San Jodoco, sacerdote y eremita en Picardie

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Busto realizado por Moritz Schlachter. Iglesia de Santa Cristina, Ravensburg (Alemania).

Busto realizado por Moritz Schlachter. Iglesia de Santa Cristina, Ravensburg (Alemania).

Hoy quiero escribir sobre un antiguo pero popular santo francés, del que nos ha llegado bastante información – no toda creíble -, pero cuyo culto no solo se extendió rápidamente por territorio galo, sino también por otros países vecinos. Según las regiones y según los países, este santo recibe varios nombres. Su nombre latino es “Iudocus” (Jodoco), pero en la región de Bretaña le llaman Judoce, Huec, Judec e incluso, Uzec; en Francia en general se le conoce por Josse y en Alemania, Jodok o Judok. Casi toda la información que tenemos sobre él proviene de una “Vita” anónima compuesta en el siglo IX; esta narración fue revisada y ampliada dos siglos más tarde por Isembardo de Fleury y por Florencio abad de Saint-Josse.

Según ella, Jodoco nació en Bretaña a principios del siglo VII y era el segundo hijo del rey Judhaël – que gobernó a las tribus celtas que habitaban la región -, y de su esposa Prizel. Sus padres hicieron que estudiara con los monjes de Lan-Maëlmon, monasterio cercano a Dinan. Ya adulto, en el año 636, después de renunciar a la corona que le ofrecía su hermano mayor Judicael, se marchó a Roma formando parte de un grupo de doce peregrinos. Una vez que hubieron atravesado el río Cousnon que separa Bretaña de Normandía, Jodoco pidió a sus compañeros que lo tonsurasen a fin de mostrar claramente a todos, que solo pertenecía a Dios aunque proviniera de una estirpe real.

Después de parar en Avranches y en Chartres, los doce peregrinos llegaron a París donde permanecieron algunos días. Desde allí, en lugar de tomar el camino que les conduciría directamente a Italia, marcharon hacia el norte, pararon en Amiens y llegaron finalmente a las riberas del río Authie, a un lugar llamado “Villa sancti Petri” (la actual Dompierre-sur-Authie). Allí fueron acogidos por Aymón, duque de Ponthieu quién entabló amistad con Jodoco, hasta el punto de no querer dejarlo partir cuando el resto de los peregrinos se pusieron de nuevo en camino. Aymón solicitó al obispo de Amiens que ordenase de sacerdote a Jodoco y que se quedase con él como su capellán.

El Santo como peregrino. Escultura moderna en Altmühltal (Alemania).

El Santo como peregrino. Escultura moderna en Altmühltal (Alemania).

Pero si la voluntad de Jodoco era seguir su peregrinación y Aymón era un verdadero amigo, ¿por qué no accedió a que se cumpliera su voluntad? ¿Qué cosa especial vio Aymón en Jodoco? Pues que tenía en su rostro un aire de grandeza que otros no tenían. Sus actos y sus palabras demostraban su origen y la educación que había recibido, era dulce, modesto y amable y todo esto hacía que atrajera la estima y el respeto de cuantos lo conocían. Por eso el conde le rogó que se quedara y por eso Jodoco accedió a su petición, se ordenó de sacerdote, fue su capellán e incluso bautizó a su hijo Ursino.

Jodoco permaneció con Aymón por espacio de siete años, rogándole entonces que le diera libertad para marcharse y le indicase un lugar más solitario y tranquilo donde pudiese llevar vida de ermitaño. El duque lo comprendió y lo guió por el río hasta Brahic, donde le construyó una ermita en la cual Jodoco permaneció durante ocho años. Como era costumbre entre los ermitaños, Jodoco cambió varias veces de lugar, estableciéndose finalmente en el año 652 en Runiac, junto al río Canche, donde de nuevo Aymón le construyó una ermita y una capilla dedicada a San Martín. Trece años más tarde el sacerdote ermitaño, habiendo sido mordido en un pie por una serpiente que él identificó con el diablo, abandonó Runiac y se marchó a una colina cercana al mar, a un lugar donde más tarde se levantaría la abadía de Saint-Josse-sur-mer. Allí construyó dos pequeños oratorios de madera, uno en honor de San Pedro y el otro dedicado a San Pablo. En todos estos años en los que vivió en soledad, se alimentó de lo que podía conseguir en el campo, celebraba la Eucaristía cuando tenía a mano pan y vino y, como era muy bondadoso y siempre atendía las necesidades de cuantos a él se acercaban, cuenta la tradición, que en tres ocasiones se le presentó Cristo en forma de mendigo.

