San Hugo, obispo de Lincoln

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Detalle del Santo en una tabla gótica. Cartuja de Thuison-les-Abbeville, Francia.

Detalle del Santo en una tabla gótica. Cartuja de Thuison-les-Abbeville, Francia.

Nació en el año 1140 en Avalón, cerca de Grenoble en la Borgoña francesa, siendo el hijo del señor de Avalón. Después de la muerte de su madre, ingresó como profeso en un convento que los canónigos agustinos tenían en Villarbenoit, pero con veinticinco años de edad se ordenó de diácono e ingresó como monje en la Gran Cartuja, ya que deseaba vivir una vida más aislada y dedicada a la contemplación. Alrededor del año 1175 se ordenó de sacerdote y fue nombrado procurador del monasterio con el encargo de recibir a los huéspedes y dirigir espiritualmente a los hermanos legos.

Uno de los huéspedes más famosos que visitó la cartuja fue San Pedro de Tarantasia – al cual atendió personalmente, del que se hizo amigo y que posteriormente fue su mentor -, y al caballero de Maurienne, quién le presentó al rey Enrique II de Inglaterra, que como ya sabemos, era el que había ordenado asesinar a Santo Tomás Becket. En expiación por la muerte del santo, en el año 1170 Enrique II fundó y reedificó diversos monasterios entre los cuales estuvo la Cartuja de Witham. Esto lo inició alrededor del año 1178 llevando un pequeño grupo de monjes de la Gran Cartuja, pero el intento estuvo a punto de fracasar porque los superiores no eran los más adecuados, el rey los aprovisionó de fondos de manera insuficiente, los lugareños se mostraban hostiles y los monjes no se adaptaban al clima del país.

La fundación parecía venirse abajo cuando en el año 1179 fue enviado San Hugo a fin de poder controlarla y reconducirla. Su laboriosidad, su forma de trabajo tuvo tanto éxito que en siete años se completaron las principales construcciones de la nueva cartuja, los vecinos se mostraron satisfechos, la comunidad monástica creció y el monasterio consiguió una gran reputación que se extendió por todo el sur de Inglaterra. Entre los novicios que espontáneamente ingresaron estuvieron el prior y el sacristán de la abadía benedictina de Winchester, algunos canónigos agustinianos y más tarde, el abad premonstratense e ilustre teólogo, Adán de Dryburgh. San Hugo fue el primer prior de esa Cartuja de Witham, pero fue también allí donde comenzaron sus problemáticas relaciones con la realeza inglesa.

Estola de San hugo de Lincoln. Cartuja de Parkminster,  Sussex, Inglaterra.

Estola de San hugo de Lincoln. Cartuja de Parkminster, Sussex, Inglaterra.

En el año 1186, el capítulo de la catedral de Lincoln lo eligió como obispo de esta gran diócesis que se extendía desde el estuario del Humber hasta el Támesis. En un principio se opuso, pero por obediencia al prior de la Gran Cartuja, terminó aceptando el episcopado. La diócesis de Lincoln llevaba mucho tiempo vacante, la catedral había sido gravemente dañada por un terremoto y la dispersión de la población hacía realmente difícil el establecimiento de un gobierno episcopal eficaz. Como obispo destacó por su religiosidad, por su eficiencia y valentía, eligió como canónigos a los sacerdotes mejor preparados en los cuales delegó gran parte del trabajo de la diócesis y reorganizó las escuelas de Lincoln, las cuales llegaron a tener la misma importancia que las escuelas de Paris. Reconstruyó la catedral en el más primitivo estilo inglés llegando incluso a trabajar personalmente con sus propias manos.

Viajó incansablemente por todo el territorio de su diócesis realizando visitas pastorales, en las cuales fundó diversas organizaciones benéficas, se acercaba a todos para aconsejarles, disfrutaba especialmente jugando con los niños y administrándoles la confirmación, comía con los leprosos y pordioseros en lugar de hacerlo con los nobles, se paraba en los caminos para sepultar dignamente a los cadáveres abandonados que se encontraba a su paso a los cuales dedicaba un especial funeral al llegar a la primera localidad, ordenaba sacerdotes y consagraba iglesias, o sea, no solo realizaba las tareas propias de un obispo al visitar a sus feligreses, sino que actuaba más como un párroco cercano que como un alto jerarca eclesiástico.

El Santo visita el refectorio. Lienzo del pintor barroco español Francisco de Zurbarán. Museo de Bellas Artes de Sevilla, España.

El Santo visita el refectorio. Lienzo del pintor barroco español Francisco de Zurbarán. Museo de Bellas Artes de Sevilla, España.

Actuó como juez y se hijo famoso por su justicia e imparcialidad, lo que le reportó ser elegido por tres Papas como juez delegado de la Santa Sede en los más importantes conflictos originados en su época, en algunos de los cuales llegaron a estar encausados los arzobispos de Canterbury y de York. Como dije anteriormente, destacó por su caridad, mereciendo el que mencionemos su especial protección a los judíos de su diócesis y de la de Oxford, los cuales eran sometidos a una particular violencia por parte del pueblo. Esta defensa (que hacía extensiva a cuantos sufrían cualquier tipo de opresión), ante aquella persecución puso incluso en peligro su propia vida. Realmente era incansable, aunque su máxima felicidad la encontraba cuando retornaba a su Cartuja de Witham, en la cual pasaba un mes todos los años comportándose como un cartujo más. Hay constancia de que dentro de la cartuja, su pasatiempo preferido era el lavar los platos de los monjes. Resumiendo: su forma de ser lo distinguió de la mayoría de los obispos de su época.

