Eudocia Mahankova, “loca por Cristo” (Santa Dunyasha)

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Fotografía de la Santa.

Fotografía de la Santa.

La información que se tiene sobre su vida es bastante inconsistente ya que no existe ninguna prueba documental y muchos de los detalles de su biografía están cubiertos de leyendas. Expondré lo que de cierto se sabe sobre ella.

Eudocia Mahankova, a quién desde pequeña se la conoció como Dunya, nació en el año 1870 en la localidad de Chudinov, perteneciente a la provincia rusa de Orenburg, en lo que ahora es la región de Chelyabinsk, en el seno de una familia campesina formada por Ticón Mahanek y Daría. Cuando Dunya tenía solo siete años de edad, su madre murió y su padre contrajo segundas nupcias con una mujer que le dio dos hijos, pero que fue una verdadera madrastra para la niña. Como en realidad no existía ninguna relación afectiva entre Dunya y su madrastra, su padre la llevó a un pueblo cercano donde se puso a trabajar como niñera en casa de una familia que tenía hijos pequeños. Ella, como no era rencorosa y tenía muy buen corazón, cuando le daban un día de descanso, iba a su pueblo a llevarles algunas golosinas a sus dos hermanastros.

Un día, cuando iba a su casa, fue atacada por un ladrón y arrastrada hasta una cabaña en un bosque a fin de que le ayudara como criada en el cuidado de una pequeña huerta. Cuando la niña no estaba labrando la tierra, la tenía abandonada, a veces atada a un abedul, hasta el punto de que un cierto día fue atacada por un lobo que de un mordisco le arrancó las falanges de algunos dedos. La leyenda dice que estando atada al abedul durante varios días, fue atacada por los insectos que le produjeron una gran hinchazón en el cuerpo y que por la noche se le acercó un lobo que quiso ayudarla a cortar las cuerdas que la ataban al árbol y fue por eso por lo que le dañó los dedos. Estas heridas de los dedos nunca se le curaron.

Una noche, mientras dormía dentro de la cabaña, tuvo un sueño en el que escuchó unas voces que le pedían que dedicara su vida a Dios y creyendo que ese era su destino, cuando ya llevaba retenida unos dos años, consiguió escapar encontrando en su camino un icono de la Santísima Virgen, icono que hoy se encuentra en la iglesia de San Demetrio en Troitsk. Una de las leyendas dice que ese icono ya ella lo había visto anteriormente entre los cuernos de una de las vacas que cuidaba en aquella pequeña granja. Ella también contaba que aunque el ladrón la hacía trabajar duramente, nunca intentó violarla, por lo que una vez muerto, lo vio en el cielo con un ramo de “flores del paraíso” como recompensa por respetar su virginidad.

En la primera fila, en el centro, está la Santa.

En la primera fila, en el centro, está la Santa.

Cuando tuvo unos veinte años de edad, vivió como vagabunda en Yachmenkov y como Dunya se ofrecía a atender a los necesitados en sus casas, parte de la población la admiraba pero otra parte la tenía como una desequilibrada. Cerca de la Yachmenkov, en una cueva, vivía un ermitaño llamado Anastasio perteneciente a la secta de los “Viejos Creyentes”. Ella lo visitaba a menudo y el ermitaño la enseñó a leer y escribir. Pasado un tiempo, el ermitaño le reveló que en realidad era una mujer que había llevado una vida mundana, pero que se había disfrazado de hombre para vivir en soledad como eremita. Algunas personas del pueblo se percataron de las visitas de Dunya al ermitaño y comenzaron a levantarle calumnias, llegando a denunciarla a la policía. La detuvieron y en la cárcel la torturaron vertiendo sobre ella más de cuarenta cubos de agua helada. Dice la leyenda que, una mujer que estaba presente durante la tortura llegó a decir: “Si Dunya es inocente, que mi hija se congele” y así sucedió, pues mientras que a Eudocia no le ocurrió nada, la hija de esa mujer murió de frío.

Al haber sido alfabetizada por el ermitaño, se dedicó a leer las Sagradas Escrituras (especialmente el Libro de los Salmos), biografías de santos y a aprenderse de memoria numerosas oraciones que repetía casi continuamente. Llevaba una vida conforme al evangelio y poco a poco, la gente comenzó a recurrir a ella para pedirle consejo y ayuda. Toda su vida la pasó viviendo como una “loca por Cristo”, vagabunda, sola y dedicando muchísimo tiempo a la oración. Trabajaba sin cobrar, solo pedía lo justo para poder subsistir y pasaba horas interminables en el templo de la Ascensión Chudinovskikh. Como no disponía de vivienda, por las noches se quedaba a dormir dentro o en el atrio de la iglesia.

