San Juan Berchmans, religioso S.J.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Grabado del Santo, obra de Alfred Hamy, en "Galerie illustrée de portraits" S.J., 1893.

Grabado del Santo, obra de Alfred Hamy, en “Galerie illustrée de portraits” S.J., 1893.

Introducción
La juventud ha sido destinataria particular de la atención de la Iglesia, pues su formación implica la forja de los adultos de las próximas generaciones, quienes tendrán en sus manos el progreso de la sociedad y de la misma iglesia. Hasta hace unos cuantos años la protección de los muchachos estaba alentada por la vida de tres jóvenes jesuitas: San Luis Gonzaga, que ostenta de hecho el Patronato sobre la juventud, San Estanislao de Kotska y San Juan Berchmans. Estos tres modelos ofrecen todavía muchos ejemplos a los muchachos de hoy para poder santificarse en su estado de vida.

Ahora toca a San Juan Berchmans, un joven con origen distinto a los otros dos referidos, pues no es de origen noble como ellos, sino del común del pueblo. Su vida nos inspira a ser responsables en nuestras obligaciones y a seguir con la sonrisa en el rostro aunque las dificultades quieran ensombrecerla.

Infancia
Juan fue el primero de cinco hijos habidos en el matrimonio de Juan Berchmans con Isabel Van der Hover. Nació el 13 de marzo de 1599 en Diest, Bélgica. Su padre era un maestro zapatero que también trabajaba en la alcaldía de la ciudad, donde conoció a su esposa, que desde muy pronto comenzó a estar enferma. Por ello, Juan, desde pequeño, tuvo que adaptarse a esta situación: no haciendo travesuras o escándalos, cuidando a sus hermanos, ayudar en los quehaceres domésticos. Con diez años cumplidos fue colocado como trabajador en la casa de un sacerdote vecino para ayudar en los gastos familiares. Este hombre, viendo las cualidades del pequeño, lo acogió con gusto en su casa.

Dos años después, con 13 años cumplidos se trasladó a vivir a Malinas, trabajando como empleado de un canónigo y cuidando a dos chicos holandeses. Tres años posaron cuando en el lugar se fundó un colegio jesuita al que decidió entrar. Su padre no estuvo de acuerdo y movió cielo y tierra para impedir su decisión, pero ésta ya estaba tomada; algo muy curioso para su progenitor, dada la docilidad del adolescente y su singular amabilidad. Con cinco meses de novicio, le llegó la noticia de que su madre estaba moribunda y que se requería su presencia pero no fue; envió en cambio una carta piadosa que causó lástima en el corazón de sus papás. Unos meses posteriores a la muerte de su madre, su padre ingresó al seminario, ordenándose poco tiempo después.

Grabado del Santo, obra de Boetius Adams Bolswert (1580 - 1633). Philadelphia Museum of Art, EEUU.

Grabado del Santo, obra de Boetius Adams Bolswert (1580 – 1633). Philadelphia Museum of Art, EEUU.

Religioso
Juan siempre fue un muchacho amable y alegre, le apodaron “el hermano alegre”. Fue un joven aplicado al estudio y responsable en sus obligaciones, cuando no alcanzaba a estudiar, dedicaba tiempo al estudio en su habitación hasta bien entrada la noche. Siempre jovial y atento con los demás, era escogido por ello como un ejemplo a presentar cuando había visitas en el colegio. Se decía de él que si alguien andaba de mal humor su sola compañía lo disipaba. Obediente a las indicaciones de su maestro de novicios, siempre trató de hacer las cosas ordinarias de manera extraordinaria. Cada servicio que le solicitaban, era un servicio a Cristo Jesús.

El muchacho tenia buena presencia, pues era rubio, de mediana estatura, faz alargada, ojos castaños, rasgados y saltarines, a través de los cuales se brotaba la inocencia de su alma. Era considerado un ángel en medio de los hombres. Fervoroso en la oración y muy práctico en las cosas espirituales decía: “Hablar sin ton son de cosas espirituales, molesta”; supo vivir en comunidad, pero también descubrió sus dificultades: “Mi mayor penitencia: la vida común”.

Tenía una inteligencia abierta a la erudición y la cultura. Dominar el inglés, el francés y el alemán le guiña el ojo; además del flamenco, habla el italiano desde que se fue a Roma a estudiar, el latín lo dominó por disciplina clerical. Le gustaba también estudiar el griego.

