San Marcelo I, papa y mártir

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Lienzo del Santo en el altar mayor de la iglesia de San Marcelo al Corso, Roma (Italia).

Lienzo del Santo en el altar mayor de la iglesia de San Marcelo al Corso, Roma (Italia).

El Martirologio Romano refiere el 16 de enero la siguiente noticia: “En Roma, en el cementerio de Priscila, en la vía Salaria Nueva, sepultura de San Marcelo I, papa, que, como recuerda el papa San Dámaso, fue un verdadero pastor, por lo que sufrió mucho, siendo expulsado de su patria y muriendo en el destierro por haber sido denunciado falsamente ante el tirano por algunos que despreciaban la penitencia que les había impuesto”.

Como en casos semejantes de los Papas registrados en los primeros siglos del cristianismo, las noticias sobre la vida y obras de este santo son pocas, al grado que se llegó a dudar de su existencia, pensando algunos estudiosos que se trata de su antecesor San Marcelino, cuyo nombre sería una variación. Sin embargo, estudios serios dan por segura la existencia de este Papa y aunque sus datos son de difícil interpretación por la poca claridad de las fuentes antiguas, hay suficiente información para lograr un sustento.

Dado lo anterior, tenemos por seguro que San Marcelo fue el trigésimo Papa y que ocupó la sede de San Pedro cuatro años después de la muerte de San Marcelino, porque la persecución promovida por Dioclesiano fue tan violenta que era imposible nombrar un sucesor, el “Liber Pontificalis” da la noticia de que la duración de su ministerio fue de cerca de cinco años, aunque conforme al “Catálogo Liberiano”, lo más probable es que haya durado escaso año y medio, del 308 al 309. El Santo según el “Liber Pontificalis” era de origen romano, hijo de un tal Benedicto, siendo Papa determinó dividir a Roma en 25 títulos, siendo él mismo el fundador de un título en la Vía Lata. También hizo construir un cementerio que llevó su nombre.

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Le correspondió enfrentar las consecuencias de la persecución, curando las heridas físicas y espirituales de los creyentes que sobervivieron a la dura prueba. Y también tuvo que afrontar el problema de aquellos que habían opostatado por miedo al sufrimiento. Con sabiduría determinó que los lapsi podían ser reintegrados en el seno de la Iglesia luego de la conveniente penitencia que curara el pecado de la apostasía. Muchos aceptaron su directriz, pero hubo cristianos perezos y orgullosos que no aceptaron estas indicaciones, y con espíritu rebelde lo acusaron ante el mismo emperador Majencio de que él obispo de Roma era muy riguroso con ellos.

Sepulcro del Santo bajo el altar mayor. Iglesia de San Marcelo al Corso, Roma (Italia).

Sepulcro del Santo bajo el altar mayor. Iglesia de San Marcelo al Corso, Roma (Italia).

El emperador, de manera anómala intervino en este proceso para sofocar la división decretando que Marcelo fuera desterrado para zanjar el problema. El santo no se retiró de su lugar, antes bien se escondió en la casa de una mujer llamada Lucina de desde donde escondido siguió gobernando a la comunidad de Roma y donde también celebraba con mucho sigilo la Sagrada Eucaristía. Pero fue descubierto y Majencio para escarmentarlo, lo condenó a servir en su establo particular, llevando a los animales a la casa donde estaba escondido y donde lo obligaron a limpiar las caballerizas de manera agotadora, de tal modo que el Papa sucumbió por los malos tratos y la excesiva carga de trabajo.

Tanto el “Liber Pontificalis” como la “passio”, aunque difieren en algunos puntos, coinciden en fijar como su dies natalis el 16 de enero, fecha que recoge el Martirologio Romano y los demás calendarios, aunque subsiste la posibilidad de que haya muerto el 7 de octubre, como refiere el Martirologio Jeronimiano. San Marcelo fue sepultado en el Cementerio de Balbina en la Vía Ardeatina, aunque hay fuentes que sugieren que esto sucedió el cementerio de Priscila.

Otra vista del sepulcro.

Otra vista del sepulcro.

Las reliquias de San Marcelo se veneran en la Iglesia a él dedicada en la Vía del Corzo. Una parte de las mismas fue donada por San Gregorio Magno al obispo de Rávena a finales del siglo VI. De esta Basílica fue titular como Cardenal el Arzobispo de Valencia (España), Agustín García Gazco y Vicente.

Humberto

Bibliografía
– VV.AA., “Diccionario de los santos, volumen II, “Ediciones Paulinas”, Madrid.

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