San Lucífero, obispo de Cagliari

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Lienzo barroco del Santo.

Lienzo barroco del Santo.

Pregunta: Todos sabemos que entre los numerosos nombres que se le dan al demonio está el de Lucifer, pero he oído decir que hay un santo italiano con este nombre. ¿Es eso cierto? Muchísimas gracias desde Caracas, Venezuela.

Respuesta: Pues sí que lo es, aunque más que Lucifer es Lucífero. Se trata de San Lucífero, obispo de Cagliari. Hay que decir que reconstruir los primeros años de la vida de San Lucífero de Cagliari, así como su formación, es tarea harto difícil, por la falta de documentación histórica, de lo que en hagiografía se denomina “la falta de fuentes”. Nada se sabe acerca de cuando nació, ni donde nació, ni qué educación recibió, aunque los hagiógrafos creen que su origen fue sardo (o sea, que era de Cerdeña), según las indicaciones del “Libellus Precum”, en las que los presbíteros Faustino y Marcelino, dicen: “Apostolicus vir Lucifer de Sardinia calaritanae civitatis episcopus”. También Joseph Manno, en su “Moderna historia de Cerdeña”, publicada en el año 1842, dice que Lucífero y Eusebio nacieron en Cagliari, y se está refiriendo a este Lucífero del que estamos escribiendo, y a San Eusebio obispo de Vercelli.

No sería descarriado decir que posiblemente nació a principios del siglo IV o finales del siglo III, aunque es aventurero aceptar lo que afirmó el arzobispo teólogo Ambrosio Machin (1580-1640), que se atrevió a fijar la fecha del año 290, basándose en la edad de ochenta y un años que se le atribuía al santo en un – quizás -, falso epitafio encontrado en Cagliari el 19 de junio del año 1623, durante las excavaciones en el lugar donde se encontró su presunto sepulcro.

La primera fecha que podemos dar por cierta en la vida de San Lucífero es el año 354, cuando, siendo obispo de Cagliari, fue enviado por el Papa San Liberio, junto con el presbítero Pancracio y el diácono Hilario, como legados al emperador Constancio II a fin de tratar la cuestión arriana. Fruto de esta misión fue la convocatoria del sínodo de Milán del año 355. El sínodo que se había iniciado bajo unos buenos auspicios, se fue a pique, degeneró, cuando el emperador propuso a los obispos participantes que suscribiesen la condena al exilio de San Atanasio de Alejandría que, como ya sabemos, fue un acérrimo luchador contra la herejía arriana.

La mayor parte de los obispos asistentes no supieron o no quisieron oponerse a las insistencias del emperador, pero San Lucífero, San Eusebio de Vercelli, San Dionisio de Milán, el presbítero Pancracio y el diácono Hilario se negaron, por lo que fueron condenados al exilio. El exilio de San Lucífero duró hasta el año 361, pero durante el mismo soportó todo tipo de sufrimientos y abusos, siéndole perdonada la vida, no por compasión, sino para no hacerlo un mártir. Estuvo exiliado en tres localidades: en Germanicia (en la provincia del Éufrates, en Siria), donde estaba como obispo el arriano Eudoxio, posteriormente en Eleuterópolis de Palestina, durante los episcopados de los arrianos Eutiquio y Turbón; y finalmente, en la Tebaida Superior, en Egipto, o sea, que estuvo exiliado en Siria, en Palestina y en Egipto.

Nicho sepulcral que contiene las reliquias de Santa Lucífera, mártir, en la cripta de la catedral de Cagliari.

Nicho sepulcral que contiene las reliquias de Santa Lucífera, mártir, en la cripta de la catedral de Cagliari.

En el año 361 finalizó su exilio gracias a un decreto del emperador Julián el Apóstata, en el que se ordenaba que todos los obispos que estaban exiliados por orden de su antecesor Constancio II volviesen a sus respectivas sedes. Durante su regreso declinó la invitación de Eusebio de ir al sínodo de Alejandría celebrado en el año 362, a fin de discutir junto con San Atanasio la forma de liberar a la iglesia alejandrina de la amenaza del arrianismo, reconciliarse con los disidentes y retornar a la catolicidad de la Iglesia. En su nombre envió a los diáconos Herenio y Agapeto prometiendo aceptar las decisiones de dicho sínodo.

