San Raimundo de Peñafort, dominico

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Fresco de 1352 en la Iglesia de San Nicolás, en Treviso (Italia).

Fresco de 1352 en la Iglesia de San Nicolás, en Treviso (Italia).

Nació en la provincia de Barcelona, en el castillo que su familia tenía en el Alto Panadés, siendo hijo del noble señor propietario del castillo y de su esposa Sara. Los biógrafos medievales fijan su fecha de nacimiento en el año 1175 y si este dato es cierto, murió con más de cien años de edad, por lo que algunos historiadores mantienen que su fecha de nacimiento no es precisa y que debe situarse entre el 1175 y el 1185.

Su primera formación escolástica la recibió en la escuela de la catedral de Barcelona donde aprendió las disciplinas del “trivium” (gramática, lógica y retórica) y del “quadrivium” (aritmética, geometría, música y astronomía), ejerciendo posteriormente como profesor de retórica y de lógica. En Barcelona se ordenó de sacerdote, aunque no se sabe la fecha exacta y en el año 1210 renunció a su cátedra para trasladarse a Bolonia a fin de estudiar derecho. Por un escrito del año 1271 a él atribuido, se cree que el viaje lo hizo a pie pasando por Arlés, Briançon y Turín y que durante el mismo estuvo presente en un milagro realizado por la Santísima Virgen en Monginevro. Sin embargo, existen suficientes motivos para creer que este escrito – que se conoce a través de una copia del siglo XVII – es falso, lo que quiere decir que, en realidad, no se sabe nada de las circunstancias de ese viaje.

En Bolonia conoció a Santo Domingo de Guzmán y siguió los pasos de los grandes maestros de la época: Accursio, Pedro delle Vigne, Sinibaldo Fieschi y otros, llegando a doctorarse en derecho en el año 1216. Permaneció en Bolonia hasta el año 1220, ejerciendo como profesor, enseñando de manera gratuita, aunque el municipio de Bolonia lo ayudaba económicamente en su subsistencia. Es en este tiempo cuando escribe “Summa Iuris”, que es un manual escolástico que tuvo una gran difusión en el siglo XIII.

En el año 1218, el obispo de Barcelona Berengario IV de Palou fue a Bolonia para buscar profesores para el seminario que pretendía construir en su diócesis. Se puso en contacto con Raimundo, que aceptó la oferta y que retornó a su ciudad en el año 1220, acompañado de un grupo de frailes dominicos que Santo Domingo de Guzmán había puesto a su disposición. Recién llegado a Barcelona fue nombrado canónigo de la catedral y el Viernes Santo del año 1222, renunció a su canonjía e ingresó en la Orden de Predicadores.

Castillo de Peñafort.

Castillo de Peñafort.

Durante este tiempo, mientras enseñaba en Barcelona, desempeñó un cierto papel de apoyo en la fundación de la Orden de la Merced, aunque no existen suficientes documentos que puedan precisar cuál fue su cometido en concreto. Como todos sabemos, los frailes mercedarios se dedicaban a la redención de los prisioneros caídos en manos de los sarracenos. Algunos sostienen que, de alguna forma, San Raimundo de Peñafort fue co-fundador de la Orden de la Merced junto con San Pedro Nolasco – de quien era confesor -, pero esto es algo que no puede afirmarse con absoluta certeza. Lo que si se puede afirmar es que consiguió que la Confraternidad de Santa Eulalia de Barcelona se transformase en una Orden religiosa, pues obtuvo del Papa Gregorio IX en el año 1235, la bula que autorizaba a sus miembros adoptar la regla de San Agustín.

De este tiempo es una de sus obras más importantes: “Summa de casibus poenitentiae”, que tuvo gran éxito entre los siglos XIII y XIV. Con esta obra penitencial quiso dar a los sacerdotes una especie de normas o reglas para solucionar los casos de conciencia más frecuentes en los que pudiesen encontrarse quienes se dedicaban al ministerio de la confesión. Clara y sistemáticamente realiza las distinciones jurídicas en el campo de la moralidad, subordinando siempre el derecho civil al derecho eclesiástico.

En el año 1229 llegó a España el legado papal, cardenal Jean d’Abbeville que había sido enviado desde Roma para gestionar algunas cuestiones delicadas relacionadas con las decisiones del Concilio IV de Letrán. El cardenal lo tomó como su colaborador y, juntos, recorrieron todos los reinos de la península. Esto le permitió jugar un papel importante en el concilio de Lérida, cuyos cánones prescribieron la aplicación de las decisiones adoptadas en Letrán. Asimismo, formó parte de los negociadores que trataron sobre la anulación del vínculo matrimonial entre Jaime I de Aragón y Leonor de Castilla, a fin de atenuar las consecuencias de esta anulación en la gobernabilidad de sus reinos.

