San Román Adame Rosales, presbítero mártir

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Fotografía del Santo.

Fotografía del Santo.

Introducción
El grupo de los Santos mártires mexicanos está conformado en su mayoría por sacerdotes, porque tres de ellos son laicos. Nos ofrece este conjunto ejemplos de jóvenes, solteros, un casado, sacerdotes con experiencia sacerdotal, otro casi recién ordenado, y también ancianos. Este artículo trata sobre el decano de los mártires mexicanos, pues era el de más edad; un párroco de pueblo, de esos que sus fieles les tienen confianza y cariño, al que se le debe lealtad, respeto y veneración. En el contexto de la sociedad mexicana de estos años, particularmente en el medio rural, son tres las voces o autoridades que guían la vida comunitaria sin ser elegidas democráticamente: el señor cura, el maestro de la escuela y el doctor. San Román Adame fue el señor cura, el padrecito, el ministro del Señor, de ésos que desgastan su vida para que los demás tengan vida y la tengan en abundancia.

Infancia
Nuestro Santo nació en Teocaltiche, parroquia ubicada en la cabecera municipal del mismo nombre y en cuyo territorio civil, en una delegación de ese municipio, Mechoacanejo, se santificó otro mártir mexicano: San Julio Álvarez. Vio la luz primera el 27 de febrero de 1859, hijo de Felipe Adame y Manuela Rosales. Fue hecho hijo de Dios por el bautismo el 2 de marzo siguiente en la parroquia de Nuestra Señora de la Soledad, patrona de su pueblo natal. Poco se sabe de su infancia, sólo que hizo los estudios en la escuela local y que, cuando tenía 18 años, ingresó en el Seminario Conciliar de Guadalajara (1877).

Sacerdote
Recibió la ordenación sacerdotal el 30 de noviembre de 1890, de manos del arzobispo de Guadalajara don Pedro Loza y Pardavé. En 1891 fue elegido rector de ordenados y penitenciario en el Sagrario Metropolitano, en 1896 recibió el nombramiento de párroco de la Yesca, Nayarit. El 1 de junio de 1897 regresa al Sagrario Metropolitano como capellán. En septiembre del mismo año es nombrado párroco de Ayutla, Jalisco. En 1903 es enviado como párroco de San Juan Bautista del Teú del Gonzáles Ortega, Zacatecas; y el 20 de noviembre de 1913 es promovido a párroco de Nochistlán, Zacatecas. En 1922 es propuesto como vicario foráneo de Nochistlán, dentro de cuya jurisdicción se hallaban las parroquias de Nochistlán, Apulco y Tlachichila. Allí permanecerá hasta el final de sus días.

Relicario del Santo en Yahualica, México.

Relicario del Santo en Yahualica, México.

Hombre de intensa vida de oración, a la que convidaba a sus vicarios insistentemente. Rezaba el oficio divino con mucha devoción, la celebración de la misa era antecedida por un espacio largo de meditación, la cual celebraba con la dignidad de un sacerdote de Dios Altísimo. No era negligente en sus actos de piedad y era muy devoto de la Santísima Virgen María. Celoso de la gloria de Sido y de la salvación de las almas, poseía un espíritu misionero cuando predicaba los ejercicios espirituales, en sus exhortaciones y homilías y sermones. Tenía gran solicitud para atender a enfermos y moribundos, a los cuales atendía inmediatamente cuando le solicitaban el auxilio espiritual.

Tenía la preocupación formar a sus fieles en la fe, para lo cual se esmeraba en la predicación, organizaba semanas de estudios y de formación para adultos, promovió el catecismo, invitaba constantemente a sus feligreses a acercarse a lso sacramentos, atendió especialmente las escuelas parroquiales y tenía un particular interés en promover y cultivar las vocaciones sacerdotales.

