San Leoncio de Monemvasia, eremita

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Cráneo e icono del santo delante del iconostasio del monasterio de los Santos Arcángeles.

Cráneo e icono del santo delante del iconostasio del monasterio de los Santos Arcángeles.

Hay que decir que estamos hablando de un santo venerado a nivel local, que no aparece ni en los sinaxarios ni en los menologios bizantinos.

San Leoncio vivió en la última etapa de los emperadores Paleólogos, concretamente, en tiempos de Constantino XI, que fue el último emperador bizantino (1449-1453). Se cree que nació en el año 1377 y era originario de Monemvasia – ciudad ubicada en una pequeña península de la costa este del Peloponeso -, siendo hijo del gobernador de toda la zona del Peloponeso, por lo que pertenecía a una familia noble y muy piadosa que lo educó en los principios de la moral ortodoxa. Fue un niño muy normal aunque cuando comenzó su educación escolar, mostró mucha diligencia, sintiendo verdadero placer tanto por los estudios de letras como por los de ciencias. En pocos años se convirtió en un excelente científico que quiso marchar al extranjero a fin de aprender idiomas.

Cuando terminó sus estudios, su padre lo envió a Constantinopla para que se codeara con los filósofos más sobresalientes a fin de conseguir una experiencia que él creía necesaria para poder dedicarlo a un trabajo funcionarial de alto rango dentro del palacio imperial. Fue tal la sabiduría y sensatez que adquirió Leoncio que el propio emperador sentía por él un afecto especial. Pero su padre murió y Leoncio tuvo que regresar a su tierra natal. Este admirado filósofo tuvo que abandonar la fastuosidad de la corte y regresar con su madre Teodora, quién al quedar viuda, quiso ingresar en un monasterio para dedicar el resto de sus días a la oración y la penitencia. Así, Leoncio se convirtió en el heredero de todas las posesiones de sus padres. El obedeció a su madre y esta ingresó en un monasterio.

Monasterio de los santos Arcángeles.

Monasterio de los santos Arcángeles.

Aunque contrajo matrimonio no llevó una vida mundana, sino que manifestaba un cierto fanatismo hacia todo lo que significara una vida virtuosa y de piedad. El matrimonio tuvo tres hijos, pero a él siempre le rondaba por la cabeza aquellas palabras de Cristo: “El que deje su casa, sus hermanos, padres, mujer, hijos y posesiones por mi nombre, recibirá el ciento por uno y heredará la vida eterna” (Marcos, 10, 29), por lo que intentó y consiguió convencer a su esposa para que se quedara con sus hijos y todas sus propiedades y él pudiera dedicarse a llevar una vida dedicada enteramente a Dios viviendo como eremita.

Se encontró con un santo ermitaño llamado Menidi que fue para él un excelente maestro en las enseñanzas de Cristo y a quién siguió llevando una vida ascética con tanto ahínco, rigor, humildad y paciencia que rápidamente se ganó la admiración de todos. Pero como aun se sentía insatisfecho, se marchó al Monte Athos donde encontró a unos monjes, ascetas como él con quienes compitió en humildad y obediencia, convirtiéndose en un subordinado de los mismos, aunque era considerado por los eremitas atonitas como un ser excepcional, superior en virtud a todos ellos.

Como se sintió sobrevalorado, huyó de nuevo al Peloponeso, donde vivía en absoluta soledad, dedicado únicamente a la oración y al ayuno. Cuando fue descubierto, marchó hacia el norte, concretamente al Monte Klokos que está cercano a Aigio, donde pasó el resto de su vida. Durante el invierno el frío era intensísimo y en el verano, el calor era insoportable, pero él todo lo sobrellevó con infinita paciencia y fortaleza de ánimo. Sufrió todo tipo de tentaciones y llegó a sentir lo que los místicos llaman “la aridez del alma”. Jamás perdió el ánimo, siempre continuó en su camino de soledad y oración y Dios lo recompensó con el don de milagros.

Cráneo del santo conservado en el monasterio.

Cráneo del santo conservado en el monasterio.

En aquel tiempo, los hermanos de Constantino Paleólogo – Tomás y Demetrio – eran los déspotas del Peloponeso. Como sentían por Leoncio gran admiración y respeto por ser un hombre de Dios, le construyeron una iglesia dedicada a San Miguel Arcángel y algunas celdas anexas que con el devenir de los siglos se ha convertido en el actual monasterio de los Arcángeles. Le consiguieron abundantes reliquias de la Pasión y de algunos santos e incluso Demetrio terminó sus días siendo monje del mismo.

Sin quererlo, sin buscarlo, Leoncio se convirtió en un nuevo padre del desierto alrededor del cual se juntaron muchos otros eremitas. Murió en el año 1452 con setenta y cinco años de edad, siendo sepultado en una cueva en la que había vivido muchos años como ermitaño. Es recordado el día 11 de diciembre.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– Bogiazidis, H., “El beato Leoncio de Monemvasia”, Atenas, 1923
– Papadopoulos, A., “El santo Leoncio Paleólogo Mamonas”, Thessaloniki, 1940
– VV.AA., “Bibliotheca sanctórum orientalium, tomo II”, Città nuova Editrice, Roma, 1999.

Enlace consultado (02/04/2015):
– www.kalavrytanews.com/2012/07/blog-post_2813.html

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es