San Jacob, patriarca del Antiguo Testamento

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Icono ortodoxo ruso del siglo XVIII.

Icono ortodoxo ruso del siglo XVIII.

El nombre de Jacob (en hebreo, יעקב, que significa “talón”), le fue impuesto porque al salir del seno de su madre tenía cogido con su mano el talón de su hermano gemelo Esaú (Génesis, 25, 26). Sin embargo, Yahvé le cambió ese nombre por el de “Israel”: “… Y el varón le dijo: ¿Cuál es tu nombre? Y él respondió: Jacob. Y el varón le dijo: No te llamarás más Jacob, sino Israel, porque has luchado con Dios y con los hombres y has vencido” (Génesis, 32, 27-28).

Los eventos de su vida vienen narrados en el libro del Génesis. Su madre se llamaba Rebeca y era estéril, aunque gracias a las oraciones de su padre Isaac, ella quedó encinta y parió a dos gemelos: Esaú y Jacob, los cuales ya se empujaban en el seno materno, presagio de las luchas fraternas que les esperaban en vida: “Y sus hijos luchaban dentro de ella y dijo: Si es así, ¿para qué vivo yo? Y fue a consultar a Yahvé. Y Yahvé le respondió: dos naciones hay en tu seno y dos pueblos serán divididos desde tus entrañas. Un pueblo será más fuerte que el otro y el mayor servirá al menor”. (Génesis, 25, 22-23). Esaú nació el primero, por lo que le pertenecía la primogenitura, pero este se la vendió a su hermano menor por un plato de lentejas en un momento en el que estaba hambriento y cansado: “Y amaba Isaac a Esaú porque comía de su caza, pero Rebeca amaba a Jacob. Y guisó Jacob un potaje de lentejas y volviendo Esaú del campo, cansado y hambriento, dijo a Jacob: te ruego que me des de comer de ese guiso porque estoy muy cansado. Y Jacob le respondió: Véndeme hoy tu primogenitura. Entonces dijo Esaú: He aquí que me voy a morir, ¿para qué pues me servirá la primogenitura? Entonces Jacob dio a Esaú pan y el guiso de lentejas y él comió y bebió, se levantó y se fue. Así menospreció Esaú la primogenitura” (Génesis, 25, 28-34).

Jacob ofrece un plato de lentejas a su hermano Esaú. Lienzo de Zacarías González Velázquez.

Jacob ofrece un plato de lentejas a su hermano Esaú. Lienzo de Zacarías González Velázquez.

Estando su padre Isaac ya viejo y enfermo, antes de morir, quiso dar su bendición a su hijo primogénito, o sea, a Esaú, pero Jacob, aconsejado por su madre Rebeca, se camufló y haciéndose pasar por su hermano consiguió la bendición: “Mira, el olor de mi hijo es como el olor del campo que Yahvé ha bendecido; Dios te de el rocío del cielo y los bienes de la tierra, abundancia de trigo y de mosto. Que te sirvan los pueblos y que las naciones se inclinen ante ti. Sé el señor de tus hermanos y se inclinen ante ti los hijos de tu madre. Sean malditos los que te maldijeren y benditos los que te bendijeren” (Génesis, 27, 27-29). Todos recordamos esta historia bíblica y cómo Esaú quiso vengarse de su hermano intentando matarlo, por lo que Jacob, con la bendición de Isaac, escapó marchándose a Paddan Aram, donde se desposó con algunas mujeres de la familia de Labán.

