Santos de las Lauras de las Grutas de Kiev (I)

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Urna de San Agatón.

Urna de San Agatón.

En más de una ocasión hemos hablado de una manera o de otra acerca de los santos cuyas reliquias se conservan y veneran en los subterráneos del complejo monástico de las Lauras de las Grutas de Kiev, en Ucrania. Estos subterráneos son fundamentalmente dos: el de las Cuevas de San Antonio y el de las Cuevas de San Teodosio. Aunque sea de manera muy somera, pues son cerca de doscientos los santos allí sepultados, vamos a ir hablando poco a poco sobre ellos y hoy quiero empezar a hacerlo sin ceñirme a ningún orden preestablecido: ni cronológico, ni jerárquico, ni onomástico.

San Agatón el hacedor de milagros
Fue un monje que vivió entre los siglos XIII-XIV, que practicó en exceso el ascetismo del ayuno, que tuvo el don de curaciones con la imposición de sus manos y el don de profecías, lo que le llevó a saber con mucha antelación cual sería la fecha de su muerte. Según la costumbre monástica, algunos años después de su muerte, sus restos fueron exhumados y se encontraron incorruptos. Desde ese momento, sus reliquias fueron puestas en una urna de madera abierta en las Grutas de San Teodosio de Kiev. El hecho de que una vez exhumado no fuera sepultado de nuevo, induce a creer que gracias a su intercesión se produjeron algunos milagros. Hecho un estudio antropológico de sus restos, se cree que murió con unos cuarenta años de edad, relativamente joven, aunque hay que tener en cuenta que ayunaba en exceso.

San Agatón fue canonizado por San Pedro Mogila, metropolita de Kiev y de Galizia, en el año 1643 junto con otros santos de las Grutas de Kiev, que habían vivido después de las invasiones de los mongoles, ya que este santo había gozado de culto popular desde mucho tiempo antes. Cuando la mitropolia de Kiev y de Galizia pasó desde la jurisdicción de Constantinopla a la de Moscú, los santos de Kiev no fueron reconocidos como tales durante muchos años, hasta que con un decreto del año 1762 emitido por el Santo Sínodo de la Iglesia Ortodoxa Rusa, los santos ucranianos fueron incluidos en los menologios rusos.

Nos ha llegado un troparion y un kontakion dedicados a San Agatón en el siglo XVI. Se le recuerda el día 20 de febrero (al igual que a San Agatón papa) y el 28 de agosto (fiesta de todos los santos sepultados en las grutas lejanas, o sea, la de San Teodosio). También se le recuerda el segundo domingo de Cuaresma, fecha en la que son conmemorados todos los santos sepultados en ambos subterráneos. La veneración de San Agatón tiene carácter local, o sea, que prácticamente se reduce a Kiev.

Urna de San Damián.

Urna de San Damián.

San Damián Tselebnik, hieromonje
Fue un hieromonje (monje sacerdote) del siglo XI, que llegó al monasterio de las Grutas de Kiev en tiempos del abad San Teodosio, del cual fue discípulo convirtiéndose en “celosamente imitador de la vida y de todas las virtudes angélicas de su reverendo padre y mentor” conforme nos lo cuenta San Néstor el Cronista que escribió la vida de ambos santos. Durante todo el tiempo que estuvo como monje en el monasterio de las Grutas de Kiev solo se alimentó de pan y agua y pasaba gran parte de la noche en vigilia, orando y leyendo las Sagradas Escrituras y los textos de los Santos Padres. Era humilde, obediente y sumiso al resto de los monjes. Tenía el don de milagros, ya que el mismo San Néstor nos dice que “el bendito Teodosio ordenó a Damián que orase para que curase a los enfermos ungiéndolos con aceite”. Damián, creyéndose indigno de este don, quiso renunciar, pero por obediencia a San Teodosio, con óleo santo ungía a los enfermos y los curaba.

