San Ludovico Palmentieri de Casoria, fraile franciscano

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Retrato del Santo.

Retrato del Santo.

Nació el 11 de marzo del año 1814 en Casoria (Nápoles), siendo el tercero de cinco hijos de Vicente Palmentieri y Cándida Zenga, quienes en el bautismo le impusieron el nombre de Arcángel. Su familia era muy pobre y muy pronto tuvo que abandonar la escuela para trabajar como aprendiz de un carpintero napolitano, permaneciendo poco tiempo en el taller porque mostraba gran inclinación hacia la vocación sacerdotal. Entró en el seminario para iniciar los estudios eclesiásticos, pero la pobreza familiar lo empujó hacia la vida religiosa ingresando en los Frailes Menores Alcantarinos el 17 de junio del año 1832. Vivió el noviciado en el convento de San Juan del Palco en Vallo di Lauro, cercano a Nola, donde cambió su nombre de Arcángel por el de Ludovico y estudió en el convento de Afragola Sant’Angelo en Nola y en el de San Pietro ad Aram en Nápoles, siendo ordenado sacerdote el 4 de junio del año 1837.

Como mostraba unas notables dotes intelectuales, en el año 1841 y por espacio de cinco años, se le encargó enseñar filosofía, física y matemáticas, pero su amor al prójimo lo llevó a montar una enfermería y una farmacia para atender a los frailes enfermos. Asimismo, se prodigó en la difusión de la Tercera Orden Franciscana en todo el Reino de Nápoles. De hecho, con un préstamo que le dio la familia Pellegrini, compró una pequeña casa en Scudillo di Capodimonte, y a pesar de la escasez de medios económicos, construyó otra enfermería-farmacia donde se atendía a los enfermos.

El 9 de noviembre del 1854, el sacerdote genovés Juan Bautista Olivieri – fundador de la Obra de la redención de esclavos -, le insinuó la idea de atender al rescate y a la educación cristiana de los niños negros que eran vendidos como esclavos y a esta obra se dedicó con entusiasmo recogiendo ese mismo día a dos chicos negros llamados José Rab y José Morgian, a los que se llevó al pequeño convento que había creado en Scudillo, llamado “de la Palma”. Los sanó y educó, obteniendo unos resultados tan prometedores que lo afianzó en este ministerio. Este experimento le indujo a proyectar el envío de misioneros a África reclutados entre esos niños, proyecto que él sintetizó con la frase: “África debe convertir a África”. Como sede escogió el pequeño convento de “La Palma”, donde debían prepararse a los niños negros que voluntariamente quisieran volver a África como misioneros.

Sandalias del Santo.

Sandalias del Santo.

Fernando II, rey de las Dos Sicilias le había dado su aprobación el día 20 de febrero del año 1856 y había puesto esta iniciativa bajo su protección. En agosto de ese año, en “La Palma” ya había nueve niños y jóvenes negros a los cuales se les estimulaba para los estudios. De ellos, cinco fueron bautizados el día 12 de octubre por el cardenal arzobispo de Nápoles. El 9 de febrero de 1857 conseguía que el rey Fernando rescatase a doce niños y para eso se embarcó rumbo a El Cairo. Habiendo desembarcado en Alejandría, aprovechó la ocasión para visitar Jerusalén y una vez conseguido el rescate de los doce niños, se los llevó a Nápoles y se los presentó al rey.

Este primer núcleo de futuros misioneros aumentó progresivamente. En 1858, ya eran treinta y ocho jóvenes negros, de los cuales, diez fueron bautizados por el cardenal arzobispo. En 1859, ya eran cuarenta y cinco y el número siguió creciendo hasta los sesenta y cuatro. Financieramente, no solo fue ayudado por el rey y fieles privados del Reino de Nápoles, sino de otros lugares de Europa, donde se puso en marcha una iniciativa para promover la recogida de fondos para colaborar en el rescate de los niños esclavos negros.

