San Saturio, eremita visigodo

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Busto relicario de San Saturio.

Busto relicario de San Saturio.

San Saturio es una figura muy poco conocida en la hagiografía española, siendo muy escasos los datos fidedignos que tenemos de él. Nacido en Soria – según Tamayo Salazar en el año 493 -, en el seno de una noble y rica familia visigoda, deseando vivir en soledad desde que fallecieron sus padres, en el año 532 o sea, con unos cuarenta años, repartió sus bienes entre los pobres y se retiró a unas grutas que están en la colina de Peñalba, en la Sierra de Santa Ana, cerca del río Duero frente a la ciudad de Soria. En este lugar construyó una especie de oratorio dedicado al arcángel San Gabriel y vivió allí por espacio de treinta y seis años.

En el año 568, un joven de Armentia, localidad cercana a Vitoria, deseoso de someterse a su dirección espiritual y compartir con él su vida escondida y penitente, marchó hacia donde se encontraba Saturio que ya era un anciano de setenta y cinco años. Dice la leyenda que este joven intentó cruzar a nado el río Duero, que el santo lo vio y le advirtió del peligro aunque llegó sano y salvo a la orilla donde se encontraba la ermita del santo, sano y salvo y con las ropas completamente secas. El joven subió por los riscos y pidió a Saturio que le permitiese quedarse con él. Este joven, llamado Prudencio, llegaría a ser obispo de Tarazona y hoy también lo veneramos como santo.

Cráneo de San Saturio.

Cráneo de San Saturio.

Vivieron juntos por espacio de siete años y cuando Saturio murió sepultó el cuerpo de su maestro dentro de la misma gruta en la que habían vivido y en el sepulcro grabó la siguiente inscripción: “Hic requiescit famulus Dei Saturius, que postquam vitam per fere XXXVI annos eremiticam transegisset, miraculis clarus obdormivit in Domino annorum LXXV, die VI non. Octob. Era DCVI”. (Aquí descansa el siervo de Dios Saturio, quién después de haber llevado vida eremítica durante treinta y seis años, esclarecido en milagros, durmió en el Señor a los setenta y cinco años de edad, el día sexto de las nonas de octubre de la era 606).

Siendo ya obispo, San Prudencio organizó una peregrinación a la cueva de la Sierra de Santa Ana para venerar los restos de Saturio, ya que por aclamación popular era venerado como un santo. De hecho, la fama de taumaturgo que tuvo en vida y después de su muerte hizo que la ciudad de Soria lo eligiese como su santo patrono.

Con el tiempo, los templarios se adueñaron de la cueva y de la ermita. En un principio, los restos del santo estaban en la cueva, pero cuando se reconstruyó la ermita, fueron puestos en una arqueta en el altar mayor. En el lado derecho de altar está señalado el lugar donde fueron encontradas, lugar que en un principio estaba completamente tapado aunque los habitantes de Soria habían abierto un agujero por donde metían la cabeza ya que estaban convencidos de que el santo tenía remedios para curar las cefaleas y las migrañas. El cráneo se llevó a la catedral de Soria, donde se encuentra dentro de una funda relicario de plata en una capilla a él dedicada. También en la ermita se venera un busto relicario de principios del siglo XIX.

Pero el culto al santo fue decayendo y de hecho, a mediados del siglo XVI había casi desaparecido; los sorianos solo recordaban que en la antigua ermita de San Miguel estaban los restos de un santo ermitaño que había vivido en aquellas cuevas. Sin embargo, en el 1630, después de estar sufriendo las consecuencias de una prolongada sequía, se volvió a recordar el patronazgo del santo sobre la ciudad y se sacó en procesión de rogativas. Parece que el santo los escuchó porque de nuevo llegaron las lluvias y eso dio pie a que la ciudad fuera recuperando su antigua devoción al santo ermitaño, conmemorándolo con romerías, procesiones y fiestas. De esta manera, en ese siglo XVII, en el lugar donde había vivido el anacoreta se erigió una ermita, muy sobria por fuera pero barroca por dentro, con un espléndido altar barroco. Como la ermita se encuentra enclavada en el llamado Cerro de Santa Ana, lógicamente existe en ella un altar dedicado a la madre de la Santísima Virgen.

Sepulcro de San Saturio.

Sepulcro de San Saturio.

A la ermita se accede por la cueva, que está debajo de ella y lo primero que se encuentra al entrar es una sala grande, presidida por una imagen del santo, donde antiguamente celebraban sus reuniones la hermandad de labradores a fin de dirimir sus conflictos internos. La iglesia es de planta octogonal, las paredes están decoradas con frescos que representan la vida del santo: repartiendo sus bienes entre los pobres, orando en la capilla de San Miguel, predicando, la travesía milagrosa de San Prudencio, la muerte de San Saturio y su canonización por San Prudencio cuando era obispo de Tarazona. Estos frescos son obra de Antonio de Zapata, discípulo de Antonio Palomino, quién las realizó entre los años 1704-1705.

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Como he dicho anteriormente fue el propio San Prudencio quién como obispo y según la tradición del siglo VI, canonizó al santo, pero el 31 de agosto del 1743, mediante decreto del Papa Benedicto XIV, se incluyó su nombre en el Martirologio Romano, se confirmó su patronazgo sobre la ciudad de Soria y se estableció su festividad el día 2 de octubre.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– Moral, T., “El eremitismo en la historia de Castilla”, Pamplona, 1968
– Moral, T., “Bibliotheca sanctórum, tomo XI”, Roma, 1990
– Tamayo Salazar. G., “Martirologium hispanum”, Lyon, 1651-1656.
– Tutor y Malo, “Vida y muerte del ínclito anacoreta San Saturio, patrón de la segunda Numancia”, 1890.

Enlaces consultados (25/08/2015):
– https://es.wikipedia.org/wiki/Saturio
– https://es.wikipedia.org/wiki/Ermita_de_San_Saturio_(Soria)
– www.osma-soria.org

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