San Kendeas de Chipre, eremita

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Icono ortodoxo griego del Santo (Chipre).

Icono ortodoxo griego del Santo (Chipre).

En el calendario de la Iglesia Chipriota, el día 6 de octubre, se lee: “Kendeas, santo taumaturgo chipriota, que se celebra en el monasterio de San Kendeas, ubicado en una colina cercano al pueblo de Augorou, del cual es el protector y en su iglesia homónima en la ciudad de Pafos”. Su “Vita”, escrita en griego, así como su oficio litúrgico, están en un misal que se conserva en el British Museum de Londres.

Según esta “Vita”, San Kendeas, de origen germánico, vivió en el siglo IV; con dieciocho años marchó a Jerusalén, abrazando la vida monástica en Palestina, viviendo como un anacoreta en una cueva a la que se accedía por una cuesta muy empinada; allí se alimentaba, como San Juan Bautista, de langostas y de plantas silvestres. Cercano a él, estaba asentado otro monje de nombre Ananías.

Un día apareció por aquella zona un noble señor de Jerusalén con un hijo que estaba endemoniado, buscando la ayuda de algún eremita para que sanase a su hijo; Ananías por humildad, se negó a recibirlo y lo envió a Kendeas, quien en un principio tampoco quería escuchar esta petición, pero debido a las súplicas de aquel hombre, accedió; oraron juntos solicitando la curación del niño. Levantándose, en el nombre de Jesús ordenó al demonio que saliera del niño y lo dejase en paz; el demonio salió del cuerpo del niño sin causarle ningún daño.

Después de esta curación milagrosa, Kendeas entró en un monasterio y fue ordenado de sacerdote. Pero la vida en comunidad no era lo que él esperaba, por lo que volvió al desierto palestino para seguir viviendo en soledad. Pronto sus alrededores fueron poblándose de nuevos eremitas, por lo que los bandidos de aquella zona comenzaron a acosarles; lo que originó que Kendeas, junto con otros monjes, emigrasen a Chipre. La travesía en barco no fue nada fácil, debido a que el mar estaba embravecido, pero llegaron a las costas chipriotas de Pafos, buscaron refugio en unas cuevas situadas en unos acantilados y en ellas se quedaron.

La humildad y la dulzura de Kendeas atrajeron la atención de los habitantes de la zona, que empezaron a visitarlo diariamente para escuchar de su boca palabras de consuelo y esperanza y para que sanase a los enfermos. Pero también sufrió muchas y variadas tentaciones y algún que otro percance, como el que un bandido de la región estuviese durante mucho tiempo acosándolo, hasta que fue apresado por las autoridades locales.

Oratorio en la cueva donde vivió San Kendeas.

Oratorio en la cueva donde vivió San Kendeas.

La tradición cuenta algunas anécdotas, más o menos creíbles. Una mañana, cuando el santo salía de su cueva, se presentó el demonio con forma humana y, postrándose a sus pies, le pidió su bendición. El santo se dio cuenta y tanto se asustó que, perdiendo el equilibrio, se cayó por el acantilado, pero milagrosamente no sufrió daño alguno. En otra ocasión, Satanás se presentó bajo la forma de una hermosa mujer que, cayendo a sus pies, llorando le suplicaba fuera a su casa a bendecirla. Kendeas accedió y cuando llegó a su casa, la mujer se quitó la ropa para tentarlo. El santo se puso a orar, la roció con agua bendita y el demonio desapareció. Kendeas siempre recordaba las palabras del apóstol Pedro: “Sed sobrios y estad siempre vigilantes, porque vuestro enemigo, el demonio, os ronda como un león rugiente buscando a quien devorar; pero vosotros, resistidlo firmes en la fe” (Primera Epístola de San Pedro, 5, 8-9).

