Dos Santas mártires de nombre Benedicta (Benita)

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Imagen decimonónica de Santa Benedicta de Lyon. Iglesia parroquial de Origny-Sainte-Benôite, Francia.

Imagen decimonónica de Santa Benedicta de Lyon. Iglesia parroquial de Origny-Sainte-Benôite, Francia.

Hoy, día 14 de enero, es la festividad de una mártir romana llamada Benedicta -o Benita-, nombre latino que, como sabemos, significa “bendita, bendecida”. Sin embargo, es tan poca la información que tenemos sobre esta Santa -a menudo, erróneamente confundida con algunas mártires de las catacumbas de idéntico nombre, como la venerada en Monacilioni– que he decidido, para explayarme un poco más, incluir también a otra Santa mártir llamada Benedicta -o Benita- de la que sabemos un poco más, pero que se celebra el 8 de octubre; aunque esta fecha ya ha pasado -y aún queda mucho para la de este nuevo año que inauguramos- y además, ha concentrado muchas otras mártires, como Pelagia, Reparata

Dedicamos, pues, este artículo a dos mártires llamadas Benedicta -o Benita- que no deben ser confundidas con otras santas homónimas, a saber, un número enorme de cuerpos santos o mártires de las catacumbas; una Santa mártir llamada Benedicta (o Beata) de Sens (Francia) que pertenece a un grupo más numeroso encabezado por Sanziano, Agustín, Beata, etc. y de la cual hablaré en otra ocasión; y cómo no, una mártir contemporánea de la que ya hemos tratado, Santa Teresa Benedicta de la Cruz (Edith Stein), quien fue filósofa, conversa y carmelita; amén de Santa Benedicta de Lentini, madre de los Santos Alfio, Filadelfo y Cirino, de cuya existencia histórica se duda.

Las Santas que tratamos en este artículo, aunque las dos serían romanas de origen, son conocidas, nominalmente, como Santa Benedicta de Roma (14 de enero) y Santa Benedicta de Lyon o de Origny (8 de octubre).

Santa Benedicta de Roma
De esta mártir se sabe realmente muy poco. Forma parte de un grupo de mártires romanos junto a Prisco y Prisciliano, quienes aparecen en las Actas fantasiosas de Santa Bibiana y de San Pimenio.

En éstas se dice que Prisco era sacerdote, Prisciliano era clérigo y Benedicta una mujer piadosa. Fueron martirizados en tiempos del emperador Juliano el Apóstata, siendo ella, en particular, despedazada con cuchillos. El prefecto Flaviano fue también castigado porque permitió que los cristianos recogieran sus cuerpos y les dieran sepultura.

Santa Benedicta de Origny bautiza a sus compañeras de apostolado. Portada de un libro alemán dedicado a la Santa.

Santa Benedicta de Origny bautiza a sus compañeras de apostolado. Portada de un libro alemán dedicado a la Santa.

Fueron inscritos en la mayor parte de los martirologios medievales, y de ahí pasaron al Martirologio Romano el día 14 de enero. Como las propias Actas no tienen ningún valor histórico, lo cierto es que se duda de la existencia de estos mártires y no parece haber reliquias auténticas, de ahí que se haya tendido a identificar, equivocadamente, cualquier cuerpo santo extraído de las catacumbas y al que se ha llamado Benedicta, con esta mártir de idéntico nombre.

Santa Benedicta de Origny
Dice la tradición que era hija de un senador romano que se convirtió al cristianismo y, desde ese momento, menospreció todas las riquezas y honores de la tierra. Logró convertir a la fe a otras doce muchachas como ella, a las que recibió en su casa y llevaba, junto a ellas, una vida muy piadosa [1].

Al saber del martirio de San Quintín y sus compañeros en la región gala de Picardía y de los milagros que se realizaban por su intercesión, cuyas noticias llegaban hasta Roma, ella, que vivia de diaría inmersa en los ejercicios de una sólida piedad, se sintió inspirada de imitar el ejemplo de estos nobles romanos, y animada por un santo ardor, decidió abandonar Roma y marchar a las Galias, junto con sus doce compañeras, movidas por el deseo de predicar el Evangelio y, de paso, sufrir también el martirio.

