San José, el hijo de Jacob

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Fresco ortodoxo del Patriarca, obra de Matthew Garrett. Iglesia Ortodoxa Antioquena de San Antonio, Bergenfield, Nueva Jersey (EEUU).

Fresco ortodoxo del Patriarca, obra de Matthew Garrett. Iglesia Ortodoxa Antioquena de San Antonio, Bergenfield, Nueva Jersey (EEUU).

La historia del Patriarca José, la conocemos porque viene bien relatada en las Sagradas Escrituras, concretamente en el Libro del Génesis, aunque el Libro del Eclesiástico también lo alaba diciendo: “Tampoco nació ningún hombre como José, el líder de sus hermanos y el sostén de su pueblo; sus huesos fueron tratados con respeto” (Eclesiástico, 49, 15). José fue hijo de Jacob y de su mujer predilecta, Raquel cuando aun estaban junto a Labán, en Haran (Mesopotamia). Su madre le llamó José, nombre que significa “al que Yahvé engrandece”.

Cuando tendría unos quince años de edad, quedó huérfano de madre cuando esta dio a luz a su hermano Benjamín, atrayendo sobre él la predilección de su padre. Las Sagradas Escrituras lo presentan como un joven bondadoso y temeroso de Dios, que odiaba el mal en todas sus manifestaciones y que detestaba la conducta inmoral de sus hermanos mayores, que lo escandalizaban y desorientaban. Sintiendo la necesidad de contarle a su anciano padre las actuaciones de sus hermanos, como Jacob los reprendió, ellos decidieron vengarse del joven José, que para ellos era un reproche viviente de sus reprobables conductas. El libro del Génesis nos dice que “amando Jacob (Israel) a José más que a todos sus hijos, porque lo había tenido en su vejez, le hizo una túnica de diversos colores” (Génesis, 37, 3) y no solo hizo esto para distinguirlo, sino para premiarlo, cosa que incrementó el odio de sus hermanos, que planearon deshacerse de él buscando el mejor momento para hacerlo.

José vendido por sus hermanos. Lienzo de Konstantin Flavitsky, 1855.

José vendido por sus hermanos. Lienzo de Konstantin Flavitsky, 1855.

Un día en el que los hijos de Jacob se encontraban con sus rebaños pastando junto a Siquén, José fue enviado por su padre para que viera cómo estaban sus hermanos y sus rebaños de ovejas y le informara. Llegado a Siquen, le dijeron que sus hermanos estaban en Dotán (la actual Tell-Dota), que era un lugar de tránsito del comercio entre Siria y Egipto. Cuando llegó a Dotán, sus hermanos lo vieron de lejos y decidieron matarlo. Su hermano Rubén se opuso: “No derraméis su sangre; metedlo en esta cisterna que está en el desierto y no pongáis vuestras manos sobre él”. Cuando llegó José, le quitaron sus vestidos – símbolo de la predilección de su padre – y lo metieron en la cisterna, que estaba vacía. Y pasando por allí algunos mercaderes de Madián camino de Egipto, lo sacaron de la cisterna y lo vendieron por veinte piezas de plata. Los mercaderes se llevaron a José a Egipto. Sus hermanos hicieron ver a Jacob que José había muerto atacado por algún animal.

En Egipto, José fue vendido a Putifar, que era el jefe de la guardia del Faraón y en la casa de este poderoso personaje, no terminaron sus tribulaciones, ya que al ser joven y de aspecto físico agradable y como era el mayordomo de la casa, atrajo la atención de la esposa de Putifar que le propuso acostarse con ella: “¿Cómo haría yo este gran mal pecando contra Dios?”, fue su respuesta (Génesis, 39, 9). O sea, que José, al ser un varón justo sabía que el pecado de fornicación era una ofensa a Dios. No traicionó su conciencia y era por esa virtuosidad por lo que Putifar le había encargado la mayordomía de su casa. La mujer insistió una y otra vez y José tuvo que huir dejando sus ropas entre sus manos. Ella lo acusó de haber querido violentarla sexualmente. Putifar lo atrapó y encarceló, pero “Yahvé estaba con José y le extendió su misericordia, haciéndole ser bien visto por el jefe de la cárcel. Este entregó en las manos de José el cuidado de todos los presos que había en aquella prisión. Todo lo que se hacía allí, él lo hacía. El jefe de la cárcel no necesitaba atender cosa alguna que estuviese al cuidado de José, porque Yahvé estaba con José y lo que él hacía, Yahvé aun lo mejoraba” (Génesis, 39, 21-23).

