Santa Agatoclia, esclava y mártir

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Imagen de la Santa venerada en Mequinenza, España.

Imagen de la Santa venerada en Mequinenza, España.

Hoy conmemoramos la vida y martirio de una esclava cristiana llamada Agatoclia, nombre que en griego significa “famosa por su bondad”. Veremos que esta mártir es una figura controvertida tanto en su ubicación geográfica como cronológica, que son totalmente desconocidas; planteando con ello un complejo problema hagiográfico. Pero además, se trata de otro de esos casos en que un Santo extranjero -o de ubicación indeterminada- es “adoptado” por una población local, ya que al ser la patrona de la ciudad aragonesa de Mequinenza (España), localmente se cree que era oriunda de este lugar, cuando no existe la menor prueba de ello.

Passio de la mártir
Así dice, simplemente, el Martirologio Romano de ella, el 17 de septiembre: “Eodemdie sanctae Agatocliae, ancillae cuiusdam mulieris infidelis, quae longo tempore verberibus aliisque aerumnis ab ea vexata ut Christum negaret, oblata demum iudici et saepius laniata, cum in confessione fidei persisteret, excisa lengua in ignem proiecta est”. Y traduzco: “En el mismo día se hace memoria de Santa Agatoclia, esclava de una tal mujer pagana, la cual acosada por ésta durante un largo espacio de tiempo con bastones y otros tormentos a fin de que negase a Cristo, finalmente fue conducida ante el juez y nuevamente torturada porque persistía en la confesión de su fe, se le cortó la lengua y fue arrojada al fuego”.

Desarrollando un poco más estos escuetos, aunque interesantes datos, siguiendo tradiciones tanto católicas como ortodoxas, se nos dice que fue una esclava al servicio de un noble cristiano llamado Nicolás. Su esposa, Paulina, quien realmente era la que se ocupaba de la manutención de los esclavos, la aborreció profundamente desde el primer momento y se encargó personalmente de martirizarla. Fueron ocho larguísimos años los que Agatoclia pasó en manos de Paulina. La domina era una ferviente pagana, que sentía muchísima devoción por sus dioses, y veía el cristianismo como una secta que acabaría enfureciendo a los dioses por la irreverencia con la que los trataba, descargando su ira sobre paganos y cristianos.

Cierto es que su marido, Nicolás, era cristiano, lo había sido, en realidad, pues para verse libre de la persecución había apostatado. Y Paulina, como su dueña, podía hacer lo que deseara con aquella esclava, aquella cristiana que, según su mentalidad romana, atraería la desgracia a la casa, pues renunciaba a participar en los ritos sagrados del hogar y mostraba desprecio a la religión imperial. Durante ocho años trató Paulina de que Agatoclia tuviese respeto por los dioses que velaban por el bien del hogar. Cuando las palabras no sirvieron, empezó a golpearla brutalmente y a hacerla caminar sobre piedras afiladas.

Martirio de la Santa. Iluminación del Menologio de Basilio II (s.X). Biblioteca Apostolica Vaticana, Roma (Italia).

Martirio de la Santa. Iluminación del Menologio de Basilio II (s.X). Biblioteca Apostolica Vaticana, Roma (Italia).

Por su parte, Agatoclia antes moriría que mostraría respeto alguno por aquellos dioses que, como todo cristiano contemporáneo consideraba, eran impíos y simples ídolos. Su fe era la cristiana, una fe que se había difundido rápida y generosamente entre los esclavos y otros miembros marginales de la sociedad, y que había tardado más en tocar a la aristocracia. Los abusos y malos tratos de su ama no la hicieron reconsiderar en absoluto sus convicciones. Cada golpe, cada azote o puntapié, cada sufrimiento que Paulina le propinaba, ella lo ofrecía a Dios como sacrificio expiatorio. No esperaba ayuda de nadie: era una esclava, y su vida no valía nada. Así pues, el martirio de Agatoclia fue uno de los más largos de las mártires antiguas: duró ocho años, al cabo de los cuales decidió Paulina entregarla a las autoridades.

