Santos Romano, Nicodemos y Pacomio, monjes mártires

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Icono ortodoxo griego de San Romano de Karpenisi.

Icono ortodoxo griego de San Romano de Karpenisi.

El pasado día 15 de octubre publicamos un artículo sobre San Acacio de Kafsokaliva, en el que comentamos cómo tres compañeros suyos habían sido martirizados y que escribiríamos un artículo sobre ellos. Pues hoy mismo lo hacemos, relatando resumidamente sus vidas y martirios.

San Romano de Karpenisi
El propio San Acacio solicitó a su discípulo Jonan Kafsokalyvitin que escribiese la vida de su compañero Romano (o Román) y este lo hizo. Nació en Karpenisi de Evritania (Grecia), en el seno de una familia analfabeta y muy pobre, pero muy piadosa. Siendo ya un joven, viajó a Constantinopla, Tesalónica y Mitilene buscando trabajo. Allí encontró a algunos peregrinos que marchaban a Tierra Santa y decidió visitar la ciudad de Jerusalén permaneciendo durante algún tiempo en el monasterio de San Sabas en el desierto de Judea. Fue allí donde conoció las vidas de muchos santos mártires – recordemos que en el 614 los árabes masacraron a toda la comunidad sabaíta -, y donde comenzó a añorar el morir como monje y como mártir. Le hizo este propósito al Patriarca jerosolimitano, quién lo desalentó temiendo las iras de los turcos contra la Basílica del Santo Sepulcro.

Volvió a Grecia, que como todos sabemos estaba ocupada por los turcos, y en Chios y Tesalónica comenzó a predicar la fe en Cristo. Los turcos lo atacaron y golpearon para hacerlo renegar pero viendo que no lo conseguían, decidieron matarlo, no sin antes torturarlo. Tuvo la suerte de que el gobernador de Tesalónica, solicitó a los jueces que se lo cedieran como esclavo remero para utilizarlo como tal hasta la muerte, remando en uno de sus barcos. Los jueces accedieron y lo enviaron a la flota que estaba amarrada en el puerto de la ciudad. El, con la ayuda de algunos cristianos, logró escapar y huir hasta el Monte Athos. Allí llegó a finales del año 1680, poniéndose bajo la guía espiritual de San Acacio en Kafsokalivia, pero sin renunciar a sus ansias de martirio.

Detalle de San Romano de Karpenisi en un fresco ortodoxo griego.

Detalle de San Romano de Karpenisi en un fresco ortodoxo griego.

Luchó contra esta obsesión llevando una vida de ascesis, dedicándose a la oración y el ayuno y profundizando en las raíces de la fe ortodoxa con la ayuda de los monjes más ancianos. El día de Pentecostés del año 1693, tomó el hábito monacal adoptando el nombre de Romano y con la bendición de San Acacio marchó hacia Tierra Santa. Al llegar a Jerusalén intentó provocar a los turcos entrando en uno de sus santuarios, pero viendo que estos podían tomar represalias contra el Santo Sepulcro, marchó hacia Constantinopla. Allí se le ocurrió una nueva forma de provocación: ató a un perro con un collar al cuello y amarrándose la correa al cinturón se dedicaba a pasearlo por las calles. Eso, hoy en día es muy normal verlo por nuestras ciudades donde muchas personas tienen a un perro como mascota, pero entonces era algo anormal. Le preguntaron el por qué llevaba así al perro, a lo que él respondió: “Para darle de comer, como cristiano que alimenta a un musulmán”. Al oír esto, lo llevaron hasta el visir, quién lo entregó a los verdugos. Lo encerraron cuarenta días durante los cuales no le dieron ni comida ni agua; posteriormente, lo sacaron para torturarlo hasta que apostatara. Viendo que no lo conseguían, lo condenaron a muerte.

Mientras lo llevaban al lugar donde sería ejecutado, iba por las calles con semblante alegre, saludando a todo el mundo. Al pasar por la puerta de una mezquita, mientras desde el minarete se llamaba a la oración, él se burló de ellos y allí mismo le cortaron la lengua y posteriormente lo decapitaron. Era el 19 de enero de 1694. Los turcos abandonaron el cuerpo, el cual durante tres días estuvo despidiendo una luz que iluminaba la noche como si fuese una antorcha encendida. Ante este prodigio, el capitán y los marineros de un barco inglés, compraron el cadáver a los turcos por quinientos dinares de plata y se lo llevaron. El capitán de ese barco, finalmente se marchó al Monte Athos donde asumiendo el nombre de Agapio, abrazó la vida monacal en el monasterio Dochiariou. Estando San Acacio en su cuerva de Kafsokalivia orando, entró en trance y vio a Romano brillando de una forma indescriptible, su rostro irradiaba una luz más potente que la del sol y le manifestó la gloria de la que estaba gozando. La tradición dice que cuando Acacio sufría tentaciones o estaba afligido, siempre se le aparecía Romano para reconfortarlo.

Detalle de San Nicodemos de Elbasan en un fresco ortodoxo griego.

Detalle de San Nicodemos de Elbasan en un fresco ortodoxo griego.

