Santos mártires de Vietnam

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Tapiz de la canonización de los 117 mártires de Vietnam.

Tapiz de la canonización de los 117 mártires de Vietnam.

Se estima que el número de cristianos vietnamitas que murieron por su fe oscila entre los 130.000 y los 300.000, aunque el papa San Juan Pablo II decidiera canonizar sólo a aquellos cuyos nombres son conocidos, otorgándoles un único día de fiesta a todos: el 24 de noviembre. Los mártires vietnamitas fueron martirizados en varios grupos, como el de los dominicos y jesuitas misioneros del siglo XVII; y los asesinados en las persecuciones contra los cristianos en el siglo XIX. Un ejemplo representativo es el de estos 117 mártires, que incluye a 96 vietnamitas, 11 dominicos españoles y 10 miembros franceses de la Sociedad de las Misiones Extranjeras de París, los cuales fueron beatificados en cuatro ocasiones: 64 fueron beatificados por el Papa León XIII el día 27 de mayo del año 1900; 8 lo fueron por San Pío X el 20 de mayo del año 1906; otros 20 fueron beatificados por el mismo Papa el día 2 de mayo de 1909 y, finalmente, 25 lo fueron por el Papa Pío XII, el día 29 de abril del año 1951. A estos 117 mártires vietnamitas canonizados el 19 de junio del 1988, hay que añadir a un joven mártir vietnamita, Andrés Phú Yên, que fue beatificado en el mes de marzo del año 2000 por el mismo Papa Juan Pablo II.

De estos mártires, dos murieron en el período de Chúa Trinh Doanh (1740-1767); dos en tiempos de Chúa Trinh Sâm (1767-1782); otros dos en tiempos del emperador Cánh Thint (1782-1802); cincuenta y ocho, en tiempos del emperador Minh Mang (1820-1840); tres, durante el reinado de Thiêu Tri (1840-1847) y cincuenta, en tiempos de Tu’ Dú’c (1847-1883).

Las torturas a las que fueron sometidos estos cristianos son consideradas como unas de las más cruentas de la historia del martirologio. Los verdugos cortaron los tendones que unían las articulaciones, rasgaron las carnes con tenazas al rojo vivo, utilizaron hachas con filo romo a fin de tener que asestar varios golpes antes de cortar los miembros e incluso utilizaron medicinas tradicionales para esclavizar las mentes de las víctimas. Los cristianos eran marcados en la cara con una especie de jeroglíficos por practicar una doctrina demoníaca y sus familias y aldeas eran destruidas.

Martirio de los Santos Pablo Mi, Pedro Duong y Pedro Truat (18 de diciembre de 1838).

Martirio de los Santos Pablo Mi, Pedro Duong y Pedro Truat (18 de diciembre de 1838).

Ésta es la lista completa de los santos mártires vietnamitas:
Andrés Dung-Lac An Tran
Andrés Thong Kim Nguyen
Andrés Trong Van Tram
Andrés Tuong
Antonio Dich Nguyen
Antonio Quynh Nam
Agustín Huy Viet Phan
Agustín Moi Van Nguyen
Agustín Schoeffer
Bernardo Due Van Vo
Domingo Hanh Van Nguyen
Domingo Henares
Domingo Nicolás Dat Dinh
Domingo Trach Doai
Domingo Uy Van Bui
Domingo Xuyen Van Nguyen
Domingo Kham Trong Pham
Domingo Tran Duy Ninh
Domingo Cam
Domingo Huyen
Domingo Toai
Domingo Mau

Domingo Nhi
Domingo Nguyen
Domingo Mao
Esteban Teodoro Cuenot
Esteban Vinh
Felipe Minh Van Phan
Francisco Chieu Van Do
Francisco Gil de Frederich
Francisco Isidoro Gagelin
Francisco Jaccard
Francisco Trung Von Tran
Francisco Javier Can Nguyen
Ignacio Delgado y Cebrián
Inés Le Thi Thanh
Jacinto Castañeda
Jacobo Nam
Jerónimo Hermosilla
Juan Bautista Con
Juan Carlos Cornay
Juan Dat
Juan Hoan Trinh Doan
Juan Luís Bonnard
Juan Thanh Van Dinh

Simulacros de algunos de los Santos mártires en Vietnam.

Simulacros de algunos de los Santos mártires en Vietnam.

