San Juan de Saint Denis, obispo católico-ortodoxo

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Foto de San Juan de Saint-Denis.

Foto de San Juan de Saint-Denis.

Hoy quiero escribir sobre un gran hombre, ruso de nacimiento, ortodoxo de Rito Bizantino en su origen y francés por adopción quién quiso instaurar la primitiva ortodoxia en Occidente pero recuperando el antiguo Rito Galicano. Mantuvo una estrechísima relación con la Iglesia Ortodoxa Rusa, apoyado especialmente por San Juan Maximovich, aunque muerto su protector, en los últimos años de su vida fue atacado por los intransigente y fanáticos jerarcas de esta misma Iglesia que anteriormente le había apoyado. Aunque aun no ha sido canonizado oficialmente, gran parte de los ortodoxos franceses lo denominan San Juan de Saint Denis.

Eugrafio Evgratovitch Kovalevsky (ese era su nombre) nació en San Petersburgo el día 8 de abril del año 1905, festividad del arcángel Gabriel según el calendario juliano. Aunque su familia pertenecía a la aristocracia ucraniana, estaba profundamente ligada a la vida cultural, religiosa y política rusa y del seno de la misma habían salido sobresalientes filósofos, matemáticos, historiadores, músicos, militares e incluso diplomáticos de gran renombre.

Con solo cuatro años de edad tuvo una visión luminosa y cuando tenía unos once años vio como un pájaro de fuego le hirió cual si fuera el Espíritu Santo. El mismo nos lo cuenta: “Tendría yo unos cuatro o cinco años y era la fiesta de mi cumpleaños. Mis hermanos estaban enfermos y yo estaba en la cama de mis padres. Aunque mi papá había depositado cerca de la cama los juguetes, ví que la sala se llenaba de una luz inefable que se condensaba especialmente encima de mí y que era más suave que la luz del sol. Era como de oro puro y azulado. Yo se Quién era porque me sentí abrumado por una felicidad indescriptible. No existía ni el tiempo, ni la vida, ni los juguetes porque esa luz lo cubría todo y me decía que Dios es bondad y que no me pedía nada a cambio”.

Foto de San Juan Maximovich y San Juan de Saint-Denis.

Foto de San Juan Maximovich y San Juan de Saint-Denis.

“Yo tenía once años y estaba sentado en mi habitación. Me quedé ligeramente dormido y en sueños vi saltar del cielo como una flecha, como un pájaro de fuego, con las alas plegadas, como un proyectil que hirió mi corazón con su pico. Aunque la herida quemaba, el sufrimiento era una delicia y desde ese momento, un amor inefable permaneció en mi corazón durante toda mi vida… Tan pronto como me desperté, el pájaro se convirtió en una madera tallada como la que hacen los artesanos rusos, aunque la herida se mantenía. Le pregunté el significado a un sacerdote, el cual me enseñó un catecismo y me preguntó: ¿Quién es el Pantocrátor? Y yo le respondí: Cristo. ¿Y el Espíritu Santo? ¡Ah!, si, le dije y una inmensa alegría entró en mi alma”. Desde ese mismo momento solo encontraba refugio y consuelo en la meditación del dogma de la Santísima Trinidad, llegando a decir continuamente que “la Trinidad es mi único amigo”.

Cuando en el año 1917 los bolcheviques irrumpieron en Rusia, la familia Kovalevsky abandonó San Petersburgo y se marchó a Kharkov en Ucrania. Eugrafio y su hermano Máximo entraron a formar parte de un consejo de laicos bajo la tutela del metropolitano Antonio de Kiev, que era un gran teólogo y restaurador de la vida monástica en Rusia a principios del siglo XX, llegando a ingresar como monje en el monasterio Pokrov fundado por dicho metropolita donde se ejercitó en el oficio de iconógrafo, aunque posteriormente decidió servir a Dios en el mundo y no dentro de los muros de un monasterio.

