Santa Inés de Asís, virgen

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Fresco de la Santa en la Basílica de Santa Clara en Asís, Italia.

Fresco de la Santa en la Basílica de Santa Clara en Asís, Italia.

Pregunta: Hola amigos de pregunta santoral, Soy un fiel lector del blog y quisiera que me aclararan algo sobre la vida de Santa Ines de Asís. Gracias.

Respuesta: Santa Inés de Asís era hermana de Santa Clara y había nacido en Assisi (Perugia) en el año 1197, siendo la segunda hija de Favarone Offreduccio y Ortolana de Fiumi. La fecha de su nacimiento es cierta, pues según las “Crónicas de los XXIV Generales de la Orden de los Hermanos Menores”, cuando murió en el año 1253 contaba con cincuenta y seis años de edad. Es cierto que de su infancia no se conoce prácticamente nada, pues existe menos información sobre ella que sobre su hermana mayor, pero lo que sí sabemos es que existía un gran afecto entre ambas hermanas y que, debido a la edad, se encontraba más unida a ella que a su otra hermana más pequeña, llamada Beatriz: es por esto por lo que el día 3 de abril del año 1212, una vez pasada la Pascua, Inés se fue con Clara, la cual, quince días antes, se había fugado de la casa paterna para unirse a Francisco de Asís, junto al monasterio de Sant’Angelo di Panso, en las laderas del monte Subasio, cercano a aquella ciudad. Durante estos quince días, Clara se había entregado totalmente a la oración pidiendo que su hermana menor siguiera sus pasos, pues en cuestiones religiosas, Inés era más relajada que Clara.

Según las “Legenda sanctae Clarae” atribuidas al beato Tomás de Celano: “Entre las principales plegarias que ofrecía Clara a Dios con plenitud de afecto, pedía esto con mayor insistencia: que, así como en el siglo había tenido con su hermana Inés conformidad de sentimientos, así ahora se unieran ambas para el servicio de Dios en una sola voluntad. Oraba con insistencia al Padre de las misericordias para que a su hermana Inés, a la que había dejado en su casa, el mundo se la convierta en amargura y Dios en dulzura; y que así, transformada, de la perspectiva de unas nupcias carnales se eleve al deseo del divino amor, de modo que a una con ella se despose en virginidad perpetua con el Esposo de la gloria. Existía realmente entre ambas un extraordinario cariño mutuo, el cual, aunque por diferentes motivos, había hecho para la una y la otra más dolorosa la reciente separación”.

"El milagro de Santa Inés", lienzo barroco en Évora (Portugal).

“El milagro de Santa Inés”, lienzo barroco en Évora (Portugal).

Los padres, exasperados por este hecho, el cual tomaron como el segundo agravio al honor familiar (el primero fue la fuga de Clara), intentaron apartarla de su vocación por todos los medios a su alcance, utilizando incluso la fuerza. En la “Vita sorosis Agnetis, germanae sanctae Clarae” (Analecta Franciscana III, publicada en el 1897) se dice, entre otras cosas, que Inés fue golpeada brutalmente por su tío Monaldo, quien, con doce caballeros, se presentó en el convento, violando la tranquilidad de las monjas. A golpes la sacaron del monasterio, arrastrándola hasta un arroyo cercano, aunque “milagrosamente” no pudieron avanzar más, debido a la resistencia de Inés y a las plegarias de Clara. La violencia no consiguió doblegarla, por lo cual, según nos dicen las Crónicas franciscanas: “el bienaventurado Francisco, con sus propias manos, le cortó los cabellos y le impuso el nombre de Inés, por el Cordero Inocente (Agnus) inmolado por nuestra salvación, que resistió con fortaleza y combatió virilmente”, ya que con sólo quince años de edad había demostrado la misma fortaleza que la joven mártir Inés de Roma, de quien ya se ha escrito en este blog. Si San Francisco le impuso el nombre de Inés, esto significa que originariamente, éste no era su nombre. Según la “Vita sancta Chiara” escrita por Hugolino Verino a finales del siglo XV, su nombre de pila era Catalina, pues así la llamó su tío Monaldo cuando irrumpió en el convento. Sin que nadie lo supiera, Inés se ciñó la cintura con un cilicio de crin de caballo, el cual llevó permanentemente hasta su muerte, y su ayuno era tan riguroso, que prácticamente sólo se alimentaba de pan y agua.

