San Juan de Rila, anacoreta

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Icono búlgaro del Santo del siglo XVIII.

Icono búlgaro del Santo del siglo XVIII.

Es el santo más popular de Bulgaria. Su vida transcurrió entre los siglos IX y X, en el período de máximo esplendor del primer imperio búlgaro y eso se nota porque, desde muy antiguo, existen tres “vitas” muy buenas escritas en eslavo. La más antigua, fue compuesta a finales del siglo X, pocos años después de la muerte del Santo. La segunda es obra de Giorgios Skylitzes, quien la escribió entre los años 1173-1180 y la tercera, pertenece al patriarca San Eutimio de Tarnovo, uno de los personajes más importantes del segundo imperio búlgaro, quién la escribió en el año 1393. En los oficios litúrgicos de San Juan de Rila hay indicios de una cuarta “vita”, que hoy se da por perdida. Muchas otras biografías han sido escritas sobre este popular Santo desde el siglo XIV hasta nuestros días.

San Juan nació en Skrinò, un pueblecito pequeño situado al suroeste de Sofia. En ninguna de las fuentes se indica el año preciso de su nacimiento, aunque se cree que fue entre los años 876-880, en tiempos de Boris, que fue el primer soberano cristiano de Bulgaria, y que gobernó entre los años 852-888. Se dice que sus padres eran búlgaros, quizás para disipar eventuales dudas acerca de cómo pudo salir una persona tan santa de un pueblo que tan recientemente se había convertido al cristianismo. Su familia era una familia de campesinos, como todas las de su pueblo; y desde pequeño Juan tuvo que trabajar en las labores del campo, haciendo sobre todo de pastor, algo habitual entre los pequeños campesinos. Ya, desde entonces, se distinguía por una profunda piedad y por ser excesivamente bueno – algo impropio en los chiquillos, que son traviesos de por sí – y esto es así porque, poco después de la muerte de sus padres, sus vecinos se reían de él y lo insultaban porque veían esta religiosidad un poco exagerada.

Entonces, se dio cuenta de que aquello no estaba hecho para él y decidió abandonar sus actividades y abrazar la vida monástica. Vendió y repartió lo poco que tenía, pero quiso conservar un buey, posiblemente para aportarlo como dote al monasterio en el cual había decidido ingresar y que estaba cerca de su pueblo. Aún existen las ruinas de este monasterio, que estaba dedicado a San Demetrio.

Vista de la cueva donde vivió el Santo anacoreta.

Vista de la cueva donde vivió el Santo anacoreta.

En aquel tiempo, Juan debía tener unos veinte años de edad. Permaneció en el monasterio el tiempo que creyó necesario para familiarizarse debidamente con la vida monacal, pero él quería seguir el camino de otros monjes, que se alejaban del monasterio, se construían una cabaña, en la que permanecían durante meses haciendo penitencia, aunque corrían el riesgo de ser descubiertos por algunos bandidos, que los echaban de sus refugios e incluso los atacaban salvajemente. Así, durante algunos años lo vemos vagar de un lado para otro a lo largo del valle del río Estrimón, parándose en algunos monasterios de aquella zona en los que adquiría nuevos conocimientos sobre la espiritualidad monástica.

Finalmente se decidió por llevar una vida solitaria, eligiendo la montaña más majestuosa de la península balcánica: el monte Rila, a más de tres mil metros de altitud, cuyas pendientes erosionadas formaban terrazas y escalones, toda ella, acompañada de una serie de lagos glaciares escalonados en el macizo montañoso, que originaban, y originan, los ríos más importantes de Bulgaria. Actualmente, el monte está cubierto de amplios bosques bien cuidados, pero en aquella época debería presentar un aspecto mucho más selvático, más natural. Escaló la montaña y allí se quedó.

Su primer habitáculo fue el hueco de un árbol gigantesco, donde permaneció durante tres años y medio, aunque según la “vita” escrita por San Eutimio, fueron doce los años en los que allí permaneció. Allí perfeccionó su vida espiritual, realizando numerosas penitencias y permaneciendo largas horas en oración, comiendo lo que el bosque le daba, especialmente, garbanzos silvestres, que fueron el centro de curiosos episodios de la posterior vida del santo, el cual se los ofrecía a cuantos se acercaban por allí, bien de paso o a visitarle, dándole a esta legumbre un valor especial ya que en aquella época no se consumía en Bulgaria.

Vista del monasterio en la falda del monte Rila, Bulgaria.

Vista del monasterio en la falda del monte Rila, Bulgaria.

En este período de tiempo ocurrió un episodio con su sobrino Lucas, hijo de un hermano suyo que había abandonado la casa de su padre. El muchacho fue hasta donde estaba su tío sin que su padre lo supiera y se puso bajo su guía espiritual, demostrando claramente que esa era también su vocación. Su padre, el hermano de Juan, lo buscó, encontró e intentó furiosamente convencerlo para que lo siguiera y abandonara a su tío. Pero el muchacho no llegó a abandonar la montaña, pues fue mordido por una serpiente venenosa y murió en brazos de su tío. Su padre comprendió el significado sobrenatural de este evento e hizo las paces con su hermano Juan.