Sepulcro de la Santa. Fuente: www.foto-planeta.com

Sepulcro de la Santa. Fuente: www.foto-planeta.com

Aunque no disponía de medios económicos, ayudada por la Sociedad Imperial Ortodoxa Palestina – sociedad que se había creado para ayudar a los peregrinos necesitados -, realizó algunos viajes a Jerusalén y a los lugares más sagrados de Italia: Roma, para venerar las tumbas de los apóstoles Pedro y Pablo y Bari, para venerar la de San Nicolás, del cual era muy devota. En estos viajes acumuló ciertas experiencias que posteriormente le sirvieron para ayudar a los demás.

En el año 1922, las autoridades decidieron cerrar las iglesias y ella, que no tenía lugar donde habitar fue llevada a un hospital psiquiátrico al considerarse que estaba loca. Como curiosidad digamos que en el año 1924 fue incluida en la llamada “Lista consolidada de las personas privadas de sus derechos electorales en las elecciones a los soviets de Chudinov”. Ella aparecía en el número 43 de la lista calificándola como “monja servidora del culto”, cosa que nunca fue.

El 25 de noviembre de ese mismo año, el periódico “Pravda” publicó un artículo titulado “La santa Dunya”, en el que un autor anónimo se burlaba de ella diciendo que era una loca que engañaba a todos los tontos de la región en la que vivía. Aunque este artículo era despectivo da a entender cómo la santidad de Dunya traspasaba las fronteras y era estimada incluso en otras regiones rusas. Perseguida por el régimen soviético, en el año 1939 fue internada en la cárcel, pero después de pasados unos años, fue puesta en libertad volviendo a la localidad de Chudinov, donde murió en paz el 5 de marzo del año 1948, con setenta y ocho años de edad. Algunas personas que estuvieron presentes en el momento de su muerte, como por ejemplo, la señora Irina Pavlovna, dicen que después de su muerte, su rostro se volvió terso desapareciéndole todas las arrugas propias de su edad.

Un obispo ortodoxo venerando el sepulcro de la Santa.

Un obispo ortodoxo venerando el sepulcro de la Santa.

Se le atribuyen numerosos milagros realizados en vida e incluso el don de profecía, pero el principal signo de su santidad es la cantidad de gente que atrajo a la Iglesia para que se reconciliara con Dios. Se dice que profetizó la destrucción del templo de la Ascensión, cosa que ocurrió en los años treintas del siglo XX. En el año 1903, mientras se celebraba la canonización de San Serafín de Sarov con la asistencia de toda la Familia Imperial Rusa, ella visitó el monasterio de Sarov donde veneró las reliquias del santo. Se dice que durante esta visita, en el banquete que se ofreció después de la celebración religiosa, cuando el zar Nicolás II estaba sentado a la mesa, Dunya se le acercó con unas toallas. El zar se puso de pié y, bromeando, las colocó en el asiento de su silla diciendo que el trono no se pierde. Ella le contestó: “Si se pierde, Señor, y el momento está cerca. Prepárate, Señor, pues te llegarán grandes sufrimientos”. Todos sabemos que la Familia Imperial Rusa, que está canonizada por la Iglesia Ortodoxa Rusa, fue asesinada en Ekaterimburgo en la noche del 17 al 18 de julio del año 1918.

La tumba de Eudocia Mahankova está situada en el antiguo cementerio de la localidad de Chudinov, a unos treinta kilómetros de la ciudad de Ekaterimburgo. En torno a ella se ha construido una pequeña capilla en forma de invernadero para proteger a los visitantes de las inclemencias del tiempo, capilla que se ha convertido en un lugar de peregrinación, no solo de la gente que vive en la región de Chelyabinsk, sino de otras regiones de Rusia. Muy cerca de la tumba de Eudocia, en la misma región de Chelyabinsk (concretamente en Chebarkul) existe otra tumba considerada milagrosa: la del niño Vyacheslav Krasheninnikov, pero de este caso escribiremos en otro artículo.

Sepulcro de la Santa.

Sepulcro de la Santa.

Eudocia Mahankova, oficialmente, aun no está canonizada pues se está en la fase de recopilación de documentos, pero muchos fieles ortodoxos ya la consideran una santa, debido a la vida que llevó y a los milagros que se han producido junto a su tumba. En una de las fotos que acompaña el artículo podemos ver como un obispo ortodoxo venera la tumba de la “santa”. Estos milagros, se transmiten de boca en boca y abarcan todo tipo de eventos: curaciones de enfermedades, resolver disputas familiares, solucionar problemas financieros básicos, etc. Hay un dicho que dice: “no existen problemas graves que no los pueda solucionar Dunyaska”.

Antonio Barrero

preguntasantoral_anticopia_articulo20160101

Bibliografía:
– Berezhnov, A.S., “Leyenda de Eudocia Chudinovskij”, Emanzhelinsk, 2013
– Lobashëv, A., “La fe conquistada”, Chelyabinsk, 2007.

Enlaces consultados (14/12/2015):
– http://troitsk-eparchy.ru/
– www.xn--74-6kca2cwbo.xn--p1ai/tourism/mystery/mogila_dunyashi

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es