San Pedro de Verona, fraile dominico mártir

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Detalle del Santo por Zanino di Pietro en un Libro de Horas.

Detalle del Santo por Zanino di Pietro en un Libro de Horas.

Pregunta: Me gustaría conocer la biografía de San Pedro de Verona. Muchas gracias por su atención.

Respuesta: Si te soy sincero, si no hubieras preguntado por la vida de este santo, yo no hubiese escrito sobre él, ya que la Inquisición, en su conjunto, me repugna, pero en atención a tu consulta y en base a que los hagiógrafos defienden que Pedro de Verona luchó contra la herejía “más de palabra que con hechos”, daremos algunos apuntes sobre su biografía.

Nació en Verona a finales del siglo XII en el seno de una familia de herejes dualistas (cátaros). Los documentos más antiguos que nos hablan de él, nos cuentan que un día, cuando sólo tenía siete años de edad, un tío suyo le preguntó qué era lo que aprendía en la escuela. El niño le recitó el Credo, ante lo cual, el tío intentó convencerlo de que la mitad de las cosas que decía el Credo eran falsas, aunque el niño no se dejó convencer. Continuó sus estudios en la Universidad de Bologna, ciudad en la que ingresó en la Orden de Predicadores cuando aún vivía su fundador, Santo Domingo de Guzmán. Su primera actividad apostólica la desarrolló en Milán y en Venecia entre los años 1232 al 1234.

Aunque no existe ningún documento de aquella época, contemporáneo al santo, se tiene como cierto lo que dicen los cronistas posteriores que atribuyen a Pedro gran parte de las fundaciones de la Sociedad de la Fe y de las Confraternidades marianas en Milán, así como las de Florencia y Perugia. Estas confraternidades, muy vinculadas a los conventos dominicos y otras similares, tuvieron cierta difusión a mediados del siglo XIII y ejercieron una gran influencia confirmando a los cristianos en la fe y defendiendo la ortodoxia contra las nuevas doctrinas heréticas.

Martirio del Santo, obra de Tiziano Vecellio.

Martirio del Santo, obra de Tiziano Vecellio.

En el año 1236 estuvo en la ciudad de Como, muy probablemente como prior de una nueva fundación dominica (un convento) que se encontraba con grandes dificultades, pues los monjes de la Abadía de San Abundio, que en un principio habían cedido a los dominicos la iglesia de San Juan en Piedemonte, influenciados por los nuevos herejes, intentaban alejarlos no sólo de aquella iglesia sino incluso de la ciudad. Contra estas artimañas, tuvo que luchar Pedro a fin de mantener abierto su convento.

En los años siguientes desarrolló una actividad prodigiosa como predicador de la fe católica, refutando las doctrinas de los herejes tanto en Vercelli, como en Roma y en Florencia. Fue allí, en esta ciudad toscana, donde conoció a los Siete Santos Fundadores de los Servitas, de los cuales se hizo amigo y consejero, y fue allí también donde además de combatir la herejía, se ocupó, como ya había hecho antes en Milán, de la dirección espiritual de las monjas. Su celo apostólico y su caridad lo empujaron a extender su actividad predicadora por gran parte del norte de Italia, muy concretamente en Mantova, Pavia, Bergamo y Cesena.

En el año 1249 contribuyó a la pacificación de las ciudades de las regiones de La Romagna y de Las Marcas, las cuales estaban convulsionadas tanto por rencillas entre nobles y familias como por problemas territoriales. En el 1248 y por espacio de un año, estuvo de prior en el convento de Asti y después en el de Piacenza, volviendo a Milán en el año 1250, ciudad que consideró como su sede principal desde donde ejercer su apostolado de la predicación en defensa de la fe católica. Allí, con sus predicaciones y con sus disputas públicas con los herejes se ganó el cariño de la gente, máxime cuando – como dicen algunas leyendas -, sus predicaciones fueron a veces acompañadas de la realización de algunos milagros y profecías. De esta manera, consiguió que volvieran al catolicismo a muchos que previamente lo habían abandonado.

Martirio de San Pedro de Verona. Obra anónima del siglo XVI, Iglesia de San Eustorgio, Milán

Martirio de San Pedro de Verona. Obra anónima del siglo XVI, Iglesia de San Eustorgio, Milán

Después de la muerte del emperador Federico II en el año 1250, el papa Inocencio IV, viéndose liberado de las controversias que tenía con el emperador, viniendo desde Lyón, se quedó unos meses en la región de Lombardia y allí vio con sus propios ojos cómo los cataros campaban a sus anchas, por lo que decidió utilizar medidas más drásticas contra ellos. La primera medida que tomó fue instituir la Inquisición en todas las ciudades lombardas y en este sentido, el 8 de junio de 1251 le hizo a Pedro de Verona un encargo muy especial: reprimir a los cátaros en la ciudad de Cremona. En septiembre de ese mismo año, el Papa extendió sus dominios como inquisidor a las ciudades de Milán y Como y a sus respectivos territorios. Simultáneamente, el Capítulo de la provincia Lombarda de la Orden lo nombró prior del convento de Como. Fray Pedro de Verona, posiblemente sin quererlo, se convirtió en inquisidor y ya sabemos cómo se las gastaba la Inquisición.

