San Panagias (Paisio) Basìas de Cefalonia

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Foto del santo.

Foto del santo.

Panagias Basìas nació en Lixouri, Cefalonia, en el año 1801. Era hijo de Miguel Tipaldou-Basias y Regina Della Porta, matrimonio culto y piadoso. De sus padres aprendió el italiano, el francés y el latín, sintiéndose posteriormente atraído por la filosofía y la teología. A principios de su carrera fue ayudante de profesor, ejerciendo desde el año 1820 la función de maestro, pero inspirado en los predicamentos radicales de Kosmas Flamiatou y Eusebio Panas, que manifestaban que los británicos, en vez de ser unos mecenas de las siete islas, en realidad eran unos tiranos que conspiraban contra las creencias ortodoxas de los griegos, dejó la escuela pública y continuó ejerciendo por libre en su casa.

Cuando tenía unos veinte años de edad, después de la muerte de su padre, sintiéndose especialmente influenciado por la personalidad de su santo patrono, el gran asceta San Gerasimos de Cefalonia, lo abandonó todo y, sin escuchar las súplicas de su madre y de su hermana, se marchó a Xiroskopelo, que era una pequeña isla donde los británicos habían exiliado a algunos sacerdotes, entre ellos al famoso clérigo de Zakinthos, Nicolás Kantounis. En 1927 abrazó la vida monástica entrando en el monasterio Blacherna en la pequeña isla de Dias, cercana a Cefalonia, donde tomó el nombre de Paisio y donde quiso vivir como asceta, completamente solo.

Pero las continuas súplicas de su viuda madre lo indujeron a retornar a su tierra dos años más tarde, donde en el año 1836 fue ordenado de diácono y de presbítero por el arzobispo de Cefalonia Partenios Makris, haciéndose cargo de la iglesia de San Espiridión en Platis Gialos, donde multitud de fieles atraídos por su caridad y por el don de profecías, acudían en masa a escuchar sus sermones. En el 1845, viendo que su fama se acrecentaba, comenzó a simular que tenía episodios de locura, comportándose como si fuera “un loco por Cristo.

Icono ortodoxo griego del Santo.

Icono ortodoxo griego del Santo.

Cuando el 21 de mayo de 1864 las islas jónicas fueron unidas a Grecia, aunque los momentos políticos y sociales eran muy difíciles, él se dedicó a mantener y promover las tradiciones ortodoxas, pero sin abandonar sus compromisos sociales. Se distinguía por su amor y entrega a sus compatriotas y eso lo llevaba a la práctica mediante su vida de pobreza y su intenso apostolado entre los más humildes, atendiendo sus necesidades espirituales y materiales. En 1867 cuando el terremoto de Palliki demolió la casa donde vivía tuvo que alojarse en casa de un primo suyo llamado Juan Geroulanou, padre de un famosísimo cirujano llamado Marino Geroulanou.

Después de muerta su madre, ingresó en el monasterio de San Espiridión, en las cercanías de su pueblo natal, donde al poco tiempo fue elegido como egumeno, responsabilidad que compatibilizaba con su intenso y multiforme apostolado fuera del monasterio, cosa que incrementó aun más su popularidad, cosa que él trataba de compensar mediante algunas de sus locuras.

Durante los últimos cinco años de su vida tuvo que permanecer mucho tiempo en cama, pero aun así, continuaba su apostolado, asesorando y consolando a la gran cantidad de fieles que lo visitaban tanto de día como de noche. Uno de sus asiduos visitantes era el arzobispo Germanos Calligas, a quien le predijo que sería arzobispo de Atenas.

Murió el 7 de junio de 1888 y, después de tres días de velatorio, su funeral fue oficiado por el propio arzobispo Germanos de Cefalonia, siendo sepultado en las cercanías de la iglesia de San Espiridión en Lixouri. Inmediatamente después de su muerte, el pueblo lo consideró santo, debido sobre todo a las numerosas curaciones efectuadas mediante su intercesión.

El 6 de junio de 1976 sus restos fueron exhumados y trasladados a la iglesia. Diez años más tarde, el 4 de febrero de 1986, el Sínodo del Patriarcado Ecuménico de Constantinopla, presidido por S.S. Demetrio I, lo canonizó oficialmente, estableciendo su festividad el día 7 de junio, día de su muerte.

