San Servacio, obispo de Tongeren

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Escultura contemporánea del Santo, obra de Charles Vos (1934), en el puente de San Servacio, Maastricht (Holanda).

Escultura contemporánea del Santo, obra de Charles Vos (1934), en el puente de San Servacio, Maastricht (Holanda).

Pregunta: Bueno, soy de Valladolid, Yucatán, y mi parroquia tiene como patrón a San Servacio, pero he buscado en Internet sobre él y no he tenido buenos resultados, ni siquiera saber su historia. Les agradecería mucho si ustedes me pudieran ayudar. Muchos lo confunden con Gervasio y de eso sale que tuvo un hermano gemelo, pero por lo que me han dicho, no es así. Les agradezco su respuesta si fuera así. Un abrazo desde mi Valladolid, Yucatán, México.

Respuesta: Efectivamente: San Servacio es uno y San Gervasio es otro. Tú te estás refiriendo al santo obispo de Tongeren, y claro que podemos decirte algunas cosas sobre su vida y su culto. Era originario de Oriente y, como te acabo de decir, fue obispo de la “Civitas Tungrorum”, la actual Tongeren (o Tongres en francés). No se sabe mucho acerca de su actividad pastoral en esta ciudad, aunque sí se hizo notar a nivel de la Iglesia Universal, en aquella época en la que ésta estaba sumida en la lucha antiarriana. No está confirmado que asistiese al Sínodo de Sárdica en Tracia (la actual Sofía de Bulgaria), que a petición del Papa San Julio I, se celebró en el año 343 y en el cual, fue absuelto San Atanasio, restituyéndosele su sede de Alejandría. Pero, sin embargo, tres años más tarde es citado por el propio Atanasio con el nombre de “Sarbatios”, en el séptimo puesto de la lista de los doscientos setenta y dos obispos que le habían absuelto.

Según el propio San Atanasio, el obispo Sarbatios fue enviado por el usurpador Magnencio como embajador a Edessa – en la Mesopotamia armena – ante el emperador Constancio II, siendo este hecho confirmado por el cronista bizantino Zonaras. De vueltas a Rímini en el año 359, asistió al Sínodo celebrado en esta ciudad, donde participaron más de cuatrocientos obispos, de los cuales, unos ochenta eran semiarrianos. Según nos dice Sulpicio Severo, el emperador Constancio ejerció una fuerte presión sobre los padres sinodales para obtener de ellos la renuncia a la fórmula nicena “consubstantialem Patri” (“el Hijo es de la misma naturaleza que el Padre”) y aceptaran una fórmula de fe que, aunque no era completamente arriana, era vaga y originaba interpretaciones erróneas. Mientras que los obispos ortodoxos – más de trescientos – se reafirmaron en la fe procedente del Concilio de Nicea, la minoría arriana se adhirió a la fórmula presentada por el emperador. Sin embargo, muchos de los obispos ortodoxos no tenían suficiente experiencia teológica y, después de varios meses de presiones, promesas y amenazas, la mayor parte se dejaron engañar, quedando como opositores tenaces unos veinte obispos, entre ellos Sarbatios.

Muerte de San Servacio. Miniatura medieval.

Muerte de San Servacio. Miniatura medieval.

La propuesta del emperador tenía trampa, pues decía que “el Hijo es igual al Padre según las Escrituras”, pero omitiendo la expresión “en todas las cosas”. Finalmente, después de otros seis meses de duras presiones por parte del cónsul Tauro y de los razonamientos disuasorios de los semiarrianos que simulaban querer la paz entre Oriente y Occidente, se llegó al acuerdo de aceptar esta propuesta, votaba por supuesto favorablemente por los arrianos y también por los escasos obispos ortodoxos que quedaban, entre ellos Sarbatios que, de buena fe, cayó en el engaño. El Papa Liberio, que estaba exiliado, cuando recuperó la libertad rechazó de inmediato esta fórmula e hizo ver a quienes la habían firmado que habían sido engañados, por lo que Sarbatios, dándose cuenta de su error, volvió de nuevo a la fe de Nicea. Esta trampa urdida por el emperador le hizo exclamar a San Jerónimo: “Fue una repentina derrota de la Ortodoxia y el mundo entero ha llorado asombrado al encontrarse arriano”.

De los últimos años de San Servacio (Sarbatios), se sabe muy poco. Una “Vita” sobre San Máximo, escrita entre los años 751-758, hace mención de un Sínodo celebrado en Colonia, en la cual el arzobispo Eufrates de aquella ciudad fue depuesto porque se había convertido al arrianismo. En esta “vita” se dice que en aquel Sínodo participó el obispo Sarbatios, siendo uno de los defensores más acérrimos de la ortodoxia. La historicidad de este Sínodo es discutida, pero no puede negarse que nuestro Santo se ganó a pulso la reputación de defensor de la fe nicena, ya que era un hombre notable, a pesar de una debilidad momentánea, y siempre había estado defendiendo las posiciones ortodoxas de Atanasio de Alejandría e Hilario de Poitiers.

Procesión de las reliquias cada siete años.

Procesión de las reliquias cada siete años.

