Santa Anisia, virgen mártir de Tesalónica

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Icono ortodoxo griego de la Santa.

Icono ortodoxo griego de la Santa.

La mártir de la que hablaré hoy es una persona de la que hay poquísima información, pero casi toda ella, fidedigna. Ha suscitado poca atención por parte de la iconografía, del arte y del culto occidentales, por no decir ninguna; aunque sí se le ha rendido tributo, ayer y hoy, en el mundo ortodoxo. Quizá, el hecho de haber suscitado esa poca atención haya favorecido que pasara desapercibida y con ello, se viera libre de la construcción en torno a su persona de leyendas y mitos que empañaran su existencia histórica. La historia de Anisia es un relato corto, terrible pero sencillo, que realmente no deja lugar a dudas, porque lo que le aconteció a ella le pudo haber acontecido, y le acontecía, de hecho, a cualquier hombre, mujer, anciano o niño cristiano en tiempos de persecución.

A pesar de ello, los textos que nos hablan de ella son bastante tardíos. Hay una passio legendaria y otra, atribuida a Simón Metafrastes pero en realidad redactada en el s.XII por un diácono llamado Gregorio. Es en este relato en el que me voy a basar.

Una virgen heredera de Tesalónica
Eran tiempos del emperador Maximino Galerio (284-305) que, según el relato, había emitido un edicto según el cual ejecutar cristianos no se correspondía con su dignidad imperial y, en consecuencia, se permitía a guardias y soldados asesinarlos a discreción. Una medida poco creíble que no habría hecho sino suscitar motines y revueltas, en detrimento del propio público y, en cualquier caso; sabemos que Maximino procesaba a los cristianos judicialmente mediante sus magistrados. Sin embargo, eso no quitaba la existencia de abusos en la calle.

En cualquier caso, se habla de una cristiana llamada Anisia (Anysia) que había nacido en la ciudad de Tesalónica, pero al llegar a la adolescencia se había quedado huérfana de padre y madre, aunque heredera de una cuantiosa fortuna, que decidió entregar a los pobres. En efecto, se deshizo de todas sus joyas, vestidos y muebles, y llevó una vida estricta de austeridad, vigilia y oración. Del mismo modo acudía con asiduidad a las asambleas cristianas. Ferviente en su amor a Cristo, ella decía a menudo: “Oh, cuán falsa es la vida de los jóvenes: o escandalizan, o son escandalizados. Mejor es la edad madura, pero la pena me embarga por el amplio margen de tiempo que me separa del cielo”. Cuando en sus vigilias se sentía cansada y con sueño, murmuraba: “Es peligroso dormir mientras mis enemigos velan”.

Martirio de la Santa. Iluminación del Menologio de Basilio II (s.X). Biblioteca Apostólica Vaticana, Roma (Italia).

Martirio de la Santa. Iluminación del Menologio de Basilio II (s.X). Biblioteca Apostólica Vaticana, Roma (Italia).

Empezaban a aparecer muchos cadáveres esparcidos por calles y caminos. Al parecer, se trataba de la aplicación del edicto de Galerio, pero también de impedir que los cristianos acudiesen a las reuniones. Esto no acobardó a Anisia, quien salió un día de la ciudad para asistir a la asamblea. Iba con el rostro cubierto por un velo blanco. Al llegar a la puerta de Casandra, un centinela le cerró el paso.

Ella retrocedió, asustada, y al presentir que se hallaba en peligro, se santiguó. Al ver el ya conocido gesto que caracterizaba a todos los cristianos, inmediatamente acudieron varios soldados más y la agarraron brutalmente para interrogarla, preguntándole quién era y adónde iba. Anisia repuso mansamente: “Soy una sierva de Jesucristo. Voy a la asamblea de los fieles del Señor.” “No permitiré que vayas”, dijo a su vez el centinela, “En cambio, te llevaré a que ofrezcas sacrificios a los dioses, pues en este día adoramos al Sol.” Ella lo apartó con gentileza y se dispuso a marcharse, pero él la agarró de nuevo. Tomando el frágil velo que cubría su rostro, se lo arrancó de un tirón para verla, y luego empezó a arrastrarla asiéndola por sus ropas. “¡No me toques!”, gritó Anisia, empujándolo, “¡Mi Señor Jesucristo te lo prohíbe!” Y le escupió en el rostro.

El centinela la soltó, pero desenvainó su espada y atravesó de parte a parte el cuerpo de la joven. Anisia cayó al suelo y murió en un charco de sangre. Quienes más tarde hallaron el cadáver se lamentaban entre lágrimas: “¡La culpa es del césar! ¿Por qué ha publicado un edicto que resulta la muerte de tantos inocentes?” Enterraron a Anisia cerca de las puertas de la ciudad, y cuando vino el fin de la persecución, levantaron una capilla sobre su tumba.