Según nos sigue diciendo San Néstor, estando muy enfermo y a punto de morir, oraba diciendo: “Señor Jesucristo, dígnate complacerme con la gloria de tus santos y ser digno del Reino de los cielos” y mientras oraba, de repente, se le apareció en la cabecera de su lecho un ángel disfrazado de San Teodosio, quién le besó en la frente y le dijo: “Tu solicitud se verá cumplida; serás llamado al lugar de los santos y morarás en el Reino del Señor en los cielos”. Extrañado llamó a San Teodosio quién le aseguró que él no se había acercado a su lecho. San Damián murió rodeado por los monjes el día 5 de octubre del año 1071, siendo sepultado en las Cuevas de San Antonio del monasterio de las Grutas. Su fiesta se celebra el 5 de octubre y en el resto de fechas en las que son conmemorados todos los santos de las Grutas de Kiev.

Urna de San Ignacio.

Urna de San Ignacio.

San Ignacio, archimandrita
Poco sabemos de él. El archimandrita Ignacio vivió en el siglo XV y según las crónicas, curaba las enfermedades dándoles de comer a los enfermos los “antidorón” (panes) bendecidos durante la Divina Liturgia. Según el archimandrita San Nicéforo que le sucedió después de su muerte, San Ignacio murió antes del año 1434 y como en el examen antropológico que se le hizo a su cuerpo incorrupto en el año 1982, pudo determinarse que murió con unos sesenta años de edad, podemos deducir que nació alrededor del año 1370.

En un epígrafe funerario que se conserva en el monasterio se dice que “el reverendo Ignacio, archimandrita Pechersky, por su santa vida mereció de Dios el don de milagros y con sus oraciones sanaba a los enfermos a quienes daba su pan como comunión”. Los troparios lo elogian como “un pastor de monjes y sanador de enfermos, por lo que veneramos tu memoria con una canción que sirva para gloria de Dios”. Su fiesta se celebra el 20 de diciembre y el 28 de agosto, junto con los santos sepultados en la Gruta de San Teodosio. Existe un icono suyo pintado en el siglo XVII en el que se le representa con la cabeza cubierta, con la mano derecha en actitud de bendecir y sosteniendo con la izquierda el bastón de archimandrita.

Icono ortodoxo ucraniano de San Marcos el Sepulturero.

Icono ortodoxo ucraniano de San Marcos el Sepulturero.

San Marcos, el sepulturero
Las noticias sobre su vida y las de los santos Juan y Teófilo, de los que trataremos a continuación, se pueden leer en las Crónicas escritas por el monje San Policarpo alrededor del año 1125, una vez que los tres ascetas ya habían muerto. En realidad no se conoce con exactitud en que época exacta vivieron, aunque se sabe que fueron coetáneos y se estima que fue entre los siglos XI y principios del XII.

San Marcos, por obediencia, se encargaba de excavar las grutas y preparar los nichos donde serían sepultados los monjes conforme iban muriendo. Vivía dentro de la misma gruta y excavaba la tierra con sus propias manos, la cual echaba en una especie de cesto que cargaba sobre sus espaldas para sacarla fuera. Trabajaba continuamente de día y de noche, sin esperar recompensa alguna y solo buscando la gloria de Dios. Mortificaba su cuerpo con continuos ayunos y portando pesadas cadenas mientras excavaba, y cuando tenía sed, solo bebía el agua que cabía en un pequeño hueco que tenía una cruz que siempre llevaba encima.

Un día, mientras estaba excavando una tumba, se sintió muy cansado, dejando la tumba incompleta. Aquella noche murió un monje de gran corpulencia y, como la costumbre era sepultar el cuerpo del difunto el mismo día de su muerte, cuando fue llevado a la gruta, no pudieron sepultarlo extendido en el estrecho hueco ni tampoco pudieron ajustarle el hábito ni echarle el crisma, conforme el rito requerido en la sepultura de los monjes. Como es lógico, los monjes le recriminaron a Marcos el no haber terminado de excavar la sepultura. El, dirigiéndose al muerto, le dijo que alargase la mano y milagrosamente, el muerto la extendió, tomó el vaso del crisma y él mismo se ungió el pecho y el rostro haciendo la señal de la cruz, se ajustó el hábito, se tumbó y cruzando los brazos, cerró de nuevo los ojos. Según las Crónicas del monje San Policarpo, este hecho llenó de estupor a todos los que estaban presentes.

Urna de San Marcos.

Urna de San Marcos.

