San Juan Nepomuceno, sacerdote mártir

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Óleo del Santo, anónimo florentino del siglo XVII.

Óleo del Santo, anónimo florentino del siglo XVII.

Es el santo patrono de Bohemia. Nació en Bohemia occidental, concretamente en un pueblo pequeño llamado Pomuk – nombre antiguo de la actual Nepomuk – entre los años 1340-1350, siendo probablemente el hijo del juez-alcalde local, llamado Welfín. De su madre no se sabe absolutamente nada; y es probable que sus primeros estudios los realizara en la escuela parroquial de su localidad.

La primera noticia histórica que tenemos sobre él se remonta al año 1370, cuando ya tenía la responsabilidad de ser el notario de la archidiócesis de Praga; antes, había trabajado como notario público en la ciudad de Praga. En los años siguientes fue el redactor notarial encargado de los actos procesales de la vicaría de la archidiócesis. Fue ordenado sacerdote en el año 1380, siendo nombrado párroco de la iglesia de San Gallo de Praga, compaginando esta responsabilidad con la de secretario personal y vicario del arzobispo Juan Jenstejn: Prothonotarius cancellarie et domesticus commensalis. El nuevo vicario no fue bien visto por parte de sus compañeros, pues provenía de una familia rica, tenía posesiones y prestaba dinero tanto a los nobles como a los clérigos.

Después de graduarse en el año 1381 en la facultad de derecho de la Universidad de Praga, obteniendo su licenciatura, prosiguió sus estudios en Padova (Italia), donde en el año 1386 fue elegido rector de los ultramontanos y un año más tarde doctor decretorum. En el año 1387, regresó a Praga y fue nombrado canónigo de la Colegiata de San Gil; y en el año 1389, canónigo de la de los Santos Pedro y Pablo en Vysehrad. Pero su responsabilidad más importante fue, como he dicho antes, la de vicario general del arzobispo Jenstejn. Eran momentos en el que la Iglesia occidental estaba dividida debido al llamado Cisma de Occidente; y en ese tiempo, el nombramiento de Juan en septiembre del 1389, se hizo cuando estaban enfrentados el enérgico arzobispo – partidario del Papa de Roma – y el despótico rey Wenceslao IV, partidario del Papa de Avignon y que, desde hacía algún tiempo, intentaba de manera violenta adueñarse de las propiedades y del control de la Iglesia en Bohemia. En ese tiempo, existían en la archidiócesis dos vicarios generales: uno se encargaba de la administración espiritual de la Iglesia – Juan – y el otro, de administrar los bienes materiales de la iglesia, que era Nicolás Puchnik, al que mencionaremos más adelante.

Escultura dedicada al Santo en el puente de San Carlos, Praga (República Checa).

Escultura dedicada al Santo en el puente de San Carlos, Praga (República Checa).

En el otoño del 1392 se alcanzó el momento más crítico en esta lucha del rey contra el clero. El arzobispo protestó y lo amonestó públicamente, y la respuesta fue el asesinato de tres clérigos por parte del chambelán del rey. Éste, queriendo limitar el poder del arzobispo y proporcionarle, al mismo tiempo, un obispado a uno de sus clérigos más afines –Wenceslao Kralik de Burenice- , intentó, después del fallecimiento de Racek, que era el viejo abad de la poderosa abadía benedictina de Kladruby, conseguir del Papa de Avignon que suprimiera la abadía convirtiéndola en una nueva diócesis. Eso para el rey era muy importante porque ponía en un lugar rico y estratégico a uno de sus más fieles seguidores dentro del clero. Recordemos de nuevo que el arzobispo y parte del clero apoyaban al Papa de Roma y que el rey y algunos clérigos afines, apoyaban al Papa de Avignon.

Sin embargo, los monjes de Kladruby eligieron como abad a Odilón (u Olón), que era el candidato del reaccionario arzobispo, siendo Odilón confirmado como abad el día 7 de marzo del 1393. Juan Nepomuceno fue quien realizó esa confirmación, ya que era el vicario general y notario de la archidiócesis, por lo que tenía ese poder y responsabilidad. Pero sabiendo que se trataba de un asunto delicado, la carta o documento de confirmación fue redactado de manera muy cuidadosa. Al mismo tiempo, Juan citó ante su tribunal al chambelán del rey (Segismundo Huler) acusándolo públicamente de hereje y de blasfemo por seguir al movimiento reformista husita. El chambelán no se presentó ante el tribunal y Juan lo excomulgó. Todo esto arruinó los planes del rey, quien, incitado por sus consejeros, quiso ahogar en el río Moldova tanto al arzobispo como a sus clérigos más afines, pero ellos huyeron y se refugiaron en el castillo de Roudnice.