José María Díaz Sanjurjo
José Canh Luang Hoang
José Fernández
José Hien Quang Do
José Khang Duy Nguyen
José Luu Van Nguyen
José Marchand
José Nghi Kim
José Thi Dang Le
José Uyen Dinh Nguyen
José Vien Dinh Dang
José Khang
José Tuc
José Tuan Van Tran
Lorenzo Ngon
Lorenzo Huong Van Nguyen
Lucas Loan Ba Vu
Lucas Thin Viet Pham
Manuel Trieu Van Nguyen
Martín Tho
Martín Tinh Duc Ta
Mateo Alonso Leziniana
Mateo Dac Phuong Nguyen
Mateo Gam Van Le
Melchor García Sampedro
Miguel Hy Ho-Dinh
Miguel My Huy Nguyen

Relicario con restos de los mártires en Vietnam.

Relicario con restos de los mártires en Vietnam.

Nicolás Thé Duc Bui
Pablo Hanh
Pablo Khoan Khan Pham
Pablo Loc Van Le
Pablo Tinh Bao Le
Pablo Tong Buong
Pablo Duong
Pedro Tuan
Pedro Dung Van Dinh
Pedro Da
Pedro Duong Van Troung
Pedro Francis Néron
Pedro Hieu Van Nguyen
Pedro Quy Cong Doan
Pedro Thi Van Truong Pham
Pedro Tuan Ba Nguyen
Pedro Tuy Le
Pedro Van Van Doan
Pedro Borie
Simón Hoa Dac Phan
Teófano Vénard
Tomás De Van Nguyen
Tomás Du Viet Dinh

Tomás Thien Tran
Tomás Toan
Tomás Khuong
Valentín Berriochoa
Vicente Liem Nguyen
Vicente Duong
Vicente Tuong
Vicente Yen Do

Como es imposible escribir sobre cada uno de ellos, aunque sea muy brevemente, vamos a decir al menos alguna cosa sobre cada uno de los once mártires dominicos españoles.

Santo Domingo Henares, obispo mártir
Era oriundo de Baena (Córdoba), donde nació el 19 de diciembre del 1765. El 30 de agosto de 1783 vistió el hábito dominico y sin concluir sus estudios, marchó a Filipinas el 9 de julio de 1786. Después de ocupar varios cargos dentro de la Orden, fue nombrado obispo de Fez el 9 de septiembre del año 1800. Tenía conocimientos de medicina y astronomía, por lo que era muy respetado por los mandarines, que a menudo, le consultaban, aunque esto no impidió que fuera perseguido por ser obispo católico y apresado de noche. Encerrado en una jaula, fue conducido a la capital donde fue interrogado y condenado a morir decapitado el día 25 de junio de 1838. Su cabeza fue arrojada a un río, donde fue rescatada por un pescador cristiano. De él se conservan varias cartas escritas a sus familiares y a otros religiosos y una oración compuesta para su sobrina.

Santo Domingo Henares, obispo dominico, mártir en Vietnam.

Santo Domingo Henares, obispo dominico, mártir en Vietnam.

San Clemente Ignacio Delgado, obispo mártir
Nació en Villafeliche (Zaragoza) el 23 de noviembre del 1761. Con diecinueve años entró en la Orden de Santo Domingo y con veinticinco años de edad llegaba a Manilas, desde donde partió hacia la Cochinchina. En aquellos tiempos, aunque no faltaban los sobresaltos, se gozaba de una relativa calma; fue nombrado vicario general y coadjutor con derecho a sucesión en el Vicariato Oriental, siendo consagrado como obispo el 20 de noviembre del 1795. Cuando el emperador Minh-Manh subió al trono, la situación cambió radicalmente y de tal manera que es conocido como el “Nerón vietnamita”. Fue apresado y encerrado en una jaula de madera junto con otros misioneros y condenado a morir decapitado, aunque antes de que se confirmara la sentencia por parte del emperador, murió en la cárcel el día 12 de julio del año 1838, consumido por la enfermedad y los tormentos. Una vez muerto, fue de todos modos decapitado y su cabeza arrojada a un río, siendo recuperada cuatro meses más tarde, intacta e incorrupta. De él se conservan algunas cartas oficiales y personales.

San José Fernández, sacerdote mártir
Nació en Ventosa de la Cuesta (Valladolid), el 3 de diciembre del 1775 y en febrero del año 1805 partía desde Macao hacia la Cochinchina, siendo tan largo y penoso el viaje que le ocasionó una grave enfermedad, que no impidió se dedicara activamente a su labor apostólica. Llevaba allí unos treinta años como misionero y dando clases de latín, cuando en el año 1838 estalló la persecución de Minh-Manh, lo que hizo que tuviera que dejar de impartir sus clases y esconderse de aldea en aldea, en una de las cuales se encontró con un anciano sacerdote vietnamita: San Pedro Tuan. Delatados por un mandarín, fueron hechos prisioneros, enjaulados y cargado con una pesada canga. La jaula era tan pequeña que le impedía cualquier movimiento, por lo que se le paralizó medio cuerpo. Hubiese muerto de hambre en la jaula si un cristiano no hubiera sobornado con dinero al carcelero, quien le llevaba algo de comida una vez al día, aunque se la tenía que poner él mismo en la boca debido a la parálisis de sus manos. Tullido como estaba dentro de la jaula, fue sacado a rastras y decapitado el día 24 de julio de 1838. Nueve días antes también fue decapitado San Pedro Tuan.

