San Partenio, obispo mártir de Radovisdiou

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Icono ortodoxo griego del Santo. Fuente: www.byzmusic.gr

Icono ortodoxo griego del Santo. Fuente: www.byzmusic.gr

Nació en Vatsounia Karditsa (Grecia) a principios del siglo XVIII, en el seno de una familia sencilla y humilde que le educaron en la fe ortodoxa y en el amor a la patria. De pequeño llevó una vida muy simple, ayudando a su padre en el cultivo de la tierra y en la crianza de animales domésticos; nunca se avergonzó de su pobreza porque creía que la verdadera riqueza estaba en vivir conforme a la tradición ortodoxa, tradición que le habían inculcado sus padres, el sacerdote de su pueblo y los monjes de un cercano monasterio. La vida de los santos, el coraje y la fe de los mártires de aquellos difíciles tiempos en los que estaban sometidos a la dominación turca, pero también la presencia de San Visarión y San Serafín de Fanariofarsalon, influyeron en la vida del joven, que empezó a plantearse el vivir como un monje en algún monasterio de la zona.

Entró en un monasterio tonsurándose como monje y tomando el nombre de Partenio. En el monasterio se dedicó a las labores más humildes, al cuidado de los animales y al trabajo en la huerta, recordando que Jesús había nacido en una cueva y ya desde niño había tenido contacto con los animales. En el monasterio creció en su vida espiritual, se convirtió en un ejemplo para todos y con el consentimiento del egumeno fue ordenado de diácono y, después de estudiar Teología y Sagradas Escrituras, fue ordenado de presbítero.

Por su cultura, educación y santa vida, aun siendo un joven sacerdote, fue nombrado obispo de Radovisdiou. A esta diócesis pertenecía la parte occidental de Argithea y el noreste de la zona de Arta, siendo las localidades más importantes: Zugos, Markiniada, Melates, Skoulikaria, Messopyrgos, Tetrakomos, Kapsala y otras. Esta diócesis es mencionada por primera vez por parte de Juan Tsimiskes a finales del siglo X y era una de las diócesis sufragáneas de la Mitropolia de Larissa. Fue abolida en el año 1830 incorporándose a la Mitropolia de Arta.

Dedicó su labor como obispo a luchar por la promoción social y espiritual de los fieles a él confiados. Era un hombre de oración, disciplinado en su vida y muy sobrio en la comida, hasta tal punto de que llevaba a cabo un riguroso ayuno no sólo durante la Gran Cuaresma, sino incluso durante algunos días de las semanas de todo el año. Llevaba una vida santa, siendo fiel a lo que San Pablo recomendaba a su discípulo Timoteo: “Que nadie menosprecie tu juventud. Al contrario, trata de ser un modelo para los que creen, tanto en tus palabras como en tu conducta, así como en el amor, en la fe y en la pureza de vida” (Primera Timoteo, 4, 12).

Monasterio de la Panagia Rovelista, donde se reunieron San Partenio y San Cosme de Etolia.

Monasterio de la Panagia Rovelista, donde se reunieron San Partenio y San Cosme de Etolia.

Cuenta la tradición que durante los meses de verano, salía al campo a contemplar la naturaleza y dar de comer a los animales y que sentado en un tronco de madera, daba gracias a Dios por las maravillas que habían salido de sus manos. Tenía un cariño especial hacia los pastores y seguía teniendo pasión por los animales a los que llamaba “hermanos menores en Cristo”. Esto le hacía recordar que en el nacimiento de Cristo – que había nacido entre dos animales – a quienes primero se les anunció el mensaje evangélico fue a los pastores de Belén. Se dice que él mismo curó a muchos animales y aun hoy en día es considerado como el santo protector de ellos, al estilo de cómo en Occidente, lo es San Antonio abad.

Era muy caritativo; es muy conocida la historia de que siendo obispo, había en su diócesis un hombre pobre que tenía a su cargo cinco niños pequeños y cuya forma de subsistencia era el trabajo de una pequeña parcela situada en una zona muy pedregosa. El hombre cayó enfermo y no podía ir al campo a trabajar. El obispo iba todas las noches a prepararle la tierra, sembrar, cosechar y cuantas actividades fueren necesarias para poder dar de comer a los miembros de esa familia. El propietario se dio cuenta y lo sorprendió una noche; ambos hicieron un trato: el hombre tuvo que prometerle guardar el secreto y él se comprometió a cuidar de sus hijos.

Conforme lo había aprendido desde pequeño, su predicación tenía un doble objetivo: afianzar la fe ortodoxa entre su pueblo y preservar intacta la identidad nacional griega, prometiendo incluso derramar su sangre por conseguir ambos objetivos. Con la ayuda de los sacerdotes y monjes más preparados de su diócesis, se dedicó especialmente a la educación de los niños. Se cuenta que San Cosme de Etolia, al pasar predicando por su región, se reunió con el obispo Partenio para coordinar el tema educativo y para organizar la resistencia a los invasores otomanos. Aun se venera el lugar donde se reunieron ambos santos, los cuales, juntos visitaron uno de los principales monasterios de la zona: el monasterio de la Panagía Rovelista de Arta. Los turcos destruyeron más tarde este monasterio que contaba con una de las bibliotecas más importantes de toda Grecia. Este monasterio fue posteriormente reconstruido y aun hoy en día subsiste. Por ser un estorbo para las pretensiones expansionistas de los turcos, fue martirizado y asesinado el 21 de julio del 1777 cuando celebraba una liturgia. Sus fieles le dieron sepultura en el santuario de la iglesia de los Santos Anargiros.

Relicario con el cráneo del Santo.

Relicario con el cráneo del Santo.

Treinta y cinco años más tarde, cuando fueron a enterrar a uno de sus sucesores, el obispo Calinico, abrieron la sepultura de San Partenio, saliendo de la misma un delicioso aroma que inundó todo el lugar y, a pesar de ser un día soleado, comenzó a caer del cielo una lluvia muy fina. Los presentes consideraron que este era un signo que probaba la santidad del obispo y se negaron a sepultarlo de nuevo, por lo que recogieron sus reliquias y las colocaron en el altar de la iglesia. Algunos obispos quisieron conseguir las reliquias, pero sus feligreses se negaron a entregar este tesoro que, para ellos, tenía un valor incalculable. Finalmente, el Patriarcado Ecuménico decidió resolver la controversia entregando parte de sus huesos a su iglesia y repartiendo el resto entre algunas iglesias vecinas, incluido el monasterio Dousikou y el de San Cipriano. La mandíbula se envió al monasterio Gregoriou del Monte Athos.

Durante la revolución de 1854, algunas reliquias se perdieron pero el cráneo fue puesto a salvo, llevándolo a la aldea de Valtos, donde aun se venera. El padre Gerasimos Mikragiannaniti, en el año 1971 compuso un Oficio Litúrgico en su honor. Le son atribuidos numerosos milagros, es muy venerado en su tierra natal – Vatsounia Karditsa – y su fiesta se celebra el 21 de julio.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– DESPOTIS, K., “Los santos de Epiro”, Ioannina, 1986.
– PANAGHIOTIS, C., “Bibliotheca sanctórum orientaliun, volumen II”, Città nuova Editrice, Roma, 1999.

Enlace consultado (15/10/2014
– www.inagdimitriou.blogspot.com.es/2014/07/blog-post_20.html

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