Pedro se dedicó por completo a su nueva misión, y en el Domingo de Ramos del año 1252, ordenó se diera una prórroga legal a todos aquellos que eran considerados herejes para que, o bien se sometieran a los dictámenes de la Iglesia, o se atuvieran a las consecuencias. Sabiendo lo que hacía y a lo que se exponía, al mismo tiempo predijo su propia muerte: “Sé con certeza que mi muerte ya ha sido decretada por los herejes y que están preparando el dinero para ello. Que hagan lo que quieran, porque voy a luchar más contra ellos estando muerto que estando vivo”. Desde luego no hacía falta ser un profeta para prever este desenlace. En efecto, los cátaros de Milán, Bergamo, Lodi y Pavia ya había decidido acabar con Pedro y con Rainiero Sacconi, que era el inquisidor de Pavia. Los principales cabecillas del complot eran Giacomo Della Clusa, Esteban Confalonerio, Manfredi Chrono y Guidotto Sachella, quienes contrataron como ejecutores del asesinato a Pedro de Balsamo (el Beato Pedro Carino de Balsamo, de quien ya hemos escrito en este blog) y a Albertino Porro de Lentare.

Arca sepulcral del santo en la iglesia de San Eustorgio, en Milán.

Arca sepulcral del santo en la iglesia de San Eustorgio, en Milán.

Pedro, que entonces estaba en el convento de Como – del que como hemos dicho era prior -, decidió volver de nuevo a Milán el día 7 de abril, que era el “Domingo in albis”. Carino de Balsamo tuvo conocimiento de este viaje que Pedro de Verona había emprendido el día anterior (el sábado 6 de abril) en compañía de tres frailes dominicos. Los dos asesinos – Carino y Albertino -, los siguieron, alcanzando al grupo de frailes, que se había parado para comer y descansar en Meda, y decidieron esconderse en los bosques de Barlassina, en un lugar llamado Farga. Cuando San Pedro y Fray Domingo (que era uno de sus acompañantes), se pusieron de nuevo en marcha, uno de los asesinos – Albertino Porro de Lentare -, sintió horror o miedo por el delito que iban a cometer y se dio a la fuga. Entonces, Carino de Balsamo, con un “falcastro”, golpeó la cabeza de Pedro y le hundió un cuchillo en el pecho. San Pedro cayó al suelo, comenzó a recitar el Credo y con su sangre escribió la palabra “Credo” en el suelo. Fray Domingo, que también fue atacado, murió en el monasterio de las benedictinas de Meda a consecuencia de dichas heridas, seis días más tarde.

El cuerpo de Pedro fue inmediatamente llevado a Milán, donde fue recibido solemnemente por el clero y el pueblo, quienes lo consideraron de inmediato como a un mártir. Cierto es que Pedro había manifestado en más de una ocasión que quería dar su vida por la fe, y de hecho murió recitando y escribiendo el Credo, pero los motivos que originaron su muerte bien pudieron ser una mezcla de odio a la fe y odio a las prácticas utilizadas por la Inquisición.

Relicario del cráneo del santo. Iglesia de San Eustorgio, Milán.

Relicario del cráneo del santo. Iglesia de San Eustorgio, Milán.

En los siglos siguientes, debido a las fechorías cometidas por la Inquisición, la figura de San Pedro de Verona y su espiritualidad se vieron ofuscadas, difusas, borrosas, especialmente durante el tiempo de la Contrarreforma, aunque también es cierto que en él no se veía a un duro inquisidor luchando contra la herejía. Es cierto que las leyendas, e incluso la propia vida del santo, contribuyeron a rastrear estas características, pero fueron los inquisidores de los siglos siguientes los que, al proclamar su patronato, los que, al declararlo como su excelso patrono, contribuyeron más que nada a crearle esta mala fama. Aun hoy en día, no debemos extrañarnos si entre algunos historiadores modernos persisten estas teorías e incluso algunas informaciones – que hay que decir carecen de todo fundamento histórico -, de que Pedro era uno de los que hacían quemar a los herejes no arrepentidos.

