San Vicente Grossi, sacerdote fundador

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Fotografía del Santo.

Fotografía del Santo.

El Santo Padre Francisco canoniza en el día de hoy en Roma a los beatos Vicente Grossi, María de la Purísima Salvat Romero, Luís Martín y María Celia Guerin, estos dos últimos, padres de Santa Teresa de Lisieux. Escribiremos sobre los dos primeros, porque de los otros dos ya lo hemos hecho.

Vicente nació en la pequeña localidad de Pizzighettone, provincia de Cremona en la región italiana de Lombardía, el día 9 de marzo del año 1845. Era el penúltimo de los diez hijos que tuvieron el matrimonio formado por Baltasar Grossi y Magdalena Capellini, quienes lo bautizaron el mismo día de su nacimiento en la parroquia de San Basiano. Sus padres eran propietarios de un viejo molino y de ellos aprendió la sencillez y el amor al trabajo ya que desde pequeño tuvo que ayudarles.

En sus ratos libres, desde muy niño prefería asistir a la iglesia antes que dedicarse a los juegos propios de su edad, pues tenía claro que quería ser como el cura de su pueblo. El 23 de marzo del 1854, con nueve años de edad, recibió el sacramento de la Confirmación y dos años más tarde hizo su Primera Comunión. Fue entonces cuando le dijo a sus padres y al párroco que quería ser sacerdote, pero aunque nadie se opuso, la realidad si se impuso: uno de sus hermanos estaba ya en el seminario y sus padres no podían costear los estudios eclesiásticos de un segundo hijo. Así que tuvo que seguir trabajando y estudiando a ratos y a pedazos bajo la guía de su párroco. En el año 1864, con diecinueve años de edad, después de haber realizado estos estudios elementales, entró en el seminario, siendo ordenado de sacerdote por el obispo de Brescia el 22 de mayo del 1869, con veinticuatro años de edad.

Como el obispo tenía una gran confianza en él, lo fue enviando a parroquias que presentaban algún tipo de dificultades y así, su primer destino fue el de vicario cooperador de la parroquia de San Roque y posteriormente, coadjutor y ecónomo en la localidad de Sesto Cremonese, ecónomo en Ca’ dei Soresini, párroco en Regona Cremonese y finalmente, en 1883 fue enviado como párroco a Vicobellignano, donde permaneció hasta su muerte. Puede extrañarnos cómo se le daba la responsabilidad de ecónomo cuando lo que se necesitaba era un pastor y tiene su explicación: era una estratagema del obispo para designar directores espirituales sin que se molestaran las autoridades civiles. En realidad, Regona Cremonese era su primer destino como párroco y en aquella pequeña localidad las cosas no le iban a ser fáciles pues desde hacía mucho tiempo la población estaba muy alejada de la iglesia. Se las ingenió y de tal manera consiguió atraerse a los vecinos, que muchos decían que había convertido a Regona en un convento.

Utensilios utilizados por el Santo.

Utensilios utilizados por el Santo.

En Vicobellignano las cosas tampoco se le pusieron fáciles, pues en aquella población habían cogido fuerza los metodistas. ¿Y cómo se enfrentó a ellos? Con las armas de la caridad, con la práctica del ecumenismo en unos tiempos en los que predominaba la confrontación: “Tengo que abrirme hacia los hermanos y los metodistas tienen que entender que yo también los amo”. Comenzó a reunirse con ellos especialmente en los momentos de la oración comunitaria y los efectos se hicieron notar, pues consiguió que el propio pastor metodista fuera a su parroquia a escuchar sus sermones y que las familias protestantes enviaran a sus hijos a la escuela parroquial católica.

El padre Vicente no defraudó a su obispo y en todos sus destinos cumplió con todas las expectativas. Toda su vida sacerdotal estuvo dedicada al trabajo pastoral en las parroquias, donde en todas fue tanto un padre como un maestro, no solo con la palabra, sino sobre todo con el ejemplo de su vida. Fue un gran catequista y un gran predicador, dedicándose sin reservas al cuidado de sus feligreses.

