Santa Maravillas de Jesús, carmelita descalza

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Lienzo-retrato de la Santa. En blanco y negro, fotografía de su juventud.

Lienzo-retrato de la Santa. En blanco y negro, fotografía de su juventud.

“Lo que Dios quiera, como Dios quiera, cuando Dios quiera”.

En este año en el que conmemoramos los 500 años del nacimiento de Santa Teresa de Jesús, no podemos dejar de hablar de esta santa sucesora suya. Fundadora de varios conventos y autora de varias obras de alto valor, algunas de ellas místicas. Para muchos, Santa Maravillas de Jesús fue la otra “Santa Teresa” del s.XX.

Infancia
La niña María Maravillas Pidal y Chico de Guzmán nació el día cuatro de noviembre de 1891 en la capital de España, Madrid. Sus padres, nobles altamente posicionados de la sociedad madrileña (su padre fue ministro de fomento y embajador de la Santa Sede), la bautizaron según las costumbres, días después de su nacimiento. Este bautizo tuvo lugar el día doce de noviembre en la céntrica e histórica parroquia de San Sebastián. Como curiosidad, fueron más de siete nombres en uno los que se le impusieron a la niña.

Su infancia transcurrió como la de una niña normal. Entre juegos con sus hermanos pasaba largas jornadas, era la más pequeña de los cuatro hermanos que tuvo el matrimonio. La boyante economía de sus padres permitió que la niña María Maravillas estudiara con una institutriz dentro de su misma casa y por tanto recibiera una muy buena educación. Aparte de esta educación recibida, sus padres y sobre todo su abuela Doña Patricia, también se esmeraron en inculcarle muy buenos valores a ella y sus hermanos, por supuesto una rica formación religiosa. Esta formación en valores sociales y religiosos le marcaría desde bien pequeña el camino para su futura vida religiosa. El siete de mayo de 1902 fue un día que recordaría el resto de su vida con inmensa alegría y devoción, este día tomo la primera comunión del manos del obispo de Sión. A la pequeña Maví (así la llamaban sus familiares) solo le importaba estar preparada para recibir a Jesús Sacramentado y con ello tratarlo el resto de su vida. Tal era su desprendimiento que los numerosos y caros regalos que recibió con motivo de este día, los repartió entre sus amigas, el mejor regalo para ella fue recibir por primera vez a Jesús Sacramentado.

La Santa fotografiada en su juventud, vestida de pastora.

La Santa fotografiada en su juventud, vestida de pastora.

Juventud
A media que pasaban los años, en la niña se veían actitudes que entreveían la santa que se estaba forjando. No le gustaban las reuniones de la alta sociedad que se formaban en su casa, era reacia a asistir, prefería rezar en solitario en la capilla de su casa. Era muy caritativa, se desvivía por ayudar a los pobres que deambulaban pidiendo limosna por su barrio y hacía practicas devocionales al Sagrado Corazón de Jesús, del que fue gran devota hasta su muerte. También fue gran devota de la Virgen de Lourdes, la familia iba casi todos los veranos a visitarla.

Con tan solo veintiún años ya admiraba la vida contemplativa de las monjas carmelitas descalzas. La lectura de la vida de Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz, la empujaban cada vez más a dar el paso definitivo. Sola, en la intimidad hizo voto de castidad perpetua, a finales de mayo del año 1913. Este hecho demuestra su amor hacía Dios y su compromiso por servir a Dios. Poco tiempo después, en una visita al Carmelo de El Escorial, las religiosas que allí estaban la animaron a tomar la decisión definitiva que María Maravillas estaba meditando desde hacía tiempo. Una decisión así no se pensaba a la ligera, pero María Maravillas, muy segura de su vocación de carmelita descalza, dijo a su madre, que ya había enviudado, que ingresaría en dicho convento cuando las autoridades se lo permitieran.

Dibujo de los conventos fundados por la Santa.

Dibujo de los conventos fundados por la Santa.

Carmelita descalza
El día de la Virgen del Pilar, el doce de octubre de 1919, fue el feliz día que la joven María Maravillas había decidió ingresar en el noviciado del Carmelo de El Escorial. Tenía veintisiete años y era inmensamente feliz por empezar esta nueva vida. Con motivo de este feliz día compuso este verso con el que sorprendió a su nueva familia: “Yo comprendí que el mundo no tenía con qué saciar mi pobre corazón; me enamoré del hijo de María y le entregué para siempre mi amor”.

