Santa Ariadna o Adriana de Frigia, mártir

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Icono ortodoxo ruso de la Santa.

Icono ortodoxo ruso de la Santa.

El mismo día que celebrábamos la festividad de Santa Agatoclia, esclava mártir, se celebraba también la festividad de otra esclava cristiana y mártir, ésta llamada Ariadna (o Adriana) en Frigia. Como era imposible escribir sobre las dos en el mismo día, hemos reservado a la segunda para el día de hoy.

Muchas son las discusiones que los críticos hagiográficos han realizado sobre esta mártir de Frigia. Existen algunas “Actas” legendarias, muchas de ellas escritas entre los siglos V y VI por parte de algún que otro redactor muy poco hábil.

Passio de la Santa
Esta leyenda, conocida más por la tradición ortodoxa que la católica, hace referencia a una joven esclava denominada Ariadna (en griego, “indómita, indomable”) -aunque a veces también aparece llamada Adriana– que servía a un decurión -oficial romano al mando de una decuria, es decir, un pelotón de diez soldados- llamado Tértulo o Tertulio, en la ciudad frigia de Promisia, en Frigia Salutare.

En tiempos de Adriano, la esposa de Tértulo dio a luz un hijo varón. Con objetivo de festejar este feliz acontecimiento, el oficial hizo un sacrificio en honor a los dioses. Todos los esclavos de su domus estaban obligados a asistir, pues se trataba de una ceremonia de capital importancia, un ritual sagrado. Pero Ariadna, que era ferviente cristiana, se negó a asistir y a comer los alimentos ofrecidos a los dioses, tanto por no participar en los rituales paganos como por no romper el ayuno que seguía.

Y es que que los emperadores Adriano y Antonino Pío habían promulgado un edicto de persecución contra los cristianos en el cual se contemplaba la pena de muerte a quienes se negasen a comer los alimentos ofrecidos a los dioses, prometiendo a quienes los delatasen, recibir parte de los bienes que se incautaran a estos cristianos o al menos, 400 denarios.

Tértulo, indignado ante tal injuria y descubriendo su fe cristiana, la castigó severamente, apaleándola con una vara hasta romperle varios huesos, y abofeteándola hasta desfigurarle la cara. Repitió este macabro trato varias veces, y luego le arrancó trozos de carne con ganchos de hierro. Culminó su ira encerrándola en un cuarto y dejando que sufriera hambre, por espacio de un mes. Quizá hubiera muerto en este encierro, de no ser porque Tértulo fue denunciado al magistrado Gordio, siendo acusado de estar escondiendo a una cristiana.

La Santa, fusionándose con las rocas de la montaña. Iluminación del Menologio de Basilio II (s.XI). Biblioteca Apostolica Vaticana, Roma (Italia).

La Santa, fusionándose con las rocas de la montaña. Iluminación del Menologio de Basilio II (s.XI). Biblioteca Apostolica Vaticana, Roma (Italia).

Tértulo fue a juicio y fue hábilmente defendido por un tal Nicágoras, de suerte que fue absuelto después de argumentar que la esclava Ariadna era parte de la dote de su esposa y que él no tenía conocimiento de su fe cristiana. Entonces llamaron a Ariadna ante el tribunal y ella se proclamó cristiana, procedente de una familia cristiana y que, por tanto, se negaba a sacrificar a los dioses. Condenada a la tortura del caballete, fue salvada gracias a la intervención del pueblo que se apiadó de su juventud, acusando a Gordio de estar cometiendo una ilegalidad. Esto concitó las iras del magistrado quién, de mala gana, concedió a Ariadna un plazo de tres días para que pudiese rectificar: sacrificar a los dioses y salvarse.

Al finalizar los tres días, Ariadna se fugó hacia una zona montañosa. Tértulo reparó en ello, montó en cólera y mandó tras ella a varios de sus hombres, que la alcanzaron en un monte cercano. Ella, sabiendo el castigo que le esperaba si la atrapaban, volvió la vista al cielo y exclamó: “¡Dios mío, ayúdame a escapar de mis enemigos!”. Entonces se abrió una grieta en la montaña, en la que la esclava se metió y desapareció para siempre, pues el boquete se cerró de nuevo ante la estupefacción de los soldados, que presos de una suerte de locura, se mataron unos a otros con las lanzas.

Entonces, Gordio dio una orden al cabecilla de los guardianes del templo, para que rompieran esa roca y la extrajesen de ella, con la intención de mostrar ante el pueblo el poder que tenían los dioses. Pero se desarrolló una terrible tormenta y aparecieron dos ángeles del cielo que dispersaron al populacho muerto de miedo. Así termina la leyenda de Ariadna.

Icono ortodoxo ruso de la Santa.

Icono ortodoxo ruso de la Santa.

Interpretación de la passio
Según algunos críticos, Ariadna debe identificarse con una Santa María, esclava y mártir mencionada en el Martirologio Romano el día 1 de noviembre, de la cual sí que se poseen las “Actas” latinas, conocidas como “Passio Sanctae Mariae ancillae”.

Esta identificación parece apoyada por el Sinaxario de Sirmond (Αριάδνη ή υπηρέτρια Μαρία). Estos críticos dicen que la “passio” de Ariadna es la misma que la de María, aunque con algunas variantes, escritas con la intención de elevar la moral a los cristianos en tiempos de persecución. Sin embargo, otros admiten la existencia histórica de Ariadna, aunque le niegan todo valor a sus “Actas” por considerarlas anacrónicas e irrealistas.