San Ramón atravesando el Mediterráneo desde Baleares a Barcelona – obra de Tomás Dolabella, conservada en el convento dominico de Cracovia (Polonia).

San Ramón atravesando el Mediterráneo desde Baleares a Barcelona – obra de Tomás Dolabella, conservada en el convento dominico de Cracovia (Polonia).

Cuando el legado papal marchó de España en noviembre del año 1229, recibió la orden del Papa de predicar una cruzada contra los sarracenos en las provincias eclesiásticas de Arlés y Narbona. En realidad se trataba de ayudar a la expedición que Jaime I había emprendido para expulsar a los musulmanes de las Islas Baleares. Su predicación tuvo una gran resonancia en la región del Languedoc, desde donde se envió un fuerte contingente militar que ayudara a Jaime I a conquistar la isla de Mallorca.

En el año 1230, el Papa Gregorio IX se lo llevó a la Curia Romana para que fuese su confesor, elevándolo a la dignidad de capellán y penitenciario. Existen numerosos documentos que acreditan su actividad en este oficio, teniendo que emitir algunas sentencias de excomunión e interdicto, pero sobre todo absolviendo a muchos que eran acusados de herejía. En estos documentos se pueden leer sus respuestas a las numerosas consultas que le presentaban en materia jurídica. Por su competencia jurídica entró en contacto con los personajes más importantes de la época y tuvo que pronunciarse sobre temas tan difíciles como por ejemplo el de las relaciones humanas y comerciales de los frailes franciscanos y dominicos con los musulmanes en Túnez.

Sobre todo, ayudó al Papa en su lucha contra las herejías y tuvo cierta influencia en la introducción de la Inquisición en el año 1232 en la provincia de Tarragona, así como en todo el reino de Aragón, en el año 1235. Pero su mayor actividad durante todo este período de tiempo de permanencia en Roma, fue la redacción de una serie de “Decretales”, que debían sustituir en la práctica jurídica a numerosas normas anteriormente existentes. Esta obra la inició en el año 1230 por expresa orden del Papa y la terminó de confeccionar en cuatro años. Esta nueva colección de normas, el “Corpus Decretalium”, es decir, el Código de Derecho Canónico Medieval, fue promulgado el 6 de septiembre del año 1234 mediante la bula papal “Rex pacificus”, lo que le confirió un carácter oficial para toda la Iglesia. Tuvo una gran difusión llegando a ser uno de los textos más copiados, citados y utilizados durante la Baja Edad Media.

El Papa Gregorio IX promulgando “Los Decretales” . Fresco de Rafael en el Vaticano.

El Papa Gregorio IX promulgando “Los Decretales” . Fresco de Rafael en el Vaticano.

En el año 1236, habiendo terminado este trabajo y otras actividades desarrolladas en Roma y rechazando la designación papal como arzobispo de Tarragona, retornó a Barcelona y, dos años más tarde, en el Capítulo General de la Orden, por unanimidad y en su ausencia, fue nombrado Maestro General de la Orden de Predicadores. Contra su voluntad, tuvo que aceptar el cargo, dedicándose a simplificar la legislación de la Orden redactando nuevas Constituciones, las cuales fueron aprobadas en el año 1240. Ese mismo año, presentó su dimisión en el Capítulo de Bolonia y se retiró al convento de Barcelona, donde destacó por su humildad, piedad y amor a la Eucaristía.

En esta última parte de su vida, su actividad principal fue la defensa y la propagación de la fe, tanto mediante la oración como activamente, particularmente entre los judíos, para lo cual fundó una escuela de hebreo en Murcia y participó en algunas controversias, como la que en el año 1263 contrapuso el dominico convertido del judaísmo, Fray Pablo Cristiá con el rabino Moisés ben Nahman. Favoreció las actividades de las órdenes mendicantes que misionaban en el norte de África y la creación de escuelas donde los religiosos podían aprender el árabe y otras lenguas orientales. Conoció a Santo Tomás de Aquino y tanto le insistió, que consiguió que escribiese su famosa “Summa contra gentiles”.