San Nicodemos de Elbasan
Se llamaba Nicolás Dedes y era originario de Elbasan (Albania), donde vivía con su familia trabajando como sastre. Se casó cuatro veces y para congraciarse con los turcos, abrazó el Islam e hizo circuncidar a sus hijos. Uno de ellos, con la ayuda de algunos cristianos, abandonó su casa y se fue al Monte Athos. El, enojado, marchó tras él y al llegar a la península atonita, se encontró con su hijo y en vez de tomar represalias, visitó la sketa de Santa Ana derrumbándose ante el anciano monje Filotheo. Retornó a la fe cristiana y se tonsuró asumiendo el nombre de Nicodemos. El arrepentimiento fue tan sincero, que llevó una rigurosa vida de ascesis a fin de reparar su anterior delito de apostasía. Quiso expiarla incluso con el martirio, para el cual se preparó mediante la oración y el ayuno.

Elder Filotheo lo envió a Kafsokalivia. San Acacio, al verlo venir y sin conocerlo, lo llamó por su nombre, lo cogió de la mano y, juntos oraron. Cuando obtuvo la bendición de San Acacio quién le entregó un bastón de saúco, abandonó el monasterio y se marchó con el bastón a su tierra natal haciendo lo que hoy llamaríamos senderismo. Allí fue inmediatamente reconocido por los turcos, quienes lo llevaron delante del Pashá. No aceptando las promesas de este, fue entregado a una multitud enfurecida que lo torturó durante tres días. Fue decapitado el día 11 de julio de 1722, aunque algunos historiadores mantienen que el martirio ocurrió en el año 1714. Su cuerpo fue rescatado por los cristianos siendo venerado actualmente en la iglesia de la Madre de Dios de Berati, aunque en la sketa de Santa Ana también existen algunas reliquias suyas. Como la actual Berati se llamaba anteriormente Velégrado, esto indujo al historiador Eustratiadis a defender que el santo había sufrido el martirio en la actual ciudad de Belgrado, cosa que es errónea, pues fue martirizado en su localidad natal.

Fiesta de San Pacomio en Salónica, Grecia.

Fiesta de San Pacomio en Salónica, Grecia.

Gregorio el Moscopolita escribió un oficio litúrgico en su honor en el año 1781. Existe otro oficio litúrgico que se encuentra en la sketa de Santa Ana y que fue escrito por el monje Nifón, del monasterio atonita de Iviron; este texto fue editado en el año 1985. En la sketa de Santa Ana existe un fresco que lo representa y otro icono suyo es bien visible en la iglesia de la Dormición de la Madre de Dios, en Kallyva.

San Pacomio de Rossios
Se llamaba Procopio y había nacido en Rossios (la pequeña Rusia), en el seno de una familia piadosa. De joven se alistó en el ejército ruso, siendo apresado por los tártaros, quienes lo vendieron como esclavo a un curtidor turco que vivía en Usak de Filadelfia, en el Asia Menor. Allí estuvo a su servicio durante veintisiete años, soportando torturas y humillaciones por su condición de cristiano. Finalmente, fingiendo convertirse al Islam, fue puesto en libertad. Inmediatamente, a través de Esmirna pasó al Monte Athos, poniéndose bajo la dirección espiritual de un hieromonje del monasterio de San Pablo, llamado José. Después de tonsurarse adoptando el nombre de Pacomio, llevó una vida ascética en este monasterio por espacio de doce años, marchando posteriormente a Kafsokalivia, donde se puso bajo la dirección de San Acacio, con quién estuvo por espacio de seis años. Durante este período de tiempo maduró en él el deseo de sufrir el martirio y obtenida la bendición de Acacio, acompañado por el monje José, marchó a Usak de Filadelfia.

Reliquia de San Pacomio en visita a Salonica, Grecia.

Reliquia de San Pacomio en visita a Salonica, Grecia.

En Usak se puso a predicar en un mercado, siendo reconocido por los turcos, quienes lo llevaron ante el juez. Pacomio desafió al juez manifestando que jamás negaría a Cristo, por lo que lo encerró en una cárcel, con la esperanza de hacerlo recapacitar. Pasados tres días le dio la posibilidad de rectificar, pero como Pacomio se negó a renegar de su fe ortodoxa, fue decapitado el jueves de la Ascensión, 21 de mayo del año 1730. Los cristianos sepultaron su cuerpo que hoy se encuentra en el monasterio de San Juan Evangelista en Patmos. Una pequeña reliquia se venera en el monasterio atonita de San Pablo.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– MEINARDUS OTTO, F.A., “The Saints of Greece”, Atenas, 1970.
– OIKONOMOU, F., “Hagiologio de todos los santos de Epiro”, Atenas, 1991
– PSEFTONGAS, V., “Martirologio de los neomártires”, Tesalónica, 1988
– VV.AA., “Bibliotheca sanctórum Orientalium, volumen II”, Città Nuova Editrice, Roma, 1999.

Enlace consultado (21/09/2014):
http://users.uoa.gr/~nektar/orthodoxy/agiologion

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