San Hipólito de Roma, mártir

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Vidriera en la iglesia de San Juan Bautista, en Saint-Jean-sur-Vilaine (Francia) en la que es representado como sacerdote y escritor.

Vidriera en la iglesia de San Juan Bautista, en Saint-Jean-sur-Vilaine (Francia) en la que es representado como sacerdote y escritor.

El pasado 13 de agosto, cuando nuestra compañera Ana María escribió sobre Santa Concordia de Roma, se entabló un debate sobre San Hipólito: que si era sacerdote o soldado, que si era uno o eran dos, que si había desdoblamiento, que si era cismático o no lo era… Yo llegué tarde al debate y me comprometí a escribir sobre él, cosa que hago hoy intentando irme a las fuentes que más nos pueden aclarar este tema. Vamos con ello a ver si nos aclaramos; aunque puede que no del todo.

San Hipólito de Roma es uno de los santos más discutidos en la hagiografía. De acuerdo con la reconstrucción realizada en el siglo XX sobre este personaje, Hipólito habría sido un sacerdote de la Iglesia romana, un escritor muy fecundo, cismático, antipapa entre los pontificados de San Calixto y San Ponciano, exiliado con éste en Cerdeña donde ambos se reconciliaron y donde murió como mártir. En resumen, esto.

Pero esta reconstrucción de la personalidad de San Hipólito fue sin embargo puesta en discusión por espacio de más de veinte años, ya que se observó que las fuentes históricas, arqueológicas y litúrgicas en las que se habían basado esta reconstrucción, parecían que no coincidían en una misma persona, sino que más bien llevaban a incertidumbres, a incongruencias e incluso a contradicciones, por lo cual podrían distinguirse a más de un personaje, bien caracterizados e independientes el uno del otro. Dada esta situación, aun incierta para algunos estudiosos, parece apropiado presentar de manera cronológica y sistemática todas las fuentes, aunque dejando plena libertad a cada uno para que, finalmente, acepte la opinión que más le convenza.

El documento más antiguo que nos habla de la existencia del mártir San Hipólito, es el “Cronografo” del 354, pero asimismo, hay otras fuentes también antiquísimas. La “Depositio martyrum”, dice el 13 de agosto: “Yppoliti in Tiburtina et Pontiani in Calisti”. A su vez, el “Catalogo Liberiano” añade a la biografía de San Ponciano “que en tiempo de los cónsules Severo y Quintiliano, el obispo Ponciano y el presbítero Hipólito fueron deportados a la perjudicial isla de Cerdeña”, o sea, en el año 235. En estos dos textos se ha encontrado el primer elemento para la reconstrucción de la personalidad de San Hipólito. En ambos textos, no se dice que Hipólito fuera un cismático y es muy significativo que también en ambos textos, Hipólito está íntimamente unido al Papa Ponciano. Pero no podemos pasar por alto el hecho de que mientras que el autor del “Liber Pontificalis” dice que San Fabián trasladó el cuerpo de San Ponciano desde Cerdeña hasta el cementerio de Calixto en Roma, de San Hipólito no dice absolutamente nada.

Martirio del Santo. Detalle de un tríptico de Dieric Bouts y Hugo van der Goes. Groeningemuseum de Brugge (Bélgica).

Martirio del Santo. Detalle de un tríptico de Dieric Bouts y Hugo van der Goes. Groeningemuseum de Brugge (Bélgica).

Sin embargo, antes del “Liber Pontificalis”, tenemos el testimonio del Papa San Dámaso, el cual a través el presbítero León restauró el sepulcro de San Hipólito e incluso compuso unos versos en honor del mismo. En el texto de estos versos es donde se dice que Hipólito era un sacerdote pro Novaciano (cismático), pero que antes de morir abjuró de su error y exhortó a los novacianistas a retornar a la fe, por lo cual “merece ser reconocido como confesor y mártir”. Pero aun así, guardándose las espaldas, San Dámaso se cuida de advertir a quién lea sus versos que lo que él cuenta “es una tradición”, de la cual no tiene absoluta garantía. Pero lo que está claro es, que si San Hipólito era novacianista y fue asesinado en una persecución, no pudo haber sido exiliado en Cerdeña en el año 235, ya que este cisma promovido por Novaciano cuando fue elegido el Papa San Cornelio, ocurrió más tarde, concretamente en el año 251; luego Hipólito, como muy pronto, habría sido martirizado en tiempos de Valeriano (257-258).