Todas estas actividades hicieron que en vida se le tratara como a un santo y sin poseer ninguna distinción especial – recordemos que renunció al arzobispado de Tarragona –, hasta su muerte, siempre fue el representante permanente de la Santa Sede en Cataluña. De sus numerosas intervenciones en la vida política y religiosa del reino de Aragón, da testimonio el prestigio que tuvo ante el rey Jaime I; intervino en la nominación de obispos, proponiendo al Papa a las personas más dignas para esa responsabilidad, como por ejemplo a los obispos de Huesca y Mallorca e incluso obligando a algunos obispos negligentes a cesar de sus funciones, como por ejemplo favoreciendo la dimisión del obispo de Tortosa. Para ayudar a los obispos, compuso la “Summa pastoralis”, en la que les daba consejos y normas a seguir en las visitas pastorales a sus diócesis.

Fue árbitro de contenciosos importantes como el que hubo entre el conde De Foix y el obispo de La Seo de Urgel a propósito del Principado de Andorra. Siempre conseguía dirimir las disputas e imponer la concordia. Ayudó al rey Jaime I a realizar su testamento, esforzándose en garantizar la unidad del reino a fin de que pudiera seguir teniendo un gran poder en la obra que llevaba a cabo en la Reconquista de la península.

Escultura de Jaume Durán en el Palau Casades.

Escultura de Jaume Durán en el Palau Casades.

Después de treinta y cinco años en su patria, murió en el convento de Barcelona el día 6 de enero del año 1275, teniendo entre 95 y 100 años de edad. Sus funerales fueron oficiados con tal pompa que asistieron los reyes de Aragón y de Castilla.

De San Raimundo de Peñafort se puede decir que fue un excelente jurista, destacando siempre en este campo con grandes dotes de humildad y claridad de ideas. Se preocupó de facilitar el conocimiento del derecho tanto a los estudiantes, como a los confesores, obispos y jueces eclesiásticos, a fin de que siempre, la actividad pastoral fuera conforme a derecho. Realizó una intensa actividad pacificadora en Aragón, se esforzó en mejorar el nivel intelectual de los obispos y favoreció el desarrollo de las órdenes franciscana, dominica y mercedaria.

Como he dicho anteriormente, fue considerado un santo ya en vida y, después de muerto, fueron numerosos los milagros realizados junto a su sepulcro en Barcelona. Los fieles acostumbraban a coger polvo de alrededor de su tumba en el convento, a los que se le atribuían poderes milagrosos, como lo atestiguan algunos documentos de la época, milagros que también se le atribuían en vida, como por ejemplo la utilización de su capa como embarcación para llegar a Barcelona desde Sóller, en las Islas Baleares.

Cuatro años después de su muerte, el concilio provincial de Tarragona solicitó su canonización al Papa Nicolás III y tres años más tarde, el rey Pedro de Aragón nombró un procurador especial para promover su Causa en la Curia Romana. El Papa Martín IV nombró una comisión de tres cardenales para que examinaran todos sus escritos, pero por diversas circunstancias políticas, no fue beatificado hasta el año 1542, cuando el Papa Paulo III concedió al cardenal Juan de Toledo la autorización para celebrar su oficio litúrgico en todos los conventos dominicos de España. Fue canonizado por el Papa Clemente VIII el día 29 de abril del año 1601. Fue el primer Santo canonizado en la actual Basílica Vaticana.

Su fiesta fue fijada el día 7 de enero, pero posteriormente, el Papa Clemente X en el año 1671 la trasladó al 23 del mismo mes. Con la nueva publicación del calendario litúrgico en el año 1969, su fiesta se trasladó definitivamente al 7 de enero, día posterior a su muerte. Sus restos fueron trasladados a la catedral de Barcelona en el año 1838.

Tumba del Santo en la catedral de Barcelona.

Tumba del Santo en la catedral de Barcelona.

En España es el patrono de los abogados católicos y de las facultades de derecho de todas las Universidades. En su honor, el 23 de enero del año 1944, fue instituida la Gran Cruz de la Orden de San Raimundo de Peñafort.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– BENACH I TORRENTS, M., “La devoción popular a San Ramón”, Villafranca, 1961.
– GAZULLA, F., “La Orden de Nuestra Señora de la Merced: estudios histórico-críticos”, Barcelona, 1934.
– VV.AA., “Bibliotheca sanctorum”, tomo XI, Città N. Editrice, Roma, 1990.

Enlace consultado (08/12/2013):
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Los Santos que navegaron sobre su manto (II)

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Grabado contemporáneo de San Raimundo de Peñafort cruzando el mar sobre su manto.

Grabado contemporáneo de San Raimundo de Peñafort cruzando el mar sobre su manto.