Hombre profundamente humilde, lleno de paciencia y prudencia, supo enfrentar las ingratitudes y desprecios humanos. Al llegar al Nochistlán, un grupo de feligreses no lo veían bien, pues deseaban que estuviera como párroco otro sacerote oriudo del lugar. En una ocasión lo injuriaron vergonzosamente, al dejar a las puertas del curato un burro amarrado a la puerta con una bolsa de tortillas y un letrero que decía: “Para tu camino”, dándole a entender que no era ni aceptado ni bien recibido. Mucha gente llegó a hablar mal y murmurar de él. Sin embargo, siempre supo perdonar y disimular estas contrariedades. Nunca fue violento, siempre se mostró amable, jamás manifestó odio o rencor y tampoco habló mal de nadie. Asiduo al confesionario, tenía talento para curar las almas, pues hablaba con la verdad. Vivió y murió pobre; intachable en su castidad. Fue muy obediente con sus superiores. Construyó un templo a San José, dirigió a las Hijas de María y a la Adoración Nocturna.

La persecución religiosa
Al iniciarse los días aciagos de la lucha cristera, supo ser cauteloso con las autoridades civiles, pero pronto se vio en la necesidad de ausentarse de la cabecera municipal, ejerciendo su ministerio sacerdotal en casas particulares al suspenderse el culto público.

El Santo, capturado, maniatado y llevado prisionero a Yahualica. Ilustración contemporánea.

El Santo, capturado, maniatado y llevado prisionero a Yahualica. Ilustración contemporánea.

El 18 de abril de 1927, un día antes de ser capturado, comía en el Rancho de Veladores, en casa de José Mora. Una mujer, María Guadalupe Barrón, le dijo, al saber que andaban cerca las fuerzas militares, “Ojalá no vayan a dar con nosotros”, a lo que el Santo le respondió: “¡Qué dicha ser mártir, dar mi sangre por mi parroquia!”. Esa tarde se la pasó confesando y ya noche, en compañía de la familia que lo hospedaba, rezó el rosario y luego se retiró a dormir, para poder celebrar la misa temprano al día siguiente.

Había llegado a Nochistlán el coronel Jesús Jaime Quiñones, y un habitante del lugar, Tiburcio Angulo, delató al sacerdote y le dijo dónde estaba. Así como a la una de la mañana llegaron al rancho y sitiaron la casa. El señor cura se encontraba en ropa interior y así fue aprehendido. Se lo llevaron descalzo y maniatado, luego lo hicieron caminar hasta Mexticacán, Jalisco, y de allí lo llevaron a Yahualica de González Gallo, Jalisco. A su benefactor, José Mora, lo dejaron en libertad. Al llegar a Río Ancho, un soldado se apiadó de él y le dejó su caballo, pues el anciano sacerdote no podía ya caminar, tenía los pies destrozados. Por esta causa, la tropa comenzó a injuriar al soldado. Al llegar a Yahualica iba amarrado y montado en el caballo.

Entretanto, el coronel Quinoñes se había posesionado del curato, convirtiéndolo en un cuartel. Allí lo encarcelaron. De día era conducido a los portales del centro del pueblo custodiado por un soldado, quien lo amarraba a una columna y por la noche lo encarcelaban nuevamente. Dos días y medio lo trataron así, sin darle de comer y beber.

Por fin, Francisco González de Mexticacán pudo acercarse a hablar con el Santo, quien le pidió que gestionara su liberación. Este hombre, junto con Jesús Aguirre y otras personas, negociaron con el coronel la liberación del anciano párroco. El coronel no aceptaba liberarlo, pues decía que tenía órdenes de fusilar a todos los sacerdotes, pero luego consintió en liberarlo si juntaban un rescate de 6000.00 pesos. Se reunieron 4500.00 en Nochistlán y 1500.00 en Yahualica, cuando le entregaron el dinero al militar, éste se rajó y les dijo que de dónde habían sacado ese dinero y que todos los que habían intervenido para reunir esa cantidad también serían pasados por las armas. Así, traicionando lo pactado, asustó a la gente, que ya no quiso ni pudo hacer alguna gestión por el azoro y susto que les había causado.

Vista de la columna donde estuvo atado el Santo durante sus horas de tormento.

Vista de la columna donde estuvo atado el Santo durante sus horas de tormento.

El 21 de abril el sacerdote fue sacado de la prisión y, con una patrulla, se dirigieron hasta el panteón municipal. Mucha gente siguió la escolta, hubo quien, entre llantos, suplicaba la libertad del padre a los soldados. Al llegar al cementerio, luego de una subida muy pronunciada, San Román llegó muy agitado. Ingresaron al lugar y los soldados cerraron las puertas. Entre los soldados estaba Antonio Carrillo Torres, conocido de José González, quien contó lo sucedido dentro de la necrópolis.