La “Vita” cuenta también que su santidad e inocencia era tal que pronto aparecieron lo que podríamos llamar hechos prodigiosos o milagros: se familiarizó con los animales del bosque, con las aves y con los peces del río hasta tal punto que muchos de ellos se le acercaban para comer de su mano. Episodios de este tipo llenan el relato de la “Vita”, pero sobre esto prefiero pasar no solo porque soy escéptico sobre estos temas, sino porque quienes quieran profundizar, tienen abundante información en la red.

Escultura del santo conservada en Côtes d’Amour (Francia).

Escultura del santo conservada en Côtes d’Amour (Francia).

Finalmente, quiso realizar su sueño de peregrinar a Roma y la tradición dice que llegó hasta Tours y posteriormente a Roma donde consiguió algunas reliquias, pero sobre esto no se tiene ninguna noticia que podamos dar por segura. Regresó al lugar de donde había partido y en su regreso curó a una niña ciega llamada Juyule. Llegado a la actual Saint-Josse-sur-mer, murió el 13 de diciembre del año 669, aunque esta fecha tampoco podemos asegurarla del todo. Sus restos fueron sepultados en la iglesia de su eremitorio y allí permanecieron hasta el año 903, fecha en la que por temor a las invasiones normandas, los monjes las llevaron a Hyde, cerca de Winchester en Inglaterra. Algunos historiadores dicen que las reliquias fueron escondidas y que en el 977 regresaron de nuevo a Saint-Josse-sur-mer, donde actualmente se encuentran.

Si sobre su vida no es prudente profundizar mucho más ya que parte del relato es a todas luces fantasioso, sobre su culto si que vale la pena hacerlo. El culto a Jodoco se extendió rápidamente no solo por Bretaña y Picardie, sino que pasó a Germania y al resto de países vecinos. En Bretaña es venerado en muchas parroquias, especialmente en Yvias, en Saint-Brieuc, en Lohuec, en Saint-Judoce y en una capilla cercana a Pleumeur-Bodou, todas situadas en lo que era el antiguo reino de Domnonea, del cual era rey su padre Judhaël.

En la región de Picardie, su nombre ha estado siempre ligado a toda una serie de célebres abadías muy relacionadas con florecientes peregrinaciones. En Saint-Josse-sur-mer, a finales del siglo VIII o principios del IX, se erigió un pequeño monasterio en el lugar donde el santo había pasado sus últimos años y había muerto. Como he dicho antes, en el año 903, los monjes huyendo de las invasiones normandas se refugiaron en Inglaterra llevándose las reliquias. Cuando regresaron a Francia, la abadía se convirtió en un centro de peregrinación, frecuentada no solo por los franceses (galos o francos), sino por otros muchos extranjeros, principalmente germanos. La abadía fue suprimida en el año 1772, posteriormente fue demolida y en la actualidad no queda traza alguna de ella. Hoy, el centro de peregrinación está en la iglesia parroquial, donde todos los martes de Pentecostés, la urna dorada que contiene las reliquias del santo es llevada en procesión por un camino de catorce kilómetros hasta una pequeña ermita, en la que el domingo de la Trinidad se celebra una misa al aire libre a la que acuden varios cientos de miles de personas.

Urna del santo en Saint-Josse-sur-Mer (Francia).

Urna del santo en Saint-Josse-sur-Mer (Francia).