San Raimundo de Peñafort (1175–1275)
Martirologio Romano, 7 de enero: San Raimundo de Peñafort, sacerdote de la Orden de Predicadores: insigne conocedor del derecho canónico, escribió recta y fructuosamente sobre el sacramento de la penitencia y, elegido maestro general, preparó una nueva redacción de las Constituciones de la Orden; en vejez avanzada, en Barcelona, España, se durmió piadosamente en el Señor.

En su biografía se relata el milagro de la travesía sobre su manto. Raimundo, celoso predicador, trabajó por la supresión de las herejías en España y en Cataluña, con la asistencia de Jaime I, que a menudo recurrió a su ministerio y a su consejo. Un día, quiso que el Santo lo acompañara a la isla de Mallorca, donde los judíos, expulsados ​​de la península, estaban refugiados. Tratándose de la salvación de las almas, Raimundo no supo decir que no, pero tan pronto como se dio cuenta de la treta del rey, con audacia, propuso dar la vuelta, decidiendo retornar a Barcelona, pensando tener cierta complicidad por su estancia en la corte. Pero Jaime I había prohibido a todas las naves que lo llevaran a bordo, por lo que él puso su manto en el mar, subió, y en seis horas realizó las ciento sesenta millas que lo separaban de su convento, en el que entró, cerrando las puertas.

Beato Conrado Confalonieri de Noto (1290-1351)
Martirologio Romano, 19 de febrero: En Noto de Sicilia, el beato Conrado Confalonieri de Piacenza, eremita de la Tercera Orden de San Francisco que, dejando de lado las diversiones mundanas, practicó durante cerca de cuarenta años un estricto modo de vida, con oración continua y asidua penitencia.

En un manuscrito maltés de finales del siglo XVII, un sacerdote jesuita aportó una bella y estimulante información hagiográfica; esta también fue narrada en el año 1657 en las “Animadversione in Vitam Divi Conradi”, texto incluido en el libro de Gaetani, que fue publicado en Palermo, en su “Vitae Sanctorum Siculorum”.

Aparte de narrar la permanencia en Malta de San Conrado, narra también cómo el Santo, después de haber tenido algunas discusiones con los toscos habitantes de Casal Mosta en Malta, dejó aquel lugar. San Conrado se alejó de Malta viajando por el mar sobre su capa de peregrino y penitente y así llegó a Sicilia.

Pintura contemporánea de San Miro, eremita de Canzo, navegando sobre su manto en el lago.

Pintura contemporánea de San Miro, eremita de Canzo, navegando sobre su manto en el lago.

San Miro de Canzo (1306 ca. –1381)
San Miro nació en Canzo en el 1253 (algunos dicen que en el 1306 o 1336?) siendo, Erasmo Paredi y Drusilla (o Drusina), los padres piadosos que tuvieron el don de un hijo en su vejez, al que llamaron “Miro”, tal vez para expresar la maravilla de aquel gran regalo. San Miro primero quedó huérfano de madre y luego de padre, distribuyendo todo lo que poseía entre los pobres y comenzando a llevar una vida eremítica bajo la dirección de un maestro, primero en Canzo y luego en Sorico, en la diócesis y provincia de Como, en la Rivera del Lario. Algunos eruditos creen que perteneció a la Tercera Orden Franciscana, pero otros niegan esta pertenencia.

San Miro, con treinta y dos años, después de la muerte de su maestro y guiado el mismo por un sueño, inició un largo peregrinaje por todos los lugares santos, retornando después a su lugar de origen, donde se retiró como ermitaño en el lugar donde hoy se asienta el eremo a él dedicado, en el valle del torrente Ravella. Allí vivió en continuo ayuno y oración. Para consolarlo y sostenerlo en su vocación, se le apareció la Madre de Dios. Su lecho era la desnuda tierra, comía los frutos que daba el bosque y bebía en una fuente que surgió de las rocas gracias a sus oraciones.

Se dice que antes de partir a Canzo Sorico, donde murió, tuvo un discurso de despedida a sus compatriotas; así es como nos contó Tam: “Esto es lo que vuestro Miro empezó aquí hace años, peregrinó a los lugares santos, y al retorno no fue reconocido por vosotros. Ahora, ya que debe abandonaros para siempre, pido al Señor que, en reconocimiento de lo bueno que hemos hecho a los pobres, traiga un poco de gracia. Decid qué gracia queréis”. Sin embargo dice Tam que oyó la voz de una niña que gritaba entre la multitud “¡Agua, agua! .. Y el agua se obtendrá, dijo Miro”. Este episodio hizo que se eligiera a San Miro como santo a quien invocar para obtener el agua o como protector en relación con los desastres producidos por el agua. Incluso hoy en día Cazzago Brabbia (VA) lo invocan contra la sequía.