Cuando se juntaron las dos hermanas – Inés y Clara -, junto con otras jóvenes unidas al grupo, San Francisco las trasladó a la iglesia de San Damián, donde fundaron un convento. Aunque el pueblo comenzó a llamarlas “damianitas”, ellas se autodenominaban “hermanas menores”, pero Francisco se refería a ellas como “las señoras pobres”. El nombre de “clarisas” se impuso con posterioridad a la muerte de Santa Clara.

Fresco de la Santa con las 3 coronas de la visión.

Fresco de la Santa con las 3 coronas de la visión.

Santa Clara llamaba a su hermana Inés “virgen prudentísima”, como así queda atestiguado en una carta escrita por Clara a Santa Inés de Bohemia, y esa convicción que tenía Clara sobre la santidad de Inés quedó corroborada con un episodio, que no se sabe a ciencia cierta cuando ocurrió (posiblemente antes de partir desde San Damián a Monticelli), y que está insertado en las “Crónicas”: “En cierta ocasión, mientras, apartada de las demás, perseveraba devotamente en oración en el silencio de la noche, la bienaventurada Clara, que también se había quedado a orar no muy lejos de ella, la contempló en oración, elevada del suelo, y suspendida en el aire, coronada con tres coronas que de tanto en tanto le colocaba un ángel. Cuando al día siguiente le preguntó la bienaventurada Clara qué pedía en la oración y qué visión había tenido aquella noche, Inés trató de eludir la respuesta. Pero al fin, obligada por la bienaventurada Clara a responder por obediencia, refirió lo siguiente: En primer lugar, al pensar una y otra vez en la bondad y paciencia de Dios, cuánto y de cuántas maneras se deja ofender por los pecadores, medité mucho, doliéndome y compadeciéndome; en segundo lugar, medité sobre el inefable amor que muestra a los pecadores y cómo padeció acerbísima pasión y muerte por su salvación; en tercer lugar, medité por las almas del purgatorio y sus penas, y cómo no pueden por sí mismas procurarse ningún alivio”.

San Francisco estuvo en Florencia y su forma de vida suscitó el entusiasmo de muchos florentinos, algunos de los cuales decidieron seguirle, viviendo en pobre comunidad. Como no tenían conventos, decidieron hacer vida en común en algunas de sus casas. En el 1218, la señora Avegnente de Albizzo había fundado un convento en Monticelli, poniéndose bajo la jurisdicción de la Santa Sede y adoptando la Regla de San Benito, pero, influenciadas por el ideal franciscano, decidieron renunciar a la posesión de bienes y rentas, y unirse a la nueva comunidad fundada en San Damián. En el año 1220, Inés fue enviada a Florencia como abadesa del convento de Monticelli, que, como he dicho, había sido fundado dos años antes, a fin de que fuera la instructora de las nuevas hermanas. En Florencia, según las “Crónicas Franciscanas” con su ejemplo de vida y con su dulzura, consiguió implantar entre las nuevas hermanas el espíritu de pobreza evangélica que caracterizaba a todos los seguidores de Francisco. Son varios los conventos italianos que presumen de haberla hospedado: los de Padova, Venezia, Mantova, Castiglione Fiorentino, Imola y Penne. Esto da a entender que, o en su ida a Florencia o en su camino de retorno a Asís, probablemente ella hubiera hecho parada en estos conventos, aunque bien es verdad que algunos de ellos quedan muy alejados de esta ruta. Esto pudiese tener una lógica explicación si la fecha de salida de Inés hubiese ocurrido algunos años más tarde del tradicionalmente aceptado 1220.

Cráneo de la Santa.

Cráneo de la Santa.

Existe una carta de Santa Inés escrita a su hermana Clara en la que le dice que le produce gran pesar tener que dejarla en Asís. Éste es parte del texto de la misma: “Has de saber, madre, que mi carne y mi espíritu sufren grandísima tribulación e inmensa tristeza; que me siento sobremanera agobiada y afligida, hasta tal punto que casi no soy capaz ni de hablar, porque estoy corporalmente separada de vos y de las otras hermanas mías con las que esperaba vivir siempre en este mundo y morir… ¡Oh dulcísima madre y señora!, ¿qué diré, si no tengo la esperanza de volveros a ver con los ojos corporales a vos ni a mis hermanas?… Por otra parte, encuentro un gran consuelo y también vos podéis alegraros conmigo por lo mismo, pues he hallado mucha unión, nada de disensiones, muy por encima de cuanto hubiera podido creerse. Todas me han recibido con gran cordialidad y gozo, y me han prometido obediencia con devotísima reverencia… Os ruego que tengáis solícito cuidado de mí y de ellas como de hermanas e hijas vuestras. Quiero que sepáis que tanto yo como ellas queremos observar inviolablemente vuestros consejos y preceptos durante toda nuestra vida. Además de todo esto, os hago saber que el señor papa ha accedido en todo y por todo a lo que yo había expuesto y querido, según la intención vuestra y mía, en el asunto que ya sabéis, es decir, en la cuestión de las propiedades. Os ruego que pidáis al hermano Elías que se sienta obligado a visitarme muy a menudo, para consolarme en el Señor”.

