Santa Afra de Brescia, matrona mártir

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Estampa devocional italiana de la Santa, perteneciente a la serie del ilustrador Alberto Boccali ("Bertino").

Estampa devocional italiana de la Santa, perteneciente a la serie del ilustrador Alberto Boccali (“Bertino”).

Hace un tiempo, en este blog, la que os escribe publicó un artículo sobre Santa Afra, mártir de Augsburgo, virgen de Augusta a la que la tradición ha estigmatizado como prostituta arrepentida por una mala traducción de las fuentes, e hizo promesa en su momento de escribir sobre la otra mártir que comparte su mismo nombre. Ese momento ha llegado, pues existe también otra Santa de nombre Afra, matrona mártir en Brescia, menos conocida que su homónima de Augusta, pero de la que vale la pena hablar por el intrincado problema hagiográfico que plantea.

Se sabe muy poco de esta figura de la tradición cristiana, ya que comúnmente se la ha confundido con su homónima, Afra de Augusta, probablemente porque ambas comparten el símbolo de la lengua de fuego dividida en dos. La passio, basada en una leyenda medieval de los siglos VIII-IX, es de autor desconocido, y está insertada en las Actas de los mártires Faustino y Jovita. Es esta leyenda la que nos proponemos desarrollar aquí.

La esposa del pretor
La passio no incluye ninguna noticia precisa sobre la identidad de esta Santa ni los acontecimientos conectados con las primeras crónicas de la iglesia bresciana, que tuvieron que preceder al martirio. En algún códice aparece como “mulier quaedam” y en otros, como “uxor Italici”, o sea, mujer del notable bresciano quien, según la passio, fue el que trajo el simulacro de Saturno al anfiteatro para que los cristianos fueran despedazados por las fieras a los pies del ídolo. Así pues, según estos datos, Afra era la esposa de Itálico, pretor de la ciudad de Brescia. Por aquellos días se encargaba del proceso de los soldados Faustino y Jovita, renegados del ejército con el pretexto de ser cristianos y por ello, negándose a obedecer el edicto procedente de la autoridad de Roma.

Después de diversos tormentos, la sentencia se había concretado en el suplicio ad leones. En el anfiteatro se había colocado la estatua de Saturno, justo en el centro de la arena, a la cual iban a aferrarse los condenados que trataban de escapar de las zarpas de las fieras. Pero éstas, que teóricamente estaban incitadas por los verdugos, que no les dieron de comer durante varios días, se mostraron mansas ante los mártires cuando fueron sacadas a la arena, no mostrando la ferocidad propia de un felino que tiene hambre. Esto ya causó un gran impacto en la multitud, pero el golpe definitivo lo dio la propia intervención de Afra.

Bautizo de la Santa. Lienzo de Jacopo Bassano. Iglesia de la Santa en Brescia, Italia.

Bautizo de la Santa. Lienzo de Jacopo Bassano. Iglesia de la Santa en Brescia, Italia.

Ella presidía la tribuna junto a su esposo, y cuando soltaron cinco toros furiosos para que destrozaran a los dos cristianos, se levantó y trazó la señal de la cruz en el aire; y al punto los animales se calmaron y fueron a sentarse dócilmente a los pies de los mártires. Ante tal prodigio, los tres mil espectadores del anfiteatro de convirtieron, lo cual parece incluso más exagerado que la leyenda completa. Cuando Itálico, entre dolorido y decepcionado, preguntó a qué se debía aquello, Afra respondió: “Desde siempre he sido cristiana, aunque he venido ocultándotelo, y de hecho estoy bautizada, pues me convirtió a la fe el presbítero Apolonio”.

Itálico se vio obligado a denunciar a su esposa ante el emperador Adriano, quien la mandó torturar con una hoja de sierra -¡a pesar de que era la esposa de un notable de la ciudad!- al no querer renegar ella de sus creencias. No estuvo sola en su tormento, sino que la acompañó una fiel esclava cuyo nombre no se ha conservado, pero que es conocida con el sobrenombre de “Samaritana”. Una versión dice que Afra y su esclava murieron en medio de la tortura. Otra, la que ha tenido eco en las representaciones artísticas, afirma que tras la ejecución de Faustino y Jovita, Afra fue decapitada junto a Samaritana.