Durante la celebración del sínodo alejandrino, él estuvo en Antioquía, la cual encontró dividida en dos facciones: los eustaquianos (seguidores de San Eustaquio de Antioquía) y los melecianos. San Lucífero, un tanto intransigente, en ausencia del obispo legítimo (que era Melecio, pero que se había pasado al arrianismo) consagró como obispo de la ciudad al presbítero Paulino, cabecilla de los eustacianos, empeorando así la situación en vez de mejorarla.

Pasado algún tiempo, retornó a Cerdeña y allí se opuso a algunas resoluciones del sínodo de Alejandría referentes a la admisión de algunos obispos que se habían adherido al arrianismo, pero que después solicitaron el perdón. En Cagliari murió en el año 371, en tiempos del emperador Valentiniano I. Los últimos años de su vida son muy oscuros, porque no se sabe a ciencia cierta si murió totalmente reconciliado con Alejandría y con Roma, que es lo normal, ya que sufrió el exilio por luchar contra los arrianos. Hay quienes afirman que murió siendo cismático, cosa casi del todo imposible aun a pesar del lío formado en Antioquia y del rechazo a algunas de las resoluciones del sínodo alejandrino. Estas ideas fueron el origen del llamado cisma luciferino.

Escribió varias obras, que son una serie de polémicos opúsculos dirigidos al emperador Constancio II, cuyo contenido teológico es muy pobre, con expresiones un tanto impropias y con un estilo muy descuidado. Los textos están salpicados de interminables citas bíblicas que hacen muy pesada su lectura, pero que tienen la ventaja de proporcionar suficiente material para la reconstrucción de los textos de las Sagradas Escrituras anteriores a San Jerónimo (los llamados pre-jeronimianos) y también por el conocimiento que proporciona de la historia de su tiempo y del latín vulgar que se hablaba en el siglo IV.

Nicho sepulcral que contiene las reliquias de San Lucífero, sacerdote mártir, en la cripta de la catedral de Cagliari.

Nicho sepulcral que contiene las reliquias de San Lucífero, sacerdote mártir, en la cripta de la catedral de Cagliari.

Los más destacados son: “De non conveniendo cum haereticis”, escrito probablemente al inicio del exilio, “De regibus apostaticis”, compuesto entre febrero del año 356 y principios del 360, “De s. Athanasio libri duo”, escrito antes de finales del año 358, “De non parcendo in Deum delinquentibus”, escrito posiblemente después del otoño del año 359 y el “Moriendum esse pro Dei Filio”, compuesto en el año 360. Además de estos opúsculos y otros, existe un epistolario en el cual él es el que envía dos cartas a San Eusebio de Vercelli y al chambelán del emperador Constancio II y otras seis en las cuales él es el destinatario: tres enviadas por San Atanasio de Alejandría, dos enviadas por el Papa San Liberio y una por un obispo llamado Florencio. Sin embargo, los críticos rechazan la autenticidad de estas cartas, diciendo que probablemente sean falsificaciones realizadas por sus seguidores, los cuales afirmaban que las obras de San Lucífero fueron conocidas, apreciadas y traducidas al griego por San Atanasio. Hay que decir que de estas traducciones no queda traza alguna.

En centro del culto de San Lucífero está en Cerdeña, permaneciendo circunscrito a Cagliari y a su entorno, donde casualmente también existe una mártir local llamada Lucífera y un mártir local con el mismo nombre. Ambos están sepultados en la cripta de los mártires de la catedral de Cagliari. A lo largo de los siglos ha tenido varias iglesias dedicadas, de las que actualmente subsisten dos, una en Cagliari y otra en Vallermosa. También se conservan las ruinas de otras tres en Selargius, Muravera y Sadili. Es cierto que su nombre no aparece en el Martirologio Jeronimiano ni en el Martirologio Romano, aunque de entre los martirologios recientes, el primero que lo menciona es el de Ferrari.