Fue amigo personal de tres reyes ingleses y de un escocés, pero como era un acérrimo defensor de la libertad de la Iglesia ante el poder político, como dije anteriormente, tuvo algunos roces y enfrentamientos con algunos de estos reyes, lo que no le impidió conseguir el respeto e incluso el afecto de Enrique II y Ricardo I. Aunque San Hugo llegó a excomulgar a varios oficiales reales y le había negado algunos beneficios eclesiásticos a determinados cortesanos del reino, Enrique II lo envió como embajador a Francia en el año 1188 para terminar de redactar un tratado de paz entre los dos reinos.

Éxtasis de San Hugo. Lienzo de Vicente Carducho.

Éxtasis de San Hugo. Lienzo de Vicente Carducho.

También se opuso a su amigo Ricardo I, negándose a proporcionarle el servicio de algunos canónigos de Lincoln que el rey quería utilizar en determinadas misiones diplomáticas. Tanto el rey como el santo tenían un fuerte carácter, aunque siempre vencía la bondad de San Hugo, lo que hizo que el rey llegase a afirmar: “Si todos los obispos fueran como mi señor de Lincoln, ningún príncipe de entre nosotros podría levantarse contra ellos”. En el año 1200, a petición del rey Juan I (Juan sin Tierra), sucesor de Ricardo I, suscribió el tratado de Le Goulet y mientras estuvo en Francia, visitó por última vez la Gran Cartuja, los lugares donde pasó su infancia y las abadías de Cluny y Citeaux.

A su regreso a Londres cayó gravemente enfermo de disentería e incluso perdió la vista y esta enfermedad lo llevó a la muerte. En su lecho de muerte, siguió atendiendo a cuantos lo visitaban, continuó dando instrucciones acerca de la finalización de la construcción de su catedral y cómo quería que fueran sus funerales. Asimismo, se negó a abandonar la posición de defensa de la libertad eclesiástica, que había tomado contra Huberto Walter, arzobispo de Canterbury y primer juez de Inglaterra, que era partidario de que hubiese más condescendencia entre los poderes políticos y eclesiásticos, aunque lo hizo de tal manera que, después de su muerte, este mismo arzobispo de Canterbury se convirtió en el primer benefactor de los cartujos.

San Hugo murió en Londres la tarde de día 16 de noviembre del año 1200. Sus funerales en Lincoln fueron multitudinarios, acudiendo miles de personas, entre ellas muchísimos judíos, los cuales participaron en su cortejo fúnebre, donde los reyes de Escocia e Inglaterra, acompañados por más quince obispos y arzobispos y cientos de abades y sacerdotes, se disputaban por llevar su féretro. En el funeral se leyó uno de sus sermones, en el cual él mismo decía que: “Cualquiera que practique de corazón la caridad, cualquier persona de la que de sus labios salga la verdad y que practique la pureza de alma y cuerpo, tendrá en el paraíso el mismo premio, ya sea un simple laico, monje o incluso Papa”.

Sepulcro del Santo. Catedral de Lincoln, Inglaterra.

Sepulcro del Santo. Catedral de Lincoln, Inglaterra.

San Hugo de Lincoln fue un hombre gentil y al mismo tiempo austero, intransigente en la defensa de la libertad de la Iglesia, pero humilde al mismo tiempo y es por eso por lo que el sociólogo y reformador social británico del siglo XIX, John Ruskin, llegó a escribir sobre él: “Ha sido el más bello personaje sacerdotal de la historia, que yo haya conocido”.

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Recibió culto inmediatamente después de su fallecimiento, aunque el interdicto que se impuso a Juan I, impidió que su canonización oficial no se hiciera hasta veinte años después de su muerte, o sea, en el año 1220. Fue el primer santo cartujo formalmente canonizado, aunque fue su diócesis y no su Orden quién solicitó su canonización. Desde la Edad Media es el santo más famoso de la ciudad de Lincoln, fijándose su festividad el día 17 de noviembre. El traslado de sus reliquias se realizó el día 6 de octubre del año 1280. A partir del siglo XIV comenzó a rendírsele culto como “fiesta capitular” en todas las cartujas, no solo en las inglesas, sino también en las de todo el continente europeo.

Iconografía de San Hugo: el cisne y el cáliz con el Niño. Lienzo de Francisco de Zurbarán.

Iconografía de San Hugo: el cisne y el cáliz con el Niño. Lienzo de Francisco de Zurbarán.

Sus habituales atributos son un cisne domesticado (algunas veces se le representa con una gallina) y un cáliz con la imagen del Niño Jesús, en memoria de una visión eucarística que sobre él tuvo uno de sus canónigos. Aunque existen muchas representaciones iconográficas suyas, cabe destacar la imagen existente en la torre de Santa María Virgen en Oxford, un bellísimo altar en la Cartuja de Thuison, la pintura de Vaccaro conservada en Nápoles y el célebre retrato de Zurbarán conservado en Cádiz.

En el año 1887, se abrió la tumba en la que se creía que estaba su cuerpo, encontrándose que estaba vacía, aunque contenía alguna de sus vestimentas episcopales. Hasta el año 1956 sus reliquias han sido buscadas sin descanso, pero la realidad es que no se han encontrado. Se desconoce cuándo desaparecieron.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– Adam de Eysham, “Magna Vita of St. Hugh of Lincoln”, Londres, 1962.
– Avranches, H., “Metrical Life of St. Hugh of Lincoln”, Lincoln, 1860.
– Farner, H., “Bibliotheca sanctorum, tomo XII”, Città Nuova Editrice, Roma, 1990
– Poncelet, A., “El traslado de San Hugo de Lincoln”, Analecta Bolandista, XXXI, 1912.

Enlace consultado (19/12/2015):
– http://feastssaintsmedievalchurch.blogspot.com.es

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