Por otra parte, no deja de ser importante el tener en cuenta de que si el Hipólito recordado en la “Depositio martyrum” fuese idéntico al recordado en el “Catálogo Liberiano” y que si este hubiera sido cismático – algo que en realidad no está probado -, tendríamos la incongruencia de que el Papa Ponciano habría sido pospuesto, tanto en su recuerdo como en su veneración por parte de la Iglesia romana, a quién habría sido su propio antagonista, su propio contrincante.

Lápida sepulcral con la mención del Santo. Basílica de San Lorenzo Fuori le Mure, Roma (Italia).

Lápida sepulcral con la mención del Santo. Basílica de San Lorenzo Fuori le Mure, Roma (Italia).

Por el himno que Prudencio dedica al mártir Hipólito en su obra “Peristephanom”, podemos deducir cómo era de confusa la tradición sobre este mártir incluso a finales del siglo IV, o sea, algo más de un siglo más tarde. El poeta, que había visto la tumba del mártir y que había leído “el carmen” (los versos) de San Dámaso, de los cuales hace una amplia explicación de su contenido a fin de aclararlo y hacerlo más asequible en todos sus aspectos, añade sin embargo en lo referente a su martirio, algo que San Dámaso no sabía y que estaba relacionado con la “passio Polychronii”. Así que según Prudencio, el presbítero Hipólito, después de haberse retractado de sus errores novacianistas, fue conducido ante el tribunal del perseguidor romano, que estaba en el puerto de Ostia, y condenado a ser arrastrado por unos caballos, muriendo a consecuencia de los golpes recibidos. Los cristianos fueron recogiendo los miembros del santo que quedaron por las calles del puerto y lo sepultaron en una cripta en Roma.

Por lo que estamos leyendo, iremos comprobando que esta cuestión, de simple no tiene absolutamente nada: sacerdote, escritor, cismático, mártir… A todo esto, hay que añadir como algo fundamental, los testimonios de Eusebio de Cesarea y de San Jerónimo, aunque debemos hacerlo con mucha precaución porque lo más probable es que estos dos autores se estén refiriendo a otra persona distinta al Hipólito del que venimos hablando.

Eusebio de Cesarea, en su “Historia Ecclesiastica” dice haber visto en la biblioteca de Jerusalén “unas cartas que algunos eruditos” se intercambiaron a principios del siglo III, en las que se dicen que “Hipólito era el cabecilla de una iglesia”, añadiendo él por su cuenta que este Hipólito era el autor de un canon sobre la Pascua basado en un ciclo de dieciséis años, que terminó el primer año de gobierno del emperador Alejandro Severo, o sea, en el año 222. A su vez, San Jerónimo en su obra “De viris illustribus” dice de manera explícita que el escritor Hipólito era un obispo del cual no se pudo conocer su sede (“Hippolitus cuiusdam ecclesiae episcopus, nomen quippe urbis scire non potui”), que había recitado una homilía en presencia de Orígenes y algunas otras cosas más. Luego, leyendo a Eusebio y a Jerónimo, podemos imaginarnos que están hablando de un obispo oriental, escritor, que nada tiene que ver con el mártir romano del que estamos hablando, por mucho que en la reconstrucción de su personalidad se haya añadido que también era escritor.

Escultura romana antigua, identificada como San Hipólito, encontrada en 1551 en Via Tiburtina, Roma, y actualmente en la Biblioteca Vaticana (siglo IV-V).

Escultura romana antigua, identificada como San Hipólito, encontrada en 1551 en Via Tiburtina, Roma, y actualmente en la Biblioteca Vaticana (siglo IV-V).

Como el tema no está liado, para liarlo un poquito más, algunos autores han hecho referencia a una famosa estatua que estaba en el Museo Lateranense y que hoy se encuentra en la Biblioteca Apostólica Vaticana. Del origen de esta estatua se han dicho varias cosas: la primera es que había sido encontrada en el cementerio de San Hipólito en la Vía Tiburtina y que a este personaje es al que se refieren Eusebio de Cesarea y San Jerónimo. Baronio (que se metía en todos los berenjenales) dice en la edición del Martirologio Romano del año 1586 que la estatua fue encontrada en Porto, aunque luego, al escribir los “Annales” en el año 1602 dice que fue encontrada en el “Agro Verano” y Pirro Liborio, que fue quién la restauró, dice que fue encontrada “entre la Vía Nomentana y la de Tivoli, siempre fuera de los muros de la ciudad, no muy lejos del castrum donde se alojaban diariamente los pretorianos”. Esa escultura ha sido estudiada por diversos especialistas y finalmente han llegado a la conclusión de que ni es el Hipólito obispo oriental, ni es el Hipólito mártir de Roma, sino que pertenece a otro personaje que estuvo en conflicto con los papas San Ceferino y San Calixto, que si que fue un verdadero cismático, pero del cual no se puede afirmar con certeza que se llamara Hipólito. Así, que ya tenemos a tres: el mártir romano, el obispo escritor oriental y el cismático. Intentar encajar todas las piezas de este puzzle es lo que se hizo en el siglo pasado, es lo que yo indiqué al principio de este artículo y por eso dije que cada uno crea lo que estime más pertinente.

