San Menas de Egipto, mártir

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Icono copto del Santo.

Icono copto del Santo.

A pesar de que al santuario de San Menas en Mariut se le ha llamado “el Lourdes de Egipto” y a pesar de que el culto a este santo está muy extendido tanto en Oriente como en Occidente, la figura de San Menas aparece envuelta en el misterio y no son pocos los problemas a los cuales, aún no se les ha encontrado solución. No se conserva ninguna “passio” auténtica de San Menas, aunque nos han llegado algunos textos sobre él, escritos en griego, sobre todo algunos panegíricos y el himno de Romano el Himnógrafo. Sin echarle mucha cuenta a algunas diferencias existentes entre ellos, se puede dar por bueno lo que estos testimonios dicen sobre nuestro santo.

En resumen, dicen que era un cristiano nacido en Nakiyos, cerca de Menfis, en Egipto a finales del siglo III, llamándose sus padres Eudoxio – que era gobernador – y Eufemia. Como no tenían hijos, su madre le suplicó a la Madre de Dios, para que intercediera por ella a fin de quedar embarazada. El icono ante el que estaba rezando dijo “amen” y de ahí viene en nombre de Minas (Menas), que le pusieron al niño. Con posterioridad, nacerían dos hijos más. Sus padres le enseñaron a leer y escribir y lo educaron cristianamente. Quedó huérfano de padre siendo quinceañero, decidió emprender la carrera militar, alistándose en la cohorte del tribuno Firmiliano, en Frigia. Cuando Diocleciano, a principios del siglo IV, promulgó un decreto de persecución contra los cristianos, él abandonó el ejército y se retiró a un lugar solitario en el desierto, donde vivió como ermitaño unos cinco años.

Un día festivo, mientras todos los habitantes de una población vecina estaban reunidos en el teatro, Menas oyó una voz interior que le decía: “El que se esfuerza por el nombre del Señor Jesús, recibirá su corona” y abandonando su eremitorio, marchó al pueblo y metiéndose en medio de la muchedumbre, proclamó su fe en Jesucristo. El gobernador Pirro, como sabía que era de familia noble, intentó disuadirlo y como no lo consiguió, lo arrestó y, después de interrogarlo, lo mandó a prisión. Al día siguiente lo sometió a una serie de tormentos y, como él permanecía firme en su fe, fue condenado a morir decapitado en las afueras de la ciudad.

Unos textos dicen que el gobernador ordenó echar el cadáver del mártir al fuego y que sus cenizas se esparcieran al viento y que hecho esto, las llamas respetaron al mártir. Otros textos dicen que el cuerpo fue recogido por unos cristianos que lo llevaron a la ciudad de Alejandría y lo colocaron en un sarcófago dentro de una iglesia; o sea, las reliquias no permanecieron en el lugar del martirio. Ésta es, por ejemplo, una de las diferencias a las que he hecho mención más arriba. Pasada la persecución, un ángel se le apareció a San Atanasio, ordenando que las reliquias fueran a su patria, según el mismo Menas lo había manifestado antes de morir. Los cristianos pusieron el cuerpo sobre un camello y, guiados por el ángel, lo llevaron hasta el lugar donde el mártir deseaba ser enterrado. Llegaron al lago Bayad, en el distrito de Mariut y allí escucharon una voz que les dijo: “Éste es el lugar donde el Señor quiere que descanse el cuerpo de su amado Menas”. Pusieron el cuerpo en un ataúd, lo sepultaron dentro de un jardín y sobre su tumba construyeron una iglesia.

"Martirio de San Mena", lienzo de Paolo Cagliari "Il Veronese" (1587). Museo Nacional del Prado, Madrid (España).

“Martirio de San Mena”, lienzo de Paolo Cagliari “Il Veronese” (1587). Museo Nacional del Prado, Madrid (España).

La versión etiópica de la “passio” cuenta algo maravilloso en lo referente al traslado de las reliquias del santo en Egipto y lo relaciona con un episodio militar. Para reprimir una revuelta en la región donde estaba sepultado el mártir, fue necesario enviar un refuerzo militar desde Frigia. El prefecto Atnasis, que era quien dirigía la expedición, decidió llevarse las reliquias de San Menas a fin de que le sirviera de ayuda. La travesía marítima estuvo llena de incidentes: terribles animales que tenían un cuello largísimo salían del fondo del mar asaltando la embarcación, tratando de atacar y raptar a todos los que iban en ella, pero del cuerpo del mártir salieron unas llamas de fuego que espantaron a los monstruos, que volvieron al fondo del mar. ¡Sin comentarios! Se resolvió el problema de las revueltas y la victoria se atribuyó a San Menas.

