San Julio, presbítero

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Fresco de San Julio, presbítero. Iglesia de Santa María Anunciata, Milán (Italia).

Fresco de San Julio, presbítero. Iglesia de Santa María Anunciata, Milán (Italia).

El nombre de Julio deriva del latín Iulius, que era el gentilicio de una antigua y noble familia romana, la Gens Iulia, cuyo más ilustre representante fue Cayo Julio César, cuyo significado es “sagrado para Júpiter” o “descendiente de Júpiter”, o también del griego ioulos, que quiere decir “mullido”, “de barba mullida” o “de cabellera crespa”.

El nombre, poco usado en el medievo a pesar de que había sido llevado por un buen número de Santos; a partir de época renacentista vuelve a estar en boga en Italia y en Francia, desde donde se expande al resto de Europa. Hasta hoy se ha mantenido, tanto por el culto de los Santos así llamados, como por la fama de diversos personajes históricos.

Los Santos y Beatos que llevan este nombre son:

Beato Julio de Porto, confesor de la Orden de la Merced, celebrado el 23 de mayo
Beato Julio de Montevergine († 1601), originario de Nardò, eremita y después monje en Montevergine, celebrado el 8 de julio
Beato Julio Junier Padern († 1938), sacerdote salesiano, mártir en Barcelona (España), celebrado el 26 de abril
Beato Julio Mediavilla Concejero († 1936), religioso pasionista mártir en España, celebrado el 23 de julio
Beato Julio Melgar Salgado († 1936), sacerdote y mártir en, celebrado el 22 de agosto
Beato Julio Pons, confesor de la Orden de la Merced, celebrado el 24 de diciembre

San Julio Álvarez Mendoza (1866 † 30 marzo 1927), sacerdote y mártir en México, conmemorado e 30 de marzo.
San Julio de África († 302), mártir con Potamia y compañeros en Tagura, recordado el 5 de diciembre
San Julio de África, mártir en África († 169), celebrado el 19 de enero.
San Julio de Egipto, mártir con Ptolomeo en Egipto, celebrado el 16 de enero.
San Julio de Aqfahs († Egipto), mártir, celebrado el 22 de octubre
San Julio de Britania, († 303 circa) mártir con San Arón de Britania, celebrado el 22 de junio
San Julio de Durostorum († 303), dicho el Veterano, legionario romano mártir de Silistria en Mesia, bajo Diocleciano, recordado el 27 de mayo

Fresco de San Julio en Val Ossola, Italia.

Fresco de San Julio en Val Ossola, Italia.

San Julio de Fiésole († primeros siglos), mártir en Fiésole, celebrado el 27 de mayo
San Julio de Gelbuda, mártir de Gelbuda en Alemania, conmemorado el 20 de diciembre (ver J. de Tracia)
San Julio de Lyon († 177), mártir con San Potino, obispo de Lyon, y otros, festejado el 2 de junio
San Julio de Nicomedia († 283), mártir en Nicomedia, festejado el 3 de diciembre
San Julio de Roma, mártir con Hermes en el XVIII miliario de la Via Nomentana, celebrado el 25 de agosto

San Julio de Zaragoza († siglo IV), mártir en Zaragoza, celebrado el 3 de noviembre
San Julio de Tracia, mártir en Gelduba en Tracia, celebrado el 20 de diciembre
San Julio de Inglaterra († 305), mártir en Inglaterra, conmemorado el 1 de julio
San Julio I († 352), papa desde 337, celebrado el 12 de abril
San Julio mártir romano († primeros siglos), extraído de las catacumbas, venerado en Giulipoli (CH)
San Julio mártir romano († primeros siglos), extraído de las catacumbas, venerado en Viena
San Julio mártir romano († primeros siglos), extraído de las catacumbas, venerado en Pistoia
San Julio mártir sardo († siglo III), veneratdo en Cagliari, celebrado el 28 de julio
San Julio senador (siglo III), mártir en Roma durante el reinado de Cómodo, festejado el 19 de agosto

San Julio, presbítero de Orta († 390), apóstol de Novara, conmemorado el 31 de enero. El nombre de Julio sacerdote está ligado a la isla homónima del lago de Orta o Cusio y al diácono Julián, enterrado en Gozzano.