Pero fuera quién fuera, soldado desde luego no fue y desde muy pronto recibió culto. Aunque inevitablemente el artículo se alargue, algo habrá que decir con respecto a esto. Dejando aparte a los otros dos personajes y a los problemas que llevan aparejados, hablemos del mártir romano venerado el 13 de agosto en la Vía Tiburtina, o sea, el que salió a colación en el artículo del 13 de agosto sobre Santa Concordia.

Desgraciadamente, aparte de lo que dice la “Depositio martyrum” (que debemos considerar que es el testimonio más antiguo de su veneración), de él no se conoce ninguna otra cosa que podamos dar por completamente segura, aunque numerosas fuentes arqueológicas, litúrgicas y martiriales atestiguan que, después de la paz que vino en tiempos de Constantino, su culto tuvo un gran desarrollo no solo en Roma y en Italia, sino en todo el Imperio. Por eso no es extraño que su vecindad con el sepulcro y con el “dies natalis” del famoso mártir San Lorenzo, haya asociado a ambos en la literatura hagiográfica (acordaos del artículo de Ana María).

Reliquias del santo en la parroquia de san Hipólito de Voltregà (Barcelona).

Reliquias del santo en la parroquia de san Hipólito de Voltregà (Barcelona).

Como ya hemos dicho, el Papa San Dámaso acondicionó su sepulcro y le compuso unos versos y Prudencio, que visitó su cripta a finales del siglo IV, nos dice que estaba llena de mármoles y de plata y que en el día de su fiesta se acercaban a venerarlos numerosos peregrinos de las regiones del Lazio, Campania, Etruria y Piceno. Además de este santuario sepulcral, en Roma existía otro oratorio en el “Vicus Patricius”, que fue construido por el presbítero Ilicio a finales del siglo IV.

A los tiempos del emperador Teodosio pertenece el sarcófago de Apt, en cuyo frente, en las dos extremidades, están esculpidos San Hipólito y San Sixto II. En este sarcófago se demuestra por tanto la influencia de la “passio Laurentii”, pues recordemos que San Lorenzo era uno de los diáconos de dicho Papa. Asimismo, con este mismo Papa y con San Lorenzo aparece representado en unos vidrios dorados del siglo IV que se encuentran repartidos entre el British Museum, Florencia y la Biblioteca Vaticana. De este tiempo es también el oratorio dedicado a los santos Sixto II e Hipólito en la Basílica milanesa de San Lorenzo y en otra dedicada a los tres en Fossombrone, en la región italiana de Las Marcas. En el siglo V, tenía dedicada una basílica en Porto y un siglo más tarde, su imagen era reproducida en los mosaicos de San Apolinar Nuevo en Ravenna y en la iglesia romana de San Lorenzo al Verano. Fuera de Italia, su culto era muy floreciente tanto en Cartago como en Hispania.

Reliquias del santo en Chavignon, Aisne (Francia).

Reliquias del santo en Chavignon, Aisne (Francia).

En una lápida existente desde el siglo XI en la basílica de San Lorenzo fuori le Mura se dice que allí está sepultado. El cráneo del mártir se conserva en un relicario de plata en la sacristía de dicho templo. Según la lápida de la consagración de la iglesia de Santa María in Cosmedin, en la misma está la reliquia de un brazo. El 10 de agosto del 1740 parte de su cráneo fue utilizado por monseñor Crispi para la consagración del altar del oratorio del Santísimo Crucifijo en la iglesia de San Marcelo. Sin embargo, en las “Memorias de los mártires de Roma”, escritas por Caselli y publicadas en 1959, él dice que su cuerpo fue trasladado al monasterio del Santísimo Salvador sobre el Monte Letenano, cerca de Rieti. Asimismo, tanto en Saint-Hippolite (Alsacia) como en Saint Pölten (Austria) dicen poseer su cuerpo!!! En otros lugares existen reliquias más pequeñas del santo.

