Santa Mustiola y compañeros, mártires de Clusi

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Vidriera decimonónica de la Santa. Catedral de Chiusi, Italia.

Vidriera decimonónica de la Santa. Catedral de Chiusi, Italia.

La Santa de quien hablaré hoy es apenas conocida fuera de su ámbito de culto, localizado en la ciudad italiana de Chiusi (la antigua Clusi o Clusium), aunque en la Edad Media estaba muy propagado por Italia, especialmente por Arezzo, Perugia, Siena, Pistoia y Pesaro. Su nombre, Mustiola, es ciertamente curioso y no se conocen más Santas que lo lleven; es posible que derive del praenomen Mustii, que designaba una gens romana. A pesar de ser tan poco conocida a nivel global, lo cierto es que se trata de una figura cuanto menos interesante, pues se ha demostrado la existencia histórica de esta mujer, que era cristiana, benefactora de la naciente comunidad cristiana de Clusi en la segunda mitad del siglo III, y que murió mártir. Esto es cierto sobre ella; aunque, como suele ser típico en estos casos, la devoción y la tradición han construido sobre ella una passio legendaria, datada en el siglo VIII, que veremos a continuación.

Passio de los mártires de Clusi
Nos situamos en tiempos del emperador Aureliano, en la ciudad de Sutri. Allí fue llamado al tribunal del procónsul Lucio Turcio Aproniano un presbítero cristiano llamado Félix, el cual, no queriendo sacrificar a los dioses ni renunciar a su fe, fue sacado de la ciudad y apedreado hasta la muerte. Un diácono llamado Ireneo -probablemente, el diácono adjunto de Félix- recogió el cadáver del sacerdote, que había quedado vergonzosamente expuesto en el foro de la ciudad, y le dio digna sepultura cerca de los muros de la ciudad. Por haber hecho esto, Ireneo fue arrestado y deportado a la ciudad etrusca de Clusi, ubicada en la Toscana. Turcio no sólo hizo detener a Ireneo, sino que lo llevó, cargado de cadenas, a pie desde Sutri hasta Clusi, haciéndolo seguirle detrás de su carro. Al llegar a Clusi, lo metió en la cárcel junto a otros cristianos.

Martirio de Santa Mustiola (al fondo, martirio de Santa Columba). Grabado de Antonio Tempesta para "Immagini de molte sante vergini romane nel martirio", Istituto Nazionale dell'Arte Grafica, Roma (Italia).

Martirio de Santa Mustiola (al fondo, martirio de Santa Columba). Grabado de Antonio Tempesta para “Immagini de molte sante vergini romane nel martirio”, Istituto Nazionale dell’Arte Grafica, Roma (Italia).

Una matrona cristiana, de nombre Mustiola, que era prima hermana del predecesor de Aureliano, el emperador Claudio II, visitaba a los prisioneros con frecuencia, y con su hacienda y favor socorría sus necesidades y les regalaba cuanto podía. Por tanto, usaba su condición de rica y noble; y sus contactos al ser de linaje imperial, para acceder a las cárceles sin ser molestada para atender a los prisioneros, entre los cuales, visitó y confortó a Ireneo.

Sobre cómo había llegado Mustiola, noble matrona romana, a Chiusi, la leyenda da diversas versiones. Una dice que había huido de Roma, inspirada por Dios, ante la difícil situación que estaban viviendo los cristianos, y eligió la ciudad toscana por tener allí algunas tierras y propiedades. Pasando por Sutri, conoció allí a Ireneo, que se dedicaba a enterrar cuerpos de mártires, y sería allí donde serían capturados y llevados a Chiusi. Otra versión dice que con quien se encontró fue con el presbítero Félix. Esto no tiene mayor importancia, salvo para destacar que, curiosamente, en Sutri existe el antiquísimo culto de una virgen mártir llamada Dulcísima (Dolcissima) a la que no pocos identifican con Mustiola. Otras leyendas apuntan a que en Cesareto (cerca de Panicale) dejó la huella de su pie impresa en una piedra -un tópico común propio de muchos Santos- y que traía con ella nada menos que el anillo de bodas de la Virgen María (!!!) para salvar la preciosa reliquia de la persecución y dejarla en Chiusi para la veneración de la comunidad cristiana, de suerte que a veces se la represente portándolo.

