San Teófano Vénard, sacerdote mártir en Vietnam

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Foto de San Teófano Vènard.

Foto de San Teófano Vènard.

San Teófano Vénard nació el día 21 de noviembre del año 1829, en la localidad de Saint-Loup-sur-Thouet, departamento de Deux-Sèvres y diócesis de Poitiers, en Francia, día en el que la Iglesia conmemora la Presentación de la Santísima Virgen en el Templo; y quizás de ahí le vino la devoción que desde muy joven sintió de manera especial hacia Nuestra Señora. Su padre se llamaba Juan Vénard, y su madre, María Guéret, que pertenecían a una familia acomodada y profundamente piadosa; y que fueron para él y sus hermanos sus primeros maestros. El matrimonio tuvo seis hijos, de los cuales, la mayor – llamada Melania – se hizo religiosa, Teófano fue sacerdote y dos murieron siendo bebés. De pequeño, era un niño guapo, sonriente y juguetón, brillante e inteligente, que diligentemente acudía a la iglesia de su localidad y que, con sólo siete años de edad, dominaba la lectura y la escritura. Compaginaba la asistencia a la escuela con las labores duras del campo, ayudando a su padre en el pastoreo del ganado. Una de sus aficiones era la lectura de la vida de los Santos, sintiendo verdadera pasión por lo que leía.

Un día – a sabiendas de los riesgos de martirio que esa tarea conllevaba, pues así se lo había hecho saber un sacerdote francés, misionero en tierras vietnamitas -, manifestó a su padre su deseo de ser misionero, diciéndole: “Yo quiero predicar en el Vietnam y ser bendecido con la gracia del martirio”. Desde entonces, esta idea siempre estuvo en su mente, confortándolo pero al mismo tiempo atormentándolo, por lo que decidió solicitar a su familia el permiso para ingresar en el seminario y ordenarse de sacerdote. Sus padres aceptaron y lo pusieron al cuidado del párroco local que le enseñó latín. Posteriormente, se trasladó al Colegio de Douè-la-Fontaine, donde en el año 1843 recibió la noticia de la muerte de su madre, cuyo puesto al frente de la casa ocupó su hermana Melania.

Los dos últimos años en el Colegio sufrió grandes crisis de incomprensión, pues sus profesores no entendían sus ansias por ser sacerdote y misionero, aunque él siempre se sintió ayudado por las cartas que recibía de su padre y de su hermana Melania y así, con dieciocho años de edad, en el mes de octubre de 1848, ingresó en el seminario mayor de Montmorillon. Habiendo recibido el subdiaconado, solicitó permiso al obispo para entrar en la Congregación de las Misiones Extranjeras de París, ordenándose allí de sacerdote, con sólo veintidós años de edad, el 5 de marzo de 1851, antes de emprender viaje a Tonkín (protectorado francés del sureste asiático que constituía lo que hoy es la mayor parte del norte de Vietnam).

Pintura del Santo en la Casa Madre de las Misiones Extranjeras en París, Francia.

Pintura del Santo en la Casa Madre de las Misiones Extranjeras en París, Francia.

Embarcado en Amberes el 23 de septiembre, sustituyendo a un misionero enfermo, después de cuatro meses y medio de navegación, llegó a Singapur, donde tuvo su primer encuentro con cuatro seminaristas vietnamitas, lo que le causó una gran conmoción, al considerarlos hijos y hermanos de mártires que habían tenido que abandonar su propia tierra, pues sus vidas corrían peligro. En Hong Kong, mientras esperaba su destino definitivo, se dedicó a estudiar el mandarín, hasta que le vino la orden que esperaba: “A usted, señor Vénard, se le confía la joya de Tonkín”. Era el escrito que recibía del superior de la Congregación en París en febrero del 1854.

Una vez que llegó a Cua Càm el 13 de julio de ese mismo año, fue aceptado en Vinh Tri – que era la residencia episcopal – por parte del obispo Retord, responsable de las misiones del Tonkín Occidental. Inmediatamente se dedicó al estudio de la lengua, a fin de acompañar al obispo durante algunos meses en sus visitas pastorales.

En aquel tiempo, el emperador Tu Duc, hombre amable y tranquilo, instigado y presionado por los mandarines, inició la persecución contra los cristianos; publicando un edicto el 3 de marzo de 1851 en el que se ordenaba que todos los sacerdotes europeos fueran ahogados en los ríos, todo sacerdote vietnamita fuese descuartizado y todos sus bienes fueran confiscados y a todos aquellos que los delatasen, premiarles con trescientos talentos de plata. Ante esto, algunos cristianos apostataron y se convirtieron en espías al servicio de los mandarines. Pero la aplicación de este durísimo edicto imperial se vio mitigada al ser curado el hijo del gobernador regional por parte de un misionero que estaba encarcelado.