Además de recordarlo el día 13 de agosto, el Martirologio Jeronimiano lo recuerda en otros días y con diversas indicaciones geográficas, especialmente relacionándolo a Porto, pero estos recuerdos dependen sobre todo de las tradiciones hagiográficas aparecidas entre los siglos IV y V. A estas mismas tradiciones o fuentes, recurren los diversos Sacramentarios, los Itinerarios del siglo VII (de los que tantas veces hemos hablado), los diversos martirologios históricos y, finalmente, los actuales Breviario y Martirologio Romano. Resumiendo: santo romano muy venerado desde muy antiguo.

Reliquias del santo en Saint-Hippolyte, Alsacia (Francia).

Reliquias del santo en Saint-Hippolyte, Alsacia (Francia).

Como era de esperar, la ausencia de noticias históricas dio pie a que se originase más de una leyenda, las cuales no tienen ningún valor histórico y desfiguran la personalidad del santo presentándola primero como un sacerdote, después como un obispo, más adelante como un soldado y hasta como un antipapa. Estudiando de nuevo cronológicamente las fuentes, aunque sea de manera muy somera, veamos como fue surgiendo cada una de estas leyendas, cómo de manera gradual y haciendo verdaderos malabarismos, se intentó justificar cada leyenda como si fuera una verdad histórica.

En la segunda mitad del siglo IV, como resultado de los versos de San Dámaso, se dijo que era un sacerdote ex novacianista y en este mismo tiempo fue compuesta la fábula de la “passio Polychronii”, en la cual se asociaban los martirios de San Lorenzo y San Sixto II a San Hipólito diciendo que este último había sido el carcelero del primero. ¡Cuento chino! Y como lo es, no entro en los detalles relatados en la mencionada “passio”. Esta leyenda, contaminada por el himno de Prudencio, fue muy divulgada hasta mediados del siglo VI. Recordemos que Prudencio era el que había dicho que era un novacianista arrepentido que había sido arrastrado por unos caballos en Porto, siendo sepultado en la Vía Tiburtina. Como allí se construyó una basílica en su honor, se fue abriendo paso una nueva tradición hagiográfica independiente de la tradición romana. Entretanto, la tradición romana fue incluida en los Itinerarios del siglo VII y en los primeros martirologios, los llamados históricos y de ellos, pasó al Martirologio Romano.

Mosaicos en la basílica de San Apolinar Nuevo en Ravenna (Italia).

Mosaicos en la basílica de San Apolinar Nuevo en Ravenna (Italia).

En Porto, bien porque se olvidó la verdadera personalidad del mártir que allí se veneraba o porque fue tomando cuerpo la tradición que decía que se había llevado a Roma, se creó una nueva leyenda: la “passio Aureae diciendo que el mártir de Porto se llamaba Nonno (“Beatus Nonnus qui etiam Ypolitus nuncupatur; Beatus Ypolitus qui etiam Nonnus vocatur”), del cual se dijo que era un obispo de la ciudad que había muerto tirado a un pozo en tiempos del emperador Claudio. Este mismo tipo de muerte se repite en la “passio Censurini” y con mayor ahínco en la redacción latina de la “passio Hippolyti-Nonni”, en la cual se nos presenta a Hipólito como obispo y escritor. Este nuevo personaje ficticio también tuvo cabida en los martirologios incluyendo los Jeronimiano y Romano, saliéndole un falso competidor al verdadero mártir romano, o sea, un falso obispo mártir de Porto.

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Esta compleja figura de San Hipólito ha hecho que se le haya representado tanto como sacerdote que como soldado, como escritor y como carcelero, como obispo… en fin, de diversas maneras, pero en este tema si que no entro y lo dejo para quién entienda más de iconografía.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– Amore, A., “Notas sobre San Hipólito mártir”, revista Arqueología Cristiana, XXX, 1954.
– Bovini, G., “San Hipólito, doctor y mártir del siglo III”, Roma, 1943.
– Caselli, V., “Memoria de los mártires de Roma”, Roma, 1959.
– Delehaye, H., “Búsquedas sobre las leyendas romanas”, publicado en Analecta Bollandista, LI (1933).
– Hanssens, J.M., “¿Fue San Hipólito de Roma un novacianista?”, Roma, 1965.
– Palachkovschy, V., “La tradición hagiográfica sobre San Hipólito de Roma”, Berlín, 1961.
– Sicari, G., “Reliquie Insigni e Corpi santi a Roma”, Roma, 1998.
– VV.AA., “Bibliotheca sanctórum, tomo VII”, Città Nuova Editrice, Roma, 1988.

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