Nos cuenta también Policarpo un hecho parecido que ocurrió a la muerte de otro monje. Uno de los monjes, conforme el uso monástico, lavó su cuerpo con una esponja y se acercó hacia donde estaba Marcos para controlar el sepulcro donde debía ponerse al difunto. Como Marcos no había terminado de excavarlo, le dijo al monje que le comunicase al difunto que esperase a morir hasta el día siguiente, que ya estaría preparada la tumba. El monje, estupefacto, retornó al monasterio donde ya la comunidad estaba celebrando el oficio fúnebre y acercándose al féretro, le susurró al muerto al oído lo que le había dicho Marcos. Ante el asombro de todos, el muerto abrió los ojos, se incorporó y, sin decir palabra, aguardó hasta el día siguiente. A la mañana siguiente, comprobado que la tumba estaba terminada, delante de toda la comunidad se le comunicó al monje incorporado, quién recostándose de nuevo en el ataúd, cerró los ojos y murió.

San Marcos murió en una fecha indeterminada y fue sepultado en la misma tumba que él se había preparado. Su fiesta se celebra el día 29 de diciembre.

Pintura de los Santos Juan el Asceta y Teófilo el Llorón.

Pintura de los Santos Juan el Asceta y Teófilo el Llorón.

Santos Juan asceta y Teófilo el llorón, monjes hermanos
En aquellos mismos años, vivían en el monasterio de la Lavra de las Grutas de Kiev, dos hermanos llamados Juan y Teófilo. Ambos le dijeron al monje Marcos que preparase una tumba común donde los dos querían ser sepultados. Al poco tiempo, Teófilo tuvo que ausentarse del monasterio para realizar un encargo que le había mandado el egumeno y en su ausencia, su hermano Juan enfermó, murió y fue sepultado en las grutas. Cuando regresó Teófilo y se enteró de la muerte de su hermano, lleno de dolor bajó a las grutas para comprobar donde había sido sepultado. Cuando comprobó que Juan estaba sepultado en el lugar reservado para Teófilo, se enfadó con Marcos. San Marcos le pidió perdón, invitando al mismo tiempo al muerto para que se cambiase de sitio. Inmediatamente, el difunto Juan obedeció a Marcos y Teófilo cayó de rodillas a sus pies pidiéndole perdón.

San Marcos lo exhortó a que cuidase su alma. Interpretando érroneamente esto, Teófilo se horrorizó al creer que iba a morir en el acto, lo que no ocurrió. Para reparar su acción, Teófilo vivió como riguroso asceta algunos años más, consumiéndose su cuerpo por la ascesis y quedándose medio ciego por llorar tanto su pecado. De ahí le sobrevino el nombre de llorón. La muerte de San Marcos causó tal dolor y tantas lágrimas en San Teófilo que buscó un recipiente donde echarlas.

Urna de los Santos Juan y Teófilo.

Urna de los Santos Juan y Teófilo.

Un día, mientras se encontraba en oración, se le apareció un ángel que le preguntó el por qué recogía sus lágrimas y le presentó otro recipiente más grande que el lacrimal que tenía Teófilo, diciéndole que el Señor también había recogido las lágrimas que habían caído a tierra o que se habían quedado en el hábito, y recordándole las palabras de Cristo: “Bienaventurado los afligidos, porque ellos serán consolados” (Mateo, 5, 4) le entregó el frasco del que salía un agradable perfume. Teófilo comunicó al egumeno la visión que había tenido y le pidió que después de su muerte, vertiesen sobre su cuerpo el contenido de ambos recipientes. A los tres días murió y fue sepultado junto a su hermano Juan, muy cerca de la tumba de Marcos. Se desconocen las fechas exactas de las muertes de los santos Juan y Teófilo y al igual que la de San Marcos, su fiesta también se celebra el día 29 de diciembre.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– Cernigovskij, F., “Российские святые”, Sant Petersburgo, 1861.
Paterikon del monasterio de las Grutas de Kiev.
– Strelbitsky, M., “Рассказы о жизни и деловой подвижника Святых Отцов Печерского”, Kiev, 1962.
– VV.AA, “Bibliotheca sanctórum orientalium, I y II”, Città Nuova Editrice, Roma, 1998.

Enlace consultado (29/04/2015):
– http://lavra.ua

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