Santos Nereo y Aquileo, mártires

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Los mártires Domitila, Nereo y Aquiles. Lienzo de Peter Paul Rubens. Iglesia de Santa Maria In Vallicella, Roma (Italia).

Los mártires Domitila, Nereo y Aquiles. Lienzo de Peter Paul Rubens. Iglesia de Santa Maria In Vallicella, Roma (Italia).

Introducción
En el grupo de los mártires, se incluye un par de santos a quienes la Iglesia Católica celebra el 12 de mayo. Son dos personajes de origen romano, cuya historia, al ser muy antigua, está llena de relatos novelescos, por lo que no es muy digna de crédito; sin embargo son dos santos históricos y reales, los mismos que han tenido a lo largo de los siglos peripecias en su celebración litúrgica. Se trata de los Santos Nereo y Aquileo, de quienes escribiremos a continuación en este trabajo. Cabe señalar que en otros lugares, a San Aquileo se le refiere como San Aquiles, al haber sido elaborada esta biografía en México, con base a los textos litúrgicos oficiales para este país, se hace referencia a este santo como allí se ha autorizado.

Las Actas
La historia de las actas agrupan a estos dos hombres – que habrían sido bautizados por San Pedro -, en torno a Santa Flavia Domitila, a la que hacen sobrina de Domiciano y que sería la ama de ambos y ellos la habrían convertido al cristianismo, ¿Podría ser esto posible que San Pedro o San Pablo los hayan convertido a la fe? Según el parecer de algunos investigadores, la relación de ambos apóstoles con la Guardia Pretoriana fue intensa, pues San Pablo en la Carta a los Romanos, capítulo 16, versículo 15, se refiere a un Nereo.

Siguiendo con la historia, la protagonista de estas actas, habría recibido de manos de San Clemente I el velo de las vírgenes, por lo que habría rechazado de esta manera a Aureliano, quien furioso por su desdén, acusó ante las autoridades a la mujer y a sus dos sirvientes de cristianos, por lo que fueron desterrados a la isla Ponciana; allí, a pesar de las dificultades, los santos no abjuran de su religión. Aureliano aumentó su furor y al comprobar la resistencia de Nereo y Aquileo, los envíó a Terracina donde finalmente fueron ajusticiados. Auspicio, discípulo de estos santos y padre nutricio de Santa Flavia Domitila, trasladó los cadáveres a una propiedad de la santa, en el arenario de la Vía Ardeatina, donde fueron sepultados junto al sepulcro de Santa Petronila, supuesta hija de San Pedro.

El papa Clemente impone el velo a Domitila en presencia de Nereo y Aquiles. Fresco de Il Pomarancio, Basílica de los Santos Nereo y Aquiles, Roma (Italia).

El papa Clemente impone el velo a Domitila en presencia de Nereo y Aquiles. Fresco de Il Pomarancio, Basílica de los Santos Nereo y Aquiles, Roma (Italia).

En tanto, Santa Flavia Domitila, que no había sido condenada, aprovechó el tiempo para convertir a sus hermanas de leche Eufrosina y Teodora, a las que también animó a consagrar su virginidad a Cristo. Luxorio, hermano de Aureliano, las conminó a adorar a los ídolos, a lo que ellas se negaron, por lo cual fueron condenadas a morir quemadas encerradas en una habitación de su vivienda de Tarracina. A pesar de haber muerto, sus cuerpos quedaron intactos y fueron sepultados por el diácono Cesáreo en un sarcófago nuevo. El martirio de estos santos habría ocurrido en tiempos de Trajano, por lo que según estas actas, Nereo y Aquileo serían de los santos más antiguos del santoral.

Esta narración es el típico relato de una leyenda hagiográfica, que con afán de ensalzar a un personaje, en este caso a Santa Flavia Domitila, se le relacionó con los nombres de todos los santos antes mencionados. Mombritius fue quien descubrió y dio a conocer estas actas, escritas al final del siglo V y de él tomó datos Surio para su “Vitae Sanctorum”, luego los Bolandistas las recibieron y de allí pasaron a todos los calendarios cristianos populares. De tales actas, que originaron esta novela con consecuencias en la liturgia, el Cardenal Baronio refiere en una frase su opinión sobre las mismas: “fide non integra”. Es probable que el autor de las mismas fuera maniqueo, enemigo del matrimonio, pues su redacción contiene diálogos entre San Nereo y Santa Flavia Domitila, que son más bien discusiones contra el matrimonio que defensa de la virginidad. Además, estas actas se refieren a ambos santos como un par de eunucos con una mentalidad de la corte bizantina del siglo V.