José interpreta los sueños del faraón. Lienzo de Arthur Reginald, 1894.

José interpreta los sueños del faraón. Lienzo de Arthur Reginald, 1894.

En la cárcel estaban detenidos con él, el copero y el panadero del Faraón. José se hizo amigo de ellos e interpretó algunos de sus sueños. El sueño del copero fue interpretado como un buen augurio, ya que pronto sería excarcelado, pero el sueño del panadero predecía su muerte (Génesis, cap. 40). José le pidió al copero que cuando fuese puesto en libertad, se acordara de él e intercediera a su favor, pero este se olvidó de José, quién permaneció dos años más en la cárcel.

Pero dos sueños providenciales del Faraón, que no fueron interpretados por nadie, marcaron su suerte, pues en ese momento el copero recordó cómo José había interpretado sus sueños y aconsejó que se acudiera a su interpretación. Y esta fue su interpretación: “Esto es lo que respondo al Faraón. Lo que Dios va a hacer, os lo ha mostrado. He aquí que vienen siete años de gran abundancia en todas las tierras de Egipto y tras ellos, seguirán siete años de hambre y toda la abundancia será olvidada en Egipto y el hambre consumirá la tierra. La abundancia no se recordará porque el hambre que la siga será gravísima. Al haber soñado esto el Faraón dos veces, significa que la voluntad de Dios es firme y que se apresura a hacerla”. Y se atrevió a darle la solución a tal problema: “Provea ahora el Faraón de un varón prudente y sabio y póngalo sobre la tierra de Egipto. Haga esto el Faraón y ponga gobernadores por todo el país y exija el quinto a Egipto en los siete años de abundancia. Junten todas las provisiones de esos buenos años que vienen y recojan el trigo en nombre del Faraón a fin de mantener a las ciudades y guárdenlo. Y esté esta provisión en depósitos a disposición del país, para que cuando vengan los siete años de hambre que padecerá Egipto, el país no perezca de hambre” (Génesis, 41, 28-36).

José y sus hermanos son bienvenidos en la corte del faraón. Lienzo de James Tissot, 1900.

José y sus hermanos son bienvenidos en la corte del faraón. Lienzo de James Tissot, 1900.

El faraón, admirado y conquistado por la sabiduría y virtud de José, le propuso el aprovisionamiento de Egipto, dándole la responsabilidad de gobernar Egipto siendo su mano derecha y es en este momento donde quedaron claros los designios de Dios sobre la turbulenta vida de José, que se convertiría en el salvador de su propia familia.

Sus hermanos también empezaron a sufrir la carestía que afectaba a Egipto y allí marcharon en busca de alimento. José los reconoció sin ser reconocido y después de haberlos sometido a varias pruebas, finalmente se dio a conocer, los perdonó generosamente e hizo que llevaran a su padre Jacob y a toda su familia a Egipto, asignándoles la fértil tierra de Gosen. El encuentro de José con sus hermanos recoge las más bellas palabras del Antiguo Testamento por el “πάθος” que las impregna. (Recordemos que “πάθος” es un concepto ético que representa todo lo que se siente o experimenta: estado del alma, tristeza, pasión, padecimiento y enfermedad).

José murió con ciento diez años de edad y los hijos de Israel, cuando marcharon de Egipto bajo la guía de Moisés, transportaron sus restos a la tierra de sus padres: Moisés tomó consigo los huesos de José, pues éste había hecho jurar a los hijos de Israel, diciendo: Ciertamente Dios os visitará y entonces, llevaos de aquí mis huesos con vosotros” (Éxodo, 13, 19). Aconsejo leer los capítulos 37 y siguientes del Libro del Génesis.

Los acontecimientos de la vida de José nos muestran cómo actúa la Divina Providencia, que dirigiendo los asuntos humanos los conduce a su fin último: Jacob es el fundador de una gran familia y sus hijos, las ramas de un gran árbol, cuyo fruto más precioso es el Mesías, que nacerá de la estirpe de Judá. José es un protagonista involuntario, aunque consciente, de un drama que en un principio fue solo familiar; toda su vida fue conforme a la voluntad divina, al servicio de Dios y es por eso, que representa anticipadamente a otro José – el esposo de María -, que fue también puesto a prueba y que fue un precioso instrumento puesto en las manos de Dios: cuidó y educó a su Hijo, Jesús de Nazareth.