Pero lo más curioso es la leyenda acerca de cómo cruzó a pie el lago de Chiusi. La tradición dice que un pelotón de soldados, enviados por el emperador Aureliano, le salió al encuentro para capturarla y ella escapó, asustada. Llegando a las orillas del lago de Chiusi y viendo que el agua le cortaba el paso, se hincó de rodillas y oró en busca del auxilio divino. Un ángel del Señor se le apareció y le indicó que echara su manto sobre el lago y lo usase para cruzar. Ella, llena de fe, se desprendió de su manto, lo puso sobre las aguas y navegó sobre él hasta la otra orilla, logrando escapar de sus perseguidores. La tradición dice que dejó la luminosa estela de su paso marcada sobre las aguas y que esta estela es visible la noche de su festividad, del 2 al 3 de julio.

"Joven mártir muerta: Santa Mustiola", lienzo de Guido Cagnacci que representa a la Santa tras el martirio. Museo Fabre, Montpellier (Francia).

“Joven mártir muerta: Santa Mustiola”, lienzo de Guido Cagnacci que representa a la Santa tras el martirio. Museo Fabre, Montpellier (Francia).

Como decíamos, en Chiusi se dedicó a la caridad y a atender a los cristianos perseguidos. Pero fue denunciada al procónsul por un hombre llamado Torcuato. Sus influencias no le sirvieron con Turcio, quien, indignado por su actitud, mandó igualmente prenderla, sin que su ilustre linaje le amedrentara. Fue capturada y Turcio mandó llevarla ante su tribunal e intentó hacerla apostatar, pero la firmeza y valentía de la mujer lo soliviantaron hasta tal punto que, con el fin de sembrar el terror entre los cristianos de Clusi, mandó decapitar a todos los prisioneros, excepto a Ireneo y Mustiola, para quienes tenía reservado un peor final.

A la vista de la mujer, a quien obligó a mirar, mandó torturar a Ireneo, el cual fue colgado en el ecúleo y le descoyuntaron los miembros. Luego le rasgaron la carne con uñas afiladas y lo quemaron con fuego. El hombre murió en medio del tormento, dando gracias a Turcio por haberle hecho el favor de darle la muerte de un mártir. Aunque el objetivo era aterrorizar a Mustiola con aquel horrendo espectáculo, ello no hizo mella en el valiente carácter de la mujer, que en cambio, criticó duramente al magistrado por lo que estaba haciendo con los cristianos y dijo que estaba pronta a morir por Cristo. En castigo a su atrevimiento, Turcio mandó que fuera azotada con cordeles emplomados hasta que se rindiera o muriese. En fin, Mustiola no se rindió y murió en medio del tormento; y su cadáver, junto con el de Ireneo, después de estar un día entero expuestos en el foro, fueron recogidos y enterrados por un religioso llamado Marcos -del cual, algunos dicen que era el obispo de la ciudad- en el cementerio cristiano cerca de las murallas de Clusi (iuxta muros civitatis), es decir, en la catacumba que hoy día aún se conserva y donde se les levantó, con el tiempo, un templo.

Vista del esqueleto de la Santa, tal cual se exponía antes de ser recubierto con una figura. Catedral de Chiusi, Italia.

Vista del esqueleto de la Santa, tal cual se exponía antes de ser recubierto con una figura. Catedral de Chiusi, Italia.

Fuentes literarias y arqueológicas
Como decía, esta narración de la passio es, sin lugar a dudas, totalmente legendaria debido al exceso de adornos de que adolece, pero los datos históricos existentes, que no son pocos, coinciden en algunas cosas. En primer lugar, la sucinta referencia del Martirologio Romano: «Clusii in Etruria sanctorum martyrum Irenaei diaconi et Mustìolae matronae, qui sub Aureliano Imperatore diversis atrocibusque suppliciis cruciati, coronam martyrii meruerunt». (Martyrologium romanum Gregorii XIII…, Venezia 1802).