Gloria de los Santos Cesáreo, Nereo, Aquiles, Teodora, Eufrosine y Flavia Domitila. Fresco de Il Pormarancio. Basílica de los Santos Nereo y Aquiles, Roma (Italia).

Gloria de los Santos Cesáreo, Nereo, Aquiles, Teodora, Eufrosine y Flavia Domitila. Fresco de Il Pormarancio. Basílica de los Santos Nereo y Aquiles, Roma (Italia).

Fuentes históricas
La historia de los Santos Nereo y Aquileo no se basa únicamente en estas actas apócrifas. Está en primer lugar su culto, de origen antiquísimo, atestiguado por martirologios, libros litúrgicos y monumentos. No es posible fechar el martirio de ambos, pues de tener algún fondo histórico este relato, lo más acertado sería ubicarlos en el siglo I. Hay sin embargo, otra fuente histórica sobre estos santos que da origen a otra corriente de ideas sobre ellos: se trata del epígrafe que San Dámaso I, devotísimo de ellos, el cual les escribió: “Nereo y Aquileo, mártires. Se habían inscrito en la milicia y ejercitaban su cruel oficio, atentos a las órdenes del tirano y prontos a ejecutarlas, constreñidos por el miedo. ¡Milagro de la fe! De repente dejan su cruel oficio, se convierten, abandonan el campamento impío de su criminal jefe, tiran los escudos, las armaduras, los dardos ensangrentados y, confesando la fe de Cristo, se alegran de alcanzar mayores triunfos. Tened noticia por Dámaso a qué alturas puede llegar la gloria de Cristo”. Aunque las noticias que refiere San Dámaso son imprecisas, podemos sacar estas conclusiones: eran militares que pertenecían a la Guardia Pretoriana del Emperador, que pudo ser Nerón, Domiciano o Trajano.

Hay finalmente una referencia arqueológica que es oportuno referir: en la basílica de Santa Flavia Domitila, hay un baldaquino que cubría el altar. Allí está representado el martirio de ambos santos, en una columna está escupido el martirio de San Aquileo con su nombre: Acilleus, representado como una persona con las manos atadas a la espalda, recibiendo del verdugo el golpe fatal. De la otra columna solo queda un fragmento, con un bajorrelieve borroso que permite suponer que se trata de la escena correspondiente a San Nereo. Lo interesante de este monumento es que estaría esculpido a finales del siglo III, una época más cercana a San Dámaso I, por lo que las fuentes usadas por él serían más seguras. De esto se podría tener como válida la hipótesis de que se trata de dos soldados orientales, pues San Aquileo aparece “discinto”, es decir, privado del “cingulum militiae”, mientras el verdugo, que tiene un píleo cilíndrico, podría ser identificado con un policía, conocido en Asia como “Diogmitai”, por lo que también es probable que su martirio haya ocurrido en tiempos de Diocleciano.

Vista del sepulcro de los mártires Domitila, Nereo y Aquiles, tras la rejilla bajo el altar mayor. Basílica de los Santos Nereo y Aquiles, Roma (Italia).

Vista del sepulcro de los mártires Domitila, Nereo y Aquiles, tras la rejilla bajo el altar mayor. Basílica de los Santos Nereo y Aquiles, Roma (Italia).

¿Por qué fueron sepultados en la propiedad familiar de los Flavios? La versión de las actas, quitándose lo novelesco, proporciona datos interesantes, pues si esto sucedió cuando el cementerio de la Vía Ardeatina era propiedad particular, quiere decir que habían ciertos lazos que los unían a esta familia ¿Qué relación sería? Son datos aún no descifrados.