San Pedro fue inquisidor, pero sólo lo fue por unos meses y no existe ningún indicio, ningún documento que confirme que inició y terminó ningún proceso inquisitorial contra los enemigos de la fe católica. En él se descubre un trato mucho más humano, como por ejemplo lo demuestra su empeño en atender a las necesidades de las monjas. El pueblo comenzó a venerarlo como un hombre bueno desde el primer momento, pero en la historia, como he dicho, se vio “alterada” su figura.

Pero volvamos al momento de su muerte. Esta noticia se corrió como la pólvora y la ciudad de Milán quedó profundamente conmocionada. Aquella misma tarde, el cuerpo de Pedro fue puesto en la iglesia de San Simpliciano, que estaba a las afueras de la ciudad, y al día siguiente fue llevado triunfalmente al convento dominico de San Eustorgio, donde fue sepultado en el llamado “cementerio de los mártires”. Desde ese mismo día, comenzaron a difundirse a voz en grito numerosas gracias concedidas mediante su intercesión, milagros que conforme pasaba el tiempo, se iban intensificando. Entre estos, la conversión de su propio asesino (el Beato Pedro Carino de Balsamo) y del obispo hereje Daniel de Giussano, que fue uno de los maquinadores de la muerte del santo; ambos, arrepentidos, ingresaron en la Orden Dominica.

Vista de la urna con huesos del Beato Carino y el "falcastro" que empleó para asesinar a San Pedro de Verona.

Vista de la urna con huesos del Beato Carino y el “falcastro” que empleó para asesinar a San Pedro de Verona.

Como consecuencia de esta veneración popular, las autoridades milanesas enviaron una delegación a Perugia, que era donde se encontraba el Papa Inocencio IV, a fin de pedirle la canonización de Fray Pedro. El 31 de agosto de 1252 el Papa nombró una comisión compuesta por el arzobispo de Milán, el obispo de Lodi y el preboste de la iglesia de San Nazario en Milán, a fin de que iniciasen el proceso canónico. Éste se realizó con una rapidez extraordinaria y así, el 9 de marzo del año siguiente, el mismo Papa ofició en Perugia la ceremonia de canonización y el 24 de marzo emitió la Bula “Magnis et crebris”, con la cual inscribía a Pedro de Verona en el catálogo de los santos, fijando como fecha de celebración el día 29 de abril.

preguntasantoral_anticopia_articulo20150807

En el verano de ese mismo año, con ocasión del Capítulo provincial de los dominicos de Milán, el arzobispo de la ciudad, después de haber separado la cabeza del resto del cuerpo del santo, puso a éste en un modesto sarcófago de mármol y lo colocó en la nave izquierda de la iglesia de San Eustorgio, pero no contento con ello, los dominicos empezaron a recoger limosnas por toda Europa y encargaron en el año 1336 al escultor Giovanni Balduccio la construcción de un monumento sepulcral de mármol similar al de Santo Domingo en Bologna. Este monumento fue terminado tres años más tarde, convirtiéndose en una de las obras maestras de la escultura gótica italiana. Con ocasión del Capítulo General de la Orden celebrado en el año 1340, se hizo el solemne traslado de los restos del santo y para la reliquia del cráneo, el florentino Pigello Portinari construyó una preciosa capilla que fue decorada por Vicente Foppa. En el año 1736 se volvió a hacer un reconocimiento canónico de los restos del santo.

 Altar mayor de la Iglesia de Santa Anastasia en Verona (aparecen San Sebastián, San Pedro y San Roque).

Altar mayor de la Iglesia de Santa Anastasia en Verona (aparecen San Sebastián, San Pedro y San Roque).

Inmediatamente después de la canonización, los dominicos comenzaron a erigirle iglesias y a nominarle conventos. El templo más majestuoso fue erigido en su ciudad natal, que es conocido como iglesia de Santa Anastasia. Las Confraternidades de San Pedro comenzaron a propagar su culto por todo el mundo, muchas ciudades italianos lo nominaron como su santo protector haciendo su fiesta como día de precepto. En algunos lugares, San Pedro de Verona es considerado como el santo patrono de algunos artesanos, como por ejemplo, de los zapateros en Mallorca, de los tejedores en Manresa o de los cerveceros en Colonia. El día de su fiesta, con el relicario de su cráneo se acostumbra a bendecir agua, que posteriormente es utilizada como remedio contra algunas enfermedades.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– Campana, P.T., “Storia di San Pietro martire di Verona”, Milano, 1741 y 1974.
– Meersseman, G., “Una vita per il Credo”, Seveso, 1952
– Orlandi, S., “San Pietro Martire da Verona; Leggenda”, Firenze, 1952
– VV.AA., “Bibliotheca sanctórum, tomo X”, Città Nuova Editrice, Roma, 1990.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es