Después de cruzar los Alpes -escalándolos, se nos dice, con los pies descalzos (!!)- y llegar a la zona de Lyon, llegaron a la capital y venearon las tumbas de sus santos compatriotas. Luego, la compañía de jóvenes se dividió y cada una se marchó en una dirección opuesta, para dedicarse a la conversión de las almas. Benedicta tomó consigo a Leoberia y llegaron a Origny-sur-Oise, diócesis de Soissons, donde se hizo patente su presencia y la de su compañera por las conversiones que llevaron a cabo: en efecto, por el ejemplo de sus virtudes y por sus exhortaciones familiares que hacía con gran fervor, se logró ganar un gran número de personas para el cristianismo. Vivía en una austera y pequeña celda que se había hecho excavar en una colina, fuera de la ciudad, al lado del río. Pasaba las noches en oración y en contemplación de las verdades divinas, y en esta santa práctica se llenaba de gracia y de unción; pero tampoco se olvidaba de visitar los lugares vecinos y de comunicar las luces que el Espíritu Santo le había transmitido.

Santa Benedicta de Origny atendida y liberada por ángeles de la prisión. Portada de una revista francesa sobre iluminaciones medievales.

Santa Benedicta de Origny atendida y liberada por ángeles de la prisión. Portada de una revista francesa sobre iluminaciones medievales.

Naturalmente, su apostolado la hizo famosa en la región y fue delatada al prefecto provincial, Matroclo (o Macrobio, según versiones), agente del emperador Juliano el Apóstata que, además, era de origen judío y, por tanto, odiaba a los cristianos [2]. Hizo arrestar de inmediato a Benedicta y mandó traerla ante él; y se sirvió de todos sus medios -todo tipo de dulzuras y artificios- para hacerla renunciar a su fe cristiana. Pero, como ella se mostró inquebrantable en su fe e insensible a sus dulces palabras, hizo que la abofetearan y luego, que la azotaran, con tal crueldad que el cuerpo de la inocente virgen parecía una sola herida abierta.

Toda ensangrentada fue llevada a la cárcel y encerrada en una oscura celda, reservada para posteriores tormentos. Pero, según la leyenda, apenas estuvo allí, un ángel se le apareció, la consoló y curó por completo. Aquel prodigio daría lugar a 55 conversiones, es decir, todos los que la habían visto ser azotada y destrozada y la veían de nuevo, ante el tribunal, sana y curada; por lo que Matroclo intentó de nuevo seducirla con promesas, y no consiguiendo de nuevo nada, mandó torturarla en el potro y aplicarle otros muchos tormentos, tras lo cual mandó meterla otra vez en la cárcel. Y volvió a pasar lo mismo: un ángel se apareció, la curó del todo y, esta vez, la sacó de la celda, liberándola de la prisión y causando la conversión masiva de tantos otros idólatras. Harto de ella, Matroclo mandó decapitarla a golpe de hacha, sentencia que se cumplió el 8 de octubre de 362, reinando Juliano el Apóstata.

Un gran número de milagros se obtuvieron por intercesión de la Santa, que fue llamada “el espejo de Origny”, siendo éste también el título del antiguo libro que recoge dichos milagros, que están relacionados con curaciones de enfermedades prolongadas, deformaciones de huesos, partos difíciles, y dolencias similares que se verían aliviadas tras la visita al sepulcro de la mártir.

Martirio de Santa Benedicta de Origny. Granado de Antonio Tempesta para "Istoria de molte sante vergini romane nel martirio". Istituto Nazionale dell'Arte Grafica, Roma (Italia).

Martirio de Santa Benedicta de Origny. Granado de Antonio Tempesta para “Istoria de molte sante vergini romane nel martirio”. Istituto Nazionale dell’Arte Grafica, Roma (Italia).

Conviene mencionar que, además de Santa Benedicta, alguna de sus compañeras es también venerada como mártir y tiene un culto aparte. Es el caso de Santa Yolana (Sainte Yolaine), quien, cuando se separó de Benedicta y las demás muchachas, marchó a predicar a Pleine-Selve. Al igual que le ocurrió a Benedicta, selló su apostolado con el martirio: detenida por el juez y no pudiendo hacer que renunciase a la fe cristiana, fue torturada siéndole amputados dos dedos de la mano, flagelada, colgada de los cabellos y, finalmente, quemada viva el 17 de enero de 363, apenas unos meses después de Santa Benedicta. Aún hoy, cada año, el día de la Ascensión, la localidad francesa de Pleine-Selve rinde homenaje a esta mártir antigua con una misa y una visita a su pequeña capilla.