Por San Gregorio de Tours sabemos (Liber de gloria confessorum), que San Servacio – a quien San Gregorio llama “Aravatius” – tuvo una revelación acerca de las intenciones de los hunos de invadir las Galias, por lo cual marchó a Roma para solicitar la protección del apóstol Pedro, el cual le reveló que la invasión era inevitable, pero de la cual él no sería testigo, recomendándole volver a su diócesis y prepararse para su próxima muerte. Pero dicho esto, hay que decir también que algunas fechas y relatos no cuadran, por lo que no se sabe qué parte de lo escrito por San Gregorio de Tours es historia y qué parte es sólo una leyenda piadosa. San Servacio volvió a su sede de Tongeren y desde allí, llevándose las reliquias de sus predecesores, se marchó a Maastricht, donde murió.

Como he dicho, esta anécdota es “sospechosa”, porque en realidad Tongeren no estuvo a punto de ser invadida ni por los hunos ni por ninguna otra tribu germánica, y porque se ignora dónde y cuando murió San Servacio. Tradicionalmente se ha mantenido que fue el lunes de Pentecostés – 13 de mayo de 383 -, pero este dato no se basa en ninguna certeza absoluta, en ningún fundamento que deba admitirse como rigurosamente cierto. Es verdad que su tumba ya se encontraba en Maastricht en el año 560 y allí continúa.

Busto que conserva el cráneo y que custodia en el tesoro de su basílica en Maastricht, Holanda.

Busto que conserva el cráneo y que custodia en el tesoro de su basílica en Maastricht, Holanda.

Las leyendas se han ocupado mucho de nuestro Santo: se ha llegado a decir que “era pariente de Cristo”, descendiente de una hermana de Santa Ana, primo segundo de San Juan Bautista y que había nacido en Penestrina, en Armenia. Que fue ordenado de sacerdote en Jerusalén, que fue un ángel quien le reveló que tenía que marcharse a Tongeren y presentarse ante su clero, que estaba a punto de elegir a su obispo. El mismísimo ángel lo llevaría hasta aquella ciudad belga y durante su viaje a Roma, el mismísimo San Pedro le dio las llaves de plata que abren las puertas de los cielos. Que de vueltas a su ciudad, el rey Atila vio como un ángel lo transportaba, protegiéndolo con sus alas para que no le hicieran daño los rayos del sol y otras cosas por el estilo, sobre las que obviamente, no voy a pronunciarme porque me daría la risa. Pero como quiero ser objetivo, tengo que decir que en el siglo XVII, los bolandistas trataron de separar el trigo de la paja y poner las cosas en su sitio.

En el año 560, su culto ya estaba reconocido oficialmente porque uno de sus sucesores, San Monulfo, sustituyó la pequeña capilla construida sobre su tumba por una iglesia más grande, iglesia que fue destruida por los normandos en el año 881 y vuelta a reconstruir en el año 1039. Se le atribuyeron muchísimos milagros y su culto y sus reliquias se extendieron por toda Europa, sobre todo por los valles de los ríos Mosa, Mosela y Reno. Grandes personalidades se acercaron a Maastricht para venerar sus reliquias, entre ellas el beato emperador Carlomagno, los emperadores Enrique II, Enrique III, Maximiliano de Austria, Carlos V, etc. Y muchos Santos, como San Norberto, San Bernardo… y San Juan Pablo II.

Actualmente, sus reliquias se encuentran en la basílica de San Servacio, en Maastricht, custodiadas en un precioso relicario conocido como “Noodkist”, y su cráneo, en un busto de plata del siglo XVI. Asimismo, se veneran otras reliquias suyas como su báculo, anillo, cruz pectoral, cáliz y la presunta llave que le entregó San Pedro para que abriera las puertas de los cielos.

Tumba del Santo en la cripta de su basílica en Maastricht, Holanda.

Tumba del Santo en la cripta de su basílica en Maastricht, Holanda.

Es especialmente venerado entre los días 9 al 23 de julio y, desde el año 1359, cada siete años, se realiza una concurridísima procesión por las calles de la ciudad. Es el patrón de los carpinteros y de los herreros, y se le invoca contra las enfermedades de los huesos y contra todo tipo de fiebres. Junto con San Bonifacio y San Pancracio – que se celebran los días 11 y 12 de mayo – y él, que se celebra el 13, forma el llamado trío de los santos del hielo, pues en esas fechas y en esas zonas, se producen las últimas heladas nocturnas. Como acabo de decir, en el Martirologio Romano, se le conmemora el 13 de mayo, o sea, mañana. Siempre se le representa como un obispo y como la leyenda lo hace pariente de Cristo, se le incluye en el llamado grupo de los “santos de la parentela”. Tiene muchas iglesias dedicadas en Holanda, Bélgica, Alemania y Francia.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– BENIGNI, U., “Council of Rimini”, New York. 1912
– VV.AA., “Bibliotheca sanctórum, tomo XI”, Città N. Editrice, Roma, 1990

Enlace consultado (26/04/2014):
– http://en.wikipedia.org/wiki/Saint_Servatius

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