Después de vivir estas experiencias anacoréticas, se le ocurrió vivir otras como la de estilita. Se subió a una roca de más de cien metros de alta en cuyo vértice había un pequeño espacio donde solo podía estar o de pie o sentado y en ella permaneció algunos meses. Esa roca, actualmente no existe porque estaba en el lugar donde con posterioridad fue construido el monasterio de Rila, el cual está adosado a una empinada pared a más de mil metros sobre el nivel del mar, como puede observarse en una de las fotos del artículo. En este espacio de tiempo en el que vivió como estilita, se dice que sufrió las tentaciones más terribles, apareciéndosele el demonio que lo tentaba, lo golpeaba e incluso lo tiraba de la roca. El Santo no se daba por vencido y siempre salía victorioso porque duplicaba sus penitencias y oraciones. Esta parte de la biografía parece un poquito “exagerada y amañada”, porque no creo yo que pudiese caerse desde cien metros de alto y no matarse en la caída.

Entonces empezó a tener ciertos contactos con el mundo exterior, ya que fue descubierto por unos pastores que se habían perdido por aquellas montañas; aquello se convirtió en un ir y venir de gente que le llevaban a sus enfermos para que los curase y que buscaban su consuelo contándole sus problemas. De esta forma, Juan se convirtió en el amigo y en el maestro de todos cuantos lo visitaban. En este punto, todas sus biografías hablan de una visita que quiso hacerle el mismísimo zar, Pedro de Bulgaria, quién tuvo que desistir pues el lugar que había escogido el santo para vivir, era del todo inaccesible. Entonces el zar plantó su tienda en un lugar llano, lejos de donde estaba el santo y este, al enterarse, hizo un gran fuego para que, desde el lejos, el zar pudiese ver la columna de humo. Pedro de Bulgaria le hizo llegar una gran cantidad de monedas de oro solicitándole que rezase por él, pero San Juan se las devolvió, diciéndole que lo haría gratis y recomendándole que dedicase ese dinero a atender las necesidades de los pobres. Este episodio, que aparece relatado en las tres “vitas” de las que hablamos en un principio, parece que ocurrió entre los años 927-941.

Exterior de la iglesia del monasterio de Rila.

Exterior de la iglesia del monasterio de Rila.

Como su fama se extendía, comenzó a reunirse en torno a él un grupo más estable de gente que querían vivir como él, discípulos que se construyeron pequeñas chozas encima de las rocas y que posteriormente, construyeron una pequeña ermita que servía de oratorio. Comenzó a formarse una verdadera comunidad monástica al frente de la cual estaba el propio Juan. Como en Oriente, al frente de los monasterios siempre está un hieromonje (monje sacerdote), es de suponer que Juan sería ordenado de presbítero. Algunos biógrafos modernos se atreven a afirmarlo y de hecho, en los iconos, se le representa como hieromonje, con las insignias sacerdotales, especialmente el “epitrakhelion” (estola).

Pero aun así, el Santo sentía la nostalgia de la vida solitaria y decidió nuevamente dedicarse a ella de forma aun más rigurosa, o sea, vivir en reclusión voluntaria. Esto ocurrió en el año 941, fecha que aparece en un documento conocido como su “Testamento”, que es un escrito muy interesante, tanto por la espiritualidad que desprende, como por las recomendaciones prácticas que hace acerca del uso del dinero, de la huida de las cosas mundanas, de las ventajas de la vida cenobítica y de los peligros que ella conlleva. En ese documento se recogen también algunas noticias sobre la vida de aquella primitiva comunidad, cual era su organización, quién fue el sucesor de San Juan al frente de la comunidad, etc.

Hay quienes ponen en duda la autenticidad de este documento, ya que sólo existen copias del mismo pertenecientes al siglo XIX, fecha en la que se dio a conocer su existencia. Un poco tarde, sin duda. Así, historiadores búlgaros tan notables como Aleksandar Teodorov-Balan, Vasil Slavov Kiselkov e Ivan Snegarov, dudan muy seriamente de su autenticidad, mientras que por el contrario, Igor Gosev e Ivan Dujcev, argumentan lo contrario. Esta cuestión debería resolverse mediante una edición crítica de dicho texto, cosa que aún no se ha hecho.

Frescos que decoran todo el monasterio de Rila, Bulgaria.

Frescos que decoran todo el monasterio de Rila, Bulgaria.

Esta vida de reclusión voluntaria fue su última experiencia monástica, ya que murió con setenta años de edad, el día 18 de agosto del año 946. Fue sepultado en el mismo monte Rila y su tumba se convirtió en meta de peregrinaciones y lugar donde empezaron a realizarse numerosos milagros. Inmediatamente después de su muerte comenzó su veneración, pues a finales de ese mismo siglo X ya tenemos los primeros textos litúrgicos compuestos en su honor, signo de que ya había sido canonizado.