Un segundo edicto imperial, publicado el 18 de septiembre de 1856, impuso la aniquilación total de todos los cristianos, por lo que el gobernador, Nguyen dinh-Hung, envió un catequista a su amigo el sacerdote para avisarlo de las intenciones que tenían los mandarines de destruir en Centro Misional de Vinh Tri, aunque antes de llegar el mensajero, las tropas ya habían rodeado el centro misionero. El padre Lê Bao Thinh se presentó ante el oficial que estaba al mando de las tropas, diciéndoles que él era el director y que allí no se encontraba ninguna otra persona; con esto estaba permitiendo al obispo Retord, a Teófano Vénard, a otro sacerdote europeo, a tres vietnamitas y a todos los estudiantes, que se escondieran en las montañas que circundaban el Centro. El padre Thinh fue decapitado, el poblado fue destruido y todos sus habitantes fueron dispersados.

Cráneo del Santo venerado en Xuzhou (Vietnam).

Cráneo del Santo venerado en Xuzhou (Vietnam).

Escondido en las montañas y pasando de unas localidades a otras, Teófano Vènard llegó al seminario de Hoang Nguyen, donde se podía vivir más tranquilo, ya que el gobernador de aquel distrito era mucho menos cruel. Pero instigado por su colega Nam Dinh, se vio obligado a arrestar a tres sacerdotes vietnamitas, un diácono y diez seminaristas. Teófano tuvo que esconderse nuevamente y esta vez lo hizo con un misionero francés en But Dông, pero las numerosas deserciones de cristianos hicieron que nuestro Santo visitase varias localidades de aquel distrito con la intención de reconducir a los apóstatas al seno de la fe. En esta tarea estaba cuando un traidor lo delató, diciendo que se hospedaba en la casa de una pobre anciana cristiana. Los soldados rodearon la casa, encontraron al catequista Luong, al que atravesaron con una caña de bambú, y descubrieron a Teófano, que fue conducido en una barcaza hasta la casa del delator, que lo encerró en una jaula junto con el catequista atravesado con el bambú, llevándolos a la prefectura de Phu Ly.

Concluido el interrogatorio el 14 de diciembre de 1860, San Téfano fue encerrado en otra jaula menos estrecha y enviado ante el gobernador. En la parada que hicieron en Ke Voi, el jefe local – el cristiano Pablo Uong Moi -, le entregó una carta del coadjutor Monseñor Theurel. La jaula en la que iba el padre Vénard era transportada por ocho hombres y llegó a Hanoi a mediodía, siendo la curiosidad de muchos habitantes locales. Delante de la Puerta del Este, el malherido catequista fue arrastrado por los soldados y obligado a pisar una cruz que estaba sobre el terreno, mientras que quienes transportaban la jaula la zarandeaban, amenazando con tirarla. Interrogado por el gobernador el 17 de diciembre, los dos mártires fueron invitados a que pisotearan la cruz y, como ambos se negaron, fueron condenados a muerte.

Fieles vietnamitas besando el relicario del cráneo.

Fieles vietnamitas besando el relicario del cráneo.

La sentencia fue enviada a la Corte de Huè a fin de que fuera ratificada, llegando de vueltas a las ocho semanas de ser enviada. Durante este tiempo, el padre Vènard fue encerrado en una jaula más grande que las anteriores. A veces lo sacaban de la jaula y él aprovechaba la ocasión para acercarse a varios sacerdotes vietnamitas detenidos y confesarse; y cuando algún guardián no lo dejaba salir, el coadjutor Monseñor Theurel le enviaba al padre Thinh, quien a escondidas le hacía llegar la comunión a través de una mujer cristiana. Los guardianes, generalmente, eran clementes con los condenados a muerte, y en este sentido, les permitían que rezaran y meditaran. De esta manera, la oración le permitió vencer una última tentación de apegarse a la vida, que sufrió la noche del 18 de febrero de 1861.

En cuanto llegó la confirmación de la inmediata ejecución, un soldado cristiano advirtió a los catequistas Pedro Khang y Juan Batta Luong y, fingiendo el padre Vènard que estaba sufriendo grandes dolores, los dos catequistas consiguieron él fuera llevado al médico. Los dos aprovecharon la ocasión para comunicarle la noticia al padre. Este simplemente contestó: “Pues bien”, y confesándolos, se recogieron en oración. Una viuda llamada Nghien, que se encargaba de preparar la comida del padre, fue advertida por un soldado cristiano, llamado Domingo, a fin de que le preparase una ropa nueva y limpia para su último viaje.

