Santa Ketevan, reina mártir de Georgia

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Icono ortodoxo georgiano de la Santa, obra de Shota Tsintsadze.

Icono ortodoxo georgiano de la Santa, obra de Shota Tsintsadze.

La mártir de quien hablaré hoy es realmente una figura notable, ya que fue reina de Kakheti, un reino situado al oriente de la actual Georgia. A pesar de haber nacido encumbrada y de regio linaje, y por tanto, haber estado destinada a una vida de lujos y comodidades, acabó su vida sufriendo una terrible muerte en defensa de su fe cristiana. Su nombre, ciertamente curioso, era Ketevan, aunque los ortodoxos rusos a veces la llaman Katviana.

Reina en tiempos de guerra
Ketevan, nacida en 1565, era hija del príncipe Ashotan de Mukhran, un gobernante destacado de la familia real de los Bagrationi. Por tanto, por parte de padre descendía de la familia y dinastía imperial bagratiana y era biznieta del emperador Constantino de Kartli (1469 -1505). Fue casada con David, sucesor del emperador Alejandro II de Kakheti (1577 –1605) y por tanto, heredero al trono de este reino de acuerdo a la ley del país, pese a que el rey tenía otros dos hijos, Jorge y Constantino-Mirza. Éste último, al que posteriormente se le otorgaría el sobrenombre de El Maldito, se convirtió al Islam y adoptó el nombre de Okayan. Fue criado en la corte del sha Abbas I, rey de Persia.

Como reina, Ketevan fue una mujer tan inteligente como piadosa, y solía prestar servicio a la Iglesia Ortodoxa de Georgia, edificando numerosas iglesias, hospitales y monasterios, así como albergues para mendigos y peregrinos. Siete años después de su boda, el rey Alejandro abdicó del trono y fue tonsurado como monje en Alaverdi, de modo que David fue coronado rey. Pero apenas cuatro meses después, en 1602, el joven rey David murió repentinamente, dejando viuda a Ketevan y huérfanos a los dos hijos que había tenido con ella; un varón, Teimuraz, y una hija, Elena. Por ello, su padre Alejandro se vio obligado a ocupar el trono de nuevo. En contra de lo que era costumbre en la época, Ketevan no volvió a casarse, y, cuando no se dedicaba a sus fundaciones y obras de piedad, se retiraba a menudo en soledad.

En 1605, al saber de la muerte de su hermano David y el nuevo ascenso de su padre al trono, Okayan, el hijo menor, siguiendo órdenes del sha, envió asesinos para matar a su hermano Jorge y a su padre Alejandro, que estaba enfermo entonces (según otras versiones, el asesinato lo cometería él mismo) y tomó el trono de Kakheti. A continuación, tomó las cabezas cortadas de su padre y de su hermano y las mandó al sha como regalo. Ordenó que cargaran los cadáveres decapitados en dos camellos, bien atados, y se los llevaran a la reina. Ketevan se horrorizó al recibir la espantosa carga y durante mucho tiempo lloró la pérdida de su suegro y cuñado. No obstante, les propició un digno sepelio en la catedral de Alaverdi.

Fresco georgiano representando a la Santa en su atuendo de reina.

Fresco georgiano representando a la Santa en su atuendo de reina.

Okayan no estaba todavía satisfecho con haber usurpado el trono de Kakheti de manos de su padre, por lo que decidió casarse con Ketevan para legitirmar todavía más su derecho. Cuando la reina se negó, la amenazó con casarse con ella a la fuerza y luego matarla. Pero Ketevan no se dejó amedrentar, ya que, a su juicio, no debía permitir que el reino fuera islamizado y tampoco gobernado bajo el asesino de sus familiares. La reina reunió a todos los nobles de Kakheti y les informó lo que había sucedido. No hizo falta más para alzar a la nobleza en rebelión. Luego, ella misma formó un ejército que se enfrentó a las tropas del sha, a la cabeza de las cuales marchaba Okayan. Éste murió en batalla y sus tropas fueron aplastadas por la gente de Ketevan. Con todo, ella le dio honrosa sepultura como correspondía a un príncipe de linaje real.