Reliquia del santo en la iglesia de san Espiridión de Lixouri.

Reliquia del santo en la iglesia de san Espiridión de Lixouri.

Gerasimos Drakopoulos nos narra la siguiente anécdota de San Panagias: En la ciudad de Argostolion en tiempos de “Papa Basías”, vivía una familia muy noble y muy rica, compuesta por los esposos y dos hijos varones. Aunque la familia era muy generosa y piadosa, se distinguía especialmente la madre. El esposo murió y la dejó viuda con los dos hijos; sin embargo, ella extendió aun más su actividad humanitaria ayudando a los pobres, visitando a los enfermos en sus casas y hospitales, a los presos en las cárceles, dándoles siempre, además de ayuda material, consuelo espiritual. Una noche, después de cenar sentados en el comedor, uno de sus hijos – que tenía ya veintiún años de edad -, sintió un terrible dolor de cabeza. Inmediatamente cayó inconsciente y tuvo que ir el médico de urgencias, que le dijo a su madre que se preparara para lo que parecía inevitable. La madre se pasó toda la noche rezando, pidiendo la salvación de su hijo, pero por la mañana, el niño murió.

A pesar de esta desgracia y de este dolor, ella continuó con sus actividades humanitarias y, pasado un año, al otro hijo le volvió a ocurrir exactamente lo mismo. Inmediatamente llamó al médico, quien determinó que le ocurriría lo mismo que un año antes le había sucedido a su hermano. Ella, desesperada, se pasó toda la noche rezando, pero el hijo también murió a la mañana siguiente. Ante esto, el carácter y la actitud de la madre cambiaron de manera radical, alejándose de Dios, blasfemando continuamente y sumiéndose en una profunda desesperación, pensando sólo en sus dos hijos. Dio dos fotos de sus hijos al célebre pintor Kalon, a fin de que pintara dos cuadros de tamaño normal, los cuales puso en el lugar más honorífico de su casa, con una vela encendida delante de cada uno de ellos.

Cráneo del santo en la misma iglesia.

Cráneo del santo en la misma iglesia.

Un día, “Papa Basías” fue desde Cefalonia a Argostolion y se presentó en casa de esta señora. Ella abrió la ventana, vio a un sacerdote y comenzó a blasfemar y a burlarse de él. El santo sacerdote, sin molestarse, le dijo: “O me abres la puerta o la abro yo”, y haciendo la señal de la cruz, la puerta se abrió automáticamente, entrando el sacerdote. Ella se quedó pasmada, sin habla, y el santo se fue directamente a la sala donde estaban los dos cuadros de sus hijos, diciéndole a la madre que lo siguiera y se sentara en una esquina de la habitación. El santo comenzó a rezar y las dos fotos cayeron al suelo. Entonces, los dos retratos tomaron vida, se fueron al centro de la habitación y, cogiendo dos revólveres, comenzaron a disparar el uno contra el otro, cayendo los dos al suelo, muertos. La mujer estaba aterrorizada. Entonces, San Panagías le dijo a la mujer: “Señora, Dios en su infinito amor, a fin de evitar que vieras en vivo lo que acabas de ver en figurado, se llevó junto a Sí a tus hijos mediante una muerte natural, pues cuando ambos se hubieran hecho hombres, se habrían enamorado de una misma mujer, matándose mutuamente de la manera en la que lo has visto. Por esta razón, deberías arrepentirte, dar gracias a Dios, que evitó que los hermanos se mataran entre sí, y continuar con tu anterior modo de vida cristiano”. La mujer, arrepentida, se dedicó aún más a realizar obras de misericordia.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– Gerulanos, M., “Lixouri”, Atenas, 1956.
– Mastrogiannopoulos, I., “Panagis Basias”, Atenas, 1953.
– VV.AA. “Bibliotheca sanctórum orientalium, tomo II”, Città Nuova Editrice, Roma, 1999.

Enlace consultado (10/01/2015):
– www.saint.gr/495/saint.aspx

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