Estampa devocional de San Julián, apóstol del Alto Novarese.

Estampa devocional de San Julián, apóstol del Alto Novarese.

A finales del siglo IV, los dos hermanos Julio y Julián, originarios de la isla de Egina, llegaron a orillas del Cusio y se dedicaron, por mandato del emperador Teodosio I, a la destrucción de los lugares de culto pagano y a la construcción de iglesias. La tradición quiere que Julio dejara a su hermano el encargo de edificar en Gozzano la iglesia número 99, buscando él solo el lugar donde debía surgir la centésima. Aislada sobre la pequeña isla en el lago de Orta, el lugar era adecuado, pero no encontrando a nadie dispuesto a llevarle, Julio extendió su manto sobre las aguas y navegó sobre ellas hasta llegar a la isla. Otra tradición refiere que la navegación tuvo lugar sobre rocas que le hacían de flotador. En la isla, Julio espantó a las serpientes que poblablan el lugar, símbolo del culto pagano, confinándolas en el Monte Camosino, y colocando los fundamentos de la iglesia en el mismo punto donde hoy se alza la basílica de San Julio.

La fuente más antigua sobre San Julio es la “Vita” que se remonta a los siglos VII-VIII, pero seguramente ésta ha sufrido modificaciones sucesivas, como lo prueba la referencia al martirio de San Arialdo, que tuvo lugar en el siglo XI.

El historiador Paolo Diacono, en la Historia Longobardorum, cita la presencia del duque longobardo Mimulfo en la isla de “San Julián” en el curso del siglo IV. Esta noticia ha encendido un debate entre los historiadores que sostienen la veracidad del relato tradicional que habla de los dos hermanos y aquellos que sostienen la presencia de un solo evangelizador (Julio o Julián) desdoblado en una tradición posterior. La cuestión está todavía en debate y muchos argumentos se han aportado por parte de ambas teorías.

A Julio y Juliano de Egina se atribuye la fundación de cien iglesias o capillas, pero sólo en dos casos se ha podido comprobar realmente el origen paleocristiano del edificio. Las excavaciones arqueológicas que han tenido lugar en la Basílica de San Julio y en la iglesia de San Lorenzo en Gozzano han confirmado, de hecho, la hipótesis de que la “leyenda” de los dos Santos contiene diversos elementos históricos.

San Julio expulsando las serpientes. Fresco del s.XVII en Isola San Giulio, Italia.

San Julio expulsando las serpientes. Fresco del s.XVII en Isola San Giulio, Italia.

San Julio ha dado su nombre a la única isla del lago de Orta, que en el medievo era llamado “lago de San Julio”. Posteriormente fue llamado, desde el siglo XIII hasta el XVIII, la Ribera de San Julio.

A San Julio están intituladas muchas iglesias en Piemonte y Lombardía. El santo es patrón de los albañiles, en razón de su actividad como edificador de iglesias (quizá por esto su nueva estatua en Cavenago tiene en la mano una pequeña iglesia para simbolizar la comunidad de la que es patrono, pero también su actividad como constructor de iglesias).

El Santo se representa con un hábito-sayo de tipo monástico y un bastón. En su basílica y parroquia de Cavenago se representa con hábito sacerdotal. Otros elementos iconográficos son el dragón y las serpientes.

Al Santo, además de la parroquia de Cavenago de Brianza (MB), están dedicadas las parroquias de:

– Altavilla Monferrato (AL)
– Barlassina (MI)
– Brescia (BS) – Villaggio Sereno II
– Calogna di Lesa (NO)
– Cassano Magnago (VA)
– Castellanza (VA)
– Cittiglio (VA)
– Cravegna di Crodo (VB)
– Cressa (NO)
– Cugliate di Cugliate Fabiasco (VA)
– Granerolo di Gravellona Toce (VB)
– Torino (TO)
– Vizzola Ticino (VA)

Damiano Grenci

Bibliografía y sitios:
* AA. VV. – Biblioteca Sanctorum (Enciclopedia dei Santi) – Voll. 1-12 e I-II appendice – Ed. Città Nuova
* C.E.I. – Martirologio Romano – Libreria Editrice Vaticana – 2007 – pp. 1142
* Grenci Damiano Marco – Archivio privato iconografico e agiografico: 1977 – 2014
* Sitio web wikipedia.org

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Los Santos que navegaron sobre su manto (I)

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San Julio de Novara navegando sobre su manto en la isla de Orta. Ilustración contemporánea.