José también nos prefigura, nos representa anticipadamente a Cristo. Tertuliano dijo: “Ioseph in Christum figuratur” y este paralelismo fue desarrollado por San Isidoro de Sevilla en su obra “Quaestiones in vetus Testamentum”, así como por San Pedro Crisólogo, arzobispo de Ravenna en su sermón “De Nativitate”, que fue popularizado en el siglo IX por Rabano Mauro y por Walafrido Strabon e incluso en el siglo XIII, en las Biblias mozárabes:

Tumba del Santo en Hebrón, Palestina.

Tumba del Santo en Hebrón, Palestina.

“Ioseph descendit in Aegyptum et Christus in mundum.
Nudaverunt Ioseph fraters sui tunica polymita,
Iudaei Christum expoliaverunt tunica corporali.
Ioseph mittitur in cisternam et Christus descendit in Infernum”.
“Ioseph exit de cisterna,
Christus redit ad superna,
Post mortis supplicium”
.
(Creo que se entiende de sobras, que no es necesaria traducción alguna).

José vendido por sus hermanos y Jesús traicionado por Judas por treinta monedas. José fue llevado forzosamente a Egipto y Jesús también se vio forzado a huir a Egipto huyendo de la matanza de Herodes. José fue encerrado por Putifar en una prisión junto con dos condenados (el copero y el panadero) y Jesús también fue crucificado entre dos ladrones. José salió de la cisterna y de la prisión y Jesús, salió del sepulcro. José facilitó alimento a su pueblo y a sus hermanos y Jesús alimentó a sus discípulos y a un inmenso gentío con la multiplicación de los panes. Incluso en la Edad Media, algunos exégetas llegaron a comparar los honores recibidos por José, con la glorificación y ascensión de Jesús a los cielos: “Ille post tribulationem pervenit ad honorem; Christus post resurrectionem triumphans ascendit ad Patrem”.

Jacob, en el lecho de muerte bendijo a los hijos de José cruzando los brazos “in modum crucis”: “José tomó a los dos, a Efraím con la derecha, a la izquierda de Israel (Jacob) y a Manasés con la izquierda, a la derecha de Israel y los acercó a éste. Jacob extendió su diestra y la puso sobre la cabeza de Efraím aunque era el menor, y su izquierda sobre la cabeza de Manasés: es decir que cruzó las manos, puesto que Manasés era el primogénito” (Génesis, 48, 13-14). La interpretación simbólica de este gesto es que Jacob prefirió a Efraím (que personifica en sí a los gentiles) ante Manasés (que personifica a los judíos por ser el primogénito), siendo esto también un anticipo de Cristo, que sustituyó a un pueblo que se mantuvo terco en el error, por un nuevo pueblo de Dios: la Iglesia. La Iglesia sustituye a la Sinagoga, la Nueva Alianza, sustituye a la Antigua.

Tumba de José antes de 1899 . Monte Ebal.

Tumba de José antes de 1899 . Monte Ebal.

Según el Calendario Palestino-georgiano del “Sinaiticus 34” y según el Leccionario Jerosolimitano, la fiesta del Patriarca José se celebraba en Jerusalén el 4 de septiembre, junto con la de Moisés y el mártir Julián, en un monasterio erigido por la noble Flavia en el Monte de los Olivos a mediados del siglo V. Pero no existen señales de culto en los sinaxarios bizantinos ni en los martirologios occidentales. Sin embargo, la Iglesia Etiópica lo conmemora, junto con su esposa Asenet, el 26 de mayo y el 31 de julio.

Antonio Barrero

Bibliografía:
Biblia de Jerusalén, Editorial Española Desclée de Brouwer, S.A., Bilbao, 1967.
– DA SORTINO, P., “Bibliotheca sanctórum, tomo VI”, Città Nuova Editrice, Roma, 1988.
– HOLZAMMER, G., “Manual de Historia Bíblica: el Antiguo Testamento”, Torino, 1939.

Enlace consultado (07/08/2014):
– http://en.wikipedia.org/wiki/Joseph_(son_of_Jacob)

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