Pasados dos días, el rey llamó al arzobispo a Praga con la excusa de llegar a un acuerdo y el arzobispo, persuadido por Juan Nepomuceno y por Nicolás Puchnik, aunque no sin miedo, se encontró con el rey el 20 de marzo por la mañana. Después de una breve discusión, el rey arrestó a Juan, a Nicolás y a Wenceslao Knobloch, que era canónigo y consejero del arzobispo y, posteriormente, al decano del capítulo catedralicio, mientras que el arzobispo logró escapar. Después de un misterioso interrogatorio en el castillo de Praga durante el cual, Juan y Nicolás fueron torturados quemándolos con antorchas, dejaron libres al resto de los clérigos haciéndoles jurar que nunca dirían que habían sido torturados. Juan Nepomuceno murió durante la tortura y su cuerpo fue llevado al Puente de Carlos, arrojándolo al río Moldova. Era el año 1393.

Marca en el lugar desde donde el cadáver del Santo fue arrojado al río Moldova.

Marca en el lugar desde donde el cadáver del Santo fue arrojado al río Moldova.

Siempre se ha mantenido que San Juan Nepomuceno murió por ahogamiento, pero el antropólogo Emmanuel Vlcek, realizando un minucioso reconocimiento de los restos, descubrió una grave lesión en el cráneo producida durante la tortura previa al arrojamiento al Moldova. Según una tradición de origen incierta, el cuerpo de Juan fue encontrado el día 17 de abril en la orilla derecha del río, siendo sepultado temporalmente en la iglesia mayor de la Santa Cruz, cercana al propio río, y posteriormente trasladado y sepultado en una tumba en la nave derecha de la catedral de San Vito, tumba señalada por una simple lápida, en la que según las crónicas del siglo XV, estaba grabada una cruz y la inscripción Iohannes de Pomuk.

Aunque la muerte de Juan Nepomuceno suscitó un vivo interés entre sus contemporáneos tanto dentro como fuera de Bohemia, los cronistas sólo informaron desde el punto de vista histórico y nadie, en aquel tiempo, escribió una Vita desde el punto de vista hagiográfico. El principal documento que describe minuciosamente este homicidio, fue la acusación formal que el arzobispo presentó contra el rey ante el Papa Bonifacio IX, en Perugia en el mes de julio, o sea, cuatro meses después de la muerte de Juan. En este documento, el arzobispo llama a Juan martyr sanctus, usando el término martirio al describir su muerte.

Es verdad que el confesor del arzobispo – llamado Pedro el Clarificador – cuando en el año 1402 escribe su biografía, hace referencia a la muerte de Juan, llamándolo también martyr y describiendo algunos supuestos milagros realizados por su intercesión, pero los cronistas de la época, como mucho, lo llamaron venerabilis, y siempre relacionando su muerte con la confirmación del abad de Kladruby por parte de Juan, contrariando de esta forma al rey; así aparece en varias versiones latinas y bohemias de la crónica más antigua, que data del siglo XV y que es conocida como Staré letopisy ceské.

En un Cronicon Bohemiae, de origen local y que data del año 1419, después de una breve noticia sobre la muerte de Juan, aparece un anexo escrito por otra mano, según el cual Juan habría admonestado personalmente al rey por sus pecados. El agustino Andrés de Regensburg, muerto en el 1438, en su Chronica pontificum et imperatorum romanorum, escrita después de la muerte de Wenceslao IV – acaecida en el año 1419 – haciendo referencia a algunas acciones de la vida del rey, dice que éste ahogó a Juan porque él le había dicho que no era digno de ser llamado rey. El historiador austríaco Tomás Ebendorfer de Haselbach, enviado por el Papa en el año 1433 como embajador al concilio de Basilea, ratifica en su Chronica regum romanorum lo dicho por el agustino Andrés de Regensburg, añadiendo que Juan era el confesor de la reina y que fue ahogado por haberse negado a violar el secreto de confesión. Esta misma razón aparece en la Správovna de Pablo Zidek, canónigo de Praga, escrita en el 1477.

