San Jacobo, obispo de Nisibis

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Icono ortodoxo sirio del Santo.

Icono ortodoxo sirio del Santo.

En su maravilloso trabajo publicado por el bolandista P. Peeters en la Analecta Bollandista XXXVIII, en el año 1920 titulado “La légende de Saint Jacques de Nisibis”, este erudito examinó exhaustivamente todas las fuentes que nos han llegado sobre este santo, intentando aislar los elementos legendarios, de los que son históricamente ciertos. Sin ningún género de dudas, este maravilloso trabajo es lo mejor que se ha publicado sobre este santo de la Iglesia Universal, especialmente venerado por las Iglesias Siria, Asiria y Armenia.

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De esta investigación podemos deducir que aunque son muchas las fuentes que han llegado hasta nuestros días, las totalmente fiables son ciertamente escasas. Esto ya lo había hecho notar Cuypers en las “Actas Sanctorum” cuando afirmó que había que leer con una cierta prudencia lo escrito por Teodoreto de Ciro sobre este santo obispo de Nisibis en su “Historia Religiosa”, repitiendo lo ya narrado por Elías bar Sinaya en su “Crónica sobre los metropolitanos de Nisibis”. O sea, que ya los bolandistas estaban sobre aviso acerca de lo escrito sobre San Jacobo, santo de cuya existencia nadie duda, aunque intuían que no se había librado de algunas añadiduras legendarias posteriores. Muchas de ellas, podremos deducirlas conforme vayamos leyendo este artículo.

El lugar y la fecha de nacimiento de San Jacobo de Nisibis (Ya’qôḇ Nṣîḇnāyâ) conocido también como San Jacobo el Grande son en realidad desconocidos, pues aunque Teodoreto de Ciro afirma que nació en la propia Nisibis, ciudad de la que más tarde sería su obispo (recordemos que Nisibis es la actual Nusaybin, ciudad situada en el sureste de Turquía, en la provincia de Mardin), sin embargo, San Eugenio (Augen) – que es el fundador del monacato persa -, dice que provenía de la tribu de Santiago el hermano del Señor.

Desde muy joven sentía atracción por la soledad, por lo que vivía en las montañas cercanas a Nisibis, ciudad que estaba en la frontera entre los imperios romano y persa. Comía del fruto de su trabajo, vestía con piel de cabra y se dedicaba a la oración, o sea, vivía como un asceta. Fue en aquel lugar y en aquellas circunstancias donde conoció a San Eugenio (Augen), que era egipcio pero que se había retirado al Monte Izla, cerca de Nisibis, a fin de misionar entre los marcionistas. Dice asimismo Teodoreto de Ciro que, en este período de su vida, Jacobo acostumbraba a pasar a territorio persa para confirmar a los cristianos persas en la fe.

Iluminación del Menologio de Basilio II (s.X). Biblioteca Apostolica Vaticana, Roma (Italia).

Iluminación del Menologio de Basilio II (s.X). Biblioteca Apostolica Vaticana, Roma (Italia).

A principios del siglo IV se había fundado la sede episcopal de Nisibis y habiendo quedado vacante en el año 308, los habitantes de la ciudad decidieron que Jacobo se convirtiera en su segundo obispo, lo que le obligó a abandonar el desierto pero sin cambiar su estilo de vida. Como tal, participó en el Concilio de Nicea en el año 325, en el cual – según nos cuenta San Atanasio de Alejandría -, junto con Osio, Alejandro y Eustacio, destacó como uno de los más ardientes defensores de la fe ortodoxa. La tradición nos dice que al ser maestro, amigo y padre espiritual de San Efrén el Sirio, fue acompañado por este al Concilio. La firma del santo figura en las actas conciliares.