Culto
Hacía el año 390, San Siricio Papa, erigió una basílica sobre su sepulcro, de estilo subterráneo. Esta basílica tenía el título de “Fasciola”, que poco a poco fue perdiendo hasta obtener el nombre de los Santos Nereo y Aquileo. Este lugar tuvo culto y esplendor hasta el siglo XIII, cuando la región quedó despoblada, por lo que el Papa Gregorio IX trasladó las reliquias a la iglesia de San Adrián en el Foro. Durante el Renacimiento, el Papa Sixto IV restauró el edificio, el mismo que un siglo más tarde necesitaba otra reparación urgente, la cual fue llevada a cabo por el Cardenal Baronio, que la solicitó como Título Cardenalicio, por este motivo devolvió los restos de San Nereo y San Aquileo a este lugar, lo que causó que el mismo cardenal obtuviera que su fiesta se celebrara el 12 de mayo.

Reliquias de los Santos dispuestas en urnas para su veneración.

Reliquias de los Santos dispuestas en urnas para su veneración.

La reforma litúrgica de Concilio Vaticano II restableció la verdad histórica de la celebración de los mártires en su respectiva iglesia: en la basílica cementerial de Santa Petronila, en la Vía Ardeatina, a San Nereo y San Aquileo y en la Basílica cementerial de la Vía Aurelia, a San Pancracio. Conviene saber que esta forma de celebrarlas así duró hasta el siglo XIII, cuando la liturgia unificó en una misma celebración a Nereo, Aquileo, Domitila y Pancracio. En esto influyó el interés que tuvo el Cardenal Baronio para que su memoria se desgajara de la celebración de Santa Flavia Domitila y se trasladara al 7 de mayo, aunque finalmente quedaron todos incluidos en la fecha del 12 de mayo, hasta la referida reforma del Vaticano II. Actualmente la celebración de los Santos Mártires Nereo y Aquileo tiene el grado de memoria opcional y comparten el 12 de mayo con San Pancracio.

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Oración
Por la intercesión de tus santos mártires Nereo y Aquileo, concédenos, Señor, demostrar en tu servicio el mismo valor que ellos tuvieron para entregar su vida por la fe. Por…

Humberto

Bibliografía:
– VV AA Año Cristiano mayo, editorial BAC, Madrid, 2003, pp. 253-258.
– VV AA Diccionario de los Santos Volumen II, Editorial San Pablo, Madrid, pp 1745-1746.
– LODI E. Los Santos del Calendario Romano, orar con los santos en la liturgia, Ediciones Paulinas, Madrid, pp. 151-152.

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Santa Flavia Domitila, mártir romana

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Tabla gótica de la Santa, obra de Andrea di Bonaiuto (1365).

Tabla gótica de la Santa, obra de Andrea di Bonaiuto (1365).

La Santa de quien me propongo hablar en este artículo puede que suene a muchos, dado que aunque no se incluye entre las mártires de principal veneración en la cultura cristiana europea, su nombre, que denota un ilustre rango, es de cierta familiaridad para aquellos que han explorado un poco la antigua Roma cristiana -quienes quizás, la conozcan más como “Domitila” a secas, que como Flavia Domitila-. Además, es una mártir que plantea un complejo problema hagiográfico que voy a intentar explicar, a riesgo de que el artículo resulte largo y tedioso, con lo cual pido de antemano disculpas a mis lectores, pero me veo en la obligación de exponer las cosas con la mayor claridad posible.

Flavia Domitila: entre la Historia y la leyenda
¿Quién fue Flavia Domitila, más conocida como Domitila a secas en los santorales? En priner lugar, lo que nos dice su nombre, es que era una mujer de alta estirpe romana. Nos lo revela su dua nomina, el doble nombre, formado por el praenomen (Flavia) que designaba la pertenencia a una gens romana (los Flavios, llamados así seguramente porque algún antepasado tenía el cabello rubio –flavius, flavia es igual a “rubio, rubia”- algo rarísimo en las tribus itálicas); y el nomen, Domitilla, que sí sería su nombre propio. Por lo tanto, estamos hablando de una mujer noble, una matrona romana de alta alcurnia. Eso ya da ciertas garantías sobre su existencia histórica.