Como he dicho, la guerra había obligado a que su familia huyera de San Petersburgo hacia Crimea en Ucrania, pero desde allí, pasando por Constantinopla, tuvieron que marchar a Salónica (Grecia) y finalmente a Beaulieu en la Riviera francesa. Antes de marchar de Salónica, el metropolita de la ciudad lo bendijo y le dijo: “Vas a un país que no es ortodoxo, pero recuerda que los franceses tienen dos cualidades: sus almas son ortodoxas y sus espíritus tienen la libertad de Cristo. Ellos nos dieron la libertad a nosotros los griegos y aun no hemos sido capaces de devolverles el favor de la libertad de nuestra Iglesia”. Esta reflexión, le impactó profundamente pues le predijo cual sería su futura misión.

Otra foto de los dos santos acompañados de algunos fieles franceses.

Otra foto de los dos santos acompañados de algunos fieles franceses.

En el mes de febrero del 1920 la familia llegó a Francia instalándose en Niza. Eugrafio inició de inmediato su trabajo a favor de la unidad de la iglesia rusa en aquella ciudad, aunque muy pronto sintió también un profundo deseo por conocer los lugares sagrados de Francia. Cuando tenía unos veintidós años experimentó como una verdadera necesidad el visitar la tumba de Santa Radegunda en Poitiers, adquiriendo el compromiso de hacer renacer la ortodoxia en Francia, restaurando en la Iglesia francesa el espíritu de los primeros siglos del cristianismo. El había estudiado en el Instituto Teológico Ortodoxo de San Sergio, donde fue un brillante estudiante y donde entró a formar parte de la llamada Hermandad de San Focio cuyo objetivo era la restauración de la Iglesia Ortodoxa en Occidente. Estaba convencido de que el alma de la cristiandad occidental era ortodoxa y que de manera instintiva, Occidente era ortodoxo. “Quiero convertir a Francia a la Ortodoxia”, esa era su misión: restaurar en la iglesia francesa el sentimiento ortodoxo vivido en el siglo VI, en tiempos de la reina Santa Radegunda y esa fue su misión el resto de su vida.

Y así, empezó a trabajar como laico ayudando a los sacerdotes en su misión: visitaba a los enfermos, comía con ellos, se dedicaba a ayudar a todos independientemente de sus creencias. Aunque sus familiares y amigos le proponían ordenarse de sacerdote por el rito bizantino (que era su rito), el lo rechazaba pues no quería ser el sacerdote de una iglesia francesa de rito oriental. El consideraba que su misión era llevar a cabo en suelo francés la implantación de la antigua experiencia occidental ortodoxa, con sus ritos y con sus cánones. Como laico, le echaba una mano a cualquier parroquia de rito oriental, pero su destino era otro: Occidente tenía que volver a su ortodoxia primitiva, pero también a sus ritos ancestrales: “La liturgia no es una piedad intelectual, sino popular y monástica; el calor que imprime la liturgia de Oriente impide apreciar el valor del rito Occidental, sobre todo cuando todo está bajo la actual y única forma romana… He tenido que dejar a mi padre y a mi madre para volver a las esencias de la ortodoxia y rito occidental. Ya lo sentí cuando tomé el barco para venir a Francia: Dios quería que volviese a traer la ortodoxia a Europa, pero la Ortodoxia cuyo interés se perdió hace algo más de mil años”.

Icono de San Juan de Saint-Denis.

Icono de San Juan de Saint-Denis.

En el año 1936 hubo un punto de inflexión en su existencia. Se encontró con el obispo Louis Winnaert, que había abandonado el catolicismo convencido de que la fe y la eclesiología de la Iglesia se habían apartado de la primitiva ortodoxia, por lo que veía como imprescindible el restaurar en la Iglesia el espíritu de los primeros siglos del cristianismo. Para ello, este obispo había fundado la Iglesia Católica Evangélica de Francia. En ese mismo año, el 16 de junio, el metropolita Sergio de Moscú había firmado un documento que decretaba que “las parroquias unidas a la Iglesia Ortodoxa con el rito occidental serán designadas como Iglesia Ortodoxa Occidental” y eso era lo que ellos buscaban. Para él fue uno de los acontecimientos eclesiales más importantes del siglo XX: la Iglesia Ortodoxa de Occidente salía de su milenaria clandestinidad ayudada por los rusos a los cuales ellos mismos habían bautizado a finales del siglo X.