Según cuenta Milas al-Razi, obispo de Susa, a la vuelta del Concilio de Nicea, Jacobo continuó con la construcción de lo que sería su catedral (que había iniciado en el año 313): “Cuando visité Nisibis para asistir a un sínodo para la solución de las diferencias entre los obispos de Seleucia y Ctesifonte, encontré a Jacobo afanosamente dedicado a levantar su catedral, para la cual, cuando regresé a mi ciudad le envié una gran cantidad de seda de Adiabene”. Se sabe que el 14 de septiembre del año 335 estuvo presente en Jerusalén en la inauguración de la Iglesia del Santo Sepulcro y que en el año 336 Arrio murió en Constantinopla; existe una tradición siria, recogida en el Martirologio Romano, que atribuye la muerte de Arrio a las oraciones de San Jacobo de Nisibis y de Alejandro de Constantinopla, pero como es natural, esta tradición es más que cuestionada por los hagiógrafos e historiadores eclesiásticos.

Ilustración del Santo.

Ilustración del Santo.

Mor Barhadbsabba ‘Arbaya, obispo de Halwan en el siglo V, en su obra “La Causa de la Fundación de las Escuelas”, dice que cuando San Jacobo volvió de Nicea fundó la primera Escuela de Nisibis siguiendo el modelo de Diodoro de Tarso en Antioquia. Cuando los persas, en su tercer intento, conquistaron Nisibis en el año 363, la Escuela se trasladó a Edesa donde San Efrén El Sirio estuvo enseñando hasta su muerte. Este dato es posible, si tenemos presente que la célebre escuela de Nisibis, fue fundada solo un siglo más tarde por Narsetes el Leproso en el año 457. Una más famosa pudo re fundarse sobre otra preexistente más modesta, aunque no menos importante.

Después de muerto Constantino el Grande en el año 337, el rey persa Sapor II (309-379) atacó Nisibis en el año 338 fracasando en este primer asedio. Jacobo era ya el obispo de la ciudad y junto con Efrén El Sirio reunió a los fieles en la iglesia a fin de solicitar la ayuda divina. Nos cuenta Teodoreto de Ciro que, a instancia de Efrén y de los fieles, Jacobo subió a las murallas de la ciudad para orar por sus habitantes y maldecir a los persas: “El obispo no pedía la destrucción de los persas, pero imploraba la misericordia divina para que la ciudad se viera libre de ese asedio que duraba ya mucho tiempo. Después de subir a la torre más alta y viéndole las caras a los enemigos, dijo: “Señor, tu eres capaz de ayudar a los débiles para humillar el orgullo de tus enemigos; derrota a esta multitud con un ejército de mosquitos”. Dios escuchó la humilde oración de su siervo como había escuchado a Moisés contra los egipcios y apenas había pronunciado el santo estas palabras, nubes enteras de moscas y mosquitos fueron vertiente abajo hacia donde estaban los persas, se metieron en las trompas de sus elefantes, en los oídos y fosas nasales de sus caballos, los cuales atormentados, lanzaron a los jinetes creando gran confusión y desorden dentro del ejército persa. Ante esto, Sapor se vio obligado a abandonar el asedio y volver a su patria habiendo perdido a más de veinte mil hombres”. Por esto San Jacobo de Nisibis es conocido como “El Moisés de la Mesopotamia”.

Según afirma el “Chronicum Edessenum”, el obispo murió durante el asedio de la ciudad, o sea, en el año 338, aunque según otras fuentes, murió en el 350. Si incierta es la fecha exacta de su nacimiento, también lo es la de su muerte. Fue sepultado dentro de los muros de la fortaleza de la ciudad, a fin de que siguiera protegiéndola de sus enemigos. En el año 361, Julián el Apóstata ordenó que los restos del obispo fueran sacados fuera de la ciudad. Cuando Joviano cedió Nisibis a los persas en el año 363, sus habitantes se llevaron las reliquias del santo a Amida y según el Menologion de los armenios de Venecia, en el año 970, el emperador bizantino Juan Tzimisces las trasladó a Constantinopla.

Sarcófago en Nusaybin (Turquia).

Sarcófago en Nusaybin (Turquia).

Genadio de Marsella, que vivió en la segunda mitad del siglo V, en su obra “De viris illustribus” dice que San Jacobo murió confesando la fe en tiempos de Maximino, pero sin embargo, Fausto de Bisanzio – que también vivió en el siglo V -, nos dice en su obra “Historia de Armenia”, que San Jacobo fue el que descubrió el arca de Noé sobre el Monte Ararat. Estas noticias son contradictorias entre si.