Tratando de mantener la paz a toda costa, Ketevan mandó generosos regalos al sha Abbas y le pidió que proclamara a su hijo, Teimuraz, heredero por derecho al trono de Kakheti. Mientras esperaba su respuesta, ella asumió personalmente el gobierno como regente. Por tanto, durante un tiempo Ketevan gobernó sola, llevando adelante las riendas del reino con sabiduría y corrección según las fuentes de que disponemos. Pero la paz no fue característica del reinado de Ketevan. El tiempo que esta ilustre mujer ciñó la corona estaría lleno de luchas entre familiares y tendría un trágico final.

Sin embargo, y tal como era costumbre con los príncipes herederos, el sha tomó como rehén a Teimuraz. Tras vivir varios años en la corte persa y mantenerse él en la fe cristiana, pese a los constantes intentos de que abrazara el Islam, Teimuraz fue finalmente devuelto a su madre, temiendo el sha que, si denegaba proclamarlo príncipe heredero, Kakheti se separaría del imperio persa y se uniría a Kartli. Por ello, Teimuraz regresó a Georgia, cargado de riquezas obsequiadas por el sha, y fue coronado rey de Kakheti.

Georgia destruida
Parecía que todo había acabado en un feliz desenlace, mas la paz duró pocos años: en 1614, el sha exigió nuevos rehenes, esta vez, al hijo menor del rey Teimuraz, Alejandro. Si no se le enviaba a la corte persa, amenazó con invadir el feudo de Kakheti y diezmar la población. Sus ejércitos eran muy superiores a los del difunto Okayan, y el rey vio que no había otra salida, sino aceptar lo que el sha exigía.

Fresco georgiano de la Santa en su atuendo de reina.

Fresco georgiano de la Santa en su atuendo de reina.

Ketevan, sin embargo, se ofreció también ella como rehén voluntariamente, y marchó a Isfahan para acompañar a su nieto, no sólo para evitar la guerra y la masacre, sino también por velar la fe cristiana del príncipe, puesto que era sabido que la intención de solicitar rehenes siempre implicaba el intento de conversión al Islam. Pero el sha no se dio por contento con esto, sino que exigió también la presencia del hijo mayor, Levan (León), y finalmente, acabó por someter también al rey Teimuraz.

Las intenciones del sha eran claras: dividir a la familia real de Kakheti, mantenerla secuestrada en Persia y enviar a sus propios virreyes a gobernar a Kakheti. También quería eliminar a Luarsab II, rey de Kartli, pero éste se alió con Teimuraz para atacar la armada persa y expulsar al enemigo de Georgia. El mismo sha envió a sus rehenes, Ketevan, Alejandro y León, hacia el interior de Persia, mientras él mismo lanzaba su ataque contra Kakheti y hacía sangrar Georgia con fuego y espadas. El palacio real fue saqueado, las iglesias y monasterios fueron destruidos, y aldeas enteras quedaron abandonadas. Los esfuerzos de Ketevan por mantener la paz y evitar que el reino sangrara habían sido inútiles. Finalmente, por orden del sha, más de tres mil georgianos fueron exiliados a Persia, y sus hogares fueron ocupados por tribus turcas procedentes de Asia Central. El hambre y la violencia se apoderaron de Georgia. Los reyes Teimuraz y Luarsab, derrotados, fueron a refugiarse al amparo del rey Jorge III de Imereti.

Rehén en la corte persa
Después de permanecer cinco años exiliados en Shiraz, Persia, los príncipes Alejandro y León fueron separados de su abuela Ketevan y, como se negaban a convertirse al Islam, fueron castrados en Isfahan. Alejandro no pudo soportar la espantosa mutilación y murió; mientras que León perdió el juicio y se volvió loco.

Ketevan, mientras tanto, quedó prisionera del gobernador de la zona sudoriental de Persia, el imán Quli-Khan Undiladze, quien trataba a la reina viuda de Kakheti con gran respeto, quizá porque él mismo había nacido georgiano. Prueba de ello es que dio severas órdenes para que ella jamás supiese cuál había sido el horrible destino de sus dos nietos.