Durante el viaje a Betel, Dios se le apareció en sueños en la famosa visión de la “escala de Jacob”, por la que subían y bajaban los ángeles y en cuya parte superior estaba el mismísimo Yahvé, que le prometía una especial protección: “Y llegando a un cierto lugar, durmió allí porque ya el sol se había puesto. Cogió piedras de aquel paraje y las puso en su cabecera acostándose en aquel lugar. Y soñó con una escalera, que estaba apoyada en la tierra y que su extremo tocaba el cielo y los ángeles de Dios subían y bajaban por ella. Y he aquí que Yahvé estaba en lo alto de ella y le dijo: Yo soy Yahvé, el Dios de Abrahán tu padre y el Dios de Isaac; la tierra en la que estás acostado te la daré a ti y a tu descendencia. Tu descendencia será como el polvo de la tierra y se extenderá al occidente, al oriente, al norte y al sur y todas las familias de la tierra serán benditas en ti y en tu simiente. He aquí que Yo estoy contigo y te guardaré por dondequiera que fueres y volveré a traerte a esta tierra, porque no te dejaré hasta que haya hecho lo que te he dicho. Y despertó Jacob de su sueño y dijo: Ciertamente, Yahvé está en este lugar y yo no lo sabía. Y tuvo miedo y dijo: ¡Qué terrible es este lugar! No es otra cosa que la casa de Dios y la puerta del cielo. Y levantándose por la mañana, tomó la piedra que había puesto en la cabecera y la alzó como señal y derramó aceite encima de ella. Y llamó a aquel lugar Bet-el, aunque antes se llamaba Luz” (Génesis, 28, 11-19). Jacob hizo voto de reconocer siempre a Yahvé como su Dios y de volver a Betel para transformar el lugar en un santuario.

La visión de la escala de Jacon. Ilustración de William Blake. British Museum, Londres (Reino Unido).

La visión de la escala de Jacon. Ilustración de William Blake. British Museum, Londres (Reino Unido).

En casa de Labán, Jacob se enamoró de Raquel y para conseguirla como esposa sirvió a su tío durante siete años, quién pasado este tiempo lo engañó dándole a Lía, su hermana mayor. A fin de conseguir a Raquel, Jacob estuvo al servicio de Labán otros siete años, transcurridos los cuales tuvo a Raquel como esposa. Pero como Raquel era estéril, las dos hermanas, siguiendo las costumbres mesopotámicas de la época, dieron a Jacob a sus criadas Bala y Zelfa. Con las cuatro mujeres, Jacob tuvo doce hijos. Los hijos de Lía eran Rubén, Simeón, Leví, Judá, Isacar y Zabulón. De Raquel tuvo a José y posteriormente a Benjamín. De Bala – que era la criada de Raquel -, tuvo a Dan y Neftalí y de Zelfa – que era la criada de Lía -, tuvo a Gad y Aser (Génesis, 35, 23-26). De Lía tuvo a su hija Dina. Raquel murió al dar a luz a Benjamín durante el retorno desde Mesopotamia, cerca de Belén, en el camino de Éfrata donde Jacob la sepultó. Pero antes he dicho que Raquel era estéril y si lo era, ¿cómo dio dos hijos a Jacob? La Biblia nos da la respuesta: “Y se acordó Dios de Raquel y la oyó y le concedió hijos. Y concibió y dio a luz un hijo y dijo: Dios ha quitado mi afrenta y llamó a su hijo José, diciendo: Añádame Yahvé otro hijo” (Génesis, 30, 22-24). Y, en efecto, tuvo a otro hijo, a Benjamín, aunque murió en el parto.

Jacob se vio obligado a recurrir a la astucia y al engaño para compensar el daño sufrido por Labán y a escapar sigilosamente con su familia y sus bienes después de haber trabajado como pastor durante veinte duros años; fue el mismo Dios quién le mandó marcharse. Labán lo alcanzó, pero reconciliándose, hicieron las paces. A Jacob se le apareció una multitud de ángeles en Mahanaim y en contra de todos sus temores, su hermano Esaú le salió al encuentro con espíritu fraterno, para reconciliarse con él. Jacob se estableció en Siquém, en la tierra de Canaán, donde su hija Dina fue deshonrada por Siquém, el hijo de Hemor, rey de Siquém. Pero aunque hubo un intento de reparar tal deshonra, los hermanos de Dina, especialmente Rubén y Simeón, cogiendo una espada, la vengaron dolosa y bárbaramente, arrasando sus tierras, robando sus ganados y llevándose cautivos a sus mujeres e hijos. Jacob los reprendió y protegido por Yahvé abandonó Siquém.