Como era lógico, el convento de “La Palma” se quedó pequeño e intentó conseguir un edificio anexo. Como el intento resultó fallido, intervino el rey Fernando, expropiando el edificio y entregándoselo al padre Ludovico. Entretanto, el 16 de marzo de 1858, había obtenido del definitorio y del General de la Orden la aprobación del Reglamento que debía promover la actividad de su Obra. En colaboración con la hermana Anna Lapini, fundadora de las Hermanas Estigmatinas, diseñó en Florencia en el año 1859 el mismo tipo de trabajo para rescatar y organizar a las niñas negras tratadas como esclavas. Crearon el colegio de las niñas africanas (Morette), en la casa que las estigmatinas tenían en Capodimonte, inaugurándolo el 10 de mayo de 1859 con doce niñas de color y otras niñas pobres de la ciudad.

Grupo escultórico del Santo en la iglesia de la Madonna in Trivio, Roma.

Grupo escultórico del Santo en la iglesia de la Madonna in Trivio, Roma.

Cuando los Borbones fueron derrocados, aconsejado por el beato Papa Pío IX, no solo continuó con su obra, sino que participó activamente en la reconciliación de los vencedores y vencidos del antiguo régimen. Exponente del movimiento napolitano neo-guelfo para defender el catolicismo de los asaltos del agnosticismo liberal, instituyó en Nápoles en el año 1864 una Academia de religión y de Ciencias, para la cual obtuvo la adhesión de escritores ilustres de todas las regiones italianas, aunque este intentó falló por falta de organización. Lo mismo le ocurrió al periódico “La Carità”, fundado el mismo año con la misma intención y con un programa similar al de la Academia. No desanimado y sabiendo que las clases medias y altas necesitaban también una formación cristiana, en 1866 fundó un colegio al que llamó por el mismo nombre – La Caritá -, con la intención de educar católicamente a dichos jóvenes.

A pesar de que sus actividades no tuvieron siempre buenos resultados, todas estas generosas tentativas consiguieron la admiración de muchos, incluso de los anticlericales, entre ellos los partidarios del liberal Luigi Setttembrini, consiguiendo que en el año 1863 le otorgaran la cruz de la Orden de los Santos Mauricio y Lázaro.

Pero la caridad y entrega de San Ludovico no se limitó solo a la creación de colegios misioneros – en Afragola, Casoria, Nola, Piano di Sorrento, Eboli, Montecorvino, etc. -, sino que además promovió numerosas obras de beneficencia a favor de los huérfanos, los sordomudos, los que tenían algún tipo de deficiencia, los enfermos y los pobres en general, para los cuales fundó diversas instituciones – escuelas primarias, talleres de artesanía, una imprenta, escuelas de música, etc. -, cuyo funcionamiento encargaba a las dos Congregaciones que él mismo había fundado: los Terciarios Franciscanos Regulares – llamados, “biggi” por el color gris de sus hábitos y que atendían a los hombres – y la Congregación de las Elisabetinas, que se encargaban de las mujeres. El día de Pentecostés del año 1867 el párroco de Sant’Agata le hizo entrega de un antiguo monasterio de carmelitas descalzos cercano a Sorrento, que acondicionó como un orfanato, donde los párrocos de las localidades vecinas llevaban a los huérfanos de sus parroquias y donde además montó una granja y unas escuelas de formación agraria. En Asís, en una casa contigua a la Basílica de San Francisco, fundó un hospicio para niños ciegos y sordos y otro para ancianos. Podríamos contar otras muchas fundaciones más, incluso en la lejana Florencia, pero como siempre digo, no quiero alargar en exceso el artículo.

Fotografía coloreada del Santo en su hábito de franciscano.

Fotografía coloreada del Santo en su hábito de franciscano.

Obtuvo de la Congregación de “Propaganda Fide” la estación africana de Schedall (pequeña ciudad egipcia al sur de Asuán, en la frontera tradicional con Nubia), a fin de montar allí la residencia de sus futuros misioneros. Tuvo que ir personalmente a Egipto a fin de tomar posesión de la misma y así, el 12 de noviembre de 1865 se embarcó en Trieste rumbo a Alejandría a donde llegó seis días más tarde. Desde allí prosiguió viaje a El Cairo y después, en barco, hasta Asuán. El día 5 de enero del año siguiente llegó a Asuán y prosiguió montado en camello, hasta Schedall, donde inmediatamente puso en marcha su obra. Acondicionó la estación como una casa-instituto para sus misioneros y en un hospital. El 8 de enero inició el viaje de regreso a Nápoles.

