San Pedro Esqueda Ramírez, presbítero y mártir

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Fotografía del Santo.

Fotografía del Santo.

Infancia
Nació el 29 de abril de 1887 en la ciudad de San Juan de los Lagos, Jalisco; fueron sus padres Margarito Esqueda y Nicanora Rodríguez. Ese mismo día fue hecho hijo de Dios por el Bautismo, recibiendo el nombre de Pedro en honor de San Pedro de Verona, que se celebraba en esa fecha. La confirmación la recibió el 10 de julio de ese mismo año por ministerio del Obispo Fray Ramón María Moreno Castañeda O.C.
Aunque pobres, sus padres eran muy buenos cristianos; esta pobreza los hizo cambiar de domicilio varias veces, hasta que el párroco de la ciudad acomodó a su padre en la casa del diezmo, lo que habla muy bien de la honradez Margarito, que se mantuvo en el lugar mucho tiempo por la confianza que se le tenía. Además de Pedro, la familia tuvo otras dos hijas: Valeria y María Dolores, los tres educados con esmero en los principios cristianos.

Pedro comenzó a estudiar a los cuatro años, cuando tenía seis, comenzó la primaria. Fue un alumno aprovechado y aplicado, por lo que varias veces recibió premios. Niño sencillo, su infancia se vio marcado por las privaciones y la enfermedad. En efecto, padeció la viruela y quedó muy debilitado por ello, al grado de tener que apoyarse en la pared para poder caminar. Le sobrevenían hemorragias y tuvo una debilidad muy marcada. Además su alimentación fue muy deficiente: frijoles, tortillas y atole, la leche era un lujo que no podía darse su familia.

Pedro fue integrante del grupo de monaguillos y del coro de la Basílica de Nuestra Señora de San Juan de los lagos, alternando cada semana estas actividades. Entonces sufrió el desprecio de algunos porque vestía calzón de manta largo. Hizo su Primera Comunión a los ocho años, a esta edad le gustaba hacer altares y jugar a celebrar misa. Por este tiempo le gustaba rezar el rosario dos veces al día: uno ante la imagen de la Virgen en la basílica y otro en casa con su familia. Se desatacaba por su alegría aunque como niño era corajudo y bastante tímido. Le tenía miedo a los saldados y a la policía.

Fotografía del Santo.

Fotografía del Santo.

Vocación
Al terminar la primaria, trabajó en una zapatería, su vocación sacerdotal comenzó a aflorar, pero tenía miedo de decírselo a su padre, por lo que le confió a su mamá este secreto, quien hablo con su esposo y éste le dijo: “Sí, aunque pida limosna, dile a Pedro que hable conmigo”. Allí en san Juan de los Lagos había un Seminario Menor, donde comenzó sus estudios. En 1908 los superiores lo enviaron a Guadalajara a concluir sus estudios. Allí tuvo por compañero al Beato Anacleto González Flores. En 1914 a causa de la persecución carrancista, el Seminario fue incautado, por lo que Pedro tuvo que esconderse y volvió a su tierra, donde colaboraba en la vida parroquial.

El 19 de noviembre de 1916 fue ordenado sacerdote por ministerio del Obispo de Tehuntepec, Ignacio Plascencia y Moreira, en la capilla del Hospital de la Santísima Trinidad fundado por la Beata Vicenta de Santa Dorotea Chávez Orozco. A los seis días la autoridad eclesiástica determinó enviarlo como vicario a su ciudad natal y a que diera clases en el Seminario Menor si le era posible. El 1 de diciembre siguiente tuvo la alegría de celebrar su primera misa en el altar de Nuestra Señora de San Juan de los Lagos.

En febrero de 1918 murió su padre, sus madre y sus hermanas se dedicaron entonces a elaborar tortillas y atole y costuras para vivir honestamente, así se le marcó la pauta al que sería llamado “Pastor de los pobres”. Es oportuno recordar cómo su madre influyó para que Pedro tuviera en su corazón la semilla del deseo del martirio. Durante el conflicto religioso en Jalisco (1917-1921), dos sacerdotes de San Juan de los Lagos hicieron una fiesta en la que participó San Pedro y que causó la molestia del Presidente Municipal, que pretendía encarcelar a los sacerdotes. Este hombre aconsejó a Doña Nicanora para que advirtiese a su hijo del problema, quien le respondió: “Que le hagan lo que quieran, ojalá fuera mártir”. La cosa no pasó a mayores y su madre no vivió para ver a su hijo como mártir. Ella murió en 1922, estaba toda encorvada y su hijo, unas semanas antes de que muriera se acercó para recibir su bendición. Ella le dijo entonces: “Qué dicha si mi hijo fuera mártir”. Su fallecimiento le causó honda pena al santo, que le lloró profusamente.