Jacob conoce a Raquel, hija de Labán. Lienzo de William Dyce (1845).

Jacob conoce a Raquel, hija de Labán. Lienzo de William Dyce (1845).

Dios le ordenó que cumpliera la promesa hecha en Betel y Jacob, recogiendo todos los ídolos que eran venerados por su gente los enterró bajo una encina cercana a Siquém. Habiendo llegado a Betel, Dios se le apareció nuevamente renovándole la promesa de tener una descendencia numerosa, de la que saldrían algunos reyes y que tomarían posesión de la tierra de Canaán. Jacob quedó amargado por el incesto de su primogénito Rubén, Raquel murió y Esaú sepultó a su padre Isaac. He resumido al máximo todos estos hechos, recomendando al mismo tiempo leer los capítulos 25-35 del Génesis, ya que en este punto, la historia de Jacob se entrelaza con la historia de José, el cual fue vendido por sus hermanos, alcanzó un alto cargo en Egipto e hizo venir a Jacob y a toda su familia asignándoles las tierras de Jessen. Jacob, antes de morir, bendijo a los dos hijos de José, Efraím y Manasés. Dio asimismo su bendición a cada uno de sus doce hijos y con espíritu profético reveló el futuro de las doce tribus. Muerto Jacob, José embalsamó su cuerpo que fue llevado solemnemente a Canaán y sepultado en Mambre, cerca de Hebrón, en la tumba de Abrahán e Isaac.

Las Sagradas Escrituras nos presentan a Jacob lleno de una afectuosa humanidad y muy inteligente en la defensa de su familia y de su pueblo, persuadido como estaba de vivir en la presencia de un Dios que le había escogido para realizar las promesas hechas a Abrahán e Isaac. Nunca, ni en los momentos más trágicos de su vida, vaciló en su fe en Dios. Vivió íntimamente unido a Yahvé, quién le había dicho: “He aquí que yo estoy contigo y te guardaré por dondequiera que fueres y volveré a traerte a esta tierra; porque no te dejaré hasta que haya hecho lo que te he dicho” (Génesis, 28, 15). Esta Providencia Divina queda representada en la célebre “escala de Jacob” y en el voto de adorarle siempre como a su único Dios. Existen otros muchos pasajes en los cuales Dios le muestra su predilección y Jacob muestra su fidelidad, pero para no alargar el artículo recomiendo de nuevo leer los capítulos mencionados del libro del Génesis.

Jacob bendice a Efraím y Manasés.

Jacob bendice a Efraím y Manasés.

Sin embargo, Jacob también tuvo sus sombras, como la adquisición de la primogenitura por un plato de lentejas aprovechándose de la debilidad de su hermano, el engaño a su padre Isaac para conseguir de él su bendición y la debilidad mostrada ante sus hijos Simeón y Leví cuando vengaron de manera tan dolorosa la deshonra de su hermana Dina. Es verdad que las debilidades de su juventud pueden atribuirse en parte a su madre Rebeca, pero aun así, las Sagradas Escrituras nos presentan a Jacob como un Patriarca escogido por la Divina Providencia para guiar a su pueblo, haciendo que la historia de la Casa de Jacob se convierta en la historia de Israel.

Jacob destaca por su amor al prójimo, incluso a los no pertenecientes al pueblo de Israel, porque tiene predilección por los inocentes, porque perdona con facilidad las ofensas y sobre todo, porque su religiosidad es inquebrantable, vivida en una comunión constante con su Dios. Por eso es exaltado por los profetas Oseas y Malaquías, por eso es recordado en los libros de la Sabiduría, del Eclesiástico y en el de Judith e incluso en el Nuevo Testamento. Leer Hebreos, 11, 9-21; Mateo, 11, 8; Lucas, 13, 28, etc. San Lucas, refiriéndose al Mesías llega a decir: “Y reinará sobre la Casa de Jacob para siempre y su Reino no tendrá fin” (Lucas, 1, 33). También los Santos Padres de la Iglesia recurren frecuentemente a las páginas de la Biblia. La bendición obtenida por Jacob en sustitución de Esaú, así como aquella en la que Jacob bendice a los hijos de José cruzando los brazos, es tomada como sustitución de la Antigua por la Nueva Alianza.