Ni promesas ni amenazas conmovieron el ánimo de Agatoclia, pues si ocho años de continuos abusos no habían podido vencerla, menos la habrían de asustar las torturas de los tribunales. Fue atormentada con la mayor crueldad. Primeramente la golpearon con varas hasta romperle las costillas. Llegado a este punto, se le instó a que sacrificase a los dioses, y no profiriendo ella sino injurias contra las efigies de mármol, le cortaron la lengua para que callara. Finalmente, fue arrojada a una hoguera, donde se consumió.

Cabe decir que otra versión, menos generalizada, afirma que Paulina no entregó nunca a Agatoclia a las autoridades, sino que fue ella misma la que se encargó de acabar con la esclava, partiéndole las costillas con una vara primero, cortándole la lengua después y encerrándola en un cuarto oscuro para que muriera de hambre. Pero, bien porque otros esclavos le pasaban alimento, bien porque Agatoclia se había fortalecido a base de palos, la cautiva no moría, y Paulina, impaciente, acabó ella misma con su largo martirio asesinándola.

Grabado de las Santas Claudia, Hortensia y Agatoclia. Ésta última lleva brazaletes de esclava (dcha.)

Grabado de las Santas Claudia, Hortensia y Agatoclia. Ésta última lleva brazaletes de esclava (dcha.)

Documentación y fuentes
Este relato horrible, truculento, es similar en ciertos puntos a la presunta vida y martirio de Santa Matrona (Madrona) de Tesalónica, esclava que también fue asesinada por su ama o a causa de su ama, aunque en este caso era judía, no pagana. Pone de relieve la terrible e injusta situación a la que estaban sometidos los esclavos en la Antigüedad, que no eran seres humanos en el sentido estricto de la palabra según la mentalidad contemporánea –instrumenta vocalia, los llamaba Cicerón, “las herramientas que hablan”- y como tal se podía hacer con ellos lo que se quisiera, aunque un exceso de brutalidad o crueldad estaba mal visto socialmente, como indigno de la nobleza.

Dejando aparte estas cuestiones y centrándonos en la Santa, es cierto que el día 1 de septiembre es conmemorada por el Sinaxario Constantinopolitano, que dice: “En este mismo día, memoria de los santos mártires Agatoclia, Calixta, Hermógenes y Evodo”, es decir, que le atribuye algunos compañeros de martirio, aunque tampoco los ubica ni cronológica ni geográficamente. Pero es el Martirologio Romano el que hace mención sólo de Agatoclia el día 17 de septiembre -o sea, hoy- y en los términos en que nos hemos referido al inicio de su passio. Es decir, en los Sinaxarios formaba parte de un grupo y no se dan más detalles; en el Martirologio, está ella sola y se añade la terrible historia de su maltrato y martirio como esclava.

Los bolandistas dicen que la inserción de Agatoclia en el Martirologio Romano es obra del cardenal Baronio, quien la copió de algunos menologios griegos. Es cierto que la breve noticia que da el Martirologio Romano concuerda sustancialmente con lo dicho en la passio (actualmente perdida), pero que también está contenida en los sinaxarios y menologios griegos. De estas fuentes griegas es posible inferir algunos datos, como que era esclava (¡¡o quizás hija!!) de los cónyuges Nicolás y Paulina, el primero cristiano, pero la segunda, pagana, aunque ambos eran apóstatas conforme lo dice el Menologio de Basilio. Agatoclia habría sido asesinada por su propia dueña (¡¡o madre!!). Así que, pese a las diferencias sustanciales entre unas menciones y otras, parece ser común en todas las fuentes la mención de Agatoclia asesinada a manos o a causa de quienes tenían su tutela, ya fuesen amos o parientes carnales.

Valorando lo que es el relato en sí, no existen elementos suficientes como para enjuiciar la historicidad de estas noticias, tanto más cuanto que esta mártir ha sido objeto de fuerte objeciones, hasta que un descubrimiento arqueológico realizado en el año 1936 disipó algunas de estas dudas. En 1936 fue descubierta en Atenas una piedra de mármol con una inscripción funeraria realizada por un cierto Andrés, lector de la iglesia de Santa Agatoclia. Esta piedra funeraria fue datada como del siglo VI.