La reina permaneció diez años en prisión, rezando por su tierra y por sus seres queridos con todas sus fuerzas. Se adhirió a un régimen estricto de ascetismo, con constantes ayunos y oraciones. Usaba una piedra como cama, lo que magulló su cuerpo, que tan mimado había sido en los lujos de la corte, pero en espíritu ella seguía llena de coraje y vitalidad. Se preocupaba de los que se encargaban de cuidarla y los instruía espiritualmente.

La reina Ketevan, rehén de los persas. Cerámica devocional en Lisboa, Portugal.

La reina Ketevan, rehén de los persas. Cerámica devocional en Lisboa, Portugal.

Pero ni siquiera entonces el sha podía dejarla en paz. En acto de venganza a la rebeldía de Teimuraz, Abbas I le ofreció desposarse con él y vivir dignamente. Sería emperatriz de Persia, pero para ello debía hacerse musulmana. Para más inri, la propuesta del sha le llegó el mismo día en que por fin, supo lo que les había ocurrido a sus dos desdichados nietos. Como es natural, Ketevan se negó rotundamente, tanto al matrimonio, como a la conversión al Islam.

El sha insistió y le hizo saber que, si aceptaba casarse con él y abrazar el Islam, el imán Quli-Khan tenía órdenes de tratarla como la reina que era, pero que si se negaba, le había ordenado que la sometiera a tortura pública. El imán, que la quería y admiraba, se alarmó muchísimo al saber las órdenes del sha y suplicó a la reina que obedeciera y salvara su vida. Pero fue en vano. Ketevan rechazó definitivamente la propuesta y empezó a prepararse, física y espiritualmente, para su martirio.

Martirio de la Santa
Las amenazas del sha se cumplieron. Ketevan fue vestida con ropas de gala y conducida a una plaza pública, donde una gran multitud se amontonaba para presenciar la tortura. La desnudaron de cintura para arriba en público y, a continuación, fue sometida a tormentos brutales: le desgarraron los pechos con tenazas calientes, le arrancaron trozos de carne del torso y la espalda, le sacaron las uñas de los dedos, le pincharon el cuerpo con lanzas ardientes, la apalearon con varas de hierro hasta romperle todos los huesos. La reina cayó al suelo, medio muerta, mientras seguía invocando al Señor.

Martirio de la Santa. Fresco ortodoxo georgiano.

Martirio de la Santa. Fresco ortodoxo georgiano.

Luego, le clavaron una tabla de madera a la columna vertebral y le pusieron una especie de casco o caldero al rojo vivo en la cabeza. Su cabellera prendió, haciendo arder toda la cabeza. El humo empezó a salir por las rendijas del casco y un horrible olor a carne quemada se propagó por la zona. En este estado falleció abrasada, pero para asegurarse, la remataron partiéndole la frente con una espada al rojo vivo. Luego, los verdugos tomaron su mutilado cuerpo y lo arrojaron a las bestias. Era el 13 de septiembre de 1624, y ella tenía 59 años de edad.

Aunque el relato del martirio parezca horrendo y exagerado, lo cierto es que sabemos que fue así porque fue presenciado por unos frailes agustinos misioneros, procedentes de Portugal, que nos han dejado la descripción de esas inhumanas torturas. Aunque, según versiones, este relato se simplifica, diciendo que tan sólo sufrió el tormento de las tenazas, del brasero o caldero y que finalmente fue estrangulada con una cuerda, como se narra en alguna representación. En cualquier caso, los frailes, que ya la habían conocido y visitado en prisión, quedando impresionados con su fortaleza cristiana, fueron quienes recuperaron el cuerpo de la mártir -según la tradición, guiados por una luz radiante que iluminaba sus restos- lo envolvieron con sábanas perfumadas con incienso y mirra; lo llevaron a Goa (India) y lo enterraron allí, en un convento agustiniano. Sin embargo, su cabeza y su mano derecha fueron separados del cuerpo y enviado a su hijo, el rey Teimuraz I, quien, tras llorar amargamente la terrible muerte de su madre, los puso en la catedral de Alaverdi. El Catholicós-Patriarca de Georgia, Zacarías (1613-1630) la canonizó con el título de Gran Mártir y señaló su fiesta el 26 de septiembre.