Vista del sepulcro e icono de la Santa expuestos a veneración. Iglesia de San Demetrio, Tesalónica (Grecia).

Vista del sepulcro e icono de la Santa expuestos a veneración. Iglesia de San Demetrio, Tesalónica (Grecia).

Causa del martirio
Esto es todo cuanto dice el relato, que, aunque perfectamente creíble, tiene algún adorno en los diálogos por parte de la mano redactora, que no menoscaba su autenticidad. A simple vista, una cristiana asesinada en las calles por un grupo de soldados. Pero, ¿cuáles son las causas reales del martirio? La interpretación que ofrece la Bibliotheca Sanctorum no vacila en presentarla como una joven adolescente -casi una niña- que fue requerida por un soldado para satisfacer sus deseos carnales y murió por resistirse a él. ¿Un intento de violación y un sacrificio en defensa del voto de virginidad? Eso la convertiría en una mártir de la pureza en un tiempo en el que este concepto aún no existía.

Sin embargo, creo que el relato nos indica claramente que la causa del martirio de Anisia es su resistencia a acudir a hacer sacrificios al Sol. Que el intento de violación esté implícito o no es secundario comparado con el hecho de que, en esencia, esta joven virgen murió defendiendo su fe y por no querer sacrificar a un dios pagano.

Reliquias y culto
Como decía, esta mártir es prácticamente desconocida en ámbito católico, mientras que entre los ortodoxos es muy conocida y venerada. En esa passio legendaria que mencionaba al principio se la conmemora el 30 de diciembre, aunque en esta passio del siglo XII en la cual me he basado al relatar su martirio, lo hace el día siguiente, el 31, junto con Santa Melania. De hecho, ambas santas comparten el mismo troparion o himno, alabando a una su martirio, a la otra su ascetismo. Filoteo Kokkinos, patriarca palamita de Constantinopla, en el siglo XIV compuso un elogio en su honor. El Martirologio Romano la conmemora también el 30 de diciembre.

Detalle de las reliquias de la Santa visibles sobre la tapa del sarcófago. Iglesia de San Demetrio, Tesalónica (Grecia).

Detalle de las reliquias de la Santa visibles sobre la tapa del sarcófago. Iglesia de San Demetrio, Tesalónica (Grecia).

Las reliquias de la Santa se conservan, en su mayor parte, en una bellísima urna de plata en la iglesia de San Demetrio en Tesalónica (Grecia), de hecho, a pocos metros de donde reposa, en otra urna de plata, este santo mártir. Otra reliquia insigne se venera en Moscú; y es probable que haya alguna más por ahí, pero siempre en ámbito ortodoxo.

La iconografía es sencillísima, estricta de virgen mártir: una doncella representada según el canon, sosteniendo la cruz martirial propia de la iconografía ortodoxa. En algunos iconos, como el que encabeza este artículo, se la llama hosiomartyr, una denominación griega -“sagrada mártir”- que se da en las Iglesias Ortodoxas a los mártires que fueron monjes o monjas, es decir, que vivieron una vida consagrada. Esto se debe a la interpretación literal de la passio que hace de ella una virgen consagrada, pero hay que tener en cuenta que, en aquellos tiempos, el monacato todavía no existía, por lo que no era monja; sino una mujer que había hecho voto de virginidad y que se había desprendido de todas sus riquezas y vivía sola en su casa, dedicada a una vida de piedad.

En resumen, Santa histórica, verídica, real; cuyas reliquias se conservan y veneran hasta la actualidad y en cuyo relato de martirio, salvo alguna frase construida por su redactor, no hay el menor invento o leyenda.

Detalle de la urna con las reliquias de la Santa en Moscú (Rusia).

Detalle de la urna con las reliquias de la Santa en Moscú (Rusia).

Himno de alabanza a la Santa mártir Anisia
Santa Anisia ruega al Señor
de rodillas y continuamente vertiendo lágrimas:
“Oh Jesús, Dios y Señor
fuente de eterna vida,
tesoro de bienes incorruptibles,
ayúdame, oh Dios, ayúdame;
a permanecer virgen hasta la muerte,
como virgen entrar en el descanso eterno
y hacerme digna de Tu Reino.
Concédeme, oh Salvador, tu gracia
el ser capaz de sufrir por Ti,
de sacrificarme por Ti.
¡Oh, ayúdame a obtener lo que deseo!”
Dios escuchó a la virgen Anisia
y le dio Su gracia
para que fuese capaz de sufrir y morir por Él.
Santa Anisia, ahora en el Paraíso,
brilla como estrella entre las estrellas
brilla como ángel entre los ángeles
rogando por nosotros a Cristo Inmortal.

Meldelen

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