 Urna con los restos de San Melchor García Sampedro en la catedral de Oviedo, España.

Urna con los restos de San Melchor García Sampedro en la catedral de Oviedo, España.

San Mateo Alonso Liciniana, sacerdote mártir
Nació en Nava del Rey (Valladolid) el 26 de noviembre del 1702. Veintiocho años más tarde ya estaba en Manila, aunque al año siguiente marchaba hacia las misiones de Tonkin. Allí estuvo trabajando como misionero durante diez años y aunque gozaba de muy poca salud, no perdonaba ningún trabajo y lograba escaparse de las manos de quienes iban tras él persiguiéndolo. Pero fue delatado por un cristiano apóstata y a finales de noviembre del 1743, mientras celebraba la Santa Misa fue hecho prisionero, aunque tuvo tiempo de consumir las Sagradas Especies. Lo arrastraron por los cabellos, le clavaron una lanza en el costado y malherido, lo llevaron en una barcaza hasta Nam-dinh. Desde allí, cargado de cadenas, fue llevado a Hanoi, donde estuvo cuarenta días en el cepo, desde donde confortaba en la fe a los demás prisioneros. Fue condenado a degüello, aunque la pena le fue conmutada por prisión perpetua. En la cárcel se encontró con San Francisco Gil de Federich y a partir de entonces, corrieron la misma suerte. La conmutación de la pena fue revocada y ambos fueron atados a unas estacas y degollados mientras recitaban el Credo. Era el 22 de enero del año 1745. De él se conservan algunas cartas personales.

San Francisco Gil de Federich, sacerdote mártir
Nació en Tortosa (Tarragona) en diciembre del año 1702 y profesó en el convento de Santa Catalina de Barcelona con sólo dieciséis años de edad. Fue enviado a la Provincia de Nuestra Señora del Rosario en Filipinas y desde allí, solicitó voluntariamente que lo enviasen a Tonkin. Aprendió el nuevo idioma y se dedicó en cuerpo y alma a la predicación, atención a los enfermos, administración de los sacramentos y demás labores apostólicas, escondiéndose de aldea en aldea para no ser arrestado. Pero por culpa de un bonzo budista que lo delató, fue apresado el 3 de agosto de 1737. Llevado a la corte del emperador, fue encarcelado y encadenado en un patio descubierto, a la intemperie. Fue interrogado, maltratado y cargado con cadenas tan gruesas que le causaron una herida en un pie, tan profunda que no le permitía moverse. Su terrible estado movió a compasión a dos mujeres no cristianas que, con dinero, sobornaron al carcelero para poder llevarlo a casa y curarlo. Como se negaba a pisar la cruz, fue condenado a morir degollado, junto con su amigo y hermano San Mateo Alonso Liciniana. De él se conservan algunas cartas.

Procesión de las reliquias de San Jerónimo Hermosilla, en su localidad natal, el día 19 de septiembre de 1987.

Procesión de las reliquias de San Jerónimo Hermosilla, en su localidad natal, el día 19 de septiembre de 1987.

San Jacinto Castañeda, sacerdote mártir
De él ya hemos publicado un artículo más extenso el pasado día 5 de junio, artículo firmado por nuestro compañero Salvador.

