Santa Cirila (Ciprilla) de Cirene, mártir

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Detalle de las Santas Cirila y Ana, mártires, conmemoradas el 5 de julio. Ilustración para el Prólogo de Ochrid.

Detalle de las Santas Cirila y Ana, mártires, conmemoradas el 5 de julio. Ilustración para el Prólogo de Ochrid.

Los sinaxarios bizantinos conmemoran los días 4 y 5 de julio el martirio de Cirila (Ciprilla), viuda de Cirene en Libia, quien es protagonista de una conmovedora historia que la asemeja a Mucio Escévola, una ilustre figura semilegendaria de la época de la monarquía romana que puso la mano en un brasero ante los ojos del rey etrusco Porsenna para demostrarle la fortaleza de los romanos, que eran capaces de despreciar el dolor hasta el punto de poder resistir el quemarse voluntariamente.

Nuestra protagonista de hoy hizo algo prácticamente idéntico, aunque para demostrar su lealtad a Cristo. Por supuesto, esta Santa de la que hablaremos hoy no debe ser confundida en modo alguno con Santa Cirila de Roma/Helesponto, de la cual ya hablamos en otro momento.

Historia de la mártir
Nacida en la ciudad de Cirene, en la región de Libia, esta mujer africana fue sorprendida por la persecución de Diocleciano. Había enviudado de su marido hacía algún tiempo, por lo que suponemos que era mujer de cierta edad (aunque no necesariamente). En esta época Cirila habría recurrido a un obispo llamado Teodoro, a fin de que la curase de un violento y crónico dolor de cabeza. Teodoro, que estaba en libertad vigilada a causa de la persecución, la curó y la retuvo junto a sí, junto con otras dos piadosas mujeres llamadas Aroa (Rhoa) y Lucía.

Después del martirio del obispo Teodoro, capturaron a la viuda Cirila y la obligaron a que abjurase de su fe, sometiéndola a crueles tormentos. No conservamos ningún detalle respecto del juicio y el interrogatorio de Cirila. Los hagiógrafos comienzan en el punto en el que se encuentra ante la estatua del dios y el prefecto le da las siguientes instrucciones: “Toma estos granos de incienso, deposítalos en el pebetero que arde a los pies de la divinidad, y así habrás enmendado tu ofensa. Serás libre para volver a tu casa.” “No pienso yo hacer tal cosa”, respondió Cirila firme y resuelta, a pesar de que un guardia le había llenado ambas manos con incienso.

Viendo su tozudez, el soldado le sacudió las manos, tendidas justo encima del pebetero. Ella no los soltó, sino que apretó con fuerza las manos. El prefecto al punto mandó que le llenasen las manos con carbones encendidos tomados del pebetero que, mezclados con el incienso, empezaron a arder. Todos los presentes esperaban que Cirila, gritando de dolor, sacudiera las manos y echara a correr, por lo que para impedirlo, la encadenaron a la estatua del dios al que debía honrar.

preguntasantoral_anticopia_articulo20150705

Pero, ante su estupefacción, la matrona sujetó con mano firme y decidida aquellas ascuas durante mucho rato, a pesar de que sus manos se estaban abrasando. El temor de parecer que sacrificaba al dios si, vencida por el atroz dolor, dejaba caer el incienso, siendo motivo de escándalo para sus compañeros cristianos, la hizo perseverar en aquella tortura. Prefirió perder las manos antes que sacrificar, directa o indirectamente, a la divinidad pagana.

La Santa, como una nueva Mucio Escévola, prefiere quemarse las manos antes que sacrificar a los dioses.

La Santa, como una nueva Mucio Escévola, prefiere quemarse las manos antes que sacrificar a los dioses.

Este ejemplo de heroica firmeza dejó helados a todos los presentes. Tomando esta resistencia como un acto de rebeldía, el prefecto no tuvo más remedio que sentenciarla a muerte por descuartizamiento. Desnudada y atada a un potro, los verdugos fueron cortando a hachazos el cuerpo de la mujer. La desmembraron lentamente, amputando sus extremidades con limpieza y precisión, dejando un espacio de tiempo entre corte y corte. De sus heridas manaba abundante sangre, pero, cuando le amputaron también los pechos, de éstos empezó a manar leche, que siguió fluyendo junto con la sangre hasta que el martirio fue consumado, cuando el último de sus miembros, la cabeza, le fue amputada limpiamente.

Sobre las otras dos mujeres, Aroa y Lucía, los sinaxarios no aportan ningún dato, aunque murieron mártires porque existe una inédita passio griega que así lo confirma. Las tres mujeres constan aquí como discípulas de San Teodoro y mártires como él.

Interpretación y culto
Como puede comprenderse, no todo este relato debe tenerse por cierto, aunque en su mayor parte es verosímil. Nuevamente tenemos el elemento milagroso de la leche que mana de donde no debería -en este caso, no de un cuello cortado sino de los pechos de una viuda, que sepamos sin hijos, que realmente no tendrían por qué segregar leche- o el episodio de retener los carbones en las manos a lo Mucio Escévola, que bien pudo haber sido real, pero que no puede librarse de la equiparación con este mito romano.

El Martirologio Romano la conmemora el 5 de julio llamándola Cirila mártir de Cirene. Los datos que aporta confirmando lo dicho por los sinaxarios bizantinos, demuestran evidentemente que han confundido o corrompido el nombre original de Ciprilla por el de Cirila; por lo que su auténtico nombre sería el primero, no el segundo, que desafortunadamente es el que más ha trascendido.

Meldelen

Bibliografía:
– VVAA, Bibliotheca sanctorum: Enciclopedia dei Santi, Città Nuova Editrice, Roma 1984.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es