San Ireneo, obispo de Sirmio

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Icono ortodoxo rumano del Santo.

Icono ortodoxo rumano del Santo.

San Ireneo de Sirmio, obispo de la ciudad romana más importante del Danubio en el siglo III, es un santo mártir de las últimas persecuciones romanas contra los cristianos en los Balcanes.

Como ya se ha mencionado en la passio de los Santos Montano y Máxima (+26 marzo 304), la situación de los cristianos en los Balcanes occidentales (provincia del Ilírico) a finales del siglo III era muy difícil. La tetrarquía romana, compuesta por Diocleciano, Galerio, Hércules Maximiano y Constancio Cloro emitió cuatro edictos contra los cristianos, tres en el 303 y uno en el 304. Como la nueva religión no aceptó el culto imperial, sus adeptos fueron considerados enemigos directos del Estado y, en consecuencia, aquellos que eran descubiertos como adeptos de esta fe peligrosa eran torturados hasta la muerte, con la intención de restablecer el “orden”. Por supuesto, los más perseguidos fueron los miembros de la jerarquía, al ser líderes de la comunidad.

Los edictos imperiales establecían, además de castigos físicos, la destrucción de los lugares de culto cristiano y la confiscación de los bienes cristianos. Por supuesto, el edicto tenía un diferente modelo de aplicación en las provincias romanas. Galerio, que gobernaba el Ilírico desde su capital, Sirmio (la actual Mitrovitsa, no lejos de Belgrado) desde el 21 de mayo de 295, se ciñó estrictamente a las decisiones de los edictos. Es posible que estuviese influenciado por su madre, Rómula, que detestaba a los cristianos. En este contexto fue torturado y asesinado San Ireneo, el obispo de Sirmio. No se sabe si él fue el primer obispo de esta importante ciudad o si hubo otros obispos anteriores a él.

El acta martirial de San Ireneo se conserva en latín, en su formato original, siendo probablemente una copia del proceso verbal del juicio llevado a cabo por el gobernador (praeses) de Panonia, Probo, el mismo que había encarcelado días antes al sacerdote Montano y a su esposa, Máxima. Probablemente sólo la introducción y las conclusiones de este texto son añadidos de un autor cristiano. El documento es de gran importancia porque atestigua la presencia del cristianismo en las provincias del Danubio, pero también por describir el proceso judicial romano en tiempos de Diocleciano y Galerio. La edición crítica de este texto fue editada y publicada en latín e inglés por Herbert Musurillo en The Acts of the Christian Martyrs, The Martyrdom of Saint Irenaeus Bishop of Sirmium, Oxford, 1972.

Icono ortodoxo griego del Santo.

Icono ortodoxo griego del Santo.

Este texto podría resumirse en lo siguiente: San Ireneo, en lugar de ser obispo, estaba casado y tenía hijos pequeños. Fue arrestado por orden de Probo y juzgado en el tribunal de Sirmio. Probo le ordenó obedecer la ley y sacrificar a los dioses, pero Ireneo respondió que “aquel que sacrifique a los dioses, y no a Dios, será retirado de entre los elegidos” (Acta II, 1). Rechazando, pues, el sacrificio, estaba preparado para la tortura, diciendo que era feliz al compartir los sufrimientos del Señor. Probo siguió instándole a sacrificar durante la tortura. Más tarde, intentando convencerle de otro modo, le trajo a sus padres y más tarde a sus hijos, quienes le suplicaron que tuviese compasión de ellos. Los otros parientes trataron de convencerle diciendo “ten compasión de nuestra juventud”. En cualquier caso, él los rechazó diversas veces, así que Probo lo envió finalmente a la cárcel, donde lo retuvo durante varios días.

Más tarde, Probo ordenó que Ireneo fuera traído de nuevo, en medio de la noche, y la tortura empezó de nuevo. Después de golpearlo con varas, el gobernador le preguntó si tenía parientes, hijos, esposa, padres, pero él respondió “no” y afirmó que cualquier cristiano que amase a sus parientes más que a Dios no era digno de su Maestro (Mt. 10, 37). Probo intentó, una vez más, convencerlo por el amor de sus hijos, pero Ireneo dijo que ellos tenían al mismísimo Dios, quien podía salvarles. Finalmente Probo no lo resistió más y amenazó con decapitarle. Ireneo dio las gracias por ello y pidió al gobernador romano que lo hiciese, para que viese cómo los cristianos habían aprendido a despreciar la muerte por su fe en Dios. Poco después, los soldados cortaron su cabeza en el puente de Basent, en esta ciudad. En sus últimos instantes, él rezó al Señor con estas palabras: “Señor Jesucristo, que gentilmente quisiste sufrir la Pasión por la salvación del mundo, por favor abre tus cielos, para que tus ángeles reciban el alma de tu siervo Ireneo, que muere en Tu nombre y por tu gente, que aumenta en tu universal (católica) iglesia de Sirmio. Te lo suplico e invoco tu misericordia, recíbeme y gentilmente fortalece a los demás en Tu fe”. Después de decapitado, fue arrojado al Sava, el río que circulaba próximamente.

El autor del texto finaliza la historia diciendo que fue martirizado el octavo día de los idus de abril (6 de abril), en tiempos del emperador Diocleciano y el gobernador Probo, pero también reinando Nuestro Señor Jesucristo.

Ubicación de la ciudad de Sirmio, en la provincia romana de Panonia, en tiempos de Diocleciano.

Ubicación de la ciudad de Sirmio, en la provincia romana de Panonia, en tiempos de Diocleciano.

