. Aunque el conflicto no era religioso, sino meramente político, la controversia teológica entre los partidarios y los detractores de San Gregorio Palamas jugó un papel importante. Estando convencido de que el destino de la Iglesia estaba ligado al destino del imperio, Gregorio quería ver en el trono a una persona capaz de afrontar tanto los peligros externos como los internos, por lo que no había que descartar la influencia de la reina madre, Ana, que era princesa de Saboya y por lo tanto, suponía un cierto riesgo de que la Iglesia Ortodoxa se viese sometida a Roma. Su sospecha era infundada, ya que la reina madre siempre se mantuvo dentro de la ortodoxia. Palamas se inclinó a favor de Juan Cantacuzeno.

Relicario del Santo conservado en el monasterio Gregorios del Monte Athos, Grecia.

Relicario del Santo conservado en el monasterio Gregorios del Monte Athos, Grecia.

Esto hizo que se enfrentara al intransigente patriarca Juan Caleca, que, influenciado por el joven teólogo Gregorio Acindino, lo envió al exilio en el año 1341. Gregorio Acindino había sido discípulo de San Gregorio Palamas, pero compartía las tesis de Barlaam relativas al conocimiento de Dios, mientras que coincidía con San Gregorio en la cuestión de la vida ascética. Prácticamente, esto mismo le pasaba al patriarca. Acindino ascendió y Palamas cayó en desgracia y por eso lo exiliaron al monasterio de San Miguel en Sosthenio, y posteriormente, a Iraklia. Desde allí fue llamado a Constantinopla para defenderse de la acusación de soliviantar a muchos con sus teorías. El patriarca hizo todo lo posible para que Gregorio no se pudiese defender, recluyéndolo en un monasterio cercano al patriarcado. A los dos meses, Gregorio se escapó y se refugió en Santa Sofía, pero el patriarca lo apresó de nuevo y lo encarceló por espacio de cuatro años. En 1344 llegó incluso a excomulgarlo con la excusa de interpretar erróneamente las decisiones del sínodo del 1341 y de no mencionarlo en la celebración de la Divina Liturgia, pero nada de esto impidió que San Gregorio, preso, escribiese algunas cartas y algunas de sus obras.

El año 1346 marcó un punto de inflexión en las cuestiones políticas. Por iniciativa de la reina madre, se convocó un sínodo que condenó y depuso al patriarca. El 2 de febrero, Juan Cantacuzeno fue a Constantinopla para entrevistarse con ella y la reina envió como representante suyo a Gregorio Palamas y al propio suegro de Cantacuzero, a quien liberó de la cárcel. Como patriarca fue elegido el exicasta Isidoro, el cual proveyó todas las sedes vacantes eligiendo a treinta y nueve obispos, entre ellos al propio Gregorio, que fue destinado a la sede arzobispal de Tesalónica. Cuando apareció por allí, se encontró una ciudad presa de confusión y de descontento, una anarquía y una hostilidad a todo lo que estuviese relacionado con Juan Cantacuzeno. La mayor parte de los rebeldes estaba constituida por un movimiento en el que militaban, principalmente, monjes independientes, pobres, mendigos y habitantes provenientes de otras ciudades ocupadas por los serbios. El estado de alarma social era grande.

Ya que Gregorio compartía de manera manifiesta las posiciones de Cantacuzeno, no fue aceptado como arzobispo por parte de los habitantes de la ciudad. Gregorio marchó al Monte Athos donde estuvo dos meses y sólo después de que Cantacuzeno renunciase a imponer el orden en la ciudad, San Gregorio Palamas pudo acceder a ella en diciembre de 1350. Pronto se mostró como pacificador y conciliador, llegando a decir literalmente lo siguiente en su primera homilía en la ciudad: “Verdaderamente hemos caído en un precipicio, verdaderamente hemos caído en una serie de pecados. Tenemos que liberarnos de esta guerra fratricida y mostrarnos benevolentes con nosotros mismos y con los demás”. Su tranquilidad apenas duró seis meses, pues nuevamente se reanudó el ataque contra los exicastas, esta vez por parte de Nicéforo Gregoras. Después de diversas tentativas de mediación, el emperador convocó un sínodo en el año 1351, que condenó a Nicéforos y a los arzobispos que lo apoyaban. El mismo emperador firmó el acta y ésta se puso sobre el altar de la iglesia de Santa Sofía en Constantinopla. Esa decisión fue aceptada por toda la Iglesia Ortodoxa y poco a poco, fueron a menos las reacciones contra los exicastas.

Relicario del Santo venerado en la catedral de Galato (Rumanía).

Relicario del Santo venerado en la catedral de Galato (Rumanía).