Al darse cuenta Atnasis de que tenía un eficaz protector, quiso llevarse los restos de Menas a Frigia, pero el camello sobre el que pusieron el cuerpo, se arrodilló y no se movía a pesar de los golpes que le dieron. Lo probaron con otros camellos y ocurrió lo mismo, por lo que Atnasis tuvo que ceder al darse cuenta de que la voluntad de Dios era que el cuerpo de San Menas permaneciera en aquel lugar. Atnasis se contentó con hacer que le pintaran un icono en una madera, en el que aparecía el santo vestido de militar y con los camellos a sus pies en señal de adoración. Esta iconografía se ha hecho tradicional y así es representado el santo en muchos iconos. Atnasis construyó un ataúd de madera incorruptible, puso los restos del mártir dentro de él y lo sepultó.

Como he dicho anteriormente, todos estos relatos aparecen en diversos textos – en árabe, amárico, griego… (curiosamente, ninguno copto) – que en sí mismos no constituyen una “passio” propiamente dicha. Estudiándolos todos, Tillemont y Franchi de’ Cavalieri, han intentado demostrar que la “passio” de San Menas no es otra cosa que una adaptación y una transposición del “ἐγκώμιον” (encomium = alabanza a una persona) pronunciado por San Basilio de Cesarea en honor del mártir Gordio de Cesarea. Recientemente, Drescher, siendo menos categórico que el jesuita belga Delehaye, no excluye la posibilidad de la existencia de dos santos con el mismo nombre: uno en Frigia y otro en Mariut (Egipto), con el cual se ha llegado a confundir.

Reliquias de San Menas en el monasterio de Mariut  (Egipto).

Reliquias de San Menas en el monasterio de Mariut (Egipto).

Pero escribir sobre San Menas es imposible si no se escribe sobre los numerosos milagros a él atribuidos y de los que existen también diversas versiones, todas ellas referidas a este santo de Egipto y no a ningún otro del mismo nombre. El texto griego que relata estos milagros fue publicado en el año 1900 y se trata de una serie de trece relatos presentados bajo la forma de un escrito realizado por el obispo Timoteo de Alejandría entre los años 380 y 384. La versión árabe, atribuida a Teófilo de Alejandría, es aun más larga, enumerando hasta diecisiete los milagros obrados por San Menas. Estos serían los del perjurio del camello, el peregrino asesinado, Eutropia y sus dos placas de plata, la mujer estéril y su agresor, Pastamón el ladrón de ganado, la gallina de tres patas, el cerdo resucitado, el hebreo y el cristiano, el paralítico y la muda, el cocodrilo ladrón, la madera prometida y el soldado inicuo, el cerdo de San Menas y el caballero, la viuda y su agresor, la oveja de la mujer pobre, la curación de un endemoniado, la Samaritana y su dueño y, finalmente, el milagro del agua. Todas estas anécdotas presentan un cierto interés en lo referente al estudio de las costumbres pero su valor religioso es más bien escaso.

La investigación sobre estos supuestos milagros, llevada a cabo por P. Devos, le lleva a afirmar que el texto original era copto (hoy perdido) y que el texto griego no fue más que una traducción. Posteriormente, a través del árabe pasó al amárico. Estas conclusiones aportan algo de claridad a si el Menas del que se está hablando es el San Menas egipcio.

Pero, ¿dónde sepultó Atnasis el cuerpo de San Menas? La tradición dice que un pastor del desierto tenía un cordero con sarna. El cordero se metió en un pozo cercano al lugar donde el santo estaba sepultado y cuando salió del agua, se revolcó por la arena y al instante quedó curado. Cuando el pastor vio lo ocurrido, tomó arena, la mezcló con el agua del pozo y embadurnó a todo el ganado que tenía sarnoso; de inmediato, sanaron. La noticia se extendió llegando hasta Constantinopla, donde la hija del emperador tenía lepra. Fue llevada hasta el lugar donde había ocurrido la curación de los corderos y el pastor hizo lo mismo con ella. Por la noche, en sueños, se le apareció San Menas diciéndole: “Levántate rápido, cava en este lugar y encontrarás mi cuerpo”. Al despertarse, vio que estaba curada, cavaron y encontraron el cuerpo del santo. Al enterarse su padre, ordenó construir una iglesia en aquel lugar, consagrándola posiblemente San Atanasio, el día 15 del mes de Baounah. Este fue el origen de la antigua ciudad y santuario de Mariot, situado a unos cuarenta kilómetros de la ciudad de Alejandría.

Reliquias de San Menas en El Cairo (Egipto).

Reliquias de San Menas en El Cairo (Egipto).