El tiempo exacto que permaneció en Florencia, no se conoce, pero al empeorar en su enfermedad su hermana Clara, Inés marchó de nuevo al convento de San Damián en Así,s a fin de recoger y guardar las últimas palabras y normas dictadas por la que era considerada como la Madre de la Orden. Inés marchó a Asís acompañada por algunas hermanas de Monticelli, a las que Clara entregó su velo, que actualmente se conserva como reliquia en el convento de las Clarisas de Florencia.

En Asís, Inés tuvo el privilegio de ser premiada con una aparición del Niño Jesús; es por este hecho por el cual, en la iconografía se la representa con el Niño entre sus brazos. En Asís, Inés estuvo presente en la muerte de su hermana Clara acaecida el 12 de agosto del año 1253. Antes de morir, Clara le dijo: “Querida hermana, es del agrado de Dios que yo me vaya y que tu dejes de llorar porque pronto estarás conmigo junto al Señor. Él, muy pronto, te dará un gran consuelo” y, efectivamente, Inés murió poco tiempo después, o sea, el 16 de noviembre del mismo año. Los funerales de Santa Clara fueron presididos por el Papa Inocencio IV. Dicho esto, no debe omitirse que en uno de los documentos del proceso de canonización de Santa Clara llega a decirse que Inés murió pocos días después que su hermana, concretamente, el 27 de agosto. Dicen las “Crónicas” que “al igual que había pasado del mundo a la cruz precedida por su hermana, asimismo Inés pasó en pos de ella, de esta tenue luz terrenal, a la luz resplandeciente por siempre delante de Dios”. Finalmente, tanto su madre como su hermana Beatriz ingresaron también en la Orden.

Aparición del Niño Jesús a la Santa. Fresco contemporáneo.

Aparición del Niño Jesús a la Santa. Fresco contemporáneo.

El cuerpo de Santa Inés de Asís fue sepultado en el convento de San Damián, pero en el año 1260, sus restos fueron trasladados a la recién construida basílica de Santa Clara – en el mismo Asís – y puestos en una capilla dedicada a ella misma. En la actualidad, su cráneo es venerado en la capilla de San Jorge, junto con otras reliquias de santos y beatos franciscanos y clarisas.

En la “Vita” que hemos mencionado anteriormente, se narran numerosos milagros atribuidos a Inés, el primero de ellos en el mismo día de su muerte: “Cuando se corrió la noticia de la muerte de Inés, una gran multitud de personas quisieron contemplar sus restos mortales y como la celda de la santa estaba comunicada con el claustro por medio de una escalera de madera, ésta no pudo soportar el peso y se derrumbó arrastrando con ella a todos los que subían en ese momento y aplastando a los que estaban debajo, hombres, mujeres y niños. Aunque pudo ocurrir una catástrofe, sólo hubo algunos magullamientos”. Existen suficientes indicios que confirman que ya a finales del siglo XIII recibía culto a nivel popular, local y conventual. El Papa Benedicto XIV, el día 15 de abril del año 1752, autorizó oficialmente que su conmemoración se hiciese en toda la Iglesia Universal el día 16 de noviembre.

Aunque con anterioridad he reproducido un pequeño trozo del texto de la carta que Inés envió a Clara, no me resisto a reseñarla al completo, ya que no es excesivamente larga. La carta dice así: “A su venerable madre y señora en Cristo, distinguida y amadísima señora, a madonna Clara y a toda su comunidad: Inés, humilde y mínima sierva de Cristo, postrada a sus pies con total entrega y devoción, les desea cuanto de más dulce y precioso en el sumo altísimo Rey se puede desear.

