San Sixto II, Papa y compañeros, mártires

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Detalle del Santo en la Capilla Sixtina. Basílica de San Pedro del Vaticano, Roma (Italia).

Detalle del Santo en la Capilla Sixtina. Basílica de San Pedro del Vaticano, Roma (Italia).

Historia
El emperador Valeriano comenzó su reinado con una actitud de tolerancia hacia los cristianos, al parecer, influenciado por su esposa Salomina, pero hacia el año 257, instigado por su consejero Macriano, decretó una persecución en contra de los que profesaban la religión de Cristo; los motivos que propiciaron esta decisión se considera que son, por una parte, la necesidad de mantener la hegemonía del imperio romano y, puesto que había una continua amenaza de invasión por parte de los pueblos bárbaros, la doctrina cristiana que predica la fraternidad, la igualdad, el perdón, la caridad, la comunidad, era una seria amenaza en caso de que los cristianos tuvieran que hallarse frente a un estado de guerra; por otro lado, corrían las versiones de que los cristianos, al vivir en comunidad y con despego a los bienes materiales eran poseedores de riquezas fabulosas, cuyo precio era ambicionado para usarse en las arcas públicas.

Así pues, la persecución contra los cristianos fue muy dura, dirigida particularmente contra los pastores de la Iglesia: obispos, presbíteros y diáconos, con la finalidad de desestabilizarla al minar su jerarquía. Hubo dos edictos promulgados para este proyecto: uno en agosto de 257 y otro en 258, San Cipriano resume así la situación en su carta número 80 enviada a otro obispo: “Valeriano ha enviado un rescripto al Senado, según el cual, los obispos, presbíteros y diáconos deben ser ejecutados sin dilación, a los senadores y personas distinguidas, así como a los caballeros romanos, se les despojará de sus bienes y de su dignidad y si a pesar de ello perseveran en su condición de cristiano, se les decapitará, a las matronas se les confiscará sus bienes y se las desterrará, a los cesarianos que hayan profesado o profesen la fe cristiana, serán desposeídos de sus bienes y enviados en calidad de prisioneros a las prisiones del estado”.

Entre los primeros en caer víctimas de esta persecución, está el Papa San Esteban I, que murió martirizado el 2 de agosto de 257; entonces, en plena persecución, el día 30 de agosto siguiente, fue elegido como Obispo de Roma San Sixto II. Es el primer Papa que tiene un nombre que ya había sido usado en precedencia, por ello, luego de su muerte, se le adjudicó el cardinal de “segundo”, para diferenciarlos de su antecesor: San Sixto I. A nuestro santo se le considera ser originario de Grecia y se le ha llegado a confundir con el filósofo griego de nombre Sexto, de la corriente neopitagórica, con el afán de atribuirle sus obras, cuyas enseñanzas tenían valor para la comunidad cristiana. San Cipriano refiere que “era un hombre amador de la paz y excelente en toda clase de virtudes”.

San Sixto entrega a San Lorenzo los bienes de la Iglesia. Fresco de Fra Angelico, capilla de Nicolás V, Roma.

San Sixto entrega a San Lorenzo los bienes de la Iglesia. Fresco de Fra Angelico, capilla de Nicolás V, Roma.

Uno de los problemas heredados por su antecesor era precisamente el que sobrevenía luego de cada persecución: los lapsi. Para la comunidad cristiana había cinco categorías de creyentes que habían enfrentado la prueba: los mártires, que habían muerto por la fe, los confesores, que sufrieron tormentos por la fe, pero habían sobrevivido, los sacrificados, que habían ofrecido sacrificios a los ídolos, los incensados, que solamente habían ofrecido incienso ante los ídolos para guardar las apariencias y los libeláticos, que mediante la compra de un billete (libellus) se hacían pasar por paganos pero sin dejar de ser cristianos; con los dos primeros tipos no había dificultades, estás se darían con las tres siguientes cuando pasada la persecución, intentaran acercarse a la reconciliación.

En África se presentó de manera más intensa esta dificultad, al grado que se llegó a la postura de rebautizar a los caídos; San Cipriano hizo una consulta al respecto con el Papa San Esteban I quien se opuso a esta costumbre, indicando que el Bautismo no se podía reiterar; el Obispo de Cartago se sometió entonces a esta indicación, mas por obediencia que por convencimiento. De hecho, los rebautizamientos continuaron y, por esta razón, la comunión entre Roma y Cartago quedaron tirantes. Con el martirio de San Esteban I y la elección de San Sixto II, la cuestión se hizo menos tirante, pues este Papa tuvo la caridad necesaria y la habilidad diplomática para conciliar las posturas. Aceptó la coexistencia de tradiciones diversas y de prácticas divergentes en materia del Bautismo doble, su carácter conciliador restableció el resquebrajamiento eclesial. De hecho, fue casi hasta el año 400 cuando dejó de practicarse el doble bautismo.

