Santa Apolinaria la Sinclética

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Icono ortodoxo griego de la Santa.

Icono ortodoxo griego de la Santa.

De esta Santa eremita no existen fuentes históricas seguras y las narraciones que poseemos provienen de unos bonitos romances. Según estos, Santa Apolinaria era hija de un importante funcionario de la administración de Roma – hay quienes dicen que era hija del emperador griego Artemio (467-472) – que se distinguió tanto por su belleza física como por su piedad como buena cristiana. Durante los años de su juventud, hizo una peregrinación a Tierra Santa acompañada de varios esclavos. Allí conoció a unos monjes palestinos y egipcios, decidiendo hacer voto de virginidad y permanecer en aquellas tierras. Dejó en libertad a sus esclavos después de entregarles grandes sumas de dinero, no volvió a Roma, sino que se marchó a Alejandría; donde, disfrazada de hombre, ingresó en un eremitorio, tomando el falso nombre de Doroteo y poniéndose bajo la dirección de San Macario.

Cuando llevaba un cierto tiempo en el eremitorio, se enteró de que una hermana suya estaba atormentada por un espíritu inmundo, por lo que, con el permiso del abad, volvió a Roma a fin de sanar a su hermana. Hecho esto, sus familiares y amigos la presionaron para que se quedara en la Ciudad Eterna, pero ella regresó a Egipto, donde continuó llevando una intensa vida de oración y penitencia. Después de su muerte, y por intervención divina, se conoció cuál era su sexo.

Este tema de una mujer disfrazada de hombre para ingresar como monje en un monasterio no es nuevo. Ya tratamos de un caso parecido cuando escribimos sobre Santa Marina-Marino, siendo un tema relativamente frecuente cuando se trata de narraciones legendarias, escritas para satisfacer los deseos románticos de determinados lectores medievales. Sea una Santa real o sea ficticia, el Martirologio Romano la conmemora el día 5 de enero.

Dicho todo esto – que reconozco que es poco – me tomo la licencia de tratar algunos temas relacionados con este relato. Dios creó al hombre como un ser libre, dándole el libre albedrío y la libertad de elección. Dios no creó a esclavos y a amos, a ricos y a pobres, sino que esta diferencia de clases son el resultado de un mal uso que los hombres hemos hecho de nuestra libertad a lo largo de la historia. En un principio, el hombre estaba integrado en Dios, pero se rebeló contra Él y esto trajo consigo las desigualdades y la discriminación, la explotación del hombre por el hombre, la esclavitud.

Sinaxis de los santos Teonas obispo, Teopentos y Apolinaria, celebrados el 5 de enero.

Sinaxis de los santos Teonas obispo, Teopentos y Apolinaria, celebrados el 5 de enero.

Cuando Cristo instituyó su Iglesia, en el contexto geográfico donde Ella empezó a crecer, existían hombres libres y esclavos; unos tenían todos los derechos mientras que otros no tenían ninguno. El cristianismo se extendió y lo hizo más entre las clases bajas que entre las clases nobles. Es verdad que el libro de los Hechos de los Apóstoles nos pone de manifiesto que, ante esta desigualdad económica, todo lo ponían en común e incluso, los que tenían bienes o dinero, lo ponían en manos de los apóstoles para que lo distribuyeran entre los pobres: “Todos los que habían creído estaban juntos y tenían en común todas las cosas; y vendían sus propiedades y sus bienes repartiéndolo entre todos, según la necesidad de cada uno” (Hechos, 2, 44-45).

Aún así, en la sociedad romana – y en muchas otras – seguían existiendo esclavos y libres, dándose el caso de que muchos nobles cristianos mantenían el servicio de los esclavos, que fueron, poco a poco, con el paso del tiempo, convirtiéndose en hombres y mujeres libres. Santa Sinclética nos da ejemplo de ellos, pero fijémonos que ya estábamos en el siglo IV, cuando el cristianismo era la religión del Imperio. Por desgracia la esclavitud fue abolida en los países civilizados en los siglos XVIII-XIX, pero aun continúa vigente en muchos otros países. El egoísmo humano y la falta de sensibilidad ha llevado a muchos cristianos a convivir con esta circunstancia, el comercio de esclavos aún existe, lo que significa vivir en enemistad con Dios.

El relato-leyenda de Santa Sinclética también nos trae a colación otro tema que no nos es extraño: la posesión por el demonio. Sobre esto habría mucho que hablar porque en la casi totalidad de los casos, se ha tachado de endemoniados a personas que simplemente tenían alguna enfermedad mental, enfermedad que es trágica para la persona que la sufre, pero también para las personas que la rodean. Hay quienes afirman que un demonio puede entrar dentro de una persona y, de hecho, la Iglesia instituyó el orden del exorcista. Yo discrepo completamente porque creo que el demonio – que existe – no tiene poder sobre los hombres, que son criaturas de Dios. El hombre puede hacer un mal uso de su libertad, puede enemistarse con Dios y vivir en pecado, pero eso no implica que el demonio, físicamente, esté dentro de él.

Yo no negaré las palabras de Cristo: “Cuando un espíritu inmundo sale de un hombre, anda por lugares secos buscando reposo, pero no lo halla. Entonces dice: volveré a mi casa de donde salí y, cuando llega, la halla desocupada, barrida y adornada. Y entonces, va y toma consigo a otros siete espíritus peores que él y, entrados, moran allí. Por lo que este último estado de aquel hombre viene a ser peor que el primero. Así acontecerá también a esta mala generación” (Mateo, 12, 43-45), pero creo que nuestro Maestro estaba hablando en parábola. Lo que sí está claro es que, con la ayuda de Dios, si queremos, podemos vencer todas las tentaciones que nos surjan por el camino.

Icono ortodoxo griego de la Santa.

Icono ortodoxo griego de la Santa.

Y por último: el travestismo monacal, o dicho de manera más suave, el que una mujer se disfrace de hombre para entrar en un monasterio. Ya lo hemos dicho antes: la hagiografía nos expone varios casos, algunos de ellos incluso con el consentimiento de la familia de la persona que se disfraza. Aunque este tema está muy ligado a la leyenda, es muy posible que se hayan dado algunos casos. Si esto ha sido así, posiblemente pudiera explicarse por la inexistencia de monasterios femeninos e imposibilidad de llevar vida monacal en uno masculino. Por eso, estas santas mujeres optaron por este método, pero ¡qué curioso!: no existe ningún caso al contrario.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– VV.AA., “Bibliotheca sanctórum, tomo II”, Città N. Edritrice, Roma, 1990.

Enlace consultado (28/05/2014):
– http://www.parembasis.gr/2010/frames_10_12.htm

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