Esqueleto vestido y sin vestir del Santo.

Esqueleto vestido y sin vestir del Santo.

Juan de Krumlov, decano del capítulo de la catedral de Praga, en el año 1480 narrando algunas noticias históricas sobre las persecuciones que había sufrido su capítulo catedralicio, se equivoca, pero posteriormente corrige el nombre de Juan, indicando sin embargo como fecha de su muerte el año 1383, o sea, diez años antes. Este dato, que es erróneo, aparece enseguida en una nueva inscripción sepulcral del año 1534 y de allí la recoge el historiados Wenceslao Hájek de Libocany en su Kronika Ceská escrita en 1541. Éste último, a pesar de conocer por las crónicas más antiguas cuál era la fecha verdadera, o sea, el 1393, “duplicó” a la misma persona: un Juan Nepomuceno, confesor de la reina, ahogado por el rey Wenceslao en el 1383 por no haber revelado el secreto de confesión y un Juan Nepomuceno, ahogado diez años más tarde por haber confirmado al abad de Kladruby. ¡Casi nada! Dada la popularidad y la difusión de las crónicas de Hájek y la falta de datos de las fuentes históricamente fiables, hizo que los dos Juanes pasaran a otras obras históricas, como por ejemplo, a la Historia Regni Bohemiae escrita en el año 1552 por el obispo de Olomouc, Juan Skála de Doubrava. El Juan del 1393 nunca fue olvidado, pero se hablaba de él como de un personaje puramente histórico, mientras que toda la fama del mártir, pasó al Juan Nepomuceno del 1383, el presunto confesor de la reina. Como puede comprobarse, la historia no puede ser más rocambolesca.

Pese a que estamos hablando de finales del siglo XIV, se sabe poquísimo sobre los inicios del culto a San Juan Nepomuceno aunque se supone que ya existía al principio de las guerras husitas, pues por ejemplo – como ya hemos dicho antes -, Pedro el Clarificador habla de milagros sólo nueve años después de su muerte. Las guerras husitas, con sus tendencias reaccionarias, influyeron negativamente en el desarrollo del culto a los santos, pero sin embargo, el recuerdo de Juan sobrevivió. Hacia la mitad del siglo XV, en las crónicas de la época, se menciona una cancela alrededor de su tumba a fin de protegerla y el inventario del tesoro de la catedral de Praga, hecho en el año 1480, menciona un caliz votivo con la inscripción in honorem beati Ioannis Pomuk.

Vista de la lengua incorrupta del Santo.

Vista de la lengua incorrupta del Santo.

La veneración de San Juan Nepomuceno floreció a partir del nombramiento del arzobispo de Praga en el año 1561, después de que la sede estuviese vacante durante más de ciento cuarenta años. En el siglo XVI empezaron a aparecer nuevas Vitae de San Juan, obras de autores de la época, escritas tanto en latín, como en bohemio, alemán e italiano. Jorge Bertoldo Pontano de Breitenberg, en su obra Bohemia pia, escrita en el 1608, fue el primero en incluir a San Juan confesor entre los santos patronos de Bohemia. En la segunda mitad del mismo siglo, el deán Tomás Jelínek de Skutec compuso el primer oficio litúrgico en su honor. El canónigo Wenceslao Celestino de Blumenberg, en el año 1665, fue el primero en señalar el día 16 de mayo como la fecha de su muerte y de su conmemoración en la catedral de San Vito de Praga.

En ese mismo período aparecen las primeras iconografías del santo y como no se tenía un retrato auténtico del mismo, se le representa como un sacerdote de la época. Jorge Bertoldo Pontano – al que he mencionado antes – lo representa con barba, circundado por una aureola, vestido como simple sacerdote en el acto de confesar a la reina, mientras que en el fondo, aparece la escena del martirio. Así aparece también en otras obras artísticas. En un cuadro del 1631 que se conserva en la catedral praguense, aparece vestido de canónigo, con la palma del martirio y posando un dedo de su mano derecha sobre sus labios, como símbolo del sigilo sagramental. Existen otras muchas representaciones artísticas, pero en este tema no quiero incidir.

Óleo barroco del Santo, con su principal iconografía y escenas de su leyenda. Museo de Arte de Filadelfia, Estados Unidos.