La veneración del Santo
No hay datos sobre las reliquias del Santo. El período siguiente a su martirio fue muy difícil para las ciudades del Danubio. Después de repetidas incursiones de los bárbaros en los siglos V-VI, Sirmio empezó a declinar y la sede episcopal desapareció. La ciudad decayó posteriormente y durante las migraciones eslavas su importancia fue asumida por Belgrado (la antigua Singidunum), situada en la confluencia del Sava con el Danubio. En este tiempo, muchas otras reliquias de los Santos de Panonia fueron trasladadas a otros lugares, donde continuaron siendo veneradas. Así sucedió con San Demetrio, trasladado a Tesalónica, Santa Anastasia, trasladada a Roma, etc. En cualquier caso, la veneración del Santo está documentada en algunos textos. San Teofilacto de Bulgaria, obispo de Ochrid (1088/89-1125) menciona un peregrinaje a San Ireneo (probablemente en la misma Sirmio) y muchos milagros acontecidos allí, en la Vita de los 15 mártires de Tiveriopolsk.

En 1071 o 1072 Sirmio pasó a formar parte de Hungría. El papa Gregorio IX restauró en 1231 el obispado de Sirmio y construyó un monasterio benedictino dedicado a San Esteban en las orillas del Sava. A mediados del siglo XIII hay una mención a una iglesia dedicada al Santo (ecclesia sancti Irenei Syrmiensis), pero su ubicación exacta es desconocida. Según algunos investigadores, podría identificarse con la iglesia medieval de Machvanska Mitrovica, en la orilla derecha del Sava, donde se descubrió un cementerio del siglo IV. La iglesia estaba construida sobre las ruinas de un martyrion de este mismo período y fue destruida entre los siglos X-XIII, pero no hay datos que sustenten que este martyrion estuviese inicialmente dedicado al Santo. De acuerdo con un historiador local, V. Popovic, el martyrion del Santo podría haber estado en otro lugar, cerca de un puente que podría identificarse con el lugar donde el Santo fue ejecutado (puente de Basent).

En 1976-1977 se hicieron algunas excavaciones arqueológicas en la necrópolis oriental suburbana de Sirmio. Allí se descubrieron las ruinas de una basílica datada en la segunda mitad del siglo IV. Una inscripción en un epitafio mencionaba la “Basílica de nuestro señor Ireneo” (in basilica domini nostri Erenei). Pero no hay más.

Vista de las ruinas de la antigua ciudad de Sirmio.

Vista de las ruinas de la antigua ciudad de Sirmio.

Diferentes fechas de conmemoración
El resurgimiento de la conmemoración de los mártires de Sirmio, entre los cuales está San Ireneo, empezó en su tierra, Serbia, después de que Sremska Mitrovica pasara a formar parte del imperio Habsburgo (1718). Hoy, San Ireneo es especialmente honrado en Serbia, pero también en los otros países europeos orientales, aunque las fechas difieren.

La muerte martirial de Ireneo se menciona no sólo en su acta martirial, sino también en otro documento, llamado el Acta Martirial de San Polión, lector de la iglesia de Cibalae (que murió el 28 de abril de 304), unos pocos días después. El Martirologio Jeronimiano menciona el martirio de San Ireneo el 6 de abril de 304, así como un Breviario sirio de 411. Otras colecciones mencionan otras fechas: el Sinaxario Constantinopolitano, el 23 de agosto, junto con San Ireneo de Lyon. El segundo volumen de la colección bolandista Bibliotheca Hagiographica Graeca (ed. H. Delehaye, BHG, N 948-949e) recuerda a San Ireneo el 26 de marzo y el 23 de agosto; y el primer volumen de la Bibliotheca Hagiographica Latina (BHL, N 4466; Novum Suppl., N 494-495), el 25 de marzo. El error de fechas podría deberse a la confusión del octavo día de los idus de abril (6 de abril) con el octavo día de las Kalendae de abril (que es el 25 de marzo, pero debido a que este día es la fiesta de la Anunciación, su fiesta fue trasladada al día posterior). Este error fue introducido posteriormente en otros martirologios como el de Floro, el llamado Pequeño Martirologio Romano y en el de Adón de Viena (todos del siglo IX), que podrían haber sido copiados posteriormente, en el siglo X, por el Sinaxario Constantinopolitano.

Icono ortodoxo griego de los Santos Lupo, Calínico e Ireneo de Sirmio.

Icono ortodoxo griego de los Santos Lupo, Calínico e Ireneo de Sirmio.

Siguiendo estas fechas, San Ireneo se celebra de forma distinta en las Iglesias. La Iglesia Católica Romana lo celebra el 6 de abril, mientras que la Ortodoxa, el 26 de marzo/8 de abril y el 23 de agosto/5 de septiembre, siguiendo el Sinaxario Constantinopolitano. Cabe decir aquí que la Iglesia Rumana cambió, en los últimos años, el día de la fiesta también al 6 de abril, según el documento martirial. En cualquier caso, las iglesias que siguen el viejo calendario juliano, incluso aunque lo celebren el 26 no supone la menor diferencia, pues el 26 de marzo se corresponde al 6 de abril en el calendario gregoriano. La Iglesia Armenia celebra el Santo el 23 de agosto.

Troparion (himno) del Santo
“Canta ahora y bate palmas, ¡oh iglesia de Sirmio! ¡Brotad, aguas del río Sava, adornándoos en el nombre del alabadísimo Ireneo! Pues él, habiendo finalizado el curso del combate y conservado la Fe, sellándola con su sangre, ha mostrado gran audacia ante Dios, a quien él rogó sin cesar que su rebaño cristiano fuese guardado en paz”.

Mitrut Popoiu

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