Todo se le precipitó; después de mil años de espera resurgía la primitiva Iglesia de Cristo. Ordenado de sacerdote el 6 de marzo del 1937 por el metropolitano Eleuterio – que era el representante del Patriarcado de Moscú en Occidente -, Eugrafio celebró precisamente su primera liturgia en el funeral del obispo Winnaert, quién lo había recibido en su comunidad y que como Moisés había muerto al borde de la Tierra Prometida. Fundó un periódico sobre liturgia y espiritualidad, el llamado “Cahiers Saint-Irenee”, en el que resumió los tres principales mensajes de la Ortodoxia: El Espíritu Santo es la fuerza vital del mundo, el hombre será juzgado más por su corazón que por sus acciones y la Iglesia, que es la verdad revelada, está en posesión de todos, o sea, el Espíritu Santo, el hombre y la Iglesia.

Aunque adquirió la nacionalidad francesa, al iniciarse la guerra en septiembre del año 1939 fue hecho prisionero y encarcelado en un campo de concentración francés, aunque él solicitó ser transferido a un campo de prisioneros rusos ya que sus compatriotas eran tratados con mucha más dureza por los alemanes por lo que, debido a su caridad, se sintió más unido a ellos. Esto hizo que los prisioneros rusos lo conocieran como “el padrecito”. Liberado en el 1943 inició desde cero la reconstrucción de la Iglesia ortodoxa en Francia, rodeándose de un reducido grupo de mujeres. El 15 de noviembre del año siguiente abrió el Instituto San Dionisio (Instituto de Teología de la Iglesia Ortodoxa de Francia) acogiendo entre sus administradores y maestros a representantes de todas las iglesias cristianas y en ese ambiente de recuperación de las primitivas esencias de la Iglesia, celebró por primera vez la Divina Liturgia según el antiguo Rito Galicano (Rito de las Galias o de San Germán de París), el día 7 de octubre del año 1945.

San Juan de Saint-Denis de cuerpo presente.

San Juan de Saint-Denis de cuerpo presente.

Con la ayuda de prestigiosos liturgistas católicos consiguió reconstruir la antigua liturgia galicana e instaurarla en la Iglesia Ortodoxa de Francia. Para el padre Eugrafio esta liturgia era un puente misterioso y divino entre Occidente y Oriente. A partir de esa fecha, el antiguo Rito Galicano se empezó a celebrar en algunas parroquias ortodoxas de Francia, Bélgica, Suiza y Alemania. Esta liturgia, junto con la ambrosiana, la mozárabe, la celta y la romana fueron para él lo que llegó a denominar como “la sagrada comida paneuropea de los tiempos de Carlomagno. Esta inmensa tarea de recuperación de la antigua tradición ortodoxa y litúrgica de Europa encontró muchísimos detractores tanto en determinados ambientes católicos romanos como ortodoxos, que consideraban a las liturgias romana y bizantina, como las dos únicas liturgias de la Iglesia universal, pero aun así, de manera sorprendente, el 14 de julio de 1952, el Santo Sínodo de la Iglesia Ortodoxa Rusa le otorgó el doctorado en teología y liturgia. Parecía que esta primera prueba la había superado, pero muerto el Patriarca Sergio, el nuevo Patriarca Alexis I, condenó esta práctica el 25 de enero del 1953.

Como estaba convencido de su ministerio, al año siguiente acudió a Asís a fin de rezar en la Basílica de San Francisco y en la iglesia de la Porciúncula: “La esencia de la vida cristiana es lograr la obediencia como si esta fuera un punto geométrico puro y he aquí, que la Porciúncula es ese punto geométrico, ortodoxo, de intimidad con Dios, de abandono total a nosotros mismos. Solo una mente y un alma que obedece a Dios de esta manera es capaz de atraer hacia sí a los pueblos. Por eso San Francisco es el santo del sol que atrae a todos los rayos humanos oscuros; brilla de manera personal, única y ofrece a los demás la posibilidad de brillar también como él”. El padre Eugrafio, ortodoxo de origen, cuyo deseo era recuperar para Occidente su ortodoxia original, veía en San Francisco de Asís a una luz, a un ejemplo a seguir.