En Nápoles, un incidente puso a prueba su extraordinaria paciencia: el 30 de agosto de 1866, San Ludovico fue detenido junto con un hermano de su Congregación acusados de haber enterrado en el jardín de la casa de las Hermanas Estigmatinas de Capodimonte a dos niños negros que habían muerto de cólera, violando así los reglamentos sanitarios. Inmediatamente salieron en su defensa los liberales Mateo Renato Imbriani, Luís Settembrini y Gino Capponi, demostrando que la denuncia puesta contra ellos era falsa y consiguiendo que ambos religiosos fueran absueltos y puestos en libertad dos días más tarde. Luís Settembrini llegó a afirmar: “Señores, hablo con franqueza. Yo no creo en los milagros, pero hoy siento dentro de mi un milagro y es que me siento conmovido por defender a un fraile, cuya caridad reconozco y admiro”. A esto, ese mismo año, se unió el fracaso de sus proyectos misioneros, ya que el superior de la misión de Schedall le comunicaba el día 8 de octubre, que tenía que cerrarla por falta de medios económicos. Fracasados algunos intentos, San Ludovico no pudo reabrirla y el 2 de abril del 1867 se la restituía a “Propaganda Fide”.

Pero de desanimarse, nada: continuó con la educación de los niños negros y en el 1881 presentaba a “Propaganda Fide” un nuevo proyecto que le fue aprobado y por el cual sus hermanos del Instituto de San Rafael de Nápoles seguirían dedicados a la preparación de misioneros negros al igual que se hacía en Scudillo (“La Palma”).

En octubre del año 1882 tuvo una genial idea: para celebrar en toda Italia el séptimo centenario del nacimiento de San Francisco, organizó desde el 27 de septiembre al 29 de octubre más de cinco mil almuerzos y cenas multitudinarias para los pobres. Con tal motivo, en toda Italia se erigieron monumentos al Santo Seráfico de Asís, procurando él que uno de ellos fuera en Nápoles. El 3 de octubre fue inaugurado uno en Posillipo, aprovechando la ocasión para organizar una gran comida para más de cinco mil pobres.

Durante los nueve últimos años de su vida sufrió de una litiasis vesicular de la que tuvo que ser operado en varias ocasiones; esta enfermedad jamás lo apartó de su actividad apostólica, pero cansado, agotado, aunque con muchos proyectos “in mente”, la muerte lo sorprendió en el hospicio de Posillipo el día 30 de marzo de 1885, Lunes de Semana Santa. Fue sepultado en el cementerio municipal pero dos años más tarde, su cuerpo fue exhumado y sepultado en la iglesia de dicho hospicio, donde aun se encuentra.

Urna del Santo en procesión por las calles de Nápoles, Italia.

Urna del Santo en procesión por las calles de Nápoles, Italia.

En la archidiócesis de Nápoles se inició el proceso diocesano el 29 de agosto del mismo año de su muerte, finalizando el 20 de mayo de 1893. Sus escritos fueron aprobados por un decreto de fecha 7 de septiembre del 1903, introduciéndose su Causa en Roma el 13 de marzo de 1907. Fue declarado Venerable el 13 de febrero de 1964 y beatificado en la Plaza de San Pedro por el Papa San Juan Pablo II, el 18 de abril de 1993. El decreto del reconocimiento del milagro previo a la canonización fue promulgado el día 15 del pasado mes de abril y el pasado domingo, fue canonizado por el Papa Francisco en la Plaza de San Pedro. Su fiesta se celebra el 30 de marzo.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– CAPECELATRO, A., “Vita del Venerabile padre Ludovico da Casoria”, Nápoles, 1993.
– CONIGIO, G., “Bibliotheca sanctórum, tomo VIII”, Città N. Editrice, Roma, 1988.

Enlaces consultados (17/10/2014):
– http://lavocedelsanto.altervista.org/beatoludovicodacasoria

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