La capilla de Saint-Josse-au-Bois, junto a Tortefontaine, es también un lugar de peregrinación. Allí cerca se encuentran las ruinas de la célebre abadía premonstratense de Donmartín, que jugó un papel importante en la difusión del culto a San Jodoco. Otras iglesias de la región de Pas-de-Calais conservan el recuerdo de este santo ermitaño, por ejemplo, la iglesia parroquial del santo en Montreuil-sur-mer, la iglesia de Ponches o la de Parnes-en-Vexin, la cual, en el siglo X recibió una reliquia insigne.

Hasta la Revolución Francesa, San Jodoco tuvo una iglesia dedicada en París, la cual se encontraba en el barrio ocupado por los orfebres; esto explica el proverbio citado por Molière en “L’amour médicin”, donde dice: “Vous êtes orfèvre, Monsieur Josse” (es usted orfebre, Señor Jodoco). En este punto quiero decir que durante la Revolución Francesa se consiguió salvar las reliquias del santo. En Alsacia su culto fue muy floreciente en el siglo XIV y aun hoy, se conservan en este departamento francés una quincena de santuarios puestos bajo su patrocinio.

Si vemos como normal que San Jodoco sea muy venerado en Bretaña y en Picardie, hay que decir que es curioso que su culto se haya desarrollado también en otros países europeos: Bélgica, Austria, Suecia… Existen razones que pueden explicar esta difusión y la principal es la situación geográfica de la abadía de Saint-Josse-sur mer. El monasterio estaba cerca del puerto de Quentowic, situado en la bocana del Canche; en los siglos VIII-IX, este era el puerto de desembarque habitual de los obispos y de los monjes irlandeses y anglosajones que venían al continente para realizar sus peregrinaciones a Roma o para evangelizar a los países de la ribera del Rin. Estos peregrinos y estos misioneros, en su mayor parte, recibían hospitalidad en la abadía y, naturalmente, cogían una devoción especial al santo que, como ellos, también había hecho la peregrinación a Roma. Por eso, en el curso de sus peregrinaciones y de sus misiones, no se olvidaban de encomendarse a él y de extender su culto.

Pero es más: en los siglos XII y XIII, el culto volvió a florecer gracias a la restauración de la abadía y a la fundación de otra nueva en Donmartin, que en el 1131 se incorporó a la Orden Premonstratense. Estas dos abadías, que estaban dedicadas a San Jodoco, hicieron que adoptasen su culto otras abadías con las cuales tenían relación en Bélgica, en Alemania, en Austria, Holanda, Suiza y en otros lugares. De ahí la extensión del culto del santo aunque hay que remachar que donde sobre todo se extendió, fue por Alemania. En el siglo XIV, San Jodoco, San Pedro, Santiago de Compostela, Rocamadour y Nuestra Señora de Aquisgrán eran los cinco lugares de peregrinaje más frecuentado por los germano parlantes. Consecuentemente, existen reliquias del santo en muchos de estos lugares. Saint- Josse- sur mer, Parnes, Commercy, Arrás, Montreuil, Yvias, París, Oignies, Corbie, Lucerne, etc.

Relicario del santo en Lucerna (Suiza).

Relicario del santo en Lucerna (Suiza).

Se le representa vestido de peregrino, a veces con ornamentos sacerdotales y con una corona a sus pies. Su fiesta se celebra el día 13 de diciembre, aunque el 25 de julio también se celebra la fiesta de la invención de las reliquias.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– Corblet, J., “Hagiographie du diocèse d’Amiens”, Amiens, 1873, reeditada en 1940.
– Décobert, S., “Vie de Saint Josse”, Paris, 1909.
– Gava, J., “Sanctus Iudocus”, Colmar, 1952.
– Rouillard, P., “Saint Josse, pèlegrin de Rome et ermite”, en “Sanctuaires et pèlerinages”, 1960.
– VV.AA., “Bibliotheca sanctorum, tomo VI”, Città Nuova Editrice, Roma, 1988.

Enlaces consultados (03/06/2015):
– www.heiligenlexikon.de/BiographienJ/Jodokus_Jobst.htm
– http://de.wikipedia.org/wiki/Jodok_%28Heiliger%29

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es