A él se debe la genial idea de organizar en todas las parroquias un grupo de jóvenes católicas, que ayudaran a los párrocos en el trabajo de asistencia moral, religiosa y social entre la juventud femenina. El estar en contacto estrecho con la población rural, le hizo comprender desde el primer momento lo complicada que era la educación de las muchachas, los peligros que corrían y con la ayuda de algunas jóvenes, especialmente de Victoria Squintani, comenzó a poner en práctica aquella idea, teniendo “in mente” que algo similar realizaban con los muchachos unos seglares de Turín ligados a Don Bosco. Sabía que el clero no estaba preparado para esta tarea y buscó la ayuda de algunos laicos a fin de llevar a cabo su proyecto. Este fue el inicio del Instituto de las Hijas del Oratorio, fundado por él recogiendo el espíritu de San Felipe Neri.

Zapatos del Santo.

Zapatos del Santo.

Las bases de este nuevo Instituto las puso en su propio pueblo. En 1895 eligieron a María Caccialanza como la primera responsable, pero al morir esta en septiembre del año 1900, eligieron como primera superiora general a la hermana Ledovina Scaglioni. El escribió su Regla y sus Constituciones, que fueron aprobadas por monseñor Jeremías Bonomelli, obispo de Cremona, el 20 de junio del 1901, el cual en principio era renuente pues había tenido algunas experiencias anteriores no muy satisfactorias. El Instituto comenzó a extenderse, abriendo una nueva casa en Maleo, en algunas localidades de la diócesis de Guastella y en la ciudad de Lodi, que llegaría a convertirse en la Casa Madre. El 20 de mayo del 1915, la Sagrada Congregación de Religiosos concedió la aprobación provisional y finalmente, el 29 de abril del 1929, esta nueva congregación religiosa fue definitivamente aprobada por la Santa Sede. En la actualidad, la Congregación tiene unas ochenta casas y casi medio millar de religiosas.

Como simultaneaba su trabajo como párroco y como padre de su Instituto y como su edad ya era avanzada y los años eran difíciles a causa de la Primera Guerra Mundial, se sintió incapaz de llevar adelante tanta tarea, se sintió angustiado y solicitó a su obispo que le permitiera retirarse a Lodi. Sin embargo, no lo hizo porque el obispo lo convenció para que esperase a que finalizase la guerra. Pero en Lodi estaba en el año 1917 arreglando unos asuntos urgentes del Instituto cuando comenzó a sentir unos terribles dolores de estómago que degeneró en una peritonitis, por lo que quiso volver a Vicobellignano. A principios de noviembre empeoró hasta tal punto que prácticamente no podía ni hablar y allí en la noche del 7 de noviembre, después de recibir los últimos sacramentos, murió con setenta y dos años de edad dejando detrás de si todo un rastro de santidad. Fue sepultado en el cementerio de la localidad de donde fue exhumado en el año 1947 trasladándose sus restos a la Casa Madre de Lodi, donde actualmente se encuentran.

Urna de las reliquias.

Urna de las reliquias.

Los procesos informativos de la Causa de beatificación fueron iniciados en la diócesis de Lodi en el año 1947. Su Causa fue introducida mediante decreto de la Sagrada Congregación de Ritos de fecha 2 de abril de 1954. En el año 1955, las diócesis de Lodi y Cremona iniciaron la instrucción de los procesos apostólicos sobre la práctica de las virtudes en grado heroico y el estudio de los milagros previos a la beatificación. Fue declarado Venerable el 6 de mayo de 1969 y beatificado en Roma por el beato Papa Pablo VI el día 1 de noviembre del año 1975. Hoy será canonizado por el Papa Francisco en la plaza de San Pedro de Roma. Su fiesta se celebra el día 7 de noviembre.

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El milagro que ha dado paso a la canonización ha sido el siguiente: Una niña de su pueblo, Pizzighettone, sufría una grave anemia con eritropoyetina de tipo 2 y, aunque necesitaba un urgente transplante de médula ósea, este no podía realizarse porque ninguno de sus familiares y donantes voluntarios eran compatibles. La niña se mantenía a base de transplantes y con cuidados paliativos. Entonces, una religiosa del Instituto fundado por San Vicente invitó a la familia a que rezase a su fundador que acababa de ser beatificado. Al poco tiempo, sin intervención quirúrgica alguna, la niña quedó completamente curada, sin que los médicos que la atendían encontrasen ninguna explicación científica ni lógica.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– Salvaderi, C., “El Siervo de Dios Vicente Grossi, fundador del Instituto de las Hijas del Oratorio”, Lodi, 1955
– VV.AA., “Bibliotheca sanctórum, tomo VII”, Città Nuova Editrice, Roma, 1988.

Enlaces consultados (16/09/2015):
– www.figliedelloratorio.it
– www.katolsk.no/biografier/historisk/kilder

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