Cráneo del Santo venerado en Xuzhou (Vietnam).

Cráneo del Santo venerado en Xuzhou (Vietnam).

Al detenido se le permitió que algunos amigos lo visitasen y él aprovechó esta ocasión para confortar a los dos catequistas; y dejando a la viuda Nghien sus ropas usadas, el breviario, el crucifijo y el rosario. Probó un poco de dulces que le llevaron sus amigos y algunas bebidas que le dieron los soldados, repartiendo casi todo entre los catequistas. La imprudente llegada de Ana Xui, que clandestinamente le llevaba el Viático, originó un gran tumulto entre los soldados, convencidos de que lo que le llevaban era veneno. La viuda Nghien se dirigió al comandante, diciéndole que aquello no era veneno, sino una “medicina que da la vida” y, ante las palabras irónicas de quien le estaba leyendo la sentencia, San Teófano, sabiendo que era un supersticioso, le respondió que jamás buscaría la venganza ni siquiera después de la muerte, sino que rezaba por él en ese momento y seguiría rezando después de muerto.

Se dirigió al lugar del suplicio, escoltado por doce soldados y precedido del prefecto, que iba montado en un caballo. Cerca de cien militares, guiados por dos oficiales montados en elefantes, rodeaban el cortejo. Al llegar a las puertas de la ciudad, al ver la cruz tirada en el suelo, se negó a pisarla, siendo arrastrado a la fuerza mientras él cantaba el “Magnificat”. Inútilmente buscó con la mirada al padre Thinh, que había sido enviado por el coadjutor para que le saliera al encuentro mientras lo llevaban al suplicio. Al llegar, se sentó sobre unos paños que habían puesto unas mujeres piadosas, mientras un soldado, con unas tenazas, rompía las pesadas cadenas que lo ataban desde el cuello hasta los pies. Libre de las cadenas, trató de alzarse para buscar nuevamente con la mirada al padre Thinh, a fin de que le diera la absolución, pero no viéndolo, él mismo bendijo a todos los presentes y se arrodilló junto a la estaca de bambú. Cuando el verdugo le preguntó que cuánto dinero le iba a dar, a fin de que la muerte fuera rápida y menos dolorosa, él le respondió: “Nada; haz tu trabajo”. Fue fijado a la estaca con los antebrazos atados a la espalda, a fin de que la cabeza quedase en alto y, habiendo cesado el toque de tambores y cimbales, el verdugo le asestó el primer golpe, cortándole la mejilla izquierda. Al segundo golpe, la espada se rompió, siendo degollado con dos golpes más de espada. Tenía al morir poco más de treinta y un años de edad.

Los cristianos pudieron recoger el cadáver y las ropas del mártir, pero no pudieron impedir que la cabeza fuese expuesta públicamente durante tres días y tirada a un río, aunque pudieron rescatarla. Asimismo, la sangre seca del padre Vènard fue recogida tanto por los cristianos como por los paganos. En el año 1865, el cuerpo de San Teófano Vènard fue enviado al Seminario de las Misiones Extranjeras en París, pero la cabeza quedó en Vietnam, conservándose en la parroquia de Xuzhou.

El proceso de canonización se inició en el año 1878 y, junto con otros veintinueve mártires vietnamitas, fue beatificado por San Pío X, el día 2 de mayo del año 1909. Finalmente, fue canonizado junto con otros ciento dieciséis mártires más por San Juan Pablo II, el día 19 de junio del año 1988. Su fiesta se celebra el 2 de febrero.

Relicario de San Teófano Vénard que era propiedad de Santa Teresa de Lisieux.

Relicario de San Teófano Vénard que era propiedad de Santa Teresa de Lisieux.

Santa Teresa de Lisieux, que admiraba la santidad de vida y el pensamiento del padre Vènard, haciendo canciones con las últimas cartas escritas por el padre a sus familiares, añadía: “Éstos son mis pensamientos; mi alma se le parece, ya que fue él quien mejor vivió mi camino de infancia espiritual”.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– HOA NGUYEN VAN HIEN, S., “Bibliotheca sanctórum, tomo XII”, Città N. Editrice, Roma, 1990.
– TROUCH, F., “Le bienheureux Théophane Vénard”, Lyon, 1929.

Enlace consultado (14/04/2014):
http://donghuongtuchau.com/post/2013/11/15/Kinh-cac-Thanh-Tu-%C4%91ao-Viet-Nam-Linh-muc-Thanh-Theophane-Venard

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