Imagen en la parroquia de San Juan Bautista, lugar de su ministerio.

Imagen en la parroquia de San Juan Bautista, lugar de su ministerio.

Ministerio
Por once años San Pedro Esqueda realizó su ministerio en la Parroquia de San Juan Bautista. Su párroco le apodó el santito y refería al arzobispado que tenía bajo su cargo a un sacerdote muy piadoso.
Su celó por las almas fue grande, así como su caridad para con los pobres, a quienes cedía los regalos que recibía o daba el dinero que le llegaba. Nunca se le vio de mal humor. Sin duda alguna su ministerio sacerdotal se volcó sobre los niños, a quienes preparaba a recibir la Primera comunión y a querer profundamente al Señor sacramentado, por lo que organizó la “Cruzada Eucarística”. También se esmeró en organizar el grupo de monaguillos. Siempre andaba rodeado de niños. Con quienes jugaba cubriéndolos con su manteo, dejándoles ver solo sus pies. Les hacía fiestas en la Navidad y les conseguía muchos regalos. Es notoria la dedicación que tuvo al catecismo, formando un buen equipo para realizar este apostolado. Cuando sobrevino la persecución de 1926, se dirigió a los pequeños con estas palabras: “Niños, ahora ya no hay doctrina, pídanle a Dios por lo sacerdotes, quién sabe cuantos moriremos”.

Tenía buena fama entre los feligreses que le quería mucho y que le decían “el Padre Pedrito”. Dedicado a su ministerio, destacaba por su humildad y mansedumbre. Fue un sacerdote de costumbres puras y conducta intachable, nunca fue criticado por causa de impureza o de avaricia.. Piadoso al celebrar la misa, diligente en los grupos que se le encomendaban. Dedicaba tiempo considerable al confesionario y fustigaba a la mala prensa porque consideraba el mal que esta causaba en el entorno social de entonces. Le gustaba hacer reuniones con los padres de familia quienes aconsejaba: “Cuiden mucho de sus hijos y denles buen ejemplo”. Amaba tiernamente a la Santísima Virgen María y con su celo sacerdotal procuraba inflamar en todos los corazones este cariño. De igual manera se preocupaba de que el Santísimo Sacramento fuera amado y respetado, se refería a él llamándolo “El Amo”.

Detalle del Santo en una estampa devocional de los mártires mexicanos.

Detalle del Santo en una estampa devocional de los mártires mexicanos.

También tuvo esmero en su atención a los enfermos, al grado que una vez se cayó de un caballo por ir a atender a uno. Esa vez se sintió cercano a la muerte pues dio indicaciones a su hermana Valeria sobre algunos puntos si le llegara la muerte. Se refieren algunos hechos sobrenaturales de curación a algunas personas. Le gustaba ser invitado a comer a las casas de los pobres o llegaba de sorpresa para comer lo que hubiera. Había lugares donde hacían fiesta por el simple detalle de su llegada. Por esto, muchas personas le ayudaban incondicionalmente en sus empresas.

La persecución religiosa de 1926
El 31 de julio de 1926 el episcopado de México decretó la suspensión de culto público debido a la legislación de la Ley Calles, que procuraba reprimir y someter a la Iglesia Católica. El Arzobispo de Guadalajara Don Francisco Orozco y Jiménez autorizó a su sacerdotes a que si querían esconderse lo hicieran o que se congregaran en las grandes ciudades. El Párroco de San Juan de los Lagos se escondió, quedando entonces San Pedro Esqueda a cargo de la parroquia. Por entonces escribía a alguien: “Desde que están cerrados los templos, me siento afligido por penas continuas. Ahora por esta causa, ahora por esta otra, padecemos tentaciones que antes no teníamos”. Se dispuso a vivir en una casa donde lo primero que hizo fue instalar un oratorio. Decía: “Sin el Santísimo Sacramento, la situación de este pueblo sería triste e intolerable”. Como arreciara la persecución, tuvo que esconderse en Jalostotitlán, Jalisco. Reflexionaba entonces: “Los pecadores de este tiempo y de esta nación, humillémonos delante de Dios, reconociendo nuestros crímenes personales y los de la nación mexicana, pidamos perdón con un corazón contrito y humillado”.