También tocó a San Sixto II enfrentar uno de los periodos más difíciles del cristianismo primitivo, durante el cual también le correspondió dar testimonio de su fe en Cristo con el derramamiento de su sangre. Su pontificado fue breve, escasamente un año, pues la palma del martirio le llegó el 6 de agosto de 258.

San Sixto se despide de San Lorenzo. Fresco en la Basílica de San Lorenzo in Damaso, Roma, Italia.

San Sixto se despide de San Lorenzo. Fresco en la Basílica de San Lorenzo in Damaso, Roma, Italia.

Como era un hombre prudente, decidió apacentar oculto a su grey desde lugares discretos y con actitudes precavidas. Así, estando en la catacumba de San Calixto para celebrar la Eucaristía, sin que le valiera su estrategia, ese día celebrando los sagrados misterios, hubo una sorpresiva redada y un grupo de soldados que cumplía con el edicto, lo decapitaron allí mismo junto con cuatro de sus siete diáconos: Jenaro, Magno, Vicente y Esteban. Otros dos de sus diáconos, Felicísimo y Agapito, sufrirían el martirio en el cementerio de Pretextato, Los siete fueron sacrificados el mismo día. El último de los diáconos, San Lorenzo, sería martirizado cuatro días después.

Vale la pena recordar como la leyenda recuerda el último encuentro entre los dos santos: “¿Dónde vas querido padre sin tu hijo? ¿A dónde te apresuras santo sacerdote, sin tu diácono? Nunca antes montaste al altar de sacrificios sin tu servidor, ¿y ahora, deseas hacerlo sin mí?” Entonces el Papa le profetizó: “Dentro de cuatros días, tú me seguirás”. Esta escena es la que el arte ha inmortalizado en algunas obras pictóricas, sobresaliendo las creadas por el Beato Juan de Fiésole, “Fra Angelico”.

Relicario del Santo. Iglesia de Santa Maria de la Impruneta, Florencia (Italia).

Relicario del Santo. Iglesia de Santa Maria de la Impruneta, Florencia (Italia).

San Cipriano da noticia de su martirio por carta: “Sabed que Sixto, y con él, cuatro diáconos fueron ejecutados en el cementerio el día 6 de agosto”. Sin embargo, Prudencio, en su obra Peristephanon, contradice esta noticia de su decapitación al decir que fue crucificado; a menos que compare el martirio con una cruz de manera alegórica, no puede haber otra explicación, según deducen Luis Duchesne y Pablo Allard.

Luego de esta trágica diezmación en la Iglesia de Roma, la sede papal quedó vacante por espacio de un año, durante el cual, fue regida por un consejo de presbíteros hasta la elección del Papa San Dionisio.

Culto
En poco tiempo, San Sixto II se convirtió en uno de los santos más venerados por la Iglesia Romana, su nombre fue incluido en el Canon Romano de la misa, en el Martirologio y otros sacramentarios. Los restos de San Sixto fueron trasladados a la cripta papal del cementerio de San Calixto y dentro de su tumba fue puesta la silla manchada con su sangre vertida al ser decapitado. San Pascual I lo hizo trasladar luego a la Capilla “iuxta ferrata” dedicada a él y a San Fabián, en la antigua Basílica de San Pedro.

Una inscripción describe la muerte de San Sixto II haciéndole tomar la palabra: ”En el tiempo en que la espada desgarró las vísceras de la madre, yo, el pastor aquí sepultado, enseñaba los mandamientos del cielo. Llegan de improviso y se apoderan de mi mientras estoy sentado en mi cátedra, habían sido mandados unos soldados y el pueblo tendió el cuello a su espada. El anciano vio enseguida que deseaban recibir en su lugar la palma del martirio, y el fue el primero que ofreció su cabeza, a fin de que el impaciente furor de los enemigos no descargara sobre ningún otro. Cristo, que recompensa con la vida eterna, manifiesta el mérito del pastor y toma consigo al rebaño”.

Relicario del cráneo del Santo en Piacenza, Italia.

Relicario del cráneo del Santo en Piacenza, Italia.

La fiesta de San Sixto II y compañeros mártires se celebra el 7 de agosto, un día después de su muerte, ya que esa fecha está ocupada por la fiesta de la Transfiguración del Señor. Su celebración tiene el grado de memoria opcional y comparte la fecha con San Cayetano de Thiene. La pintura de Rafael, llamada la Madonna Sixtina, recibe su nombre porque el santo pontífice está representado en la misma.

