San Polidoro de Chipre, neomártir griego

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Icono ortodoxo griego del Santo, obra del iconógrafo Lefteris Skaliotis. Fuente: http://skaliotislefterisart.blogspot.com.es/

Icono ortodoxo griego del Santo, obra del iconógrafo Lefteris Skaliotis. Fuente: http://skaliotislefterisart.blogspot.com.es/

San Polidoro de Chipre nació en Nicosia en el año 1740, siendo sus padres unos piadosos cristianos llamados Hadjiloukas y Lourdanou, que dieron a su hijo una educación cristiana. Frecuentaban la iglesia de San Miguel arcángel de Tripiotis. Polidoro era por naturaleza inteligente y creativo y por esta razón se dedicó al mundo de los negocios; debido a este trabajo, tuvo que realizar numerosos viajes por toda la cuenca oriental mediterránea, incluido Egipto. Seguía los consejos que le habían dado sus padres en lo referente a evitar las malas compañías, pero poco a poco, fue descuidando este consejo y en uno de sus viajes a Egipto, conoció a un rico renegado llamado Zakynthos y se puso a su servicio.

Conectó con algunos jóvenes de su edad que no se distinguían por sus buenas costumbres y empezó a emborracharse, a jugar a las cartas y a trasnochar frecuentando burdeles. Una noche, se emborrachó y en su embriaguez, renegó de su fe y se convirtió al Islam, pero esta nueva religión no llegó a darle ninguna satisfacción personal, pues a pesar del dinero que ganaba y lo bien que vivía, no se encontraba interiormente contento. Así, comenzó a sentir un sentimiento de culpa que no le permitía ni descansar. Su conciencia le golpeaba.

Una noche, agitado y sin conciliar el sueño, se acordó de sus padres con nostalgia, pensando que aunque eran analfabetos, vivían felizmente y mucho más en paz que él; que sus padres le habían inculcado el rezo a la Virgen por la noche para pedirle que le librara de la religión de los turcos y que sin embargo, él había caído en ella. Recordó que su madre le decía: “Hijo mío, lo único que da la paz es tener una buena conciencia y cuando te sientas culpable de algo, arrepentirte y acudir al sacramento de la confesión”.

Este recuerdo lo fortaleció e hizo que desde Egipto se marchara a Beirut; y cuando llegó a esta ciudad libanesa, corriendo fue a buscar al obispo local, postrándose ante él y solicitando lo escuchara en confesión. Le contó todo lo que había hecho y recibió el consuelo y la absolución de sus pecados. Asimismo, el obispo le aconsejó que, por su seguridad y a fin de encontrar la paz, se retirara a un monasterio. Polidoro hizo caso al obispo y se marchó a un monasterio, aunque permaneció en él muy poco tiempo. Viajó a varios lugares, arribando a la isla griega de Chios, donde se encontró con San Macario de Corinto, con quien de nuevo se confesó. San Macario lo absolvió, lo ungió con óleo sagrado y le dio la comunión.

Icono ortodoxo griego del Santo.

Icono ortodoxo griego del Santo.

Encontrándose completamente en paz con su conciencia y queriendo reparar sus pecados por haber renunciado a su fe ortodoxa, marchó a la ciudad de Éfeso con la intención de visitar a las autoridades turcas y declarar ante ellos su fe en Cristo. Y eso fue lo que hizo: se presentó ante el muftí y sin miedo le preguntó: “¿Tengo derecho a devolver una cosa falsa que se me dio en un momento de debilidad?”. El muftí le respondió que sí, que era legal y que tenía derecho a hacerlo. Entonces Polidoro le pidió que le diera esa contestación por escrito. El muftí lo escribió y se lo dio; y tan pronto como tuvo el escrito en sus manos, fue corriendo a presentarse ante el cadí (juez musulmán), mostrándole la decisión del sacerdote, diciéndole: “Hace diez años yo fui engañado y renegué de mi fe; cambié el oro por el barro y ahora me arrepiento. Me arrepiento de lo que hice y estoy muy angustiado. Tome su barro, porque quiero recuperar mi oro. Yo era cristiano, quiero seguir siendo cristiano y estoy dispuesto a morir como cristiano”.