El culto de San Jacobo de Nisibis se afianzó rápidamente. El “Martirologio Siríaco” del siglo IV y el Martirologio Jeronimiano lo recuerdan el día 15 de julio, o sea, hoy, fecha que fue conservada en el resto de martirologios occidentales, incluido el Martirologio Romano. Sin embargo, en los sinaxarios bizantinos se le conmemora el 13 de enero, a excepción del “Sinaxario Alejandrino” del obispo Miguel de Atrib y Malig que lo hace el día 18. Las Iglesias bizantinas, además del 13 de enero, lo conmemoran el 26 y 31 de octubre y el 13 de noviembre. La Iglesia Siria lo conmemora en seis fechas distintas y la Iglesia Apostólica Armena, lo hace el 15 de diciembre.

En Armenia, el culto a San Jacobo de Nisibis (Mor Jacob) está muy difundido ya que según una tradición armena tuvo contactos con San Gregorio el Iluminador. Como su reputación, sabiduría y santidad eran muy conocidas, San Gregorio el Iluminador, obispo de Armenia recurrió a él solicitándole escribiese sobre la fe. San Jacobo le envió como respuesta un discurso muy detallado en dieciocho capítulos en los cuales trataba sobre la fe, el amor, el ayuno, la oración, la lucha espiritual, la resurrección de los muertos, los deberes de los obispos, la circuncisión, la elección de los alimentos, sobre Cristo como Hijo Unigénito de Dios, etc. Por sus escritos y sus actuaciones en Nicea, los sirios y los armenios lo conocen como “malphono” (médico teológico), por haber protegido a su rebaño de los lobos arrianos.

Iglesia de Mor Jacob en Nusaybin (Turquia).

Iglesia de Mor Jacob en Nusaybin (Turquia).

Como a San Jacobo de Nisibis se le conoce también como San Jacobo el Taumaturgo y sabiendo que este tipo de relatos es del agrado de algunos de nuestros lectores, haremos una excepción y contaremos algunos de estos “hechos milagrosos”, aunque para mi no son más que meras leyendas sin fundamento. Se dice que en una de sus misiones en Persia para confirmar en la fe a los cristianos allí perseguidos, en una ocasión se encontró con un juez injusto. Ante él, recriminándole sus prevaricaciones, maldijo a una enorme piedra que estaba cerca, la cual estalló en pedazos. Cuando el juez vio la explosión, cogió tal pavor que en adelante todos sus juicios fueron rectos.

Otro: Unos vecinos de Nisibis tramaron un plan para engañar al obispo y sacarle dinero. Uno de ellos se hizo pasar por muerto mientras los otros le pedían dinero para comprar una tumba. El santo se puso a rezar y les entregó el dinero para la compra de la sepultura, pero mientras oraba, el falso muerto murió de verdad. Cuando el santo se fue, los amigos llamaron al joven para que se levantara sin saber que estaba realmente muerto. Como no respondía, comprobaron que era cadáver por lo que llorando, fueron a buscar al obispo, besándole las manos y los pies pidiéndoles perdón. Confesaron su fechoría, el santo los perdonó y resucitó al muerto.

Interior de la iglesia de Mor Jacob.

Interior de la iglesia de Mor Jacob.

Y otro: Un día vio que unas prostitutas, bromeando, pretendían bañarse en cueros en una fuente pública. El las recriminó, pero ellas siguieron a lo suyo. Entonces, el santo oró y el manantial de la fuente se secó y los cabellos de las mujeres se volvieron canos. Cuando estas se disculparon ante él y se arrepintieron de lo que habían hecho, el agua volvió a la fuente y los cabellos retomaron su color.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– Peeters, P., “La légende de Saint Jacques de Nisibe”, Anal. Bol., XXXVIII, 1920
– Smith, W., “Jacobo, obispo de Nisibis en Mesopotamia”, Londres, 1910
– VV.AA., “Bibliotheca sanctórum, tomo VI2, Città Nuova Editrice, Roma, 1988.

Enlace consultado (28/06/2015):
– http://syrorthodoxchurch.com/english-Dateien/st_jacob_of_nisibis.html

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