San Julio de Novara navegando sobre su manto en la isla de Orta. Ilustración contemporánea.

Introducción
“En verdad, en verdad os digo: el que crea en mí, hará él también las obras que yo hago, y las hará aun mayores, porque yo voy al Padre. Y todo lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré”. (Juan, 14, 12-14). Es curiosa esta pieza del evangelio de San Juan; interesante en dos pasajes: “Hará obras mayores que estas” y luego, “para que el Padre sea glorificado en el Hijo”. Creo que los gestos más grandes que el hombre puede lograr, van más allá de las capacidades del ser humano: Jesús va al Padre, el da el Espíritu a los hijos, la fuerza de este Espíritu para que podamos, por la gloria del Padre, hacer cosas humanamente imposibles.

“Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tal cantidad de testimonios, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante” (Hebreos, 12, 1): la vida cristiana es una carrera – nos dice la epístola a los Hebreos – cuyo propósito es glorificar al Padre. Los santos son testimonios, una multitud a lo largo de los siglos, que se han conformado al Hijo, a Jesús, a través del don del “Espíritu Santo, que es el primer don del Resucitado a los creyentes” (Benedicto XVI, 26-9-2012) y han manifestado con palabras, obras y señales, la gloria del Padre haciéndose hijos en el Hijo.

Entre las palabras, las obras y los signos que han caracterizado la vida de los Santos está el milagro del manto flotante. Sin embargo, antes de hablar de esta “señal”, debemos repetir qué es un Santo: “El Señor Jesús, maestro y modelo divino de toda perfección, a todos y a cada uno de sus discípulos, de cualquier condición, predicó la santidad de la vida, de la cual el es el autor y el perfeccionador: “Sed perfecto como es perfecto vuestro Padre que está en los cielos” (Mateo, 5, 48). A todos envió el Espíritu Santo, para que los mueva internamente a amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma, con toda la mente y con todas las fuerzas (Marcos, 12, 30), y a amarnos unos a otros como Cristo nos ha amado (Juan, 13, 34; 15, 12). Los seguidores de Cristo son llamados por Dios, no a título de sus obras, sino por su designio y la gracia, justificados en el Señor Jesús, en el bautismo de la fe que nos hace verdaderamente hijos de Dios y copartícipes de la naturaleza divina, y así, realmente son santos. Por lo tanto, deben con la ayuda de Dios, mantener y perfeccionar en su vida la santidad que recibieron… Es evidente para todos, que todos aquellos que creen en Cristo, sea cual sea su estado o rango, están llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección de la caridad y que tal santidad promueve en la misma sociedad terrenal, un nivel de vida aun más humano. Para llegar a esta perfección, los fieles deben utilizar las fuerzas recibidas según la medida en la que Cristo quiso dárselas, para que siguiendo su ejemplo y conformándose a su imagen, obediente en todo a la voluntad de Dios, con plena generosidad se consagren a la gloria de Dios y al servicio a los demás. Así, la santidad del pueblo de Dios, producirá abundantes frutos, como se muestra claramente en la historia de la Iglesia en las vidas de tantos santos”. (LG.40)

Vista del sepulcro de San Julio de Novara (San Julio de Orta). Isola di San Giulio, Novara (Italia).

Vista del sepulcro de San Julio de Novara (San Julio de Orta). Isola di San Giulio, Novara (Italia).