Martirio
José González y Domingo Mejía se lograron meter a escondidas a una distancia de unos sesenta o setenta metros. Vieron cómo formaron el cuadro de fusilamiento y cómo el Santo fue recargado a la pared. Le iban a vendar los ojos, pero él no lo aceptó. Ceca de allí, como a metro y medio, estaba la fosa recién cavada para sepultarlo. Ante la orden de: “Preparen armas”, todos los militares lo hicieron, excepto el referido Antonio Carrillo. Se le reclamó y a la segunda orden de “Preparen armas” siguió sin obedecer. Se le amenazó con que le iba a suceder lo mismo que al sacerdote si no obedecía, pero él solo movía su cabeza negándose a cumplir la orden. Entonces el que estaba al mando lo jaló y lo puso al lado de San Román, quien levantó la mano y lo retiró, como diciendo que cumpliera con su deber. Entonces dieron la orden de “Apunten” y “Fuego” y dispararon sobre el Santo, quien cayó acribillado. Luego fusilaron al soldado, a quien antes, el que dirigía el pelotón lo abofeteó y le quitó las insignias militares.

San Román murió sin habérsele hecho un proceso, ni siquiera sumario. Luego de 15 minutos, el coronel Quiñones le dijo a Jesús Limón que con cuarto vecinos se hicieran cargo del cadáver. Éste tenía los tiros en el pecho y no se le había dado el tiro de gracia. Lo metieron en una caja de mala calidad y lo sepultaron inmediatamente. En la parte oficial que rindió el coronel Quiñones algeneral Figueroa dijo: “En el trayecto de Yahualica al Rancho de los Charcos, se encontró al cabecilla Adame con otros dos individuos y en combate resultaron muertos los tres”. Información a todas luces falsificada. Por la noche, el coronel Quiñones, envalentonado, retaba al pueblo, diciéndoles que a quién le había parecido mal que hubiera fusilado al cura. Y lo decía sin estar borracho.

Culto
Los restos del Santo fueron exhumados unos años después. Cabe señalar como detalle interesante que el corazón del Santo fue encontrado como petrificado, en el cual se había incrustado y amalgamado el rosario de San Román. Estos restos fueron sepultados luego en la sacristía de la parroquia de San Miguel Arcángel de Yahualica, donde permanecieron hasta 1948, año en que se celebró el IV Centenario de la fundación de la Diócesis de Guadalajara. Entonces, el párroco de Nochistlán los trasladó a esta parroquia dedicada a San Francisco de Asís, donde permanecen ahora en el crucero izquierdo del templo parroquial. Actualmente el panteón en que fue fusilado y sepultado, es un campo deportivo.

Urna con las reliquias del Santo.

Urna con las reliquias del Santo.

Fue beatificado por San Juan Pablo II el 22 de noviembre de 1992 y canonizado por él mismo el 21 de mayo de 2000, en compañía de grupo de mártires que encabeza San Cristóbal Magallanes Jara. Su celebración litúrgica es el 21 de mayo, aniversario de su canonización.

En el Sagrario Metropolitano de Guadalajara había cuatro nichos vacíos, dos en la entrada y dos en la puerta sur. Luego de su canonización, se pusieron cuatro esculturas de santos mártires mexicanos; en la puerta sur, de San Julio Álvarez y de San David Galván, originarios de esta ciudad. En la entrada principal, de San Cristóbal Magallanes y de San Román Adame. Del primero, por ser quien encabeza el grupo de estos Santos; y del segundo, por haber realizado su ministerio en esta parroquia. La parroquia de Yahualica, el lugar de su martirio, guarda con devoción una reliquia de este Santo.

Humberto

Bibliogafía:
– Conferencia del Episcopado, ¡Viva Cristo Rey!, editada por ella misma, México, D.F. 31 de julio de 1991. Pp. 15-19.
– Diócesis de San Juan de los Lagos, Tierra de Mártires, Guadalajara, Jalisco, 2002. Pp. 68-71

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