María Maravillas era una aristócrata que ingresaba en un monasterio humilde y con ello pasaba a ser una monja más, esto, lógicamente, se les hacía raro a todos lo que la conocían. La prensa de Madrid hasta le dedicó un artículo, elogiándola por esta decisión. Ella no notó cambio alguno, no echaba de menos su vida anterior. Desde el primer día se esmero en invitar a la Virgen María; trabajando, orando y creciendo cada día más en su amor por Jesús; “Yo no quiero la vida más que para imitar lo más posible a Cristo” aseguraba a sus hermanas. Pasados seis meses de su ingreso en el Carmelo, el veintiuno de abril de 1920 tomo el hábito de carmelita descalza. Desde entonces paso a llamarse Maravillas de Jesús, aunque al principio no quería llamarse así.

Obediente, trabajadora, conformista; todo le agradaba de la regla Carmelita. Sus hermanas la admiraban y ella cada día que pasaba estaba más contenta con la vida que Dios había elegido para ella. El día siete de mayo de 1921 dio otro pasito más, haciendo sus votos temporales, de buena gana habría hecho los solemnes ese mismo día. Estaba segura de que su vida ya pertenecía por completo a la Orden del Carmelo Descalzo.

Fundadora
Un día, estando orando ante el Sagrado Corazón de Jesús, le sobrevino una fuerte inspiración. Ésta consistía en fundar un convento de carmelitas descalzas en el Cerro de los Ángeles, Getafe (Madrid). En este lugar (centro geográfico de la península) cuatro años atrás el Rey Alfonso XIII había consagrado a España al Sagrado Corazón de Jesús, levantando allí un grandioso monumento coronado por una enorme imagen de esta devoción.

La Santa, ya anciana, escribiendo en su despacho.

La Santa, ya anciana, escribiendo en su despacho.

Maravillas de Jesús, que ni siquiera había hecho sus votos solemnes y era tan sólo una hermana profesa temporal, ya tenía grandes deseos de fundar y extender el carisma carmelita. Pensaba que este monumento estaba solitario en la inmensidad de los campos de labor, que con el tiempo se iría quedando abandonado como la ermita de la Virgen de los Ángeles que allí había. ¿Qué mejor que una pequeña comunidad de monjas contemplativas para establecerse en este bendito lugar? Estas mismas inquietudes y preguntas se las trasladó a sus superioras y hasta el mismo obispo de Madrid. Finalmente, el diecinueve de mayo de 1924, el obispo y las autoridades carmelitas dieron permiso para que cuatro de las hermanas del monasterio de El Escorial, incluida la hermana Maravillas, echaran a andar en una pequeñísima casa que hacía las veces de convento. Desde aquí se encargaban del Cerro de los Ángeles y supervisaban del convento en construcción. Finalmente, éste fue inaugurado a finales del año 1926. Maravillas de Jesús ya había hecho sus votos solemnes cuando fue nombrada madre priora de esta comunidad naciente. Ella no se lo espera, su humildad le decía que no podía aceptar dicho cargo, pero lo cierto es que lo aceptó y el resto de su vida lo pasó siendo “la Madre”.

La Guerra Civil y las fundaciones
Avecinando el conflicto entre hermanos que sufrió España, la Madre Maravillas de Jesús intensificaba su oración para que el Sagrado Corazón perdonara a tantos hijos suyos que empezaban a sembrar el terror. Eran “tiempos recios”, solía decir la santa cuando le llegaban las crueles noticias de los asesinatos de los civiles y religiosos. Como esperaban, fueron obligadas a salir del convento: allí empezó el peregrinar por ciudades. Pasó por Francia para llegar al desierto de las Batuecas (Salamanca), allí pasó la comunidad los duros años de la Guerra. En este desierto fundó otro convento muy humilde. A su regreso al Cerro de los Ángeles en 1939 lo cedió a sus hermanos carmelitas descalzos.