La santidad y el “manto milagroso”
¿Quienes son los santos que han realizado este signo?. He aquí un pequeño elenco, en orden cronológico:
San Julio de Orta (siglo IV)
San Martín de Tours (316-317 – 397)
San Juan Xenos (ca. 970-1027)
San Alberto de Génova o Sestri (siglo XI – 1180)
San Gerardo de Tintori (1135 – 1207
San Raimundo de Peñafort (1175 – 1275)
Beato Conrado Confalonieri de Noto (1290-1351)
San Miro de Canzo (1306 ca. –1381)
San Francisco de Paula (1416 – 1507)
Venerable padre Jesualdo Melacrinò de Reggio Calabria (1725 – 1803)

San Julio de Orta (siglo IV)
La isla de San Julio es la única isla del Lago Orta y forma parte del municipio de Orta San Giulio, en la provincia italiana de Novara. Durante un cierto tiempo era un lugar inhóspito. La leyenda nos dice que fueron los Santos hermanos Julián y Julio quienes la descubrieron, después de llegar desde Cusio y haber construído su iglesia número noventa y nueve en Gozzano. Después que terminaron su intenso trabajo, Julio se fue a la orilla del lago y vio una isla pequeña infestada de serpientes, en la que decidió fundar su iglesia número cien. Julián se estableció en Gozzano, mientras que Julio llegó a la isla navegando sobre su capa.

La leyenda dice que esta isla, distante no más de cuatrocientos metros de la orilla del lago Orta, durante un cierto tiempo había sido una roca habitada por serpientes y monstruos terribles hasta que en el año 390 llegó allí San Julio: atravesando las aguas del lago sobre su manto y guiado por su bastón en la tormenta, el Santo fundó una iglesia dedicada a los Doce Apóstoles, que luego eligió para ser enterrado, transformando la isla en un centro de evangelización de toda la región. Esta leyenda está representada en el arte, aunque en algunos casos, el Santo es representado no sobre su manto, sino sobre una roca flotante.

Detalle de un icono ortodoxo de San Juan Xenos, donde se le ve cruzando las aguas sobre su manto.

Detalle de un icono ortodoxo de San Juan Xenos, donde se le ve cruzando las aguas sobre su manto.

San Martín de Tours (316/317-397)
Martirologio Romano, 11 noviembre: Memoria de San Martín, obispo, en el día de su tránsito: nacido de padres paganos en Panonia, territorio en la actual Hungría y llamado al servicio militar en las Galias, cuando aun era catecúmeno cubrió con su manto al mismísimo Cristo, oculto bajo las apariencias de un pobre. Recibido el bautismo, dejó la armas y llevó vida monástica cerca de Ligugé, en un cenobio fundado por él mismo bajo la guía de San Hilario de Poitiers. Finalmente, ordenado sacerdote y elegido obispo de Tours, mostró en sí mismo el modelo del buen pastor, fundando otros monasterios y parroquias en los pueblos, instruyendo y reconciliando al clero y evangelizando a los campesinos, hasta Candes, desde donde retornó al Señor.
Se cuenta que Martín iba a Aosta pasando por Ivrea, solicitando a los ciudadanos que le diesen hospitalidad y éstos se la negaron. Entonces el Santo extendió su manto sobre el río Dora, el cual lo transportó hasta las cercanías de Anzasco, donde fundó un pueblo, llamado precisamente San Martino.

San Juan Xenos (ca. 970-1027)
Martirologio Romano, 6 de octubre: En Nazogírea en la isla de Creta, san Juan, llamado Xenos, que difundió en la isla la vida monástica.
Se cuenta que, habiendo naufragado su nave en la isla de Gaudos, llegó a Creta usando el manto como embarcación y vela y el bastón como palo de la misma.

San Alberto de Génova o Sestri (XI siglo – 1180)
Nacido en el siglo XI, estuvo en primer lugar haciendo vida monástica en la Orden Benedictina. En 1129 optó por la reforma cisterciense, pues aspiraba a llevar una vida solitaria, retirándose a una cueva del monte Contessa en Sestri Ponente, donde murió el 8 de julio, probablemente en el año 1180.

En la ermita de S. Alberto hay un fresco que representa el santo ermitaño con el bastón tradicional, de pie sobre el manto puesto en el agua, mientras navegaba sobre el fondo de la costa de Sestri, frente al lugar en que, como resultado, se construiría la ermita de San Alberto. Algunos biógrafos escriben que san Alberto estuvo en la playa y tiró la capa sobre las olas, colocándose allí y orando al Señor para que lo llevara donde quisiera. El manto, como si fuera un barco, se dirigió a las cercanías de la parroquia de Santa Maria Assunta de Sestri Ponente, donde recogió su capa, y apoyándose en un bastón, siguió su camino hasta que llegó a un lugar desierto que eligió como su morada.