San Jerónimo Hermosilla, obispo mártir
Fue el sostén principal de la Misión dominicana de Tonkin durante las dos crueles persecuciones contra los cristianos, bajo los reinados de los emperadores Minh-Manh y Tu’-Dú’c. Había nacido en Santo Domingo de la Calzada (La Rioja) el 30 de septiembre del año 1800 y aunque primero ingresó en el seminario de Valencia, finalmente entró en la Orden de Santo Domingo, profesando el 29 de octubre del 1823. Siendo subdiácono, se alistó para ir a Filipinas, donde fue ordenado de sacerdote. Era joven y robusto, incansable en el trabajo, por lo que siempre cargaba con las labores más pesadas de la Misión. Durante los treinta y dos años que duró su ministerio, viajaba sin cesar a pesar de las crueles persecuciones a las que eran sometidos los cristianos. Todos los misioneros iban cayendo, pero el emperador no conseguía su arresto a pesar de que tenía a varios miles de soldados detrás de él. Un día fue encontrado y fue tan grande el alboroto montado por los soldados, que ante el asombro del padre Hermosilla, ni lo vieron, por lo que se retiraron creyendo que el misionero había escapado. En agosto del 1840 fue nombrado Vicario Apostólico y obispo titular Miletopolitano, por lo que tuvo que realizar un penoso y largo viaje a pie que duró diez días, para poder ser consagrado como obispo el 25 de abril de 1841. A partir de ese día, cambió de nombre para poder ocultarse más fácilmente. Su nuevo nombre fue Liem y así es conocido por los propios vietnamitas. Minh-Manh murió en 1841 sin conseguir atraparlo, pero por culpa de un cristiano apóstata, fue capturado mientras viajaba en una barcaza. Lo llevaron a la aldea de Hai-duong y como no conseguían que pisara la cruz, fue encerrado en una jaula. Fue decapitado el 1 de noviembre de 1861 junto con San Valentín Berriochoa y San Pedro Almató. Se conservan algunas cartas dirigidas a familiares y religiosos.

Reliquias de San Valentín Berriochoa en su localidad natal, Elorrio, Vizcaya (España).

Reliquias de San Valentín Berriochoa en su localidad natal, Elorrio, Vizcaya (España).

San Valentín Berriochoa, obispo mártir
“Voy a hacerme Santo para que haya alguno en Vizcaya”, son palabras de San Valentín Berriochoa a un amigo, antes de partir hacia Filipinas. Había nacido en Elorrio (Vizcaya), el día 14 de febrero del 1827. Aunque estudió en el seminario de Logroño y allí se ordenó de sacerdote, viajó a Ocaña (Toledo) para solicitar ser admitido en la Orden de Predicadores, profesando en el año 1854. Marchó a Filipinas como misionero y allí se encontró con San Melchor García Sampedro, obispo asturiano, quién lo nombró coadjutor suyo, aunque luego tuvo que hacerse cargo de todo el Vicariato Central: “El señor Melchor García Sampedro me ha echado encima una pesada cruz. Si tengo la suerte de ir al cielo, allí le pediré cuentas de lo que ha hecho”. Como la persecución arreciaba, siguiendo el consejo de San Jerónimo Hermosilla, con dolor de su corazón, buscó refugio en el Vicariato Oriental, aunque allí fue detenido el 25 de octubre del 1861 y encerrado en una jaula. Junto con San Jerónimo Hermosilla y San Pedro Almató, recibió la palma del martirio el 1 de noviembre del mismo año, amarrado fuerte y dolorosamente a tres estacas, siendo decapitado. Destacó por su especial devoción a María, a quien llamaba “su Madrecita del alma”. Dijo que iba a Asia a hacerse Santo y lo consiguió. De él se conservan ciento setenta cartas personales y una pastoral a sus sacerdotes.

San Pedro Almató, sacerdote mártir
Nació en Sant Feliu Sasserra (Barcelona) el 1 de noviembre del 1830 y por consejo de San Antonio Maria Claret, entró en el convento de los dominicos de Ocaña, marchando a Manila antes de ser ordenado sacerdote. Aquel clima se sentó tan mal que pronto cayó gravemente enfermo, pero aun así fue compañero itinerante de San Valentín Berriochoa, llegando incluso a carecer de un lugar donde poder echarse a dormir sobre una piedra. Delatado por un traidor, fue arrestado en octubre del 1861 y conducido a la ciudad, cargado de cadenas y con la canga al cuello. En la entrada de la ciudad habían colocado una gran cruz en el suelo a fin de que la pisara, pero él se postró en tierra y la adoró, negándose a pasar por encima de ella. Sometido a un largo interrogatorio, fue encerrado en una jaula y allí permaneció hasta el día 1 de noviembre de 1861, fecha en la que fue martirizado con sólo treinta y un años de edad. Se conservan veintiocho cartas escritas a sus familiares.

Reliquia de San Pedro Almató en su localidad natal, Sant Feliu Sasserra, Barcelona (España).

Reliquia de San Pedro Almató en su localidad natal, Sant Feliu Sasserra, Barcelona (España).