Oración
Señor nuestro, que otorgaste al Papa San Sixto y a sus compañeros diáconos, la gracia de morir por la fe cristiana, concédenos la fortaleza del Espíritu para vivir conforme a las exigencias de la fe que profesamos. Por…

Humberto

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Texto original en latínTexto en español
Te Deum laudamus:
te Dominum confitemur.
Te aeternum Patrem,
omnis terra veneratur.

Tibi omnes angeli,
tibi caeli et universae potestates:
tibi cherubim et seraphim,
incessabili voce proclamant:

Sanctus, Sanctus, Sanctus
Dominus Deus Sabaoth.
Pleni sunt caeli et terra
majestatis gloriae tuae.

Te gloriosus Apostolorum chorus,
te prophetarum laudabilis numerus,
te martyrum candidatus laudat exercitus.

Te per orbem terrarum
sancta confitetur Ecclesia,
Patrem immensae maiestatis;
venerandum tuum verum et unicum Filium;
Sanctum quoque Paraclitum Spiritum.

Tu rex gloriae, Christe.
Tu Patris sempiternus es Filius.
Tu, ad liberandum suscepturus hominem,
non horruisti Virginis uterum.

Tu, devicto mortis aculeo,
aperuisti credentibus regna caelorum.
Tu ad dexteram Dei sedes,
in gloria Patris.

Iudex crederis esse venturus.

Te ergo quaesumus, tuis famulis subveni,
quos pretioso sanguine redemisti.
Aeterna fac
cum sanctis tuis in gloria numerari.

Salvum fac populum tuum, Domine,
et benedic hereditati tuae.
Et rege eos,
et extolle illos usque in aeternum.

Per singulos dies benedicimus te;
et laudamus nomen tuum in saeculum,
et in saeculum saeculi.

Dignare, Domine, die isto
sine peccato nos custodire.
Miserere nostri, Domine,
miserere nostri.

Fiat misericordia tua, Domine, super nos,
quemadmodum speravimus in te.
In te, Domine, speravi:
non confundar in aeternum.
A ti, oh Dios, te alabamos,
a ti, Señor, te reconocemos.
A ti, eterno Padre,
te venera toda la creación.

Los ángeles todos, los cielos
y todas las potestades te honran.
Los querubines y serafines
te cantan sin cesar:

Santo, Santo, Santo es el Señor,
Dios de los ejércitos.
Los cielos y la tierra
están llenos de la majestad de tu gloria.

A ti te ensalza el glorioso coro de los apóstoles,
la multitud admirable de los profetas,
el blanco ejército de los mártires.

A ti la Iglesia santa,
extendida por toda la tierra,te aclama:
Padre de inmensa majestad,
Hijo único y verdadero, digno de adoración,
Espíritu Santo, defensor.

Tú eres el Rey de la gloria, Cristo.
Tú eres el Hijo único del Padre.
Tú, para liberar al hombre,
aceptaste la condición humana sin desdeñar el seno de la Virgen.

Tú, rotas las cadenas de la muerte,
abriste a los creyentes el Reino de los Cielos.
Tú sentado a la derecha de Dios
en la gloria del Padre.

Creemos que un día has de venir como juez.

Te rogamos, pues, que vengas en ayuda de tus siervos,
a quienes redimiste con tu preciosa sangre.
Haz que en la gloria eterna
nos asociemos a tus santos.

Salva a tu pueblo, Señor,
y bendice tu heredad.
Sé su pastor
y ensálzalo eternamente.

Día tras día te bendecimos
y alabamos tu nombre para siempre,
por eternidad de eternidades.

Dígnate, Señor, en este día
guardarnos del pecado.
Ten piedad de nosotros, Señor,
ten piedad de nosotros.

Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti.
En ti, Señor, confié,
no me veré defraudado para siempre

Oremus:
Deus, cuius misericordiae non est numerus, et bonitatis infinitus est thesaurus, piissimae Majestati tuae pro collatis donis gratias agimus, tuam semper clementiam exorantes: ut qui petentibus postulata concedis, eosdem non deserens, ad praemia futura disponas. Amen.

Bibliografía:
– VVAA Año Cristiano VIII agosto, editorial BAC, Madrid, 2003, pp 153-158.
– VVAA Nuevo Año Cristiano agosto, editorial EDIBESA, Madrid, pp 160-162.
– VVAA Diccionario de los Santos Volumen II Ediciones San Pablo, Madrid, pp 2081-2082.
– LODI Enzo, Los Santos del Calendario Romano, orar con los santos en la liturgia, Ediciones San Pablo, Madrid, pp. 274-276.

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