San Willibaldo, monje obispo de Eichstätt

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Imagen del santo en el dorso del altar del sepulcro. Catedral de Eichstätt, Alemania.

Imagen del santo en el dorso del altar del sepulcro. Catedral de Eichstätt, Alemania.

San Willibaldo era hijo de San Ricardo y de su esposa Winna (o Bonna) y había nacido en el sur de Inglaterra alrededor del año 700. Según una leyenda surgida en la ciudad de Lucca pero que no tiene ningún fundamento, su padre gozaba de titulo real por ser el hijo de Clotardo, rey de Kent. Es asimismo del todo imaginaria la información de que había lazos de parentesco entre su madre e Ina, el rey de Wessex. Tampoco tiene ningún sentido su atribuido parentesco con San Bonifacio de Fulda, aunque existe algún documento que dice que era su sobrino. Lo que si es cierto es que Willibaldo tenía un hermano llamado Vunibaldo y una hermana llamada Walburga, ambos también considerados santos y venerados como tales.

Se dice que con solo cinco años de edad entró en calidad de oblato en el monasterio de Waltham a fin de ser educado en las ciencias y en las letras. Cuando lo consiguió, con unos veinte años de edad, decidió realizar una peregrinación a los principales centros religiosos y culturales de Europa, o sea, lo que podríamos llamar una especie de vuelta por el mundo de aquella época, siendo sus principales metas las ciudades de Roma, de Constantinopla y finalmente, Jerusalén.

Para poder hacerlo, tuvo que convencer a su padre que en un principio se mostró reticente aunque finalmente se lo autorizó pero acompañándolos a él y a su hermano Vunibaldo. Puestos en camino, su primera etapa fue la ciudad de Roma, por lo que embarcándose en Hamwich, subieron por el río Sena llegando hasta Rouen. Una vez allí, atravesaron a pie todo lo que hoy es Francia, los Alpes y el norte de Italia. Al llegar a Lucca perdieron a su padre y después de haberle rendido en aquella ciudad italiana los últimos honores, los dos hermanos continuaron solos camino de Roma, donde permanecieron por espacio de dos años y medio viviendo como monjes. Allí, a pesar de encontrarse enfermo, prosiguió sus estudios sobre las ciencias sagradas profundizando de manera muy especial en la tradición y espiritualidad de la Orden Benedictina.

Gabriel von Eyb, obispo de Eichstätt, con San Willibaldo y Santa Walburga. Pintura de Lucas Cranach el Viejo.

Gabriel von Eyb, obispo de Eichstätt, con San Willibaldo y Santa Walburga. Pintura de Lucas Cranach el Viejo.

En el año 723, o sea, con unos veintitrés años de edad, estos dos incansables viajeros tomaron el camino hacia Nápoles y desde allí, a Catania y Siracusa en Sicilia. Junto con otros compañeros, siguieron camino hacia las islas del Mar Egeo y desde una de ellas, en la Pascua de aquel mismo año, llegaron a Pafos, en Chipre. Atravesaron el Asia Menor y se pararon en Emesa. Allí fueron considerados como espías de Occidente y como tales, fueron hechos prisioneros y conducidos delante del juez. Un comerciante hispano que era hermano de uno de los funcionarios de Emesa se prestó a conseguirles la libertad si a cambio era recompensado monetariamente. Así, consiguieron la libertad y tomaron camino hacia Damasco, Nazaret, Caná de Galilea y el Monte Tabor.

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En el mes de enero del año 724 ya estaban en las riberas del río Jordán donde se quedaron algún tiempo, llegando en el mes de noviembre a Jerusalén. Se establecieron en aquella ciudad santa poniéndola como punto central de referencia y desde ella, visitaron Belén, Gaza, Hebrón, Trípoli, Tiro y Sidón.

Después de estar algún tiempo esperando, tomaron un barco y fueron a Constantinopla. Durante todo el invierno del 727-728 estuvieron navegando y como la navegación no fue nada fácil, no llegaron a la ciudad imperial hasta la Pascua del 728. Allí se detuvo para aprender los fundamentos de la cultura bizantina, aprovechando la ocasión para acercarse hasta Nicea. Vueltos a Europa occidental, pasaron por Catania, Reggio Calabria, Nápoles y Capua y en el otoño del 729 se detuvieron en la abadía de Montecassino, donde fueron amablemente recibidos por el abad Petronace, por lo que se quedaron durante un tiempo en aquella comunidad que entonces tenía poquísimos monjes. Durante el primer año estuvo como cubiculario y posteriormente, fue nombrado decano. Cuatro años ejerció como portero del monasterio superior y otros cuatro, en el monasterio inferior, de tal manera que su estancia en la abadía de Montecassino duró unos diez años.

Altar del sepulcro visto de frente. Catedral de Eichstätt, Alemania.

Altar del sepulcro visto de frente. Catedral de Eichstätt, Alemania.