Cenotafio de Jacob en “la tumba de los Patriarcas”. Hebrón, Palestina

Cenotafio de Jacob en “la tumba de los Patriarcas”. Hebrón, Palestina

Los guantes que en la Edad Medía se ponían los obispos se comparaban a aquellos de pelo usado por Jacob para obtener la bendición paterna. De hecho, el “Pontificale Romano”, en el momento de su bendición, dice lo siguiente: “Reviste, Señor, mis manos de la pureza de Cristo bajado del Cielo, para que como Jacob, vuestro predilecto, con las manos cubiertas con la piel de un cabrito, obtuvo la bendición de su padre ofreciéndole una agradable comida, del mismo modo, yo merezca la bendición de vuestra gracia para la oblación que mis manos hagan de la santa hostia”. La piedra sobre la que reposó su cabeza y que después ungió con aceite, es símbolo del altar donde se inmola el Santo Sacrificio y es por esto, por lo que en la consagración de una iglesia, en el momento de la bendición del altar se cantaba la antífona: “Assumpsit Jacob petram”.

Según San Agustín y San Isidoro de Sevilla, la piedra que Jacob ungió prefigura simbólicamente al mismo Cristo, cuyo nombre significa exactamente eso: “Ungido”. Otros, más rebuscados, dicen que esta piedra prefigura al evangelista San Juan que, apoyando su cabeza en el pecho de Jesús durante la Última Cena, recibió la revelación de los secretos del cielo. Honorio de Autum – geógrafo y teólogo francés del siglo XII -, dice que las quince gradas de la escala de Jacob simbolizan la virtud, que los ángeles que subían representan la vida contemplativa y que los que bajaban, la vida activa. De Lía y de Raquel se hace simbolismo con Marta y María, las hermanas de Lázaro: una simboliza la vida activa y la otra, la contemplativa. María era la preferida de Jesús así como Raquel era la preferida de Jacob.

Cenotafio de Jacob en “la tumba de los Patriarcas”. Hebrón, Palestina.

Cenotafio de Jacob en “la tumba de los Patriarcas”. Hebrón, Palestina.

Con respecto al culto, Jacob ha seguido la misma suerte que el resto de los Patriarcas del Antiguo Testamento, especialmente, Abrahán y José, a veces con el añadido del rey David, según la genealogía marcada en el evangelio de San Mateo, 1, 1-17. Los menologios griegos lo conmemoran el 19 de diciembre o en el domingo anterior a la Navidad, mientras que los latinos lo conmemoran, junto con Abrahán e Isaac, el tercer domingo de Adviento. El Menologio de Basilio lo señala el 16 de diciembre, el calendario siro-maronita el 29 de diciembre. La Iglesia Armenia lo conmemora el sábado anterior al segundo domingo después de la Transfiguración. Los coptos lo festejan el 2 de septiembre y el Sinaxario Constantinopolitano lo conmemora en el Domingo de los Santos Padres, el 18 de diciembre junto con David y el 20 de diciembre, junto con Ananías, Azarías, Misael y Daniel.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– Cavalletti, S., “El sueño profético de Jacob y los nombres divinos”, Revista Antonianum, XXXIII, 1958.
– Holt, T.M., “Los Patriarcas de Israel”, Nashville, 1964.
– Santa Biblia.
– Schedl, Cl., “Historia del Antiguo Testamento, tomo I”, Roma, 1959.
– VV.AA. “Bibliotheca sanctórum, tomo VI”, Città Nuova Editrice, Roma, 1988.


O Sapiéntia,
Quae ex ore Altíssimi prodiísti,
Attíngens a fine usque al finem,
Fórtiter suaviterque dispónens ómnia:
Veni
Ad docéndum nos viam prudéntiae.
O Sabiduría,
Que brotaste de los labios del Altísimo,
Abarcando del uno al otro confín,
Y ordenándolo todo con firmeza y suavidad,
Ven
Y muéstranos el camino de la salvación.

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