Óleo barroco del Santo, con su principal iconografía y escenas de su leyenda. Museo de Arte de Filadelfia, Estados Unidos.

El historiador jesuita bohemio Vouslao Balbín, queriendo componer una Vita crítica para los bolandistas, no pudo examinar los documentos del archivo capitular de la catedral de Praga, viéndose obligado a utilizar la Vita escrita anteriormente por Dlouhoveský, pero después de asegurarse de que éste, para realizar su obra, si había tenido acceso a dichos archivos. Esta Vita de Vouslao Balbín, fue editada en el 1680 en el III volumen de las Acta SS. Maii aunque con anotaciones críticas de Daniel Papebroch. Este documento fue utilizado como base histórica en el proceso de canonización de San Juan.

Los trabajos preparatorios para esta canonización se iniciaron en tiempos del arzobispo Mateo Fernando Zoubek de Bilenberg (1669-75). El emperador austríaco Leopoldo I, en el año 1697, invitó al arzobispo Juan José Breuner para que recopilase los documentos que pudieran probar el culto inmemorial a San Juan y trece años más tarde, el emperador José I, instó al mismo arzobispo para que iniciase el proceso diocesano. Tratándose del reconocimiento de un culto ab immemorabili el proceso estaba exento de las normas establecidas por el Papa Urbano VIII y una comisión especial compuesta por eclesiásticos y forenses, abrieron la tumba el día 15 de abril del año 1719. Esta tumba siempre había estado cerrada. En ella se encontraron los huesos del esqueleto pero sin embargo, la lengua estaba fresca e incorrupta y con un color rosado natural. En Roma se examinaron todos los documentos y el 31 de mayo de 1721, el Papa Inocencio XIII decretó la confirmación del culto: equivalía a la beatificación y el cuerpo del nuevo beato fue puesto a la izquierda del altar mayor de la catedral.

El 18 de julio de 1722, con el consentimiento papal, se reinició el proceso para canonizarlo y se estudiaron a fondo los presuntos milagros realizados por su intercesión, dándole especial importancia al hecho de haberse encontrado la lengua incorrupta, la cual fue examinada nuevamente el 27 de enero del 1725; entonces, aunque incorrupta, la lengua ya estaba seca y tenía un color grís-marrón, pero sin embargo, ante la presencia de todos los peritos, tres cuartos de hora más tarde, recuperó milagrosamente su frescura y color rosado. Lo mismo ocurrió el 11 de enero de cuatro años más tarde y estos dos hechos fueron reconocidos por Roma como milagrosos. Juan Nepomuceno fue canonizado el 19 de marzo de ese mismo año, por el Papa Benedicto XIII, como mártir del sigilo de la confesión mediante la Bula Christus Dominus. Siete años más tarde, el orfebre José Würth de Viena, construyó una magnífica urna de plata, donde se pusieron los restos del santo, urna que se conserva actualmente y que aparece en una de las fotos de este artículo. La lengua incorrupta se conserva en un relicario aparte.

Vista del sepulcro del Santo. Catedral de San Vito, Praga (República Checa).

Vista del sepulcro del Santo. Catedral de San Vito, Praga (República Checa).

La identidad histórica de San Juan Nepomuceno fue reafirmada nuevamente en el 1752, cuando el prefecto de la Biblioteca Vaticana descubrió en un códice del arzobispo Juan Jenstejn, ese texto original de la acusación contra el rey Wenceslao IV, donde hablaba de la muerte de San Juan, texto que he mencionado con anterioridad en este mismo artículo. Actualmente no se pone en duda la identidad verdadera de San Juan Nepomuceno, especialmente porque es notorio el desdoblamiento del que hicimos mención antes. Nunca existieron dos tumbas, sino sólo una y aunque la confirmación del abad de Kladruby fuera la causa inmediata de su muerte, también fue aceptado que el sigilo sacramental había influido, como lo demostraba la lengua incorrupta y los dos milagros que hemos mencionado. El primer dato – la confirmación del abad – está perfectamente documentado, pero no es lícito excluir el segundo – el sigilo confesional – porque no existe ningún documento que diga explícitamente lo contrario. De este silencio o falta de datos, no se puede deducir nada, salvo la ignorancia, mientras que existe suficiente información histórica sobre los dos milagros de la lengua. San Juan es considerado el santo patrono de los confesores.

Antonio Barrero

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