Como muchos fieles se desplazaban a Jalostotitlán y sus vidas peligraban, determinó volver a San Juan de los Lagos y cuando lo hizo, al buscar asilo, las puertas se le cerraron. Como sus hermanas le objetaran su proceder, les respondió: “Dios me trajo, Dios sabrá”. Obtuvo protección con la familia Macías. San Pedro Esqueda tenía miedo de morir y hasta tuvo constantemente pesadillas por esta razón, pero finalmente mostró resolución y aceptación de su destino. A alguien que le aconsejaba que se escondiera porque le preocupaba su integridad, le respondió: “Duerma su sueño tranquilo, que si me matan, me matan el cuerpo, pero no el alma”. Por precaución hizo cavar un foso en el suelo de su recámara, donde escondía los enseres para celebrar misa, los ornamentos litúrgicos, los santos óleos, los libros notariales y un espacio para él.

Detalle de la imagen yacente del Santo junto a su sepulcro.

Detalle de la imagen yacente del Santo junto a su sepulcro.

Martirio
El 17 de noviembre de 1927 celebró la misa con mucha devoción, y algunas personas refieren que se veía en su rostro la disposición de morir. Al día siguiente, un grupo de soldados dirigido por el Teniente Santoyo arribó a la casa donde se escondía, con lujo de violencia entraron a buscar al sacerdote que apenas se había alcanzado a esconder y a cubrir su escondite con tablas. Fue sacado del subterráneo con golpes y la fuerza. Lueho El Coronel Gonzáles Romeo lo interrogó y a continuación lo golpeó en la cara varias ocasiones, hiriéndole el rostro por ello. Luego lo llevaron a la casa del abad, donde estuvo encarcelado e incomunicado. Durante los días que estuvo prisionero lo azotaban bárbaramente, al grado que hubiera muerto por esta causa.

El 22 de noviembre, la tropa se dispuso ir a San Miguel el Alto, Jalisco, llevándose al santo consigo. Lo sacaron de su encierro a empellones y al bajar de las escaleras del edificio lo empujaron con fuerza por ellas al grado que se quebró el brazo de derecho al caer. En todos estos tormentos siempre manifestó tranquilidad de ánimo. Lo llevaron a pie hasta la salida de la ciudad y luego lo amarraron y montaron en un caballo. Allí, a la salida de la ciudad el santo tuvo tiempo todavía para hacer algunos encargo y envíar varios recados. Llegaron a Teocaltitán, donde había un mezquite de cuyas ramas colgaba mucho rastrojo. Fue bajado del caballo y el Coronel le ordenó que se subiera al árbol, el santo mostró entonces mucha humildad e intentó cumplir la orden pero no pudo por la lesión del brazo. Hizo varios intentos inútilmente. Al parecer la intensión del militar era quemar vivo al sacerdote cuando estuviera sobre el árbol, pero como no se pudo subir, el Coronel sacó su pistola, disparó sobre él y lo mató de tres tiros.

Los habitantes de Teocaltitán le dieron sepultura en el panteón local luego de velarlo en un salón de la escuela. En 1938 los habitantes de San Juan de los Lagos, tras varios años e intentos, obtuvieron el permiso para exhumar sus restos y llevarlos a esta ciudad, más los habitantes de Teocaltitán no lo aceptaron y adelantándose, lo desenterraron y con cuidado y los resguardaron en secreto en una casa. Por gestiones del Párroco de Jalostotitlán, que presionó a sus feligreses y a quienes participaran en la maniobra, se logró dar con el paradero de los restos, que fueron finalmente llevados a San Juan de los Lagos el 21 de noviembre de ese mismo año, siendo reinhumado en la parroquia de San Juan Bautista, donde había ejercido su ministerio sacerdotal.

Sepulcro del Santo.

Sepulcro del Santo.

Culto
San Pedro Esqueda integra el grupo de mártires encabezado por San Cristóbal Magallanes, mismos que fueron beatificados por San Juan Pablo II el 22 de noviembre de 1992 y que también él mismo canonizó el 21 de mayo de 2000. Actualmente se ha erigido un Santuario a San Pedro Esqueda a unas cuantas cuadras de la Catedral Basílica de san Juan de los Lagos. En este lugar están sepultadas sus reliquias, que se han convertido en meta de peregrinaciones.

Humberto

Bibliografía:
– CONFERENCIA EPISCOPAL MEXICANA, ¡Viva Cristo Rey!, editada por ella misma, México, 1991, pp. 65-71.

– DIOCESIS DE SAN JUAN DE LOS LAGOS, Tierra de Mártires, Impre-Jal. Guadalajara, Jalisco, 2002, pp. 72-81.

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