San Ladislao, rey de Hungría

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Relicario del cráneo del santo en la catedral de Gÿor (Hungría).

Relicario del cráneo del santo en la catedral de Gÿor (Hungría).

San Ladislao I nació en lo que hoy es Polonia, alrededor del año 1040, siendo sus padres el rey Bela I, perteneciente a la dinastía de los Árpád y la princesa polaca Riska (o Riquilda), que era hija del duque Miecislao II. El matrimonio tuvo varios hijos, entre ellos a Géza, Ladislao, Lamperto y Elena. Al igual que su padre escogió el nombre de su hijo Géza siguiendo las tradiciones húngaras, su madre escogió el de Ladislao, siguiendo las tradiciones eslavas.

Cuando en el año 1038 murió el rey San Esteban I, su sobrino Pedro Orseolo gobernó el reino durante ocho años, hasta que estalló una revuelta que acabó con su mandato. Como los miembros de la Casa de Árpád eran los descendientes legítimos, con la ayuda de la Iglesia y de la nobleza fue elegido como rey Andrés I de Hungría, hermano del padre de San Ladislao. Bela se sublevó en varias ocasiones contra su hermano Andrés, esperando heredar el trono ya que el rey no tenía hijos, pero sin embargo, en el año 1053, para sorpresa de todos nació Salomón, a quién su padre Andrés coronó de inmediato para garantizarse la continuidad en el trono. Cuando murió Andrés I, Salomón debió heredar el trono, pero como era muy joven, las costumbres de la Casa de Árpád hicieron que fuera coronado el miembro varón de mayor edad de la familia, o sea, Bela, el padre de Ladislao. Bela ocupó el trono solo durante tres años, ya que murió en el 1063, sucediéndole Salomón, quién fue ayudado por el ejército germánico. Fue entonces cuando Géza, Ladislao y Lamperto se vieron obligados a abandonar el reino.

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Un año más tarde, los tres hermanos llegaron a un acuerdo con su primo Salomón, el cual les cedió una pequeña parte del noreste del reino. Las relaciones entre los primos se fueron normalizando, llegando incluso a batallar juntos contra los invasores cumanos y pechenegos, estos últimos, instigados por los bizantinos en contra de Hungría. Después del asedio y conquista de Belgrado, a causa del reparto del botín, comenzaron nuevamente las desavenencias entre los primos, los bizantinos las aprovecharon para recuperar la ciudad, pero en represalia, los húngaros atacaron y tomaron la ciudad serbia de Nis. En todo este jaleo, Ladislao se mantuvo un poco apartado hasta que su hermano Géza y su primo Salomón firmaron un tratado de paz. La actitud de Ladislao fue apoyada por el Papa San Gregorio VII, lo que provocó aun más las desavenencias entre el Papado y el Imperio Germánico.

Batalla de Mogyoród. Miniatura que aparece en la Crónica Picta húngara.

Batalla de Mogyoród. Miniatura que aparece en la Crónica Picta húngara.

Las rencillas entre los primos continuaron a causa del sometimiento de Salomón a los deseos del Imperio Germánico, hubo luchas entre ellos y finalmente, el 14 de marzo del 1074, ambos hermanos vencieron a su primo Salomón en la Batalla de Mogyoród. A Salomón les perdonaron la vida y Géza fue coronado como rey de Hungría, aunque murió tres años más tarde como consecuencia de las heridas recibidas en el campo de batalla.

“Grosso modo”, fue así como San Ladislao accedió al trono de Hungría. Los nobles del reino lo eligieron como rey y aunque en un principio él no quiso ser coronado pues aún vivía su primo Salomón y “él prefería la corona celestial antes que la corona terrenal”, finalmente aceptó de mala gana en el año 1077. Durante su reinado, su primo Salomón se levantó varias veces contra él; siempre lo perdonaba, pero finalmente se vio forzado a encarcelarlo. Se esforzó por mantener tanto la paz interna dentro del reino como la paz con los reinos vecinos, mantuvo una posición neutral en el conflicto entre el Papado y el Imperio Germánico y se esforzó por ser un rey justo. Impulsó la promulgación de leyes condenando los robos y los asesinatos y como los obispos se entrometían en las cuestiones políticas del estado, redefinió sus funciones episcopales a fin de mantener la independencia de poderes. Consiguió que el Papa creara las diócesis de Várad y Zagrab, construyó numerosos monasterios e hizo numerosas donaciones no solo a los mismos sino a diversas instituciones caritativas que él mismo se encargó de impulsar.

Como ya hemos podido comprobar en algún otro caso (leer los artículos sobre San Luís IX, rey de Francia), jugó el papel de “rex et sacerdos”. Podríamos decir de él algo parecido a lo que decíamos de San Luís: se preocupaba tanto del bien material como del espiritual de sus súbditos, consideraba su misión real como una misión religiosa, algo que era reconocido por la propia Iglesia, pues en las ceremonias de consagración de los reyes y emperadores, de alguna forma la propia Iglesia buscaba alguna similitud con el orden sagrado a fin de reforzar de esta manera dicho carácter. Procuraba que sus leyes fueran conformes al espíritu evangélico y por eso, sus normas eran percibidas por todos como asuntos sacros. Todo esto, muy característico del llamado “Período Carolingio”, fue desapareciendo incrementándose el poder del Papado a costa del debilitamiento de la imagen y labor de los monarcas.