En el año 1957 conoció al obispo Juan Maximovich – el futuro San Juan de San Francisco -, quién entonces era arzobispo de la Iglesia Ortodoxa Rusa en Francia, aunque anteriormente había sido obispo de Shanghai (China) y finalmente lo sería de San Francisco, en California. De él escribía: “Es pequeño y feo, descuidado y balbucea a causa de que los chinos le han herido la boca con la culata de un rifle. Hay cosas que te golpean cuando lo ves por primera vez: su klobut (gorro negro de monje sobre la cabeza), sus ojos pensativos, el caminar descalzo ya sea invierno o verano y el que está ligeramente inclinado hacia delante como consecuencia de que bajo su sotana lleva amarrados algunos sacos de tierra. Desde hace años no duerme, su celda no tiene cama, siempre está en constante oración y nada, absolutamente nada, le hace abandonar lo que él considera que es lo querido por Dios”.

Sepelio de San Juan de Saint-Denis.

Sepelio de San Juan de Saint-Denis.

Este encuentro fue providencial porque San Juan Maximovich intuyó la clarividencia del arcipreste Eugrafio y después de superar algunos obstáculos eclesiásticos, lo consagró como obispo el día 11 de noviembre de 1964, festividad de San Martín de Tours, apóstol de las Galias. En la consagración episcopal tomo el nombre de Juan (por San Juan de Kronstadt que recientemente había sido canonizado) y se le asignó el título de obispo de Saint-Denis, en París. Es por eso por lo que desde entonces fue conocido como Juan de Saint-Denis. En ese acto, San Juan Maximovich le profetizó: “Hoy, San Martín es celebrado en toda Francia; San Ireneo será tu protector en la defensa de la fe; estarás asistido por San Juan de Kronstadt y San Nectario de Egina y acuérdate también de Antonio, el metropolitano de Kiev, quién fue tu padre, haciendo siempre lo que tu crees que él haría”.

Pero muerto San Juan Maximovich de San Francisco en el año 1966, sus sucesores se mostraron hostiles con Juan de Saint-Denis, conspiraron contra él atacando a la Iglesia Católica Ortodoxa de Francia, a la que Juan Maximovich había tomado bajo su protección. Esta hostilidad trajo consigo la ruptura con la Iglesia Ortodoxa Rusa produciéndose tal violencia espiritual entre los sacerdotes y fieles de San Juan de Saint-Denis que fue su peor calvario, le produjo una gran enfermedad y finalmente, la muerte. Cierto es que en 1967 tuvo un cierto respiro al sentirse apoyado por el Patriarca Justiniano de Rumania, pero ya era demasiado tarde. Murió a las tres de la tarde del viernes día 30 de enero de 1970, festividad de los Tres Santos Jerarcas: Basilio el Grande, Gregorio Nacianceno y Juan Crisóstomo.

Cripta de la catedral de San Ireneo en Paris donde está actualmente sepultado. Se ve la lápida sepulcral en la pared.

Cripta de la catedral de San Ireneo en Paris donde está actualmente sepultado. Se ve la lápida sepulcral en la pared.

San Juan de Saint-Denis fue un gran teólogo, canonista y liturgista, además de un buen pintor de iconos, músico y matemático: fue un genio intelectual y fue un santo. Fue el primer obispo ortodoxo francés que celebró en el antiguo Rito Galicano mil años después de que este rito fuera abolido por Roma. Se dedicó por completo a lo que el llamaba “la restauración de la querida y legítima Ortodoxia, universal e inmortal, en la Iglesia de Occidente, a fin de renovar el mundo y el cristianismo, recordando a los hombres que han sido olvidados aunque hayan ofrecido gratuitamente sus vidas por Cristo”. Por su vida y por su obra, el obispo Juan de Saint-Denis – que provenía de Oriente -, entró en el corazón de la tradición de los Santos Padres de Occidente. Está sepultado en la cripta de la catedral de San Ireneo, en Paris.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– Bourne, V., “La Divina Contradicción”, París, 1975.
– VV.AA., “La Santa Misa según el antiguo rito de los galos”, Ediciones Ortodoxas San Ireneo, París, 1957.
– VV.AA., “La Santa Misa según San Germán de París y el canto de los fieles”, Iglesia Católica Ortodoxa de Francia, Paris, 1991.

Enlaces consultados (12/06/2015):
– http://eglise-orthodoxe-de-france.fr/monseigneur_jean_kovalevsky.htm
– www.religion-orthodoxe.eu/article-vie-de-l-eveque-jean-de-saint-denis-66070990.html

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