Así que San Miro, viendo que le venía la muerte, desde Canzo marchó a Onno y posteriormente, a Mandello cruzando el lago y usando su capa como barca. Finalmente llegó a Sorico donde murió, con cuarenta y cinco años en el 1308 (o 1381?) – el 11 de mayo, según algunos – siendo enterrado en la iglesia de San Miguel (ahora llamada San Miro), situada en una colina cercana.

La primera “Vita” en italiano parece ser la traducción de un texto latino anterior que se ha perdido. En el santuario de San Miro al Monte – en Canzo – la vida del santo ermitaño está completamente ilustrada en los frescos que lo decoran. El santo es a menudo representado con un traje gris como un ermitaño o peregrino.

El 10 de septiembre del 1452 se hizo el reconocimiento de las reliquias, posteriormente realizado también en el 1837 y en el 1932. La fiesta liturgica se celebraba o ahora se celebra, el segundo viernes de mayo, mientras que el padre Tatti, de la Congregación de los Padres Somascos, en su “Martyrologium Novocomiensis” lo colocó el 10 de mayo; es recordado también el 21 de mayo, probable fecha de uno de los reconocimientos.

Junto a Sorico (santuario de San Miro) está la parrocchia de Canzo donde se guardan sus santas reliquias. San Miro, a pesar de que históricamente existió y aunque tiene un culto secular, no está inscrito en el Martirologio Romano: ¿es un olvido?

San Francisco de Paula, acompañado de dos discípulos, navega sobre su manto hacia Milazzo.

San Francisco de Paula, acompañado de dos discípulos, navega sobre su manto hacia Milazzo.

San Francisco de Paula (1416 – 1507)
Martirologio Romano, 2 de abril: San Francisco de Paula, eremita: fundó en Calabria la Orden de los Minimos, ordenando a sus discípulos vivir de las limosnas, sin poseer nada como propio y sin tocar el dinero, comiendo siempre como se come en Cuaresma. Llamado a Francia por el rey Luís XI, le llegó la hora de su muerte, muriendo en Plessy, cerca de Tours, célebre por su austeridad de vida.

Muchos son los milagros atriuidos al santo de Paula, pero el más conocido es el atravesar el mar que separa Calabria de Sicilia, usando su manto como barca y su bastón como vela. Este hecho es narrado por diversos escritores. San Francisco de encontraba en Catona (RC) junto con sus compañeros, con la intención de llegar a Sicilia. Pidió al propietario de una embarcación, que estaba para hacerse a la mar hacia Mesina, que lo ayudara pero como respuesta recibió que sin dinero, no se embarcaba nadie. Francisco, ante el estupor de todos, se quitó el manto, lo extendió sobre el mar y sobre él, navegó hasta Sicilia. En ese momento, el chico de la nave, aun más asombrado, embarcó a todos los compañeros de Francisco, siguiéndolo inútilmente. Francisco llegó el primero a las cercanías de Messina, aunque según otras fuentes, se dice que desembarcó en Milazzo.

Damiano Grenci

Bibliografía y sitios:
* AA. VV. – Biblioteca Sanctorum (Enciclopedia dei Santi) – Voll. 1-12 e I-II apendice – Ed. Città Nuova
* C.E.I. – Martirologio Romano – Libreria Editrice Vaticana – 2007 – pp. 1142
* Cantù Ignazio – Guida pei monti della Brianza e per le terre circonvicine (1837)
* Grenci Damiano Marco – Archivo iconográfico y hagiográfico privado: 1977 – 2013
* Grenci Damiano Marco – Quaderno 138, I Santi di Canzo – Ed. D. M. G., 2012
* Malvicini Fulvio A. in www.templarisanbernardo.org
* Pettinei Guido, I Santi canonizzati del giorno, vol. 1, ed. Segno, Udine, 1991
* “Santi, santità e santini di Calabria”, Cosenza, Progetto 2000, 2011
* sito web eremosantalberto.it
* sito web madonnadellaconsolazione.com
* sito web treccani.it
* sito web web.tiscali.it/gesualdodareggiocal/
* Tam Giovanni – Santi e Beati in Valtellina. Biografías populares. Memorias históricas. Tradiciones – Scuola Tip. Casa Divina Provvidenza, Como 1923
* Tradigo Alfredo – Iconos y santos de Oriente – Electa 2004

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