Al oír estas palabras, el cadí se esforzó por contener su ira y trató de convencerlo, ofreciéndole dinero, cargos y honores para que continuase practicando la fe musulmana.
Polidoro se negó, reafirmando: “Soy cristiano y moriré como cristiano”. El cadí insistió en balde y cuando se convenció de que no conseguiría nada, envió a Polidoro a la cárcel y ordenó torturarle durante toda la noche. A la mañana siguiente, con la cara desfigurada y con el cuerpo roto por los golpes, fue llevado ante un consejo formado por nobles turcos, ante el cual Polidoro se reafirmó en su fe, diciendo que esta decisión era irrevocable y que estaba dispuesto a morir por Cristo. Fue nuevamente lisonjeado y posteriormente presionado, pero él insistía inflexible: “Yo soy cristiano, voy a seguir siendo cristiano y moriré como cristiano”. Lo encerraron de nuevo, le ataron las manos y las piernas a fin de que no pudiera moverse y lo azotaron salvajemente. El cuerpo se convirtió en una pura llaga y se desangraba. Con hierros candentes le quemaron los hombros y las axilas y le introdujeron una varilla de hierro por el pene. Metieron su cabeza en una olla ardiendo y le infringieron otros muchos tormentos, difíciles de explicar. Así pasó toda la noche mientras él sólo decía: “Señor, perdóname y perdónalos”.

Por la mañana, entre insultos, lo llevaron a la plaza donde estaba el juez y una gran muchedumbre y donde estaba colocada una horca. El mártir miró la horca y posteriormente al juez y sintió una gran paz interior. El cadí le dijo que si tenía un poco de sentido común, desistiera de su decisión, a lo que Polidoro contestó: “Perdí mi cerebro cuando se dejó engañar y cambié mi fe por la suya. Pero ahora comprendo que es una locura cambiar el oro por el barro. Ahora estoy cuerdo y he vuelto a Cristo”. Los verdugos llevaron a Polidoro a la horca y él, besando la cuerda con respeto, se santiguó y aceptó con serenidad que le pasaran la cuerda por el cuello. El verdugo tiró de la cuerda y su cuerpo quedó suspendido mientras su alma volaba hacia el cielo. El cadáver del santo permaneció suspendido en el patíbulo por espacio de tres días; entonces los turcos permitieron que los cristianos lo sepultaran. Bajaron el cuerpo de la horca, lo lavaron y enterraron con amor cerca del cementerio armenio. Era el mes de septiembre del año 1794.

En el año 1922, el hieromonje Cirilo Psillos de Éfeso desenterró el cráneo del santo para guardarlo, lo que provocó la ira de los turcos contra los templos ortodoxos y sus reliquias, contra sus iconos e incluso llegando a asesinar a algunos fieles. Buscaron al sacerdote, pero éste se disfrazó de monja y, cogiendo uno de los barcos que salían del puerto, se llevó la reliquia a Grecia. Cuando llegó a Atenas, depositó la reliquia en la iglesia de Santa Catalina en Plaka, donde cada año, el 3 de septiembre, se acercaban miles de personas a venerar al mártir, al renegado que se arrepintió y volvió de nuevo a la fe ortodoxa. El 28 de agosto del año pasado, el arzobispo Crisóstomo de Chipre recibió el cráneo de San Polidoro y lo puso en una iglesia dedicada en su honor en su ciudad natal.

Vista del relicario que contiene el cráneo del Santo, expuesto a veneración en Nicosia (Chipre).

Vista del relicario que contiene el cráneo del Santo, expuesto a veneración. Iglesia de Santa Catalina de Plaka, Nicosia (Chipre).

Apolytikion
“Gran protector de Éfeso y de Nicosia, gloria de las dos ciudades por derramar generosamente tu sangre, intercede ¡oh Polidoro! por nosotros ante Cristo Dios, para que seamos liberados de los peligros y de los sufrimientos”
.

Antonio Barrero

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es