Pero, como suele suceder muchas veces, hay una Domitila histórica y otra Domitila legendaria. Las historias que muchas veces recibimos como vivencias de los Santos no tienen rigor histórico, sino que son invenciones de piadosos autores y tradiciones populares que dan como fruto la passio, que debe ser analizada críticamente si es que queremos conocer a la persona real que hay detrás del Santo. En el caso de muchos, esto es imposible, porque no quedan datos fidedignos de la existencia histórica de esa persona, o se sabe tan poco que no da para nada. En el caso de Flavia Domitila, afortunadamente, esto no es así: podemos llegar a vislumbrar a la mujer detrás de la Santa, a diferenciar los datos históricos de los legendarios. Es lo que me propongo hacer, relatando primero la passio, y luego presentando a su auténtica protagonista.

Flavia Domitila, la legendaria
La passio que nos habla de Santa Flavia Domitila fue redactada en el siglo VI. Si, como veremos después, la Santa sufrió martirio en el siglo I, han pasado nada menos que 500 años entre la muerte de la protagonista y la redacción de la passio. Por pura lógica, semejante texto no ofrece muchas garantías de fiabilidad, y por supuesto, está considerado legendario. Pero vamos a ver el contenido en sus detalles.

Lienzo de la Santa acompañada de los Santos Nereo y Aquiles, obra de Il Pomarancio (1598-99). Basílica de los Santos Nereo y Aquiles, Roma (Italia).

Lienzo de la Santa acompañada de los Santos Nereo y Aquiles, obra de Il Pomarancio (1598-99). Basílica de los Santos Nereo y Aquiles, Roma (Italia).

Según este texto, Flavia Domitila era hija de una matrona cristiana llamada Plautila. Siendo una doncella muy rica, tenía a sus órdenes dos eunucos, llamados Nereo y Aquiles; y estaba prometida en matrimonio a un joven llamado Aureliano, pero esto no era visto con buenos ojos por los dos esclavos, especialmente que ella se peinase, engalanase y acicalase para recibir a su prometido. Los hagiógrafos posteriores, que han analizado críticamente la passio, han pensado que debió ser redactado por algún autor familiarizado con el maniqueísmo, por su furibundo ataque al matrimonio y a la maternidad, ya que las razones que el autor pone en boca de Nereo y Aquiles para disuadir a Domitila de la boda son claramente exageradas: consideran la vida matrimonial inferior a la virginidad, describen el matrimonio como algo aborrecible, dan detalles repugnantes sobre la maternidad, embarazo y parto; califican al marido como un yugo brutal y a los hijos como una condena ingrata. En resumen, el matrimonio es una constante humillación para la mujer, mientras que la virginidad hace semejante al mismo Dios.

Con tales argumentos, no es de extrañar que al final Domitila acabase siendo convencida por los esclavos, quienes la llevaron ante el papa Clemente -que era de origen liberto- para que le impusiese el velo de las vírgenes consagradas. El Papa le advirtió a Domitila que el cancelamiento del compromiso matrimonial podía traerle problemas, pero ella estaba decidida a consagrar su virginidad a Cristo y así lo hizo.

Naturalmente, las consecuencias no se hicieron esperar: furioso con la pérdida de la prometida y su rica dote, la denunció al emperador Domiciano por ser cristiana, y también a los dos eunucos. El emperador hizo desterrar a Nereo y Aquiles a la isla Ponciana. Allí tuvieron conocimiento de que Furio y Prisco, dos discípulos de Simón el Mago, se dedicaban a la predicación. Indignados por lo que ellos consideraban falsas predicaciones, escribieron a Marcelo, hijo del pretor Manos, que había sido discípulo del apóstol Pedro, para que divulgara el fracaso de Simón el Mago ante Pedro según se sabía por los Hechos de los Apóstoles. Poco después, Aureliano trató de obligar a los dos eunucos a que sacrificaran a los dioses, pero ante su resistencia fueron trasladados a Terracina. Allí, por orden del procónsul Rufo, fueron sentenciados a tortura por flagelación y muerte por decapitación. Auspicio, padre nutricio de Domitila, mandó enterrar sus cadáveres en las catacumbas de la familia Flavia en un arenario de la Vía Ardeatina, junto al sepulcro de Aurelia Petronila.

El papa Clemente impone el velo a Domitila en presencia de Nereo y Aquiles. Fresco de Il Pomarancio, Basílica de los Santos Nereo y Aquiles, Roma (Italia).