Siendo autorizado a abandonar el monasterio y acompañado por un sacerdote que había llegado desde Hispania, marchó a Roma donde el 29 de octubre del 739 recibió la orden que quedarse junto al Papa Gregorio III, quién quiso informarse sobre su largo viaje y que le comunicó el deseo de San Bonifacio (su supuesto tío) para que le ayudara en la misión misionera que llevaba a cabo en Germania. Obedeciendo al Papa, se separó de su amigo Tidberto, quién lo había acompañado durante su largo peregrinaje y partiendo hacia el norte, se pasó por Lucca para venerar el sepulcro de su padre, atravesó nuevamente la cordillera de los Alpes, llegando a Eichstätt, donde fue ordenado como sacerdote el día 22 de julio del año 740. En el mes de octubre del año siguiente, su tío Bonifacio lo consagró como obispo y así, en calidad de obispo, participó en el primer concilio nacional germánico el día 21 de abril del año 742.

Apenas llegó a Eichstätt, emprendió la tarea de construir un monasterio provisto de una espaciosa iglesia, de la que tomó posesión como obispo y donde quiso enraizar las costumbres litúrgicas que había visto en la abadía benedictina de Montecassino. A partir de este momento, no tenemos noticias muy precisas sobre el resto de su vida, pero en cambio si que tenemos constancias de algunas circunstancias, como que su principal actividad fue la predicación, llegando a excederse tanto que en más de una ocasión puso en peligro su vida. En el año 751 inició la construcción de la abadía de Heidenheim, de la que fue abad su hermano San Wunibaldo hasta el día de su muerte en el año 761.

Estuvo presente en el concilio de Attigny celebrado entre los años 760-762 y fue entonces cuando aceptó las donaciones que el rey Pipino realizó a favor de la abadía de Fulda. Tanto en Attigny como posteriormente en Salzburgo participó en una especie de Confraternidad de oración.

Su hermana Santa Walburga completó el asentamiento de la Orden Benedictina en la abadía de Heidenheim, construyendo allí un monasterio femenino del cual fue abadesa y a donde en el año 777 hizo transportar los restos de su hermano Wunibaldo. El 20 de septiembre del 778 fue consagrada la nueva iglesia y las reliquias de Wunibaldo fueron puestas solemnemente en la cripta donde meses más tarde, también fue sepultado el cuerpo de Walburga, quién murió el 25 de febrero del año 779.

Relicario del santo en Scheer.

Relicario del santo en Scheer.

El 25 de marzo del 783, San Willibaldo escribió una carta de donación a favor de la abadesa Enchilda de Miltz. En el 785 asistió a la consagración del nuevo obispo Bernwulfo de Würzburg, fundó la abadía de Solenhofen y la sala capitular de San Sebaldo en Norimberg.

San Willibaldo fue obispo durante unos cuarenta y cinco años, muriendo con ochenta y seis años el día 7 de julio del 786, aunque algunos historiadores dicen que fue un año más tarde. De esta fecha se tiene constancia a través de un obituario existente en la iglesia de San Pedro de Eichstätt, cuyo listado de obispos es de hasta el 784, aunque a continuación se repite con una serie de nombres entre los cuales figura Willibaldo en primer lugar.

Si sabemos con detalle como fue su viaje por Europa y Medio Oriente y su estancia en Montecassino es porque a finales del mes de junio del año 778, tuvo la feliz idea de detallárselo a una monja de Heidenheim llamada Ugeburca, la cual lo dejó por escrito. Por eso, ha llegado hasta nosotros ese aventurero viaje, escrito en un latín muy sencillo. Este documento, aunque no es muy extenso, tiene un gran valor histórico porque nos da a conocer cómo eran aquellas regiones cristianas que en la época de San Willibaldo, acababan de quitarse de encima el yugo del Islam. A este documento se le conoce con el nombre de “Hodoeporicon”.

Existe una “Vita sancti Villibaldi” escrita por un monje anónimo perteneciente a la comunidad de Eichstätt a finales del siglo IX. Además existe otra, del siglo XI, escrita también por un autor anónimo. En el año 1150, el abad Adalberto de Heidenheim – sin reeditar una verdadera “Vita” como realmente se ha dicho -, reunió en un documento todas las tradiciones de su abadía, incluyendo a Willibaldo entre los santos de la misma. La última “Vita Villibaldi” fue redactada por el obispo Felipe de Eichstätt, el cual murió en el año 1322.

Altar del sepulcro visto de frente. Catedral de Eichstätt, Alemania.

Altar del sepulcro visto de frente. Catedral de Eichstätt, Alemania.

El culto a San Willibaldo es muy popular en Baviera, donde se le recuerda en el día de hoy. Sus reliquias, que se conservan en la catedral de Eichstätt, han sido reconocidas canónicamente en cuatro ocasiones: en el 989, en el 1256, en el 1269 y en el 1745. Es el santo patrono de la diócesis de Eichstätt.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– Braun, J., “San Willibaldo”, Eichstätt, 1953.
– Coens, M., “Leyenda y milagros del rey San Ricardo”, Analecta bollandista XLIX, 1931.
– Meyrik, T., “La vida de Santa Walburga y el itinerario de San Willibaldo”, Londres, 1873.
– Suttner, G., “Hodoeporicon sancti Willibaldi”, Eichstätt, 1857.
– VV.AA., “Bibliotheca sanctorum, tomo XII”, Città Nuova Editrice, Roma, 1990.

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