Tuvo un gran amor a la Santísima Virgen María, a quien le mostraba una tierna devoción llena de confianza y de cariño filial. Un año antes de morir firmó con su sangre: “afirmar y defender donde quiera la Inmaculada Concepción de la Virgen María”. Un estribillo que diariamente repetía era: “Quiero amar a María”. Tuvo esta convicción: “Si logro amar a María tengo segura mi salvación; perseveraré en la vida religiosa, alcanzar cuanto quisiere; en una palabra seré todopoderoso”.

Roma
En 1596 fue enviado al Colegio Romano que tenía la Compañía de Jesús en la Ciudad Eterna. Allí sobresalió por las virtudes que ya han sido descritas y particularmente por su aplicación al estudio. El 8 de julio anterior a su muerte pronunció un discurso en un certamen público al que asistieron grandes personalidades. Allí mostró su habilidad para hablar el latín, su buena memoria, su habilidad retórica, todo conforme a los cánones establecidos; con voz suave llena de seguridad, de tono amable con posiciones valientes, modestia y humor que fue lo demostró con su pericia. Alguien del público comento: “Si no es porque lo supiera cierto, juraría que este no es un joven sino un ángel”. Un mes después el 6 de agosto, tuvo que presentarse a una discusión semejante en el Colegio Griego. Al verse impedido el presidente del evento, Juan fue invitado como sustituto; allí también se echó al bolsillo al público por su participación encantadora.

Sepulcro del Santo. Iglesia de San Ignacio de Loyola al Campo Marzio, Roma (Italia).

Sepulcro del Santo. Iglesia de San Ignacio de Loyola al Campo Marzio, Roma (Italia).

Espiritualidad
Juan tuvo como divisa cumplir siempre lo mejor posible sus obligaciones, a pesar de sus deficiencias físicas y de sus enfermedades. Conforme al espíritu de San Ignacio de Loyola siempre tuvo presente: “Buscar y hallar a Dios en todo. Amar y servir en todo”. Fue siempre obediente, dedicado al estudio, atento al necesitado. Todo ello impresionando gratamente a quienes lo conocieron.

Sin embargo hay que proponer un punto muy delicado. Este entusiasmo fue el que causo su enfermedad y muerte. San Ignacio de Loyola siempre consideró primordial la salud del individuo y en esto, San Juan Berchmans, debió ser más precavido, abierto y preciso para con sus superiores y ellos mismos también debieron prestar más atención a ésto.

Muerte
En agosto de 1599, luego del certamen en el colegio, tuvo que ser ingresado a la enfermería del colegio por unos dolores de cabeza. El padre Cepari, Rector del mismo, ya se había dado cuenta meses antes de estos malestares y de su cansancio crónico, fuera de él, nadie lo había notado en la casa; pero Juan no tenía en cuenta sino servir sobre todas las cosas, sobre el estudio, la desgana y las molestias corporales, así servía a Dios y consagraba su dolor uniéndolo a la Pasión de Cristo.

Los días siguientes su situación se tornó más pesimista hasta que murió de total agotamiento. Pasadas las 8 de la mañana del 13 de agosto de 1599, a la edad de 25 años entrego su alma a Dios; sus últimas palabras fueron: “Jesús, María”. En sus manos tenía un crucifijo, el rosario y el libro de las reglas de la Compañía de Jesús. Fue colocado en un catafalco en la vecina iglesia de San Ignacio, a donde acudió de repente una conglomeración de gente. En medio del tumulto, luego del servicio religioso, los presentes, de manera indiscreta y rapaz, arrancaron gran parte de su ropa y del recubrimiento del catafalco para llevársela como reliquia, tuvieron que volver a vestir el cuerpo y se descubrió que faltaba un dedo del pie. Todo ello debido a la gran fama que tenía su personalidad.

Reliquia del corazón del Santo. Iglesia de los jesuitas de Lovaina (Bélgica).

Reliquia del corazón del Santo. Iglesia de los jesuitas de Lovaina (Bélgica).

Culto
San Juan Berchmans fue sepultado en la iglesia de San Ignacio. Fue beatificado el 9 de mayo de 1865 por el Beato Pio IX y canonizado el 15 de enero de 1888. La compañía de Jesús celebra su memoria litúrgica el 26 de noviembre.

Humberto

Bibliografía
– MARTINEZ PUCHE, J. Antonio, Nuevo Año Cristiano, Noviembre, EDIBESA, Madrid, pp. 448-452.
– VVAA, Año Cristiano, VIII agosto, BAC, Madrid, 2005 pp. 415-419.

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