El papa Clemente impone el velo a Domitila en presencia de Nereo y Aquiles. Fresco de Il Pomarancio, Basílica de los Santos Nereo y Aquiles, Roma (Italia). Fuente: www.vallicella.org

Aureliano, satisfecho con haber quitado a los eunucos de en medio, aún tenía esperanzas de que Domitila pudiese aceptarlo por esposo. De modo que le envió a dos muchachas, Teodora y Eufrosine, prometidas de Sulpicio y Serviliano respectivamente, para que ellas, con dulces maneras, trataran de disuadirle para que contrajera nupcias. Como suele pasar en estos relatos, no sólo no lograron su objetivo, sino que además Domitila las convenció para que se consagraran vírgenes como ella y sus ex prometidos se convirtieran al cristianismo. Aquello acabó por desesperar a Aureliano, quien, sumido en la depresión, se entregó a una desenfrenada bacanal que le provocaría una indigestión, de cual moriría dos días después (!!!).

Cuando Luxurio, hermano de Aureliano, supo esto, resolvió vengarse de ello y mandó decapitar a Sulpicio y Serviliano. Luego ordenó que Domitila, Teodora y Eufrosine fueran desterradas a Terracina, donde trató de obligarlas a sacrificar a los dioses. Ante la negativa de las mujeres dispuso que fueran encerradas en sus aposentos y que se prendiera fuego a la casa. Cuando ésta estuvo reducida a cenizas, se buscaron entre los escombros los cadáveres y fueron hallados intactos, milagrosamente no tocados por las llamas. Un diácono cristiano tomó los tres cuerpos y los enterró en un sepulcro nuevo.

Hasta aquí el relato de la passio. Como se ve, no ofrece garantías por los clichés propios de estos textos que también presenta y las contradicciones que ofrece entre ficción y realidad histórica. Los mártires Nereo y Aquiles, que presenta como eunucos, el papa San Dámaso dice que eran oficiales del ejército romano, antes de convertirse al cristianismo, como se desprende de uno de sus versos. Como ya se ha dicho también, las razones que dan los dos eunucos para disuadir a Domitila del matrimonio no son propias de una mentalidad cristiana propia del siglo I, que sería la época en que vivió nuestra Santa, sino una construcción posterior del siglo VI, época en que el maniqueísmo empezaba a despuntar. Pero sobre todo, lo que disuade de concederle valor histórico a la passio es, ante todo, la existencia de datos que sí nos informan de quién fue la auténtica Flavia Domitila, y la no coincidencia de estos datos con los que ofrece el relato del siglo VI.

Domitila, Teodora y Eufrosina mueren quemadas en su casa. Basílica de los Santos Nereo y Aquiles, Roma (Italia).

Domitila, Teodora y Eufrosina mueren quemadas en su casa. Basílica de los Santos Nereo y Aquiles, Roma (Italia). Fotografía: Alvaro de Alvariis.

Flavia Domitila, la histórica
Teniendo claro que la passio del siglo VI no nos sirve para conocer a la auténtica mártir, veamos qué datos tenemos que nos aseguran su existencia histórica. Partimos, en primer lugar, de dos textos fundamentales para conocerla, que citaremos textualmente.

Eusebio de Cesarea, en su “Storia Eclesiastica” (III, 18, 4) escribe: “Pasado el año quince del reinado de Domiciano, Flavia Domitila, nieta por parte de la hermana de Flavio Clemente, que fue luego uno de los cónsules de Roma (año 95), junto con otras numerosas personas, fue deportada a la isla de Ponza por haber confesado a Cristo”.

A su vez, Dión Casio, en la “Historia romana” (LXVII, 13-24), afirma que el emperador Domiciano “junto a muchos otros, asesinó a Flavio Clemente, aunque era su primo y tenía por mujer a Flavia Domitila, que era incluso de su misma sangre. Los dos fueron acusados de ateísmo y junto con otros que seguían las costumbres de los judíos, fueron condenados a muerte y sus bienes confiscados. Sin embargo, Domitila fue deportada a la isla de Pandataria”.