Culto, iconografía y reliquias
La iglesia que a finales del siglo III se dedicó a los santos Faustino y Jovita, donde yacían los restos de los mártires, era muy conocida por un epíteto específico que recordaba que estaba construida sobre el lugar del martirio, pero posteriormente asumió la titularidad de Santa Afra cuando. en el año 806, los cuerpos de los dos hermanos mártires fueron trasladados a otra iglesia en la ciudad.

Los hagiógrafos Lanzoni y Delehaye siempre defendieron que esta Afra era un desdoblamiento de la Afra de Ausburgo, cuya fiesta se celebra el 5 de agosto. Siempre se la representa ricamente vestida – familia noble – sosteniendo la palma del martirio. Ella, junto con Faustino y Jovita, es la patrona de la ciudad de Brescia. En esta ciudad tiene dedicada una iglesia donde se conserva una pintura de Paolo Veronese, en la que se recuerda la escena del martirio: está en actitud orante, con los ojos elevados al cielo, de donde vienen dos ángeles con la palma del martirio, mientras la rodean los verdugos martirizándola.

Martirio de la Santa. Óleo de Paolo Cagliari "Il Veronese". Iglesia de la Santa en Brescia, Italia.

Martirio de la Santa. Óleo de Paolo Cagliari “Il Veronese”. Iglesia de la Santa en Brescia, Italia.

En esta misma iglesia se conserva un cuadro de F. Bassano en el que se representa al obispo San Apolonio de Brescia administrando el bautismo a Afra en presencia de Faustino y de Jovita. Otra representación similar aparece en los frescos de la iglesia de santa María in Calchera, pero aquí San Apolonio está dando la comunión a Santa Afra.

¿Un desdoblamiento?
Ya hemos dicho que Lanzoni y Delehaye no dudan en afirmar que esta Santa Afra no es una mártir real, sino un desdoblamiento de la mártir de Augusta. Sin pretender cuestionar para nada el juicio de estos eminentes hagiógrafos, a cuyo criterio me someto, decir que sin embargo me veo obligada a afirmar que no se observan suficientes coincidencias como para afirmar que se trata de una sola persona. Lo único que comparten ambas Santas es el nombre, Afra -en latín, “africana”- y algunos elementos de iconografía: la lengua de fuego dividida en dos (?), la escena del bautismo por un obispo o presbítero -San Narciso en el caso de la mártir de Augusta, San Apolonio en el caso de la mártir de Brescia- y para de contar.

Las diferencias, en cambio, son numerosas: la de Augusta es una virgen injustamente considerada como prostituta-sacerdotisa de Venus, la de Brescia es una matrona romana, esposa de un pretor; la de Augusta muere quemada viva; la de Brescia es torturada con una sierra y decapitada; no coinciden ni el status, ni el martirio, ni las vicisitudes sufridas por una y por otra; no coincide la iconografía ni la ubicación de reliquias; tampoco los compañeros de martirio: la de Augusta muere sola, aunque después serán también martirizadas su madre y esclavas; la de Brescia es martirizada conjuntamente con su esclava y con los soldados Faustino y Jovita, a los que había defendido en la arena. Tampoco coinciden las fechas de veneración: aunque en muchos casos se dice que ambas son celebradas el 5 de agosto, lo cierto es que a la mártir de Brescia se la asocia con la fecha del 4 de mayo.

Busto-relicario de la Santa en su iglesia de Brescia, Italia.

Busto-relicario de la Santa en su iglesia de Brescia, Italia.

En resumen, ¿dos mártires, o una sola? ¿Es Santa Afra de Brescia una mártir histórica, o real, o es simplemente un desdoblamiento de la mártir de Augsburgo, como defienden los más prestigiosos hagiógrafos? Como adelantaba, no soy quién para discutirlo, pero como mínimo hay que admitir que las diferencias entre una y otra son más que notables. Que cada cual juzgue el asunto según crea conveniente.

Meldelen

Bibliografía:
– VVAA, Bibliotheca sanctorum: enciclopedia dei Santi, Ed. Città Nuova Editrice, Roma 1987.

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