Franchi de’ Cavalieri demuestra la fiabilidad de este documento, que salvo en algunos pasajes, tiene un indudable tinte de autenticidad, como puede verse confrontándolo con algunos documentos literarios de los siglos II-III. Parece, pues, que el redactor se sirvió de fuentes contemporáneas a Ariadna, interpolándolas en su obra con pasajes de épocas claramente más tardías. Franchi di’ Cavalieri, examinando la narración del martirio de Ariadna – descubierta en el año 1899 por parte de Juan Mercati en el códice Vaticano-greco 1853 -, la divide en cinco partes, de las cuales, dos seguramente son auténticas, mientras que existen dudas sobre la autenticidad de las otras tres.

Las partes correspondientes a la defensa de Tértulo y el interrogatorio de Ariadna ante el tribunal son, sin ningún género de dudas, auténticas, por la extraordinaria viveza y precisión del texto, y por el recuerdo de un procedimiento (processo coram populo), que fue anterior a las persecuciones de Diocleciano. Pero la última parte, en la que la Santa huye y consigue refugiarse milagrosamente en la roca, es la más sospechosa, ya que no se puede comprender cómo Ariadna consigue la corona del martirio, sin haber muerto como mártir. Se podría concluir que el autor de esta “passio” se dejó influenciar por otras leyendas, como la de Santa Tecla o la de Santa Bárbara, mártires que también huyeron y fueron milagrosamente acogidas por la roca viva. No cabe duda de que estas dos Santas -Tecla y Bárbara- sí que tienen el título de mártires, y en el caso de Tecla, su intento de fuga fue para preservar su virginidad -la roca la protegió de ser violada por sus perseguidores, aunque murió enterrada por ella-, mientras que si nos ceñimos al texto, Ariadna no corrió este peligro. O eso nos hace creer el mismo, yendo por delante lo que ya sabemos sobre la ilegalidad de la ejecución de una virgen en el derecho romano y cómo se recurría a la violación ritual para solventar este problema. En el caso de Bárbara, sólo el fantástico episodio de la roca que la traga es comparable, ya que ella huía del maltrato de su padre Dióscoro, no de una posible violación.

Icono ortodoxo griego de la Santa. Obsérvese la montaña abriéndose para acogerla.

Icono ortodoxo griego de la Santa. Obsérvese la montaña abriéndose para acogerla.

Otro dato interesante, histórico, que encontramos en la passio es la mención de un dineral como 400 denarios para recompensar la delación de los cristianos. Semejante cifra nos lleva a una época anterior a la crisis monetaria del siglo III. El edicto mencionado ciertamente fue publicado, pero no por el emperador, sino, probablemente, por un magistrado a nivel local.

El Martirologio Romano la conmemora el 17 de septiembre, mientras que el Sinaxario Constantinopolitano la recuerda al día siguiente y después, junto con Santa Hripsime, el día 27 del mismo mes. En Rusia y en Grecia es especialmente venerada todavía a día de hoy, existiendo muchos iconos sobre ella. Es bastante más desconocida en el mundo católico, a pesar de que Ariadna es un nombre no tan raro entre las mujeres.

Conclusión
Generalmente se asume que parte de la passio de Santa Ariadna -la parte que es creíble- es una copia de la passio de Santa María, esclava y mártir de la cual hablaré en otra ocasión. La otra parte, la fantástica de la esclava fugada y absorbida por la roca de una montaña, es un motivo recurrente en otras passio, como vemos en el caso de Santa Bárbara y Santa Tecla. Por lo demás, parece que estamos ante un relato que es histórico en parte, por lo que no cabría descartar que estemos ante una mártir real, auténtica, a pesar de los detalles fantásticos, que cabe desechar.

¿Se puede considerar mártir a Santa Ariadna si no murió como mártir, sino que desapareció “tragada por la montaña”? (o simplemente logró escapar, como es el caso de la otra esclava, Santa María). Lo cierto es que ambas son consideradas mártires en razón de que confesaron su fe en Cristo y sufrieron maltratos y torturas por ello, sin ceder al edicto imperial.

Himno de alabanza a la Santa Mártir Ariadna
(de San Nicolás Velimirovich)

La justa doncella Ariadna
servía a su amo honorablemente
pero servía a Dios antes que a un hombre.

Esclava en el cuerpo, pero no en el alma;
no deseó la esclavitud espiritual
y no dio culto a los ídolos.

Ella se inclinó ante Dios Creador
se inclinó ante Cristo Salvador
pero no ante los ídolos.

Vidriera de la Santa. Cementerio de Montparnasse, París (Francia).

Vidriera de la Santa. Cementerio de Montparnasse, París (Francia).

Fue torturada por su Señor
y aceptó la tortura con gran alegría,
con alegría y agradecimiento.

Dios misericordioso, con su ojo que todo lo ve
vio el santo sufrimiento de Santa Ariadna
y ordenó a la roca sin vida
ocultar a su sufriente virgen
como ya hizo con Tecla y con Juan.

Ariadna, virgen siempre bendita
ayúdanos con tus oraciones
ante el trono de Dios misericordioso;
y, en compañía de la Santa Madre de Dios,
ayúdanos con tus oraciones.

Meldelen

Bibliografía:
– VVAA, Bibliotheca Sanctorum: Enciclopedia dei Santi, Città Nuova Editrice, Roma 1987.

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