De tal modo está establecida la condición de todos, que nunca se puede permanecer en el mismo estado; y, cuando alguno cree haber alcanzado la felicidad, entonces se ve sumergido en la desgracia. Por eso has de saber, madre, que mi carne y mi espíritu sufren grandísima tribulación e inmensa tristeza; que me siento sobremanera agobiada y afligida, hasta tal punto que casi no soy capaz de hablar, porque estoy corporalmente separada de vos y de las otras hermanas mías con las que esperaba vivir siempre en este mundo y morir. Ya comenzó esta tribulación, mas no se sabe cuándo terminará; en lugar de disminuir, crece cada día; me ha nacido hace poco, pero no parece acercarse al ocaso; la tengo siempre pegada a mí, y no tiene trazas de querer dejarme. Creía que la vida y la muerte deberían unir en la tierra a quienes tendrán una misma vida en el cielo, y que el mismo sepulcro debería encerrar a quienes tuvieron una misma cuna. Pero, a lo que veo, me había engañado, y ahora vivo angustiada, sola, atribulada por todas partes.

Vista del sepulcro de la Santa. Basílica de Santa Clara, Asís (Italia). Fuente: http://www.assisisantachiara.it/

Vista del sepulcro de la Santa. Basílica de Santa Clara, Asís (Italia). Fuente: http://www.assisisantachiara.it/

¡Oh mis buenísimas hermanas! Condoleos y llorad conmigo. Y Dios quiera que nunca os toque sufrir otro tanto, pues en verdad os digo que no hay dolor semejante a mi dolor. Este dolor me aflige siempre, esta tristeza me atormenta de continuo, este ardor me abrasa sin descanso. Porque de todas partes me asedian angustias y no sé hacia dónde volverme. Os pido que me ayudéis con vuestras piadosas oraciones, para que esta tribulación se me vaya haciendo tolerable y ligera. ¡Oh dulcísima madre y señora!, ¿qué diré, si no tengo la esperanza de volveros a ver con los ojos corporales a vos ni a mis hermanas?

¡Oh, si pudiese expresar mis pensamientos como lo deseo! ¡Oh, si pudiese poneros de manifiesto en estas páginas el prolongado dolor que preveo, que tengo siempre ante mí! El alma me arde por dentro y se siente atormentada por el fuego de infinitos dolores; gime íntimamente el corazón; y los ojos no cesan de derramar ríos de lágrimas. Estoy llena de tristeza y me voy consumiendo toda interiormente. No hallo consuelo por más que lo busco; voy sintiendo dolor sobre dolor, cuando pienso en mi interior que ya no me queda esperanza alguna de volver a veros jamás ni a mis hermanas ni a vos.

Por una parte no hay quien pueda consolarme de entre mis seres queridos; mas por otra encuentro un gran consuelo y también vos podéis alegraros conmigo por lo mismo, pues he hallado mucha unión, nada de disensiones, muy por encima de cuanto hubiera podido creerse. Todas me han recibido con gran cordialidad y gozo y me han prometido obediencia con devotísima reverencia. Todas ellas se confían a Dios, a vos y a vuestra comunidad, y también yo con ellas me encomiendo a vos en todo y por todo, para que os preocupéis solícitamente de mí y de ellas como de hermanas e hijas vuestras. Quiero que sepáis que tanto yo como ellas, queremos observar inviolablemente vuestros consejos y preceptos durante toda nuestra vida.

Detalle del sepulcro de la Santa. Basílica de Santa Clara, Asís (Italia). Fuente: http://www.assisisantachiara.it/

Detalle del sepulcro de la Santa. Basílica de Santa Clara, Asís (Italia). Fuente: http://www.assisisantachiara.it/

Además de todo esto, os hago saber que el señor papa ha accedido en todo y por todo a lo que yo había expuesto y querido, según la intención vuestra y mía, en el asunto que ya sabéis, es decir, en la cuestión de las propiedades. Os ruego que pidáis al hermano Elías que se sienta obligado a visitarme muy a menudo, para consolarme en el Señor”.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– BRUNACCI, A., “Bibliotheca sanctorum, tomo I”, Città Nuova Editrice, Roma, 1990.
– LAINATI, C.A., osc, “Santa Clara de Asís. Apuntes biográficos de Santa Inés de Asís”, Editorial Franciscana Aránzazu, 1983.
– OMAECHEVARRÍA, I., ofm., “Escritos de Santa Clara y documentos complementarios”, BAC, Madrid, 1993.

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