Se sabe que la primera catedral de Chiusi (s.IV) estaba dedicada a la Santa, y era, precisamente, una basílica-cementerio situada en el extrarradio de la ciudad. Esta catacumba todavía existe, siendo un yacimiento arqueológico de gran valor patrimonial para la ciudad. Se puede visitar, ubicada en la pendiente de una colina situada a un kilómetro al este de la ciudad; aunque de la basílica-catedral sólo se conservan unas escasas ruinas.

También es conocido que, en el siglo VI, el obispo Florentino trasladó su sede intramuros de la ciudad y dedicó la nueva catedral a San Secundiano, pero el culto a Santa Mustiola se mantuvo en la basílica extramuros. En el siglo VIII, duque longobardo Gregorio y su madre Austregunda restauraron y embellecieron la basílica de la Santa. Fue en este tiempo cuando el cuerpo de la mártir, que seguía sepultado en la catacumba, fue extraído y trasladado al altar de la basílica, siendo entonces, también, cuando se redactó la passio de la Santa, como he dicho al principio.

Vista del cuerpo de la Santa tal cual se muestra ahora, recubierto con una figura y vestido. Catedral de Chiusi, Italia.

Vista del cuerpo de la Santa tal cual se muestra ahora, recubierto con una figura y vestido. Catedral de Chiusi, Italia.

Hay muchas leyendas que narran la aparición de la Santa a varios fieles y conciudadanos, solicitando que recuperaran su cuerpo, pero no me detendré en ellas porque son idénticas a otras muy similares. El caso es que las reliquias se recuperaron: ocurrió el 25 de mayo de 1471 en la susodicha Basílica. Se llevó a cabo -después de una breve oración ante el altar mayor, invocando la sabiduría y prudencia del Espíritu Santo- rompiendo el muro que contenía la inscripción indicatoria de que allí estaba el cuerpo de la Santa. Tras él hallaron un sepulcro de piedra y, al quitar la pesada losa que lo cubría, hallaron una caja de terracota y dentro de ella, bajo un paño marrón, los huesos completos de la Santa, el esqueleto entero, que fue reconocido. La basílica y el monasterio anexos fueron asignados a los franciscanos, pero esto fue decayendo hasta que en el año 1784 el obispo Pannilini ordenó que se abandonasen la basílica extramuros y el convento, y que los restos de la Santa fueran trasladados a la catedral intramuros. Y allí se encuentra, hasta día de hoy, la mártir Mustiola: dentro del altar mayor de la catedral de San Secundiano.

Hasta cierto tiempo, el esqueleto de la Santa fue exhibido al descubierto, apenas adornado al estilo de los cuerpos santos venerados en Alemania y Austria; pero hace un tiempo, quizá debido a razones de sensibilidad, el esqueleto se ha vestido y cubierto con una figura que imita la imagen de la mártir muerta, para tratar de dulcificar la visión de las reliquias. Esta imagen es la que permanece dentro de dicho altar. Esta recomposición y cambio de estética ha suscitado no pocas controversias, pues hay quien cree que debería haberse dejado el esqueleto desnudo, como estaba antes, y hay quien acoge con buenos ojos la cobertura.

Detalle de la cabeza de la figura que recubre las reliquias. Catedral de Chiusi, Italia.

Detalle de la cabeza de la figura que recubre las reliquias. Catedral de Chiusi, Italia.