Icono ortodoxo griego de la Santa.

Icono ortodoxo griego de la Santa.

Los motivos de las dudas no eran infundados, ya que la mención de Agatoclia falta en varios manuscritos de los sinaxarios griegos y también es omitida en la homilía de Teófanes Kerameus, en la cual sí que habla de la celebración de los mártires Calixta, Hermógenes y Evodo, pero sin hacer mención a Agatoclia.

Sin embargo, el hecho de mayor peso es la omisión en el Martirologio Jeronimiano, que no la menciona el 1 de septiembre, y que el 25 de abril dice: “Syracusae Evodi, Hermogenis et Callistae”. A la omisión del nombre de Agatoclia se une de manera inesperada la indicación geográfica de Siracusa, como lugar de culto de los tres mártires. A este propósito, Lanzioni, avanzó la hipótesis de que el término “Agatoclia” no fuese nada más que un apelativo de Siracusa, ya que esta era la ciudad del tirano Agatocles (!!!). Esta hipótesis, que intentaría conciliar lo que dice el Martirologio Jeronimiano con las fuentes griegas, no es confirmada por ningún documento o testimonio que pruebe el uso de este apelativo hacia la ciudad de Siracusa, revelando sin ningún género de dudas, una preconcebida convicción sobre la no historicidad de esta mártir. Delehaye no comparte esta hipótesis, por cierto.

Volviendo al descubrimiento arqueológico realizado en Atenas en 1936, hay que decir que aunque esta iglesia de Santa Agatoclia fue destruida, la inscripción es de una enorme importancia, ya que permite datar la fundación de dicha iglesia y, por lo tanto, el origen del culto a la Santa, en una época bastante antigua, lo que confirmaría la existencia histórica de la Santa y la legitimidad de su culto.

La inclusión del nombre de esta santa en el Martirologio Español es fruto de la fantasía de Juan Tamayo Salazar, el cual, arbitrariamente, se atrevió incluso a fijar la fecha de su martirio en el año 94, en tiempos de Domiciano. Sin ningún fundamento, por supuesto, ya que como hemos dicho, desconocemos la ubicación cronológica y geográfica de la mártir, aunque el Martirologio Jeronimiano la mencione en Siracusa y tuviese una iglesia en Atenas. Quizá, debido a esta inclusión de Tamayo Salazar, esta mártir ha sido “adoptada” como vecina y patrona de la ciudad aragonesa de Mequinenza, donde sigue recibiendo un importante culto a día de hoy y de donde podemos inferir la iconografía de la Santa: una doncella de pie sobre una hoguera, sosteniendo en su mano su propia lengua amputada, mientras un ángel le trae la corona y sostiene la palma del martirio, con triple corona de virgen -otra suposición- y de mártir.

Ofrenda floral a la Santa. Iglesia de Mequinenza, España.

Ofrenda floral a la Santa. Iglesia de Mequinenza, España.

Conclusiones
En resumen, y para poner un poco de orden a todas estas ideas, decir que Santa Agatoclia es una mártir cristiana a la que no podemos poner fecha ni lugar de existencia, porque éste es desconocido. Lo mismo para los compañeros que se le asocian en algunos textos -Calixta, Hermógenes, Evodo- de los cuales no tenemos datos. En cierto momento se los asocia con la ciudad de Siracusa, aunque lo cierto es que no se puede profundizar más en ello. La cronología permanece oscura, siendo el año 94 -época de Domiciano- una fecha inventada por un hagiógrafo español.

Se ha dudado mucho de la existencia histórica de esta mártir, pero lo cierto es que en Atenas tuvo dedicada una iglesia ya en el siglo VI, lo que evidencia un culto muy antiguo y, por tanto, confirmando que estamos ante una mártir real, de la que se dice que era esclava o hija de un apóstata y una pagana, y que murió a manos o por culpa de quienes, ya como amos o como padres, deberían haberla protegido.

Meldelen

Bibliografía:
– VVAA, Bibliotheca Sanctorum (Enciclopedia dei Santi), Ed. Città Nuova, Roma 1984.

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