Los emperadores Arcadio y Honorio ampliaron el santuario construyendo una gran basílica. El emperador Zenón construyó una gran ciudad en torno a él y ordenó que fuese custodiado siempre por una guardia que impidiera fuera desvalijado por ladrones beduinos. Se dice que en los siglos V y VI eran cientos los sacerdotes que habitaban en aquel lugar. A principios del siglo VIII el santuario fue puesto bajo la custodia de los griegos y de los melquitas, siendo visitado por el patriarca melquita de Alejandría, San Juan el Limosnero. Durante el patriarcado de Anba Miha’il (743-767), que era copto, surgió el tema de la jurisdicción sobre la iglesia de San Menas. Melquitas y coptos recurrieron al emperador, quien dictaminó a favor de los coptos. Quiero aquí recordar lo que ya hemos visto en otros artículos publicados en este blog: en Alejandría existen dos patriarcados: el copto y el bizantino (melquita).

En el siglo IX, el santuario fue saqueado y destruido por los beduinos y en el siglo XI, en sus ruinas, se instalaron los árabes con la intención de tender emboscadas a los viajeros. La iglesia se reconstruyó en el siglo XII, pero la ciudad permanecía en ruinas.

Pero, ¿qué ocurrió con las reliquias del santo cuando el santuario fue destruido y finalizaron las peregrinaciones por culpa de los saqueos de los árabes? Según el historiador Abu Salih, a principios del siglo XIII las ruinas del santuario existían y allí se encontraban las reliquias de San Menas. En el siglo XIV, en tiempos de los patriarcas Pedro V (1340-1348) y Marcos IV (1348-1363) hubo algunas tentativas para llevar las reliquias a El Cairo. Pero existe otro relato que dice que, con anterioridad, el patriarca Benjamín II (1327-1339) hizo el reconocimiento de las reliquias y tras muchas peripecias, consiguió llevarlas a El Cairo, poniéndolas en la iglesia dedicada al santo junto al acueducto romano en el Cairo Viejo.

Relicario de San Menas en Bucarest (Rumanía).

Relicario de San Menas en Bucarest (Rumanía).

En el siglo pasado, cuando San Cirilo VI fue elegido patriarca copto de Alejandría, se interesó en la construcción de un gran monasterio dedicado a San Menas en el área de Mariut, poniéndose la primera piedra el 27 de noviembre de 1959. El mismo San Cirilo, llevó parte de las reliquias a Mariut en el mes de marzo de 1962. Ese monasterio, en la actualidad es un importante centro copto de formación académica y religiosa y un lugar de peregrinación, por lo que es denominado el “Lourdes egipcio” como dije al principio del artículo.

En lo referente al culto al santo mártir Menas hay que decir que la primera mención la hace el Martirologio Jeronimiano, el 11 de noviembre: “Alexandria metrópoli Minatis”. En el siglo VII, Leoncio, obispo de Neápolis en Chipre, escribiendo sobre la vida de San Juan el Limosnero, dice que este santo patriarca de Alejandría murió en el mismo día en el que se festejaba a San Menas, el 11 de noviembre. Los sinaxarios bizantinos y alejandrino lo conmemoran en la misma fecha y lo mismo hacen los calendarios siríacos. El Occidente, a partir de Beda, la memoria de San Menas también es el 11 de noviembre. El cardenal Baronio lo introdujo en el Martirologio Romano en la misma fecha.

En Roma, en el siglo VI existía una iglesia dedicada a San Menas, como lo atestigua una inscripción datada en el año 589, iglesia que estaba erigida en el porche, junto a la puerta de Ostia que conducía a la Basílica de San Pablo. De esta iglesia se hace mención en tiempos de San León III y de Pascual I (siglo IX). En el siglo XIII, esta iglesia ya no existía. He puesto este ejemplo para demostrar que el culto a San Menas no solo se difundió rápidamente por Oriente, sino también por Occidente.

Monasterio de San Menas en Mariut (Egipto).

Monasterio de San Menas en Mariut (Egipto).

Sobre las célebres “ampollas de San Menas” y su iconografía, he preferido no escribir para no hacer excesivamente largo este artículo.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– DRESCHER, J., “Apa Mina. A selection of coptic texts relating to St. Menas”, Cairo, 1946.
– FRANCHI DE’ CAVALIERI, P., “Osservazioni sulle leggende dei SS. Martiri Mena e Trifone”, Roma, 1908.
– VV.AA. “Bibliotheca sanctorum” tomo IX, Città N. Editrice, Roma, 1989.

Enlace consultado (03/10/2013):
– http://stmina.info/ Web del monasterio

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