Reliquias y legado
Debido al prestigio y a la importancia que tenía para ellos su reina mártir, la Iglesia de Georgia se ha dedicado a buscar incansablemente sus reliquias desde hace décadas, especialmente en Goa, donde, desde 1989, una delegación de Georgia ha colaborado con el Servicio Arqueológico de la India para tratar de encontrar los restos de la Santa. Especialmente se ha excavado en las ruinas del convento agustino de Nuestra Señora de Gracia, en la vieja zona de Goa. Todo sus esfuerzos se vieron frustrados porque los equipos no supieron interpretar correctamente las pistas que se da en la documentación portuguesa sobre cómo hallar las reliquias. Estas fuentes históricas afirman que la palma y fragmentos óseos del brazo de Ketevan se mantuvieron dentro de una urna de piedra, debajo de una ventana específica en la Capilla capitular del convento agustino.

Detalle del martirio de la Santa. La filacteria que sale de su voca dice: "Ayúdame, Dios, en mi tormento". Cerámica devocional en Lisboa (Portugal).

Detalle del martirio de la Santa. La filacteria que sale de su boca dice: “Ayúdame, Dios, en mi tormento”. Cerámica devocional en Lisboa (Portugal).

En mayo de 2004, por fin, se encontró la capilla y la ventana mencionada; y aunque la presunta urna de piedra había desaparecido, en efecto se encontraron restos óseos, a los que se realizaron análisis de ADN. Sin embargo, es necesario cotejar estos resultados con los de las reliquias existentes en Georgia para confirmar que son de la misma persona, lo que sería un paso más para confirmar que son los huesos de Santa Ketevan. Algún texto menciona que los restos aparentemente llevados a Goa, fueron en realidad dejados en Roma por los frailes, que solicitaron su canonización al Papa (?) pero esto no parece muy claro ya que no se sabe dónde pueden estar.

El relato del martirio de la Santa, contemplado y registrado por los monjes que lo presenciaron, fue explotado por su hijo, Teimuraz I, en un poema que dedicó a su madre, el Libro y Pasión de la Reina Ketevan. En esta obra se conoce la relevancia que llegó a tener el martirio de Ketevan, aparente carnicería inútil. Si el sacrificio de la Santa, que sufrió un vergonzoso y terrible martirio por no abrazar el Islam ni desposarse con el sha de Persia, no hubiese sido ya lo suficientemente impresionante; lo cierto es que su ejemplo fue decisivo a la hora de retrasar la islamización de Georgia. Un observador extranjero en la corte del sha Abbas dejó escrito, que, dialogando sobre el tema con un converso georgiano, éste le dijo que los georgianos habían sido forzados en su mayoría a abrazar el Islam, no así sus madres. Cuando el extranjero se mostró extrañado de que las mujeres no hubiesen sido obligadas, el converso le explicó que se debía al ejemplo de Santa Ketevan, ya que, si su reina se había negado a convertirse y había muerto de aquella manera por su fe cristiana, ellas no iban a ser menos. Por lo que optaron, en lugar de iniciar un gran feminicidio, por dejarlas en paz. Ése fue el legado de la reina Ketevan: la pervivencia de la fe cristiana entre las mujeres georgianas.

Divina Liturgia celebrada ante el relicario de la Santa en Georgia.

Divina Liturgia celebrada ante el relicario de la Santa en Georgia.

Troparion (himno) de la Santa
Llena de divino celo, tú sufriste muchas heridas, soportaste incontables torturas, y renunciaste a la majestad terrena para ser llevada al Reino de los Cielos. ¡Oh tres veces bienaventurada Ketevan, ruega a Cristo Dios que tenga piedad de nuestras almas!

Meldelen

Enlaces consultados (13/07/2013):
http://www.georgianweb.com/religion/ketevan.html
http://www.pravoslavie.ru/english/7326.htm
http://www.santiebeati.it/dettaglio/94730
http://en.wikipedia.org/wiki/Ketevan_the_Martyr

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