Escenas de la vida del santo. Legendario de Anjou el húngaro (1320/1340)

Escenas de la vida del santo. Legendario de Anjou el húngaro (1320/1340)

Sintiéndose amenazado por Enrique IV, emperador del Sacro Imperio Germánico formó una alianza con el Papa y con otros reyes vecinos, viéndose así reforzado cuando enviudó de su primera esposa. En el año 1079 contrajo segundas nupcias con Adelaida de Rheinfelden, hija de Rodolfo de Suavia, con la cual tuvo varias hijas, entre ellas Santa Piroska (Irene) de Hungría, quién se casó con el emperador bizantino Juan II Comneno en el año 1104.

Bajo su reinado se realizó la “elevatio corporis” de San Esteban I y posteriormente, la de su hijo San Emerico y la del obispo San Gerardo de Csanád. Fue él quién promovió ante el Papa San Gregorio VII la canonización de estos tres santos húngaros. Antes de abrir el sarcófago de San Esteban I se preparó con tres días de ayuno. En el momento de abrir el sarcófago ocurrió un extraño suceso: no había forma de mover la tapa. Entonces, una monja del monasterio de Kökénysomyló se acercó al rey y le dijo que dicha tapa no se movería hasta que dejara en libertad a su primo Salomón y eso fue lo que Ladislao hizo. Liberado su primo, el 20 de agosto del 1083, pudo abrirse el sarcófago apareciendo el cuerpo incorrupto del santo rey, que desprendía un delicioso perfume; sin embargo, faltaba la mano derecha, la cual había sido robada en el año 1060 cuando el cuerpo de San Esteban tuvo que ser trasladado para protegerlo de algunas invasiones. Ladislao ordenó buscar la mano de San Esteban I y esta apareció en el año 1084, siendo depositada en un monasterio.

Aunque sobre el reinado de San Ladislao podríamos seguir hablando, como no es el objetivo de este artículo, no profundizaremos más en él salvo para decir que fue considerado como defensor del mundo cristiano y del reino de Hungría, como un rey bondadoso y piadoso que incluso perdonaba la vida a quienes se levantaban contra él o intentaban invadir su reino.

Cráneo del santo.

Cráneo del santo.

En la Pascua del año 1095 fue invitado a participar en la Primera Cruzada convocada por el Papa Urbano II. El aceptó y se puso en marcha, pero cayó enfermo de manera repentina, muriendo el 29 de julio de ese mismo año en la ciudad eslovaca de Nitra, que por entonces pertenecía al reino de Hungría. Como no tenía descendencia varonil, antes de fallecer, llamó a su sobrino Colomán, hijo de Géza aunque educado por Ladislao y lo nombró su heredero. Los nobles decidieron sepultarlo en el monasterio de Somogyvár, pero dice la leyenda que los bueyes que llevaban la carreta que transportaba el ataúd del rey tomaron rumbo hacia el monasterio Nagyvárad, sin que nadie pudiera impedirlo. Allí fue sepultado y todo el pueblo húngaro le guardó luto por espacio de tres años y le veneró como a un santo aun sin estar canonizado.

Sobre la fecha de su canonización existen discrepancias entre los historiadores basadas en diferentes leyendas, aunque la fecha más probable es el 27 de junio del año 1192 cuando el rey Bela III de Hungría se lo solicitó al Papa Celestino III. A partir del siglo XIV, el culto a San Ladislao traspasó las fronteras de su reino. Como he dicho antes, su reinado se caracterizó por la consolidación del cristianismo en Hungría y para muestra, un botón: los decretos emanados del sínodo de Szabolcs, presidido por él mismo en el año 1092, que atestiguan su esfuerzo por rehabilitar la relajación moral del clero y del pueblo húngaros, país que muy lentamente había asimilado la nueva religión introducida por San Esteban I.

Relicario del santo en la catedral de Oradea (Rumania).

Relicario del santo en la catedral de Oradea (Rumania).

Sobre San Ladislao I se han escrito muchas leyendas, pero prefiero no entrar en este terreno, salvo para decir que las fuentes principales para reconstruir su vida, son dos leyendas anónimas, redactadas a principios del siglo XIII, de la cual, la segunda es considerada como una reducción de la primera hecha para el uso litúrgico. Se les denominan: “Legenda maior” y “Legenda minor”, las cuales han sido muy estudiadas desde el punto de vista crítico por E. Bartoniek en su obra: “Scriptores Rerum Hungaricarum”, editada en Budapest en el año 1938.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– Bartoniek, E., “Scriptores Rerum Hungaricarum”, Budapest, 1938.
– Györffy, G., “En memoria de San Ladislao”, Budapest, 1977.
– Kosáry, D., “Introducción a las fuentes y a la literatura de la historia de Hungría”, Budapest, 1951.
– VV.AA., “Bibliotheca sanctórum, tomo VII”, Città Nuova Editrice, Roma, 1988.

Enlaces consultados (12/07/2015):
– www.magyartudat.com/820-eve-avattak-szentte-i-laszlo-magyar-kiralyunkat/
– https://hu.wikipedia.org/wiki/I._L%C3%A1szl%C3%B3_magyar_kir%C3%A1ly

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