Respecto a la identidad de la Santa, no han faltado pesquisas que han intentado identificarla, como dice la leyenda, entre las familiares de Claudio II el Gótico. Sin embargo, esto ha resultado una búsqueda más bien estéril, ya que el parentesco imperial de la Santa probablemente no sea más que un invento de la passio. Se ha probado la existencia de una matrona benefactora de los cristianos de Chiusi que sufrió martirio por su apoyo a las comunidades cristianas de la ciudad, pero no es posible determinar si procedía de Roma o si estaba emparentada con el emperador, lógicamente. Tan infructuosa búsqueda topa, primero, con las dos versiones datables de la passio (año 285, sub Valeriano; y 274, sub Aureliano). De entre todos los textos consultados, destaca uno de 1969, impreso por Marcantonio y Orazio Campana, “Breve racconto della prosapia e martirio di Santa Mostiola”, que profundiza en este aspecto de la parentela con Claudio II. Según este texto, la nobleza de Mustiola no procedía de la gens de los Mustii -como podría deducirse de su nombre de pila- sino de la gens Asinia, que se encumbró con Asinio Volusiano Galo, hijo del emperador G. Vibio Treboniano Galo. Pero ello no basta para probar que Mustiola tuviese relación alguna con esta familia, y parece un error vincularla, como hace el texto, con una matrona llamada Gemina Asinia Bibiana, esposa del emperador Treboniano Galo, del cual, el futuro Claudio II el Gótico era su oficial. No se ve qué posible relación puedan tener.

Una inscripción de la catacumba de Santa Mustiola conmemora a una tal Julia Asinia Felicísima “ex genere Mustiolae sancta”, pero ello tampoco parece probar el parentesco con el emperador. Lo único que parece saberse con certeza, es que el emperador Claudio el Gótico tenía una prima que se llamaba Mustiola. Pero de ahí a suponer que es precisamente la misma Mustiola, mártir de Chiusi… es demasiado suponer, en mi humilde opinión. Por no recordar, como suelo hacer, que a una dama de linaje imperial no se la azotaría hasta la muerte con látigos emplomados.

Vista del altar mayor de la catedral de San Secundiano, Chiusi (Italia), como suele estar la mayor parte del tiempo, cerrado. El mosaico indica que tras él están las reliquias de la Santa.

Vista del altar mayor de la catedral de San Secundiano, Chiusi (Italia), como suele estar la mayor parte del tiempo, cerrado. El mosaico indica que tras él están las reliquias de la Santa.

Conclusiones
Se admite, por tanto, la existencia de la mártir, su sepultura en las catacumbas que llevan su nombre, su estrecha relación con la primitiva comunidad cristiana de Chiusi, a la que habría donado su propia casa, situada en las afueras de la ciudad, para que allí se pudiese construir el cementerio donde poder celebrar los ritos funerarios de la comunidad.

No se puede, sin embargo, probar el linaje imperial de la Santa, que procediese de Roma ni que tuviese ninguna vinculación con las familias gobernantes. De ser noble, es muy poco probable que muriese flagelada, pues semejante muerte se consideraba ignonimiosa y no adecuada para la nobleza, aunque sí se le hubiese podido aplicar una breve flagelación como castigo; pero no hasta la muerte. Se sabe que fue martirizada, pero no sabemos cómo: probablemente por decapitación.

Sin embargo, a pesar de las pruebas indudables de la existencia de la Santa, los bolandistas se mostraron inflexibles en cuanto a los aspectos legendarios de la passio y el culto de Mustiola fue retirado del calendario romano oficial, quedando únicamente a nivel local.

En la iconografía, la Santa aparece como una joven y bella dama romana, portando el látigo de cordeles emplomados como símbolo de martirio. A veces, se trata de una sola cuerda con una sola bola gigante. También aparece portando el presunto anillo de bodas de la Virgen María, que sigue venerándose como reliquia en la zona.

Meldelen

Bibliografía:
– CAMPANA, Marcantonio e Orazio, “Breve racconto della prosapia e martirio di Santa Mostiola”, 1969.

Enlaces consultados (29/05/2013):
http://www.chiusiblog.it/
http://www.floerken.de/hobbies/mustiola.htm
http://www.toscanaoggi.it/Cultura-Societa/Mustiola-la-santa-che-cammino-sulle-acque

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