San José María Díaz Sanjurjo, obispo mártir
Había nacido en Santa Eulalia de Suegos (Lugo) el 25 de octubre del 1818. Estudió en el seminario de Lugo y posteriormente, en la Universidad de Compostela, donde cursó seis años de teología y uno de derecho. Ingresó en el convento de Ocaña el día 23 de septiembre de 1842, se ordenó de sacerdote en Cádiz y seis meses más tarde, el 14 de septiembre de 1844 llegó a Filipinas. Con permiso de sus superiores, marchó a Vietnam y allí ejerció su ministerio apostólico, siendo nombrado obispo de Platea y coadjutor del Vicariato Apostólico en el mes de marzo de 1849, con solo treinta y un años de edad. Fue consagrado obispo por San Jerónimo Hermosilla, quien le advirtió que “en Vietnam, las dignidades sólo dan trabajo”. Fue hecho prisionero en marzo de 1856 y conducido maniatado ante el tribunal de Nam-dinh, donde lo cargaron de cadenas y le pusieron una pesada canga en el cuello. Estuvo un año en prisión y el 20 de julio de 1857, fue conducido a un lugar llamado “siete yugadas”, donde habían sido martirizados cientos de cristianos. Fue amarrado a una estaca y sujetándole fuertemente las manos a la espalda, fue decapitado. Su cadáver fue arrojado a un río, pero pudo recuperarse su cabeza. De él se conservan varias cartas escritas a sus familiares.

San Melchor García Sampedro, obispo mártir
Nació en Cortes (Asturias) el 26 de abril del año 1821; estudió en la Facultad de Teología de la Universidad de Oviedo e ingresó en el convento de Ocaña, siendo ordenado de sacerdote en junio de 1847. Un año más tarde, partió como misionero a Filipinas y desde allí, a Vietnam, donde llegó a finales de febrero del 1849. Fue nombrado obispo de Tricomia y coadjutor de San José María Díaz Sanjurjo, a quién sucedió en el gobierno del Vicariato Central. Fue apresado el 8 de julio del 1858, tres años después de ser consagrado obispo.

Instrumentos de martirio.

Instrumentos de martirio.

Como su martirio fue el más cruento de todos ellos, me detendré un poco en relatarlo, según lo cuenta el padre Khang, dominico y mártir vietnamita que, camuflado, presenció el martirio. Lo mantuvieron incomunicado durante veinte días en la prisión de Nam-dinh, junto con dos ayudantes vietnamitas que también morirían como mártires. La noche del 26 de julio de 1858, el Gran Mandarín lo mandó llamar para explicarle el género de muerte que le tenía preparado y el día 28, al amanecer sacaron a los tres mártires y los llevaron al lugar del suplicio. A los dos vietnamitas los ataron a dos estacas mientras el obispo los animaba a perseverar en la fe; a la voz del mandarín, ambos jóvenes fueron degollados. Al obispo lo obligaron a tenderse boca arriba sobre una esterilla puesta en el suelo, clavaron dos estacas frente a las manos, pero tan separadas que éstas no podían llegar a las estacas, por lo que las amarraron con cordeles y tiraron salvajemente de ellas. Luego clavaron dos estacas por debajo de los brazos, haciéndolas juntar por arriba a fin de oprimir el pecho del obispo. Otras dos estacas fueron puestas cerca de los pies haciendo la misma operación que habían hecho con las manos.

A continuación, cinco verdugos colocados a ambos lados, con hachas sin corte a fin de que el tormento fuese más prolongado, descargaron doce golpes sobre cada pierna hasta que se las cortaron. Hicieron lo mismo con los brazos, dando seis golpes en cada uno de ellos. Durante el suplicio, San Melchor no dejaba de pronunciar el Nombre de Jesús. Posteriormente, con quince hachazos le cortaron la cabeza, le abrieron el vientre y con un gancho le sacaron el hígado que se comieron, pues según sus creencias, así el valor del mártir pasaba a ellos. Envolvieron todos los trozos del cuerpo en la esterilla y lo sepultaron en un hoyo cubriéndolo de tierra. La cabeza fue destrozada a golpes y tirada a un río. Como he dicho antes, era el 28 de julio de 1858.

Cada uno de estos santos se merece un artículo, como hizo nuestro compañero Salvador escribiendo sobre San Jacinto Castañeda, pero yo he preferido hacerlo así, aunque posiblemente, en otra ocasión escribiremos sobre los demás mártires de esta Causa.

Antonio Barrero

Bibliografía
– VV.AA., “Testigos de la fe en Oriente”, Misión Dominicana de Nuestra Señora del Rosario, Hong Kong, 1987.

Enlaces consultados (11/06/2013):
http://conggiao.info/photos/2109/0/0/cac-thanh-tu-dao-viet-nam-2411.aspx
http://es.catholic.net/santoral/articulo.php?id=26409
http://en.wikipedia.org/wiki/Vietnamese_Martyrs

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