Juan Paleólogo y la reina madre, que vivían en Tesalónica, no se dieron por vencidos e iniciaron una nueva lucha contra Cantacuzeno, pero sus ambiciones pronto se vieron derrotadas y propusieron la mediación de Gregorio Palamas para reconciliarse con el emperador. Pero Palamas no pudo conseguirlo, porque mientras iba a Constantinopla, fue obligado a retroceder a Callipolis, que pocos días antes había sido ocupada por los turcos. Palamas y su séquito fueron hechos prisioneros. Como los turcos se dieron cuenta de la importancia de Palamas, pidieron un alto rescate y hasta que no se pagó lo que pedían, cambiaron a Gregorio de cárcel, llevándolo a Lampsakos, Prussa y Nicea. San Gregorio tuvo que soportarlo todo durante más de un año pero le compensaba el que al ser trasladado tantas veces, entraba en contacto con diversas comunidades ortodoxas e incluso llegó a discutir con teólogos musulmanes. Cuando fue liberado, marchó a Constantinopla y se encontró una serie de cambios en la Iglesia. Juan Cantacuzeno había abandonado el trono y había entrado voluntariamente en un monasterio, mientras que el patriarca Calixto había dejado su puesto a Filoteo Kokkinos, que era amigo de Gregorio Palamas.

En el verano de 1355 llegó a Constantinopla el obispo latino de Esmirna enviado por el Papa Inocencio VI, el cual solicitó entrevistarse con Palamas y hablar directamente con él acerca de la procedencia del Espíritu Santo. San Gregorio expuso sus tesis ante el enviado del Papa, que permaneció en silencio, bien porque no quiso discutir con un ortodoxo (eran considerados cismáticos) o lo que es más probable, porque no tenía suficiente formación teológica. Terminada la disertación de San Gregorio, el obispo Pablo de Esmirna reconoció ante el emperador que Gregorio era muy sabio, pero que era incapaz de llegar con él a ninguna conclusión. El comportamiento del enviado papal era en realidad parte de un proyecto mucho más amplio, orquestado por Juan V Paleólogo, con la intención de llegar a algún acuerdo teológico con la Iglesia Católica a cambio de recibir ayuda militar por parte de Occidente.

En septiembre de 1355, Gregorio se volvió a Tesalónica, donde finalmente, pudo dedicarse tranquilamente a su actividad pastoral. Allí murió el 14 de noviembre del año 1359, con sesenta y tres años de edad, mientras decía: “¡A las alturas! ¡A las alturas!”. Fue obispo doce años, pero parte de este tiempo tuvo que pasarlo fuera de su sede. Fue canonizado por el patriarca Filoteos de Constantinopla, nueve años después de su muerte.

Urna de San Gregorio Palamas en Tesalónica, Grecia.

Urna de San Gregorio Palamas en Tesalónica, Grecia.

Culto
San Gregorio Palamas murió el 14 de noviembre de 1359. Sus restos fueron colocados en la iglesia de Santa Sofía que era, en aquella época, la catedral de Tesalónica. Cuando en el año 1525 la iglesia fue transformada en mezquita, llevaron sus reliquias a la nueva catedral, la actual iglesia de San Gregorio Palamas, donde actualmente se encuentran dentro de una urna de plata. Según nos cuenta Filoteo Kokkinos, San Gregorio había realizado milagros en vida y después de su muerte llegaron noticias a Constantinopla acerca de nuevos milagros realizados por él. En el monasterio atonita Megisti Laura pronto se le tributaron honores de santo.

Inmediatamente después de su muerte, el patriarca Calixto (1354-1364) envió a Tesalónica un documento laudatorio, que fue redactado a petición de un grupo de personas, compuesto por clérigos y laicos de Tesalónica, convocados y presididos por la reina madre Ana. En 1364, el Patriarca Filoteo compuso un “Encomio” (texto de alabanza) y oficio litúrgico en honor de Gregorio, celebrando una misa en su honor. También gracias a este Patriarca nos ha llegado una amplia biografía del santo.

El Santo Sínodo de Constantinopla, en el mes de abril de 1368 (nueve años después de su muerte) incluyó a Gregorio Palamas entre los santos del calendario de la Iglesia de Santa Sofía, acto que corresponde a su canonización oficial por parte de la Iglesia Griega. Aunque en muchos países ortodoxos es conmemorado el segundo domingo de la Ortodoxia (Gran Cuaresma), en Tesalónica se le conmemora el día de su muerte. En los dos próximos artículos trataremos sobre sus obras y sus enseñanzas teológicas.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– PANAGHIOTIS, Christou, “Bibliotheca sanctorum orientalium”, Tomo II, Città N. Editrice, Roma, 1999
– MARTZELOS, G., “San Gregorio Palamas y la nueva teología occidental” (Actas de la conferencia teológica en honor del santo), Tesalónica, 1986
– VV.AA. “Edición de las Obras completas: Gregorio Palamas, Syngrammata”, vol. I-VI, Tesalónica, 1962.

Enlaces consultados (13/09/2013):
http://www.imth.gr/ (Web de la Mitropolia de Thessaloniki)
http://en.wikipedia.org/wiki/Gregory_Palamas

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es