San Alberto de Génova cruza las aguas sobre su manto.

San Alberto de Génova cruza las aguas sobre su manto.

Otros biógrafos del Santo cuentan que Alberto se encontraba un día sobre una barca con los monjes a fin de pescar. Como la pesca era infructuosa, Alberto pidió que le acompañaran a tierra para acudir a la mesa del monasterio. Dado que los monjes se negaron a dejar de pescar, el santo echó su manto sobre el mar, se subió y retornó a la orilla.

San Gerardo dei Tintori (1135–1207)
En tiempos de San Gerardo, los hospitales europeos eran, en gran medida, atendidos por los religiosos, siendo fundado el de Monza en 1174, por un laico caritativo: Gerardo dei Tintori. Puso su obra bajo el control de la ciudad y de los canónigos de la basílica de San Juan el Bautista, y se reservó para sí la tarea más fatigosa: traer a cuestas a los enfermos recogidos en la calle, lavarlos, alimentarlos y servirles.

Se reunieron con él unos voluntarios y Gerardo los organizó como un grupo de seglares, llevando una vida disciplinada en común, empeñados en ser célibes. Viendo esta total dedicación, los habitantes de Monza, aun en vida, decían que era un Santo. A su muerte, comenzaron las peregrinaciones a su tumba en la iglesia de San Ambrosio, posteriormente incorporada a la parroquia a él dedicada. Fue San Carlos Borromeo, arzobispo de Milán, quien agilizó el proceso canónico, obteniendo en el año 1583 del Papa Gregorio XIII, la confirmación de su culto. En los cuadros aparece vestido rústicamente, con un sayo y un manto y con imágenes y símbolos que recuerdan sus milagros.

Cuenta una biografía del Santo que “durante una hambruna, el Santo quiso llevar comida a algunas familias que vivían más allá del río Lambro y, no teniendo ni barcos ni balsas, extendió su manto sobre el agua para transportar a través del río los suministros que llevaba”. Otros biógrafos hablan del mismo milagro y lo hacen refiriéndose a una crecida del río Lambro. Se cuenta que mientras Gerardo se encontraba rezando en la catedral, el río creció de manera imprevista rompiendo el puente que conectaba el hospital con la ciudad El propio hospital se enfrentaba al río con el peligro de verse inundado. Gerardo corrió inmediatamente, puso su capa, se subió a ella y cruzó el río, llegando a donde estaban los enfermos y ordenando al agua que no penetrase en las habitaciones de los enfermos. Según nos informa Morigia, las aguas se detuvieron en las puertas durante unas horas a pesar de que su altura excedía la mitad de un codo (más de 20 cm) sobre los umbrales.

San Gerardo cruza el río sobre su manto.

San Gerardo cruza el río sobre su manto.

San Gerardo es uno de los patrones de Monza y sus habitantes le dedicaron en el siglo XVII un monumento, llamándolo “padre de la patria”.

Damiano Grenci

Bibliografía y sitios:
* AA. VV. – Biblioteca Sanctorum (Enciclopedia dei Santi) – Voll. 1-12 e I-II apendice – Ed. Città Nuova
* C.E.I. – Martirologio Romano – Libreria Editrice Vaticana – 2007 – pp. 1142
* Cantù Ignazio – Guida pei monti della Brianza e per le terre circonvicine (1837)
* Grenci Damiano Marco – Archivo iconográfico y hagiográfico privado: 1977 – 2013
* Grenci Damiano Marco – Quaderno 138, I Santi di Canzo – Ed. D. M. G., 2012
* Malvicini Fulvio A. in www.templarisanbernardo.org
* Pettinei Guido, I Santi canonizzati del giorno, vol. 1, ed. Segno, Udine, 1991
* “Santi, santità e santini di Calabria”, Cosenza, Progetto 2000, 2011
* sito web eremosantalberto.it
* sito web madonnadellaconsolazione.com
* sito web treccani.it
* sito web web.tiscali.it/gesualdodareggiocal/
* Tam Giovanni – Santi e Beati in Valtellina. Biografías populares. Memorias históricas. Tradiciones – Scuola Tip. Casa Divina Provvidenza, Como 1923
* Tradigo Alfredo – Iconos y santos de Oriente – Electa 2004

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