Por lo que respecta al reconocimiento de sus presuntas reliquias llevado a cabo en Cagliari el 21 de junio de 1623 en la iglesia de San Saturnino, hay que andarse con precaución, hay que ser cautos. De todos modos yo relato lo que dicen las crónicas: Que en el siglo XVII, el arzobispo español Francisco Desquivel intentó encontrar el cuerpo de San lucífero en el área del entorno de la basílica de San Saturnino, y que en el 1623 salió a la luz una losa de mármol que tenía inscrita la siguiente frase: “Hic iacet BM Luciferus arc(hi)epis(copus) callaritanus primarius Sardin(ia)e et Corcic(a)e fl s r me eclesiae que vixit annis LXXXI. K.Die XX mai”. También se encontró una tumba que contenía huesos humanos y una pequeña losa de piedra con la inscripción “A. Llucifer Epp”. Las reliquias fueron transportadas el día 24 de junio de ese mismo año a la cripta de la catedral de Cagliari y puestas en una de sus capillas: la capilla de San Lucífero, en la que existen ochenta nichos de mártires y en la que las reliquias del santo están colocadas debajo del altar, delante del cual se encuentra el mausoleo de mármol blanco que contiene los restos de María Josefina de Saboya, esposa del rey francés Luís XVIII.

Capilla de San Lucífero en la cripta de la catedral de Cagliari. Bajo el altar están las reliquias del santo.

Capilla de San Lucífero en la cripta de la catedral de Cagliari. Bajo el altar están las reliquias del santo.

Algunos historiadores consideran falsos el epígrafe con el nombre de Lucífero y el sarcófago que contenía sus presuntos huesos. Para hacerse un juicio exacto de todo esto hay que tener presente la controversia sobre la primacía eclesiástica entre los arzobispados de Cagliari y de Sassari. Para imponer sus posiciones, ambos arzobispados utilizaron todo tipo de medios sin escrúpulo alguno, como las ansias de poseer reliquias, tumbas de santos, etc.

Probablemente, Lucífero fue venerado como santo después de su muerte por parte de los secuaces del llamado cisma luciferiano, cuyo fundador no fue este obispo, pero que sí pudo serlo su diácono Hilario, por lo que la santidad de Lucífero ha sido siempre un tema de debate. San Jerónimo – que ya sabemos cómo era y cómo se las gastaba -, lo atacó y ridiculizó en su polémica obra “Altercatio Luciferiani et Orthodoxi”, aunque también es verdad que en el “De viris illustribus”, escrito en el año 392, dice que Lucífero no negaba lo que se había establecido en el Concilio de Nicea y que era un hombre de una fortaleza dispuesta a soportar el martirio.

Sin embargo, San Ambrosio de Milán lo tacha de cismático en su obra “De excessu fratres Satyri”, escrita en el 375. Estas disputas continuaron en el tiempo y es por eso por lo que Joseph Manno, en su “Moderna historia de Cerdeña” – mencionada más arriba -, dice que algunos autores escribieron sobre el arrepentimiento y la santidad de Lucífero, mientras que otros lo atacaron y que incluso en su tiempo, o sea, cuando Manno vivía, esta cuestión aún estaba abierta, hasta tal punto que en el año 1639, el arzobispo Ambrosio Machin había escrito la “Defensio sanctitatis beati Luciferi”.

En el año 1641, el Papa Urbano VIII ordenó que ni se atacara ni se defendiera la santidad de Lucífero hasta que la Iglesia se pronunciase sobre este tema, por lo cual, la cuestión quedó en suspenso. Actualmente la fiesta litúrgica del santo es celebrada en Cagliari el día 15 de mayo y en Vallermosa, el día 20 del mismo mes.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– Hartel, W., “Luciferi Calr., opúsculos”, Viena, 1886
– Machin, A., “Defensio sanctitatis beati Luciferi archiepiscopi calaritani, Sardiniae et Corsicae primatis”, Cagliari, 1639.
– Marcello, P., “La posición de Lucífero de Cagliari en la lucha antiarriana del siglo IV”, Nuoro, 1940.
– Piva, F., “Lucifero di Cagliari contro l’imperatore Costanzo”, Trento, 1928
– VV.AA., “Bibliotheca sanctórum, tomo VIII”, Città N. Editrice, Roma, 1988.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es