Al enterarse de que un asceta compañero suyo en Palestina, llamado Jonás, se encontraba en la región de Famagusta, marchó hacia allí para reunirse con él a fin de dialogar sobre diversos temas espirituales. Por los pueblos por los que pasaba, predicaba a sus habitantes, los bendecía y curaba a sus enfermos. A medio camino, se dio cuenta de que no podía continuar el viaje y, compungido, se instaló en una cueva. Entonces, un ángel se presentó ante Jonás y cogiéndolo, lo llevó hasta donde estaba Kendeas; después del abrazo de paz y de una larga conversación, el ángel trasladó de nuevo a Jonás al lugar donde él habitaba. Kendeas retomó el camino y se estableció en una cueva en la cercana localidad de Augorou, donde murió a una edad muy avanzada.

Como podemos comprobar, toda esta “Vita” está basada en relatos locales, sin ningún valor histórico, salvo que alguno de los más de trescientos ascetas locales que habitaban la isla de Chipre en el siglo XIII tuviera ese nombre. Y digo siglo XIII, porque de esa época es el texto original del cual fue copiado el misal al que he hecho referencia y que se encuentra en el British Museum.

Iglesia de San Kendeas en Pafos (Chipre).

Iglesia de San Kendeas en Pafos (Chipre).

Muchas tradiciones orales de Pérgamo, Lyse, Ormidia y Xilotimpo unen a Kendeas con Jonás y Constantino de Ormidia (soldado), presentándolos como un grupo. En el monasterio de San Sabas, en el desierto de Israel, existe un misal que presenta a Kendeas como “edificación del desierto, maestro de eremitas, curador de diversos sufrimientos y pasiones, adversario de los demonios, lleno de sabiduría, y que puso en fuga a los espíritus perversos”.

En el lugar donde vivió y murió Kendeas, en la actualidad existe un convento femenino levantado en su honor. Allí se le considera como un santo taumaturgo, que tiene el don de curación, especialmente a los que padecen de neuralgias. Este monasterio de San Kendeas está muy cercano a la zona turca de Chipre, lo que supuso que en los años setenta del siglo pasado, durante la invasión turca de la isla, los lugareños se vieron especialmente afectados por esta contienda greco-turca.

Las monjas del convento sufrieron muchas presiones del ejército griego para que abandonaran el monasterio, a lo que ellas se negaron, pues creían que iban a ser respetadas por los turcos. Al seguir presionando los griegos, la egumena (abadesa) del monasterio solicitó un mes a fin de poderle consultar al santo, respondiendo los helenos con violencia y sarcasmo, aunque finalmente les dieron un mes de plazo. Las monjas se encomendaron al santo y éste – milagrosamente – les pidió que no abandonaran el monasterio.

Icono ortodoxo griego del Santo (Chipre).

Icono ortodoxo griego del Santo (Chipre).

Según la abadesa, el santo se les apareció dos veces, aunque ella no le prestó atención porque no sabía interpretar el significado de sus sueños y creía que podían ser apariciones diabólicas. Ante esto, San Kendeas se le apareció por tercera vez y le predijo que no sufrirían ningún daño ni se verían afectadas por ningún tipo de carencias. A las monjas nunca les faltó nada y los turcos se detuvieron cerca del monasterio, en el lugar que el santo había indicado.

Tropario (Himno a San Kendeas)
Después de haberte santificado a través de tus luchas en el desierto y en Chipre,
Brillaste notablemente como una estrella,
Por lo que, después de haber visto tus maravillas,
¡Oh Dios! Lo tomaste para Ti. Nosotros levantamos nuestras voces:
Gloria a Ti, oh Cristo, a través del que ensalzaste,
Gloria a Ti, oh Cristo, a través del que magnificaste,
Gloria a Aquel, a través del cual, curas todas las enfermedades
.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– KLERIDES, N., “Hagiografía de Chipre”, en Kypriakai Spoudai, 1937.
– KYRRES, K., “Bibliotheca sanctorum orientalium”, Tomo II. Città N. Editrice, Roma, 1999.

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