Más tarde, en tiempos del emperador bizantino Romano IV Diógenes (1068-1071), su cuerpo fue trasladado a Sredec (la actual Sofia). Allí fue puesto en la catedral aunque más tarde fue trasladado a la iglesia de San Lucas, pero en la segunda mitad del siglo XII, entre los años 1170-1186, el gran zupan dálmata Grudas, que era el gobernador del distrito de Trebinje en la actual Montenegro, lo trasladó a una iglesia junto a las murallas de la ciudad. Esto nos indica que su culto se difundió también fuera de Bulgaria; incluso los bizantinos no se sustrajeron a este culto y así, el gobernador bizantino de Sredec, Giorgios Skylitzes, al curarse milagrosamente, en reconocimiento al santo, escribió su “vita” en el 1180, hecho que mencionamos al inicio del artículo. En esta “vita” cuenta también la curación del emperador Manuel I Comneno (1143-1180), el cual padecía de un terrible reuma en un brazo.

Por aquellos años, durante un breve espacio de tiempo, las reliquias del santo estuvieron en Hungría, donde fue llevada durante una incursión que los húngaros hicieron a Sredec en el año 1183, en tiempos del rey Bela III. Es por esto, por lo que San Juan de Rila es muy venerado también en Hungría y en otros países no eslavos, vecinos de Bulgaria. Pero en Hungría ocurrió un curioso evento: el arzobispo católico de Esztergom se opuso a su culto con la excusa de que Juan de Rila no aparecía en los menologios que él conocía; esto hemos de interpretarlo como un caso más de intransigencia y hostilidad hacia un “santo ortodoxo” posterior a la época del patriarca Focio de Constantinopla. ¡Así nos ha ido con nuestros hermanos ortodoxos! Pero fue castigado, porque quedó repentinamente mudo y no recuperó el habla hasta que se acercó a venerar las reliquias del Santo. Cuatro años más tarde, las reliquias fueron devueltas a Sredec, ya que fue una de las cláusulas del armisticio firmado entre los húngaros y los bizantinos.

Antigua tumba del santo en el monasterio de Rila.

Antigua tumba del santo en el monasterio de Rila.

Pero aquel mismo año, el emperador Isaac Ángel se vio forzado a conseguir la paz debido a una insurrección de los búlgaros que se inició en Tarnovo en el año 1185, y que fue el inicio del segundo imperio búlgaro, que muy pronto se extendió también a la región de Sredec. La capital, Tarnovo, era una ciudad relativamente nueva y sin historia y tenía necesidad de algún recuerdo glorioso del pasado, por lo que el zar Asen I ordenó que las reliquias del santo fueran trasladadas a la nueva capital; allí fueron puestas en una iglesia construido a tal propósito en la llamada roca Trapezica. Allí estaba cuando el patriarca San Eutimio escribió su “vita”, cosa que también mencionamos en un principio. Posteriormente vinieron los siglos de la dominación turca y durante un cierto período de tiempo, el recuerdo de las reliquias desapareció, hasta que a mediados del siglo XV, los monjes del monasterio de Rila se pusieron manos a la obra para recuperar las reliquias del Santo. En este empeño, recibieron la ayuda de la viuda del sultán Murad II, que era hija de un príncipe serbio. El traslado a Rila se realizó en el año 1469.

Desde su monasterio de Rila, la influencia religiosa de San Juan se extendió por toda Bulgaria, llegando a ser considerado este monasterio como el símbolo de la nación búlgara durante los siglos de la dominación otomana, guardando las reliquias y utilizando el eslavo en la liturgia, como queda atestiguado en innumerables documentos.

Este monasterio fue destruido varias veces por los incendios, pero siempre renació de sus cenizas. La última vez ocurrió en el año 1835, cuando se construyó el actual monasterio. Desde el año 1961, el monasterio se ha convertido en una casa de reposo y su iglesia, en un verdadero museo. Sus frescos son mundialmente famosos.

Actual urna del Santo en el monasterio de Rila, Bulgaria.

Actual urna del Santo en el monasterio de Rila, Bulgaria.

San Juan de Rila es conmemorado en varias ocasiones en el calendario litúrgico de los eslavos de rito bizantino, ya sean ortodoxos, ya sean católicos, pero especialmente se le conmemora el 18 de agosto, día de su muerte y hoy, día del traslado de sus reliquias. Pero como estamos hablando del calendario juliano, en el nuestro – el gregoriano – correspondería a los días 31 de agosto y 1 de noviembre respectivamente. O sea, San Juan de Rila es venerado como Santo tanto por los católicos como por los ortodoxos.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– ELDAROV, G., “Bibliotheca sanctorum”, tomo VI, Città N. Editrice, Roma, 1988.
– IVANOV, J., “Sv. Ivan Rilski i negovijat monastir”, Sofia, 1917.

Enlace consultado (01/09/2013):
http://bg.wikipedia.org

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