Velatorio de la Santa. Fuente: http://liturgia.mforos.com/

Velatorio de la Santa. Fuente: http://liturgia.mforos.com/

Afanada en reconstruir el convento y el monumento del Cerro de los Ángeles pasó varios meses. No se quejaba por lo que había sucedido. Cuentan las hermanas que en las tareas de desescombro hasta se atrevió a recoger una granada sin explotar y llevarla hasta un camión del ejército. Su confianza en Dios era total. De esta confianza en Él, surgieron nuevas fundaciones de conventos, “palomarcitos” los solía llamar. Animada por las numerosas vocaciones de sus hermanas, sacerdotes, abades, obispos etc; fundó monasterios iguales a los que en su día fundo Santa Teresa de Jesús: austeros, sin rentas, autosuficientes y sobre todo en lugares donde había santuarios casi olvidados: 1944, Macera de Abajo (Salamanca); 1947, Duruelo (Ávila); 1950, Cabrera (Salamanca); 1954, Arenas de San Pedro (Ávila); 1956, San Calixto (Córdoba); 1958, Aravaca (Madrid); 1961, La Aldehuela (Madrid); y finalmente, en 1964, el de Torremolinos (Málaga). También, antes de la Guerra Civil, fundó el Kottayan (India) otro convento, a pesar de que sus superiores no creyeron conveniente que se desplazara hasta allí.

Santa Maravillas de Jesús, ya cansada de tanto caminar por los caminos que Dios y la Virgen del Carmen la guiaron, se estableció a sus setenta y tres años en el monasterio de La Aldehuela. Ya no fundó más monasterios, pero no por ello se estuvo parada. Su carisma personal le hacía ponerse en la situación de los más pobres, más si estos eran niños. A favor de ellos fundo escuelas cristianas, barriadas de casas muy modestas y hasta una iglesia. Se entregaba al prójimo por completo, olvidándose de ella misma.

Muerte y canonización
A principios de la década de los años setenta, la Madre fundadora ya estaba aquejada de las enfermedades típicas de la edad. Éstas se agravaron cuando sufrió un paro cardíaco. Tenía la certeza de que le quedaba poco que gozar en la tierra, lejos de desanimarse, se venía arriba al pensar que moriría siendo carmelita y en uno de sus conventos. “¡Qué felicidad morir carmelita!”, decía la santa. Viendo llegar ya el feliz momento del reencuentro, se preocupaba por tener puesto el escapulario. Sus hijas mientras tanto cantaban canciones que le gustaban. El día once de diciembre de 1974 murió santamente en su celda de la Aldehuela. Tenía ochenta y tres años. Había dado todo por la Iglesia, por las almas y por la Orden Carmelita Descalza.

Sepulcro de la Santa. Convento de La Aldehuela (Getafe).

Sepulcro de la Santa. Convento de La Aldehuela (Getafe).

Su entierro fue un continuo rio de personas de todas las edades y lugares que se querían despedir de la Madre Maravillas. Convencidos todos de que había muerto una santa, la enterraron en dicho convento y pronto se empezaron a agolpar allí para encomendarse a ella y pedir su intercesión.

A los pocos años de morir, se abrió su proceso de beatificación diocesano y se declararon sus virtudes heroicas. Eran muchos los fieles que pedían su beatificación. En el año 1976, aconteció un milagro aquí en España, que sirvió para que el papa San Juan Pablo II la beatificara junto a otros beatos el día diez de mayo de 1998 (hoy justamente se cumplen diecisiete años). Pasados cinco años de la beatificación, el mismo papa que la beatifico, la canonizo en Madrid junto a Santa Genoveva Torres, Angela de la Cruz, Pedro Poveda y José María Rubio. Fue el día cuatro de mayo de 2003, última visita de Juan Pablo II a España.

Sus restos mortales se veneran hoy en día en el monasterio de la Aldehuela, donde murió. Están colocados en una sencilla lapida bajo la reja de la clausura. Su fiesta se celebra el once de diciembre.

David Garrido

Bibliografía:
– LÓPEZ-MELÚS, Rafael María, Santa Maravillas de Jesús, Ed. Apostolado Mariano.

Enlaces consultados (04/05/2014):
– http://lasdiezvirgenessensatas.blogspot.com.es/2014/12/santa-m-maravillas-de-jesus.html
– http://es.wikipedia.org/wiki/Maravillas_de_Jes%C3%BAs
– http://webcatolicodejavier.org/marafrases.html

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