Pero volvamos a Santa Benedicta. No hace falta decir que sus actas conforman un relato fabuloso, similar a la “passio” de Santa Saturnina, que es celebrada el día 20 de mayo. Ciertamente no se puede decir que estemos ante un relato real, porque existen muchos errores en el mismo, aunque la existencia de una virgen predicadora, martirizada, es perfectamente plausible, como ya vimos en el caso de Santa Parasceve. Su fiesta es el 8 de octubre, aunque al pasarla del Martirologio de Usuardo al Martirologio Romano se confundió su lugar de origen (Laón) por el de Lyon.

Imagen de Santa Yolana, mártir compañera de Santa Benedicta de Origny. Capilla de la Santa en Pleine-Selve, Francia.

Imagen de Santa Yolana, mártir compañera de Santa Benedicta de Origny. Capilla de la Santa en Pleine-Selve, Francia.

Y es que ella, aunque la passio dice otra cosa vivió en Laón, no en Lyon, aunque de su vida no se sabe prácticamente nada, porque toda la “passio” es un invento. Se la llama Santa Benedicta de Origny-sur-Oise, porque es en esta localidad de la diócesis de Reims donde están sus reliquias. O sea, Benedicta de Origny y Benedicta de Laón (Lyon) es la misma persona, pero no es Origny el lugar de su martirio, sino el lugar donde reposan sus reliquias. El traslado más antiguo de éstas tuvo lugar en el año 665, luego se hizo otro en 876 y finalmente un tercero en 1231, aunque parece que sus reliquias fueron llevadas a la iglesia en 1863, según reza alguna fuente.

La Santa aparece en la iconografía representada como una joven doncella, con la palma del martirio, el libro de los Evangelios y una campanita pequeña en la mano como principal atributo, seguramente indicativo de predicadora o limosnera. También predicando y bautizando al pueblo, sufriendo diversas torturas -como la flagelación- y siendo atendida por ángeles en su celda, muriendo decapitada y siendo coronada en la gloria. También hay un ciclo dedicado a sus portentosos milagros.

Concluyendo
Hemos hablado de dos mártires de nombre Benedicta, una romana y la otra venerada en Francia, con una coincidencia más que curiosa: ambas son mártires en tiempos de Juliano el Apóstata. De la primera no tenemos mucha información y los únicos datos proceden de una passio que, al no considerarse histórica, hace que actualmente se dude notablemente de la existencia de esta Santa.

Sepulcro original de Santa Benedicta. Cementerio de Mont d'Origny, Francia.

Sepulcro original de Santa Benedicta. Cementerio de Mont d’Origny, Francia.

La otra, a la que se hace romana de origen, es llamada Santa Benedicta de Origny sólo porque allí son veneradas sus reliquias, aunque parece ser que vivió en Laón. La passio, muy fantasiosa aunque fascinante, la hace apóstol de las Galias y mártir, también carece de valor histórico, aunque la Santa sí parece ser real como lo atestigua la antigüedad de su culto, la veneración de sus reliquias y el culto minoritario y aislado de algunas de sus pretendidas compañeras, como Santa Yolana.

Como decía al principio del artículo, todavía existen muchas otras santas de nombre Benedicta, mártires de las cuales aún no se ha tratado en este blog: Benedicta de Lentini, Benedicta (Beata) de Sens, y muchísimas otras que son cuerpos santos de las catacumbas. Si Dios quiere, habrá otras ocasiones para tratar sobre ellas.

Meldelen

Bibliografía:
– Les Petits Bollandistes; Vies des saints, tome 12 p. 160 à 161
– VVAA, Bibliotheca Sanctorum, Enciclopedia dei Santi, Ed. Città Nuova, Roma 1984.

Enlaces consultados (12/01/2015):
– http://krypta.i24.cc/saint.php?dir=Benedicta
– www.montdorigny.fr/spip.php?rubrique31
– http://orthodoxievco.net/ecrits/vies/synaxair/octobre/benoite.htm
– www.soissons.catholique.fr


[1] Ya tenemos otro ejemplo fantasioso de protomonacato femenino, que en realidad era inexistente en esta época. Si acaso, podría haber sido un grupo de vírgenes consagradas, pero nada más.
[2] Este dato, de un antisemitismo atroz, tiene además una incongruencia histórica notable, pues es difícil que un judío devoto fuese agente de un emperador que propugnaba la restauración del culto pagano en el Imperio. ¿Qué le podía interesar a un judío la religión pagana? Esta versión sólo pretende indisponer al lector cristiano contra el pueblo judío: lo dicho, antisemitismo.

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