De estas dos historias se puede deducir que al final del siglo I, dos matronas llamadas Flavia Domitila, emparentadas ambas con la familia imperial de los Flavios, fueron condenadas por su adhesión al cristianismo: una, nieta del cónsul Flavio Clemente, deportada a la isla de Ponza; y otra, esposa del mismo Flavio Clemente, deportada a la isla de Pandataria. Es cierto que Dión Casio, cuando habla de la Domitila deportada a Pandataria (la actual Ventotene), no menciona el cristianismo, sino más bien el “ateísmo”, pero hay que tener en cuenta que ésta era la acusación que los paganos hacían a los primeros seguidores de Cristo. También dice que seguían “las costumbres de los judíos”, pero ocurre que ellos tampoco diferenciaban a judíos de cristianos, lo tenían por la misma religión. De modo que este texto, decir “ateo” o “judío” es lo mismo que decir “cristiano”. Para ellos no había diferencia.

Gloria de los Santos Cesáreo, Nereo, Aquiles, Teodora, Eufrosine y Flavia Domitila. Fresco de Il Pormarancio. Basílica de los Santos Nereo y Aquiles, Roma (Italia).

Gloria de los Santos Cesáreo, Nereo, Aquiles, Teodora, Eufrosine y Flavia Domitila. Fresco de Il Pormarancio. Basílica de los Santos Nereo y Aquiles, Roma (Italia). Fuente: www.vallicella.org

Así que, por de pronto, dos Domitilas, ambas deportadas por su fe cristiana. La pregunta es, ¿puede considerarse esto martirio? Recordemos que la passio también menciona las deportaciones de Domitila, Nereo y Aquiles junto con otros correligionarios, pero al final, las mujeres mueren quemadas, ¿quizá para hacerlo más convincente? La realidad es que nadie de la familia imperial podría ser ejecutado de esta manera, por su alto abolengo -como ya expliqué en un anterior artículo– mientras que en cambio, el destierro o deportación sí está documentado como forma de castigo para los miembros de la familia imperial -no hay más que leerse la Vida de los doce Césares de Suetonio si uno quiere incidir, aunque sea someramente, en este tema-. Aunque parece que enviar a una persona al exilio parezca cosa de risa comparado con morir quemado vivo, lo cierto es que era un castigo durísimo para alguien de alta alcurnia: pasar de vivir con todas las comodidades, servido por esclavos y con una vida de ocio y calma; a quedar abandonados en una isla sin apenas recursos ni dotaciones, expuestos a la muerte por inanición o enfermedad. De hecho, precisamente por la obra de Suetonio sabemos que el emperador Augusto había hecho desterrar a su hija Julia a la mismísima Pandataria, donde dio orden de que se la dejara morir de hambre. En efecto, el exilio a una isla desierta sí es martirio: una muerte lenta y miserable, sin torturas ni ejecución, pero peor que un hachazo en la nuca, según se mire.
Se ha llegado a especular con el hecho de que si una de estas Domitilas fue víctima de una conjura en el exilio y asesinada, pero eso tampoco es que añada mucho a la cuestión del martirio: sea como fuere, una de las dos retornó a Roma, pero sólo para ser enterrada.

Así pues, tenemos una Domitila legendaria, inexistente, deportada y quemada viva; y dos Domitilas históricas, reales, que por su fe cristiana fueron deportadas a islas desiertas y seguramente consumaron su martirio muriendo de hambre o enfermedad. Pero, ¿no es extraño que se hable de dos personas de idéntico nombre e idéntico destino? ¿Hay dos Domitilas, o en realidad es una sola?
Algunos estudiosos, entre los cuales está Mommsen, Aubé y Styger, mantienen que se pueden identificar en una sola persona a estas dos Domitilas, suponiendo que sólo se ha tratado de errores históricos de los dos autores antes citados. Es decir, que sería una única Flavia Domitila, ¿pero, cuál? ¿La esposa de Flavio Clemente, o la otra? ¿La enviada a Ponza, o la enviada a Pandataria?
Sin embargo, De Rossi, examinando la genealogía de la familia imperial, sostiene, contrariamente, que se trata de dos personas distintas. Dice que la Domitila citada por Eusebio era nieta de Flavio Clemente, mientras que la recordada por Dión Casio era la esposa del cónsul mártir, con el cual tuvo siete hijos. Para él, es imposible unirlas en una sola persona, los detalles son demasiado diferenciadores.

Los mártires Domitila, Nereo y Aquiles. Lienzo de Peter Paul Rubens. Iglesia de Santa Maria In Vallicella, Roma (Italia).

Los mártires Domitila, Nereo y Aquiles. Lienzo de Peter Paul Rubens. Iglesia de Santa Maria In Vallicella, Roma (Italia).

En este sentido, tiene gran importancia una inscripción rota encontrada en el siglo XVIII en el área del cementerio existente en la Vía Ardeatina -que por algo es conocida como “catacumba de Domitila”- y que, con la integración propuesta por Mommsen, dice: “TATIA BAUCYL (la…un) – / TRIX SEPTEM LIB (erorum pronepotum) / DIVI VESPASIAN(i filiorum Fl. Clementis et) FLAVIAE DOMITIL(lae uxoris eius, divi) / VESPASIANI NEPTIS A (ccepto loco e) / IUS BENEFICIO HOC SEPULCHRU(m feci) / MEIS LIBERTIS LIBERTABUS PO(sterisque eorum)”. Esta inscripción, que se conserva en la pared del fondo de la Basílica de los Santos Nereo y Aquiles en dicho cementerio, precisa por lo tanto que Tacia Baucila, nodriza de los siete hijos de Flavio y de Flavia Domitila, obtuvo de ésta última el terreno para excavar un sepulcro. En este caso, la matrona que donó la catacumba que lleva su nombre también es la mártir, cosa que no ocurre en el caso de Santa Balbina. En este documento epigráfico se precisa también que Flavia Domitila era “neptis” o sea, nieta de Vespasiano, padre de Domiciano, confirmando así la afirmación de Dión Casio, según la cual, la mujer de Flavio Clemente era “consanguínea” del mismo Domiciano.

Respecto a las confusiones en las que cayeron los historiadores al indicar los lugares donde fueron deportadas las dos Domitilas, Humberto Fasola sostiene que las islas de Ponza y de Pandataria fueron señaladas intencionadamente para confundir la una con la otra. A Ponza fueron deportados las hijas de Calígula y un hijo de Germánico; mientras que en Pandataria fueron confinados Julia, hija de Augusto (a quien ya había mencionado, la que murió de hambre); Agripina, mujer de Germánico y Octavia, mujer de Nerón.

La veneración de la Flavia Domitila deportada a Ponza es antiquísima. San Jerónimo, en una de sus cartas a Eustoquio, dice que la viuda Paula, en su viaje hacia Oriente, visitó en dicha isla el lugar donde la Santa “longum martyrium duxerat” (sufrió un largo martirio). Si el mismo San Jerónimo y Santa Paula no dudaban de que la Domitila deportada a Ponza había sufrido un largo martirio -hambre, sed, enfermedad-; entonces no cabe dudar de su corona de mártir y mucho menos, del lugar donde la conquistó.

Sin embargo, el nombre de Domitila no figura ni en la “Depositio martyrum”, ni en el Martirologio Jeronimiano, aunque se la conmemoraba el día 12 de mayo. Esta conmemoración, que no es anterior a siglo IX, fue introducida en los libros litúrgicos influenciada por el Martirologio de Floro, el cual la incluye en su elenco ,probablemente por error, cambiando un FLAVI(us) recordado en el Martirologio Jeronimiano el día 7 de mayo; fecha en la que actualmente se la conmemora.

Vista del sepulcro de los mártires Domitila, Nereo y Aquiles, tras la rejilla bajo el altar mayor. Basílica de los Santos Nereo y Aquiles, Roma (Italia).

Vista del sepulcro de los mártires Domitila, Nereo y Aquiles, tras la rejilla bajo el altar mayor. Basílica de los Santos Nereo y Aquiles, Roma (Italia).

Reliquias e iconografía
Primitivamente, los cuerpos de los tres mártires -Domitila, Nereo y Aquiles- estuvieron enterrados en la catacumba de la Via Ardeatina, la que lleva el nombre de ella. Sobre esta primitiva tumba fue levantada una basílica subterránea para honrar a estos mártires. En 1213, los cuerpos de los tres fueron extraídos de este lugar y en 1228 sepultados en San Adriano al Foro Romano. Finalmente, el cardenal Baronio los trasladó el 12 de mayo de 1597 a la Basílica romana de los Santos Nereo y Aquiles. Ese mismo año, Baronio también trasladó las cabezas de los tres -que habían separado de sus cuerpos- a esta iglesia, para que allí recibieran veneración en preciosos relicarios. En 1870, los cuerpos de los mártires fueron robados, pero afortunadamente fueron recuperados y actualmente se veneran en una urna de pórfido rojo, situado en una rejilla bajo el altar mayor. Así pues, allí reposa el cuerpo de una Flavia Domitila -¿cuál de las dos? No se sabe-. ¿Y dónde están los restos de la otra Domitila? Tampoco se sabe.

Es cierto que en la iglesia de Saint John Evangelist de Clinton (EEUU) se veneran las reliquias de una mártir a la que se le da exactamente este nombre -Flavia Domitila- y se la considera una de estas dos mártires romanas, pero a juzgar por su aspecto y por el vas sanguinis que la acompaña, estamos hablando de una mártir de las catacumbas y no de una de las dos que fueron deportadas, pues éstas no sufrieron derramamiento de sangre sino la muerte lenta del exilio.

En la iconografía y en el arte, no se hace ninguna distinción entre ninguna de las dos Flavias Domitilas. Los artistas prácticamente ignoran el debate hagiográfico y se ciñen a la passio del siglo VI, por lo que se la representa casi siempre junto a los mártires Nereo y Aquiles, sus presuntos esclavos. Aparece como una noble matrona romana, revestida de lujosos ropajes, y generalmente coronada con una diadema radiada, símbolo de su linaje imperial o quizá, de su corona de martirio. Son también conocidas las escenas en que el papa Clemente le impone el velo de las vírgenes, aunque el lirio no forma parte de su habitual iconografía, ya que éste, como atributo de virginidad, no empieza a introducirse universalmente hasta el siglo XIX en las Santas y Santos, siendo hasta ese momento únicamente atributo de la Virgen y alguna otra excepción puntual. No tiene otros atributos significativos, aunque bien es cierto que el pintor gótico italiano Andrea di Bonaiuto la representa, en la tabla que encabeza este mismo artículo, portando el monograma del Nombre de Jesús (IHS). Y también es curioso destacar que la inmensa mayoría de sus representaciones artísticas la muestran como una mujer rubia, algo nada frecuente y quizá alusivo al significado de su praenomen (Flavia, “rubia”).

Vista del altar mayor de la Basílica de los Santos Nereo y Aquiles, Roma (Italia). Tras la rejilla bajo el altar reposan las reliquias de los mártires Domitila, Nereo y Aquiles.

Vista del altar mayor de la Basílica de los Santos Nereo y Aquiles, Roma (Italia). Tras la rejilla bajo el altar reposan las reliquias de los mártires Domitila, Nereo y Aquiles. Fuente: www.vallicella.org

Se la llama indistintamente Flavia Domitila o Domitila a secas, como decíamos, y es muy importante no confundirla con otra Santa de nombre Flavia, presunta hermana de San Plácido, discípulo de San Benito, Eutiquio y Victorino; que sufrieron martirio a manos de los sarracenos en Mesina. Esta otra mártir de nombre Flavia también tiene su propio intríngulis hagiográfico, pero eso lo dejaremos para otro artículo.

Conclusiones: dos Santas históricas, una legendaria
Recapitulando todo lo dicho hasta ahora, se puede afirmar que no hay una, sino dos mártires romanas llamadas Flavia Domitila; cuya existencia histórica está contrastada por las fuentes historiográficas (Eusebio de Cesarea, Dión Casio) y por las arqueológicas (inscripción en la catacumba de Domitila). Fueron dos mujeres de alta alcurnia, de familia imperial, una, deportada a Ponza, y otra, esposa del cónsul Flavio Clemente y madre de siete hijos, fundadora de la catacumba romana que lleva su nombre, que fue desterrada a Pandataria. No cabe, pues, dudar de la existencia de estas dos mártires romanas. Como se ve, la no coincidencia con el relato de la passio nos hace descartar a la Domitila virgen quemada con Teodora y Eufrosine como legendaria.

Meldelen

Bibliografía:
– VVAA, Bibliotheca Sanctorum: Enciclopedia dei Santi, Ed. Città Nuova, Roma.

Enlace consultado (18/03/2013):
– Parroquia de Santa Maria In Vallicella (Basílica de los Santos Nereo y Aquiles): http://www.vallicella.org/

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