¿Existe San Napoleón?

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

VIdriera del Santo en la iglesia de Saint Germain en Le Chesnay (Francia). Fotografía: Nhûan DoDûc.

VIdriera del Santo en la iglesia de Saint Germain en Le Chesnay (Francia). Fotografía: Nhûan DoDûc.

Existe una breve historia del culto tributado a un mártir llamado Napoleón, culto que nació más de los aduladores de Napoleón Bonaparte que de una realidad histórica en la que pudiera sustentarse. Vamos a explicarnos.

Como ocurre en parte con el Beato emperador Carlomagno, el supuesto San Napoleón pertenece más a la historia política que a la hagiografía, que sólo sirvió para esconder las discutibles ambiciones de algunos aduladores franceses y que, de ninguna de las maneras, nos conduce al culto de un Santo verdadero.

Sabemos que Napoleón Bonaparte nació en Ajaccio el día 15 de agosto del año 1769. Él llegaría a ser emperador de los franceses, así que, con posterioridad al año 1801, en la corte que lo rodeaba, para adularlo, se inició un cierto movimiento para utilizar esa fecha del 15 de agosto a fin de consolidar el prestigio popular de un hombre cuya ambición crecía de manera exponencial a los triunfos bélicos que iba consiguiendo. Es verdad que la idea no salió de él, pero sí de sus más allegados. Así que, como a medida que se alejaba la tormenta revolucionaria, parecía cada vez menos oportuna la celebración del 14 de julio, creció la necesidad de buscar una fecha que la supliera. El 15 de agosto – fecha del nacimiento de Bonaparte – era la festividad de la Asunción de la Virgen y esta fecha era celebrada con una procesión denominada “Voto de Luís XIII”, procesión que se veía estrechamente relacionada con el régimen anterior a la Revolución, el llamado “Antiguo Régimen”, así que era de gran interés aprovecharse de estas tradiciones populares a fin de sustituir la antigua fiesta por una nueva, siempre orientada a exaltar al fundador del “Nuevo Régimen”, o sea, Napoleón. De esta manera, se aprovecharon algunos festejos aislados para, poco a poco, progresivamente, ir consiguiendo este propósito.

El régimen napoleónico y la Iglesia estaban negociando un nuevo Concordato y el texto definitivo del mismo fue autenticado el 15 de julio del año 1801, pero cediendo a las sugerencias del ministro para el Culto – Portalis –, Bonaparte accedió a su deseo de que fuese publicado el día 15 de agosto. En esta fecha, el Concordato sería firmado por el Papa Pío VII; y este evento fue utilizado para introducirle pocos años después la festividad del tal “San Napoleón”. El día 3 de agosto de 1802, Napoleón fue nominado cónsul vitalicio y el nombramiento se hizo público el día 15, día del nacimiento del “Primer Cónsul”, quien posteriormente se autoproclamaría emperador.

Grabado del Santo, que no en vano lleva el retrato de Bonaparte.

Grabado del Santo, que no en vano lleva el retrato de Bonaparte.

A partir del año 1803, en el almanaque nacional, la festividad de San Roque del día 16 de agosto fue sustituida por la de San Napoleón, pero éste era un calendario laico que, por otra parte, era el calendario revolucionario que había suplantado al anterior calendario gregoriano, y que no tenía para nada en cuenta el tema hagiográfico.

En 1805, la introducción de esta fiesta de San Napoleón comenzó a crear algunos problemas. El 18 de octubre, a petición de los canónigos de Niza, que querían dedicar a San Napoleón uno de los altares de la iglesia de la Santa Cruz, el ministro Portalis respondió que el emperador no tenía poder para autorizar esta dedicación, pero que desde luego nada le agradaría más que ver así honrado a su Santo patrono. La victoria de Austerlitz el 2 de diciembre de ese mismo año llevó la exaltación de su figura a su máxima expresión, llegándose incluso a fijar una celebración del cumpleaños del emperador. Entonces no se llegó a hablar de una fiesta de San Napoleón, pero el 4 de enero del año siguiente, el ministro Portalis manifestó que si la monarquía celebraba la festividad de San Luís, ¿por qué no celebrar la festividad de San Napoleón? Y así, con un decreto fechado el 19 de febrero, estableció la festividad de San Napoleón en conmemoración de la reimplantación del catolicismo en Francia, ordenando que se celebrara en todo el territorio del imperio el día 15 de agosto, día del cumpleaños del emperador, de la Asunción de María y del aniversario de la firma del Concordato con la Iglesia Católica. Esta decisión fue ratificada a nivel eclesiástico el 3 de marzo, por parte del cardenal Caprara, que era el legado pontificio.

Hecho esto, había que buscar un Santo “de apariencia real”, ya que su celebración se había impuesto en todo el imperio. El 14 de marzo, el obispo de Tournai – monseñor Francisco Hirn – ordenaba al clero y a sus fieles conmemorar el día de la Asunción (15 de agosto) un ¡San Napoleón obispo!, prometiendo confeccionarle un oficio litúrgico propio y, de hecho, el 21 de mayo, el cardenal Caprara enviaba a todos los obispos una instrucción a propósito de San Napoleón con texto o leyenda “redactada después de haber investigado acerca de todas las noticias existentes sobre este Santo”.

Vidriera del Santo -que nuevamente ostenta el retrato de Bonaparte- en la iglesia de San Luis de Vichy (Francia).

Vidriera del Santo -que nuevamente ostenta el retrato de Bonaparte- en la iglesia de San Luis de Vichy (Francia).

En realidad, había descubierto en el Martirologio de Benedicto XIV, que el día 2 de mayo, en Roma, se conmemoraba a un “Neopolis” compañero de San Saturnino, del cual, el Martirologio Jeronimiano añadía que había padecido martirio en Alejandría. Así, mezclando hábilmente las dos noticias, sin hacer mucho hincapié en ningún dato concreto, se inventó la existencia de un mártir, que después de haber sido atrozmente torturado, fue enviado a prisión donde finalmente moriría.

Ahora era necesario aplicar esto de “Neapolis” a un “Napoleón” y así, se aprovechó de los resortes de la filología insertando en este relato un cuidadoso parágrafo, según el cual “ex his quibus carcer pro stadio fuit, Martirologia et veteres scriptores commendant Neopolim seu Neopolum qui ex more proferendi nomina medio aevo in Italia invalescente et ex recepto loquendi usu Napoleo dictus fuit atque italice Napoleone communiter nuncupatur”. ¡Toma ya! Ya estaba hecho todo el trabajo sucio para dar visos de verosimilitud a todo este invento.

Así, por primera vez, se pudo celebrar de manera oficial y litúrgica un San Napoleón el día 15 de agosto del 1806, a mayor gloria del emperador y en honor de un Santo mártir que hasta ese momento era absolutamente desconocido por todos los hagiógrafos de todos los tiempos. En aquella celebración litúrgica, incluso se incluyó el canto del “Te Deum” y se realizó una homilía en alabanza al emperador Bonaparte, homilía que fue pronunciada delante de todas las autoridades civiles, militares, judiciales y eclesiásticas. Se llegó tan lejos en esta artimaña y adulación que incluso algunos obispos belgas se quejaron de que no se había puesto suficiente empeño en esta exaltación al soberano.

Pero en Roma, estas innovaciones en el culto a este “santo” no encontraron la entusiasta aprobación que la jerarquía francesa esperaba. El cardenal Di Pietro, por mandato del Papa Pío VII, redactó un escrito de protesta por haberse sustituido una festividad mariana, muy importante por sus implicaciones dogmáticas, por una fiesta de un Santo cuya historicidad estaba en entredicho. Era un abuso de poder de los franceses y el Papa mostró su protesta, aunque se encontraba con un problema: desautorizar al cardenal Caprara, que era su legado pontificio en Francia, y poner en peligro los muchos intereses que la Iglesia tenía en el país galo. Así que “hizo de tripas corazón”, miró para otro lado y lo dejó pasar.

Imagen del Santo en la iglesia de San Andrés de Argent sur Sauldre, Córcega.

Imagen del Santo en la iglesia de San Andrés de Argent sur Sauldre, Córcega.

Pero los acontecimientos políticos se encargaron de poner las cosas en su sitio y así, muy pronto, la fiesta de San Napoleón cayó en el olvido. El 16 de julio del 1814, el rey Luís XVIII anuló los decretos relativos a la celebración del 15 de agosto, aunque en el año 1852, el emperador Napoleón III emitió un decreto reconociendo nuevamente esta festividad como fiesta nacional, pero simplemente como aniversario del nacimiento de su tío y no como el día de San Napoleón. En la actualidad, esta festividad inventada y otros artículos de aquel célebre Concordato del 1801 están abolidos y San Napoleón, Santo que nunca existió, ha dejado de celebrarse.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– DELEHAYE, H., “La légende de Saint Napoléon”, Bruselas, 1926.
– DUVIVIER, C., “Saint Napoléon”, Revista de la Universidad de Bruselas, XIV, 1919.
– MATHON, G., “